Mundo
Jorge Ramos y María Elena Salinas vuelven para cubrir el voto latino
Jorge Ramos y María Elena Salinas se reencuentran fuera de Univision para seguir unas elecciones en las que el voto latino gana peso político.
Resumen
- Ramos y Salinas vuelven a trabajar juntos fuera de Univision
- Su cobertura digital pone el voto latino en el centro de las elecciones
- El electorado hispano crece, pero está más dividido y disputado
Jorge Ramos y María Elena Salinas vuelven a compartir una cobertura electoral casi una década después de dejar de formar pareja informativa en Univision. Esta vez no habrá gran plató de cadena nacional ni la vieja liturgia del informativo televisivo. Los dos periodistas mexicoestadounidenses se reencuentran en internet para seguir las elecciones legislativas de Estados Unidos del 3 de noviembre, convertidos en comunicadores independientes y con el voto latino en el centro de su trabajo.
El regreso tiene algo de reunión histórica, pero bastante más de cambio de época. Ramos y Salinas, que durante casi tres décadas fueron dos de los rostros más reconocibles del periodismo en español de Estados Unidos, participan juntos en ‘Tu voz, tu voto’, una cobertura especial integrada en el proyecto digital ‘Jorge Ramos: Así veo las cosas’. El objetivo es informar a una comunidad hispana que llega a las urnas con más peso demográfico, pero también atravesada por la inmigración, el coste de la vida, la polarización política y una creciente desconfianza hacia los partidos.
De las noches de Univision a YouTube
La imagen resulta casi paradójica. Quienes durante años encarnaron el gran telediario latino de Estados Unidos hablan ahora de sí mismos como youtubers, tiktokers y podcasters. No es solo una boutade. Describe bastante bien el terremoto sufrido por el consumo de información: la audiencia que antes esperaba a una hora concreta frente al televisor se ha dispersado entre móviles, vídeos bajo demanda, redes sociales y plataformas digitales.
Salinas dejó Univision en 2017, después de 36 años vinculada a la cadena. Ramos terminó su etapa allí en diciembre de 2024, tras cuatro décadas. Su nuevo encuentro profesional se produce fuera de aquella estructura y con una libertad editorial que ambos consideran especialmente importante en el actual clima político estadounidense. Ramos sostiene que la comunidad latina atraviesa una etapa marcada por el miedo y la presión migratoria y defiende que el periodismo no debe guardar silencio ante los ataques contra los inmigrantes.
Esa libertad incluye algo que habría resultado bastante más difícil dentro del noticiero convencional: explicitar posiciones. Ramos ha definido su enfoque como proinmigrante, prolatino, prodemocracia y prolibertad. No significa prescindir de los hechos, sino hacer visible desde qué posición editorial se interpretan. En tiempos en los que medio internet confunde opinión con información y propaganda con entusiasmo, al menos aquí la etiqueta viene puesta.
‘Tu voz, tu voto’ y una noche electoral de ocho horas
La colaboración comenzó el 6 de octubre y contempla programas especiales cada martes hasta las elecciones. Durante la semana electoral, la cobertura crecerá con emisiones antes y después de la votación y un directo de ocho horas durante la noche del 3 de noviembre, acompañado por corresponsales desplegados en estados especialmente relevantes para el resultado.
El proyecto aborda asuntos que pisan directamente la cocina de millones de hogares: inflación y coste de vida, inmigración, sanidad y política exterior. También incorpora a Factchequeado, organización especializada en combatir la desinformación en español, para verificar afirmaciones y datos durante la cobertura. En una campaña donde los bulos electorales pueden recorrer WhatsApp y las redes en cuestión de minutos, el fact-checking dista bastante de ser un adorno.
El proyecto digital de Ramos tampoco parte de cero. ‘Así veo las cosas’ ha logrado decenas de millones de visualizaciones mensuales, una escala que ayuda a entender por qué dos figuras formadas en el imperio de la televisión consideran internet un espacio central y no una sala de espera para medios tradicionales. La audiencia está allí, aunque ya no se siente obedientemente a las nueve frente a la misma pantalla.
El periodista también cambia de silla
Ramos y Salinas no están intentando reconstruir en YouTube el antiguo Noticiero Univision colocando dos cámaras delante de una mesa. Su apuesta mezcla información, análisis, entrevistas y mapas electorales, junto con la participación de corresponsales y una mayor presencia de opinión. El envoltorio tecnológico cambia; también lo hace la relación con quien está al otro lado.
Durante décadas, el presentador era una figura de autoridad situada tras una pantalla casi ceremonial. Ahora debe convivir con comentarios instantáneos, vídeos recortados, creadores de contenido y audiencias que saltan de una plataforma a otra en segundos. La credibilidad ya no viene incluida automáticamente con el logotipo del canal. Hay que reconstruirla pieza a pieza. Ramos y Salinas parten con una ventaja poco común: varias generaciones de espectadores hispanos conocen sus caras, sus voces y también sus polémicas.
Un electorado latino más grande, joven y disputado
El momento electoral explica buena parte del reencuentro. Alrededor de 39 millones de hispanos pueden tener derecho a voto en las elecciones de medio mandato de 2026, lo que sitúa a esta comunidad en torno al 16% del electorado elegible estadounidense. Respecto a 2022, millones de nuevos potenciales votantes se han incorporado al censo electoral, en buena medida jóvenes nacidos en Estados Unidos que han alcanzado la mayoría de edad.
Pero tener derecho a votar y acudir a las urnas son dos asuntos diferentes. La participación hispana en las elecciones legislativas ha estado históricamente por debajo de la de otros grupos, de modo que su creciente peso demográfico no se transforma automáticamente en poder político. Uno de los grandes combates de esta campaña está precisamente ahí: movilizar a ciudadanos que pueden decidir una circunscripción, pero que no necesariamente se sienten representados por republicanos o demócratas.
Una parte considerable del electorado hispano se identifica como independiente, indeciso o dispuesto a cambiar su voto respecto a anteriores elecciones. Ese bloque adquiere especial importancia en distritos competitivos de la Cámara de Representantes, donde unos pocos miles de papeletas pueden separar una victoria de una derrota. Dicho de forma menos académica: millones de latinos están electoralmente disponibles, pero no llevan cosida para siempre la camiseta de ningún partido.
Trump, los demócratas y un voto menos previsible
Donald Trump logró en 2024 un avance considerable entre los votantes hispanos, rompiendo la vieja comodidad demócrata de tratar a esta comunidad como una reserva electoral casi automática. Dos años después, el escenario vuelve a moverse. El coste de vida, la inmigración, el empleo y la actuación de la Administración pesan sobre las preferencias de unos votantes mucho menos previsibles de lo que durante años sugirieron ciertos mapas electorales.
Ahí reside precisamente la dificultad de hablar del “voto latino” como si fuera un bloque homogéneo. Un cubanoamericano de Florida, una joven mexicanoamericana de Arizona, una familia puertorriqueña en Pensilvania o un trabajador hispano de Wisconsin pueden compartir idioma y mantener prioridades políticas muy diferentes. Origen familiar, generación, ingresos, estudios, religión, experiencia migratoria y lugar de residencia pesan. Y bastante.
Salinas insiste en que la influencia electoral hispana ya no pertenece únicamente a California, Texas, Florida o Nuevo México. La población latina ha crecido también en estados menos asociados tradicionalmente con ella y puede resultar determinante cuando una elección se decide por márgenes estrechos. La política estadounidense, tan dada a redescubrir a los hispanos cada vez que aparecen urnas en el horizonte, empieza a asumir que ese mapa ya no es el de hace veinte años.
El español deja de vivir en una habitación aparte
El regreso de Ramos y Salinas también habla del lugar que ocupa el español en Estados Unidos. Durante años, triunfar en los grandes medios podía implicar abandonar la televisión hispana y dar el salto a una cadena en inglés. Salinas ha recordado que incluso recibió ese consejo al comienzo de su carrera, cuando algunos consideraban que trabajar para audiencias latinas ofrecía un recorrido limitado.
La historia tomó otra curva. La cultura hispana dejó de ser un nicho perfectamente separado del llamado mainstream estadounidense. Música, televisión, redes sociales, política y publicidad mezclan idiomas y públicos a diario. Fenómenos culturales como Bad Bunny muestran hasta qué punto un artista puede alcanzar audiencias masivas en Estados Unidos sin renunciar al español como lengua principal.
Esa transformación explica también que una cobertura política concebida en español pueda encontrar millones de espectadores sin necesitar una gran cadena detrás. El idioma conserva un valor cultural, pero también económico y electoral. Los candidatos lo saben; a veces parecen recordarlo con una puntualidad casi milagrosa cuando se acercan las urnas.
Dos veteranos ante una campaña que ya no se parece a las anteriores
Ramos y Salinas regresan juntos cuando la televisión ha perdido parte de su monopolio, el electorado latino crece y las elecciones legislativas del 3 de noviembre pueden redefinir el equilibrio político en Washington. No vuelven para reproducir el informativo que presentaron durante décadas. Regresan precisamente porque aquel ecosistema mediático ya no existe del mismo modo.
Su nueva cobertura sirve también como prueba de algo más amplio: comprobar hasta qué punto el prestigio construido en la televisión puede trasladarse a internet y si una audiencia saturada de vídeos, opiniones y mensajes partidistas sigue concediendo un valor diferencial a la experiencia periodística. La plataforma cambia; la pelea por resultar creíble, bastante menos.
De momento, los dos antiguos presentadores de Univision han elegido la pantalla pequeña que cabe en el bolsillo. Tres décadas después, el escenario es otro, la conversación es más ruidosa y el votante latino tiene más peso que nunca. Ramos y Salinas vuelven a compartir mesa, aunque esa mesa sea digital y alrededor de ella se juegue bastante más que un ejercicio de nostalgia televisiva.
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