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Colonos atacan a agricultores y queman coches en Cisjordania ocupada
Al menos ocho agricultores palestinos resultaron heridos y tres coches fueron incendiados en ataques de colonos cerca de Ramala durante la cosecha.
Resumen
- Ocho agricultores palestinos resultaron heridos en ataques cerca de Ramala
- Colonos incendiaron tres vehículos durante la recogida de la aceituna
- La campaña acumula 136 incidentes vinculados a la cosecha desde el 1 de octubre
La primera semana de la recogida de la aceituna en Cisjordania ocupada ha arrancado bajo una violencia que amenaza con convertir una de las campañas agrícolas más importantes para miles de familias palestinas en otra carrera de obstáculos. Al menos ocho agricultores palestinos resultaron heridos este viernes en ataques de colonos israelíes en distintas localidades próximas a Ramala, mientras tres vehículos fueron incendiados durante una de las agresiones.
Los incidentes se produjeron en varios puntos de la gobernación de Ramala y Al Bireh, entre ellos Turmus Ayya, Abu Falah y Burqa, donde agricultores habían acudido a sus olivares para recoger el fruto. En Turmus Ayya, grupos de colonos atacaron a los recolectores y prendieron fuego a tres vehículos. En Abu Falah, la Media Luna Roja atendió y trasladó al hospital a una mujer de 63 años y a un hombre de 40 después de que fueran golpeados. También se registraron heridos en Burqa.
No es un episodio aislado. La campaña apenas ha comenzado y agricultores, organizaciones humanitarias y autoridades palestinas llevan días denunciando golpes, disparos, árboles arrancados, cosechas robadas y restricciones para acceder a los campos. Una temporada que debería medirse en sacos de aceitunas y litros de aceite empieza a contarse también en hospitales, tierras abandonadas y vehículos calcinados.
Una mañana de ataques alrededor de Ramala
Uno de los principales focos de la jornada estuvo en Turmus Ayya, al noreste de Ramala. Agricultores palestinos se encontraban trabajando en los olivares cuando fueron atacados por colonos israelíes, que además incendiaron tres vehículos. La localidad ya había registrado incidentes durante los días anteriores, con restricciones para acceder a determinadas parcelas y nuevos encontronazos durante la recolección.
La escena se repitió pocos kilómetros más allá. En Abu Falah, grupos de colonos irrumpieron en una zona de cultivo y atacaron a quienes estaban recogiendo aceitunas. La Media Luna Roja palestina informó de dos heridos por golpes. Durante los incidentes también se registraron disparos y lanzamiento de gases lacrimógenos, en un escenario de fuerte tensión sobre el terreno.
En Burqa, al este de Ramala, otros dos recolectores fueron golpeados durante un ataque contra agricultores. Las agresiones se extendieron así por una franja relativamente pequeña del centro de Cisjordania durante las primeras horas del viernes. El patrón resulta especialmente delicado porque no se limita a causar daños materiales: también puede hacer demasiado peligroso algo tan básico como entrar en una finca y recoger la cosecha.
El olivo, mucho más que un árbol
La aceituna ocupa un lugar singular en la economía rural palestina. Miles de familias obtienen de estos campos una parte significativa de sus ingresos anuales y muchos olivares pertenecen a los mismos hogares desde hace generaciones. Hay árboles centenarios, bancales trabajados durante décadas y una cadena económica que continúa en almazaras, comercios, transportistas y pequeños productores de aceite.
Impedir una cosecha tiene, por tanto, un impacto que va mucho más allá de una jornada perdida. Una finca a la que su propietario deja de acudir por miedo puede perder buena parte de la producción; un árbol arrancado tarda años en ser reemplazado. La violencia contra los olivares golpea al mismo tiempo al patrimonio, al territorio y a la economía familiar.
La situación económica de numerosas comunidades palestinas de Cisjordania ya venía deteriorándose por las restricciones de movimiento, las dificultades para acceder a tierras agrícolas y la pérdida de ingresos. En ese contexto, perder una parte de la campaña de la aceituna no es una anécdota agrícola: para algunas familias puede significar quedarse sin una fuente esencial de sustento durante meses.
La cosecha acumula incidentes desde principios de octubre
Las cifras de los primeros días del mes ayudan a medir la magnitud del problema. La Comisión palestina de Resistencia al Muro y los Asentamientos había contabilizado 136 incidentes relacionados con la cosecha entre el 1 y el 12 de octubre. Noventa y dos correspondían a ataques contra recolectores o impedimentos para llegar a las tierras; otros incluían robo de aceitunas, daños en árboles y destrucción de material agrícola.
La cadencia no parece haberse frenado. Solo durante el jueves 15 de octubre se registraron 21 incidentes en doce horas en distintos puntos de Cisjordania, según el recuento de la comisión palestina. Entre ellos figuraban agresiones físicas, expulsiones de agricultores de sus terrenos, detenciones, robo de cosechas y daños en árboles.
La preocupación viene de más atrás. Entre enero y agosto de 2026 se habían registrado alrededor de 1.600 ataques de colonos contra palestinos que causaron víctimas o daños materiales, una media cercana a siete episodios diarios. La recogida de la aceituna concentra tradicionalmente parte de esa tensión porque obliga a los agricultores a desplazarse hasta parcelas que, en numerosos casos, están próximas a asentamientos o puestos avanzados israelíes.
La campaña dejó además víctimas mortales antes de llegar a esta primera semana completa de recolección. En Burqa, al norte de Nablus, un ataque del 7 de octubre acabó con la muerte de un palestino de 44 años y dejó varios heridos. Desde entonces, algunas familias han optado por reducir o suspender la recogida ante el temor a nuevas agresiones.
El Ejército israelí había prometido proteger la cosecha
La sucesión de incidentes llega apenas dos días después de que el jefe del Estado Mayor israelí, Eyal Zamir, reconociera expresamente la sensibilidad de la temporada de la aceituna y afirmara que el Ejército debía permitir que la recogida se desarrollara manteniendo el orden y protegiendo a la población.
Zamir condenó también los ataques contra personas inocentes y sostuvo que la violencia de los colonos debía ser combatida utilizando los medios disponibles del Estado. Sus palabras, pronunciadas durante una visita al mando responsable de Cisjordania, evidencian hasta qué punto el fenómeno preocupa también dentro del aparato de seguridad israelí.
Este viernes, mientras aparecían las primeras informaciones sobre Turmus Ayya, Abu Falah y Burqa, no constaba todavía una explicación pública específica del Ejército israelí sobre varios de esos episodios. Las imágenes de vehículos ardiendo y los testimonios de agricultores atacados volvieron a poner el foco en la capacidad real de las fuerzas de seguridad para proteger la campaña.
Ahí aparece una de las contradicciones que atraviesa la situación sobre el terreno. El Ejército asegura que pretende preservar el orden y permitir la cosecha; agricultores palestinos y organizaciones locales denuncian, en cambio, episodios en los que soldados restringen el acceso a las tierras o no consiguen impedir las agresiones. La realidad cambia de un pueblo a otro, incluso de una hora a otra, pero para muchas familias el resultado es parecido: incertidumbre antes de entrar en el olivar.
Asentamientos, territorio y una disputa que va más allá del olivar
La violencia ocurre en una Cisjordania ocupada por Israel desde 1967 y marcada por la expansión de asentamientos y puestos avanzados israelíes. La cuestión no es únicamente diplomática: determina carreteras, permisos, seguridad, acceso a parcelas agrícolas y quién puede circular por determinadas zonas.
La Corte Internacional de Justicia concluyó en una opinión consultiva emitida en julio de 2024 que la presencia continuada de Israel en el territorio palestino ocupado era ilegal y sostuvo que Israel debía cesar inmediatamente las nuevas actividades de asentamiento. Israel rechazó esa interpretación jurídica y mantiene una posición distinta sobre el estatus del territorio y sus necesidades de seguridad.
Sobre ese mapa político y jurídico cae cada otoño algo bastante más tangible: aceitunas maduras. Para muchas familias palestinas, entrar en los campos no significa reivindicar una teoría geopolítica, sino recoger una cosecha antes de perderla. Pero en Cisjordania un trabajo agrícola puede terminar convertido, en cuestión de minutos, en otro episodio del conflicto.
El olivar vuelve a medir la presión sobre Cisjordania
Los ataques de este viernes dejan al menos ocho agricultores heridos, tres vehículos incendiados y otra señal inquietante al comienzo de una campaña que apenas ha echado a andar. Sobre el terreno, la cuestión decisiva es si los agricultores podrán seguir llegando a sus fincas durante las próximas semanas sin ser atacados, expulsados o privados de la cosecha.
Los antecedentes de octubre dificultan considerar lo ocurrido alrededor de Ramala como una anomalía. Más de un centenar de incidentes vinculados a la recogida en menos de dos semanas dibujan una dinámica sostenida, con consecuencias humanas y económicas que se acumulan mientras avanza la campaña.
El olivo tiene fama de resistente. Aguanta calor, sequedad, inviernos ásperos y décadas de poda. Lo que no puede resolver por sí mismo es quién llega hasta sus ramas. En Cisjordania, esa vieja tarea de extender una lona bajo el árbol y recoger el fruto vuelve a condensar una disputa mucho mayor: seguridad, tierra, ocupación y derecho a permanecer en ella.
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