Naturaleza
Un olivar de Jaén producirá luz con 5.150 paneles sobre los árboles
El proyecto agrivoltaico de Vilches elevará más de 5.150 paneles sobre un olivar activo para abastecer de energía a la planta industrial de Acesur.
Resumen
- Más de 5.150 paneles solares se elevarán sobre un olivar de Vilches
- Los olivos seguirán en producción y la maquinaria podrá trabajar debajo
- La electricidad abastecerá principalmente la planta industrial de Acesur
Un olivar en plena producción de Vilches, en Jaén, se prepara para hacer algo todavía poco habitual en el paisaje agrícola español: producir aceitunas y electricidad en el mismo terreno, sin arrancar los árboles para dejar sitio a una planta fotovoltaica. Acesur y Greening desarrollan allí una instalación agrivoltaica con más de 5.150 paneles solares elevados a más de cuatro metros, una altura pensada para que el cultivo continúe funcionando bajo las estructuras.
La electricidad se destinará principalmente al autoconsumo de la planta industrial de Acesur situada junto a las parcelas. El proyecto presentado inicialmente alcanza unos 3,65 MWp de potencia fotovoltaica y se completa con almacenamiento en baterías, de modo que parte de la energía pueda utilizarse cuando la fábrica la necesite y no únicamente mientras luce el sol. El olivar, mientras tanto, seguirá siendo olivar. Esa es precisamente la parte menos vistosa y, a la vez, más importante.
Paneles solares a cuatro metros para mantener vivo el olivar
La imagen rompe bastante con la de una planta fotovoltaica convencional. Los módulos no sustituyen a las filas de árboles ni ocupan una parcela agrícola vaciada previamente. Se levantan sobre estructuras de más de cuatro metros de altura, dejando debajo espacio para los olivos, los trabajadores y buena parte de la maquinaria empleada durante las labores agrícolas.
No es una cuestión estética. En un olivar productivo hay que podar, tratar los árboles, circular entre las calles y, llegado el momento, recoger la aceituna. Colocar las placas demasiado cerca del suelo convertiría la explotación en una carrera de obstáculos bastante cara. La estructura elevada pretende justamente evitarlo y conservar las operaciones agrícolas habituales, incluida la recolección.
La instalación combina así dos usos que a menudo compiten por el mismo terreno: agricultura y generación fotovoltaica. En una provincia donde el olivar no es simplemente un cultivo, sino parte del paisaje económico y cultural, la diferencia no es menor.
Qué es la agrivoltaica y por qué encaja en un olivar
La agrivoltaica parte de una idea relativamente sencilla: una misma superficie puede utilizarse para producir alimentos y energía si los paneles se diseñan alrededor de las necesidades del cultivo, y no al revés. No consiste simplemente en plantar placas dentro de una finca. La posición, la altura, las sombras, las distancias entre estructuras y el acceso de maquinaria condicionan el resultado.
En Vilches se intenta llevar esa convivencia a un cultivo muy concreto, el olivar en producción. Los árboles permanecen en su sitio y la instalación se adapta a ellos. El planteamiento contempla conservar los olivos existentes y mantener las labores ordinarias de la explotación, algo decisivo para distinguir este modelo de una planta solar convencional.
Ahí está la diferencia fundamental respecto a una instalación fotovoltaica levantada después de transformar por completo una finca. El terreno no deja de producir aceituna para producir electricidad. Intenta producir ambas cosas a la vez, aprovechando verticalmente un espacio que hasta ahora tenía un solo uso principal.
La sombra también formará parte del experimento
Queda, naturalmente, una cuestión agronómica importante: cómo afectará esa cubierta parcial de paneles a los árboles durante años sucesivos. Menos radiación directa puede modificar la temperatura del suelo, la evaporación del agua o el estrés hídrico de las plantas. También puede influir en su productividad. En agricultura, casi nada viene gratis.
La Universidad de Jaén participa en la vertiente científica del proyecto y estudiará variables como la productividad agrícola, el estrés hídrico y la temperatura del suelo, además de la relación entre la generación eléctrica y el comportamiento de los olivos. La finca funcionará, en la práctica, como un laboratorio a escala real.
Esto importa porque una posible mejora en la conservación de humedad bajo determinadas condiciones no debería darse por garantizada. Dependerá del diseño, de la orientación de los módulos, del clima, del suelo y de cómo responda el propio cultivo. El dato verdaderamente útil llegará tras varias campañas, cuando pueda compararse lo que sucede bajo los paneles con zonas equivalentes sin ellos.
La electricidad irá a la fábrica de Acesur
El proyecto está situado junto al centro productivo que Acesur mantiene en Vilches. Eso reduce uno de los problemas habituales de cualquier instalación renovable destinada al autoconsumo industrial: la distancia entre el lugar donde se genera la electricidad y el punto donde realmente se necesita. Aquí, producción y consumo están prácticamente juntos.
La instalación anunciada incorpora también un sistema de baterías de 3 MWh, concebido para almacenar parte de la producción fotovoltaica y utilizarla de una forma más flexible. Para una fábrica, cuya demanda eléctrica no dibuja necesariamente la misma curva que el sol sobre los paneles, mover energía de unas horas a otras puede resultar casi tan relevante como la propia potencia instalada.
Acesur ha recibido una ayuda de 2,8 millones de euros del IDAE para el proyecto agrivoltaico. La actuación forma parte de un programa más amplio de reducción del consumo energético externo y de las emisiones asociadas al complejo industrial de Vilches.
Las cifras del proyecto han cambiado durante su desarrollo
Las comunicaciones públicas no han utilizado siempre exactamente los mismos números. La descripción difundida durante las primeras fases sitúa la instalación en más de 5.150 módulos, 3,65 MWp y 3 MWh de almacenamiento, cifras que dibujan ya una actuación de gran escala para un sistema agrivoltaico asociado a un olivar.
En actualizaciones posteriores también se han manejado alrededor de 5.500 paneles y unos 3,5 MW, junto a previsiones de cubrir una parte muy elevada del consumo eléctrico anual de la planta. La diferencia parece responder a ajustes del proyecto durante su ejecución, habituales cuando una infraestructura pasa del diseño inicial a la obra definitiva.
No cambia, en cualquier caso, el elemento que hace singular la instalación: los paneles no llegan después de despedirse de los olivos. Llegan por encima de ellos.
Una prueba con interés mucho más allá de Jaén
España reúne dos ingredientes especialmente propicios para este tipo de proyectos: abundantes horas de sol y una enorme superficie dedicada a la agricultura. Esa coincidencia convierte el uso del suelo en una cuestión cada vez más delicada. No todas las hectáreas sirven para todo y tampoco cualquier explotación puede cubrirse de paneles esperando que el cultivo continúe exactamente igual.
Por eso el experimento de Vilches será especialmente relevante si logra demostrar con datos que el modelo funciona también desde el punto de vista agrícola. Mantener los árboles es solo el primer requisito. Después hay que conservar una explotación viable, garantizar el acceso de maquinaria, sostener rendimientos razonables y asumir el mantenimiento de una estructura solar expuesta durante años al viento, al calor y al trabajo rural.
Si la ecuación sale bien, la agrivoltaica podría ofrecer una alternativa en determinadas explotaciones donde hasta ahora parecía inevitable escoger entre cosecha y generación eléctrica. No será una fórmula universal; el campo rara vez admite soluciones universales. Pero el principio resulta difícil de ignorar: obtener más valor de una misma hectárea sin convertir el paisaje productivo en algo completamente distinto.
Olivos abajo, electricidad arriba
El proyecto de Vilches coloca en el mismo terreno dos símbolos de épocas muy diferentes: el olivo y el panel fotovoltaico. Uno lleva siglos definiendo Jaén; el otro se ha extendido por España a enorme velocidad durante las últimas décadas. En esta finca, al menos sobre el papel, no compiten. Comparten parcela.
Más de 5.150 módulos recogerán el sol varios metros por encima del cultivo mientras los olivos continúan su ciclo debajo. Después llegará lo realmente importante: medir cosechas, consumo eléctrico, agua, costes y comportamiento de los árboles durante varias campañas.
Porque levantar las placas es ingeniería. Conseguir que dentro de unos años sigan funcionando bien tanto la instalación solar como el olivar productivo será la auténtica prueba.
-
TecnologíaNeo1, el humanoide chino de 4 metros diseñado para mover 500 kilos
-
NaturalezaÚltimos terremotos en España, 19 de octubre: sismo de 3,4 en Almería
-
EspañaUn jabalí irrumpe en Zaragoza, hiere a una mujer y acaba sacrificado
-
MundoEgipto prepara apoyo militar a Arabia Saudí ante los hutíes en Yemen
-
MundoFrancia y Alemania piden excluir a China del mercado único europeo
-
EspañaVox pide al Constitucional inadmitir el amparo por la ley de nietos
-
NaturalezaLa primera gran dana del otoño se cobra una víctima y deja aviso rojo
-
SaludCómo hacer ejercicio sin equipo en casa: rutina completa para empezar
-
EstiloMuere Óscar Tobía, fundador de Bodegas Tobía y renovador de Rioja
-
EconomíaBilbao amplía la apertura de supermercados también a los domingos
-
EstiloTendencias otoño-invierno 2026/27 mujer: prendas, colores y estilos
-
NaturalezaAlgeciras, inundada este 18 de octubre tras más de 60 l/m² en una hora