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Nuevos ataques con esvásticas a Cruz Roja y Celso Posada en Ferrol

Ferrol vuelve a registrar pintadas con esvásticas contra Cruz Roja y la vivienda familiar de Celso Posada, tras varios episodios similares este año

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Atacan con esvásticas

Resumen

  • Una esvástica apareció en la sede de Cruz Roja en Ferrol
  • La vivienda familiar de Celso Posada volvió a ser señalada
  • Los ataques se repiten en 2026 y refuerzan la preocupación en la ciudad

La sede de Cruz Roja en Ferrol y la vivienda familiar del activista Celso Posada han vuelto a ser objeto de ataques con simbología neonazi. Las nuevas pintadas aparecieron durante la madrugada del sábado 17 de octubre y afectan a dos objetivos que ya habían sufrido episodios similares apenas unas semanas antes. No es, por tanto, un incidente aislado ni una simple gamberrada nocturna.

En las instalaciones de la organización humanitaria apareció una esvástica pintada con espray negro en uno de los ventanales de la sede, situada en el cruce de las calles Dolores y Coruña. La misma simbología volvió a aparecer en la casa familiar de Posada, donde el activista reside con sus padres. En su caso, es la segunda vez en pocas semanas que el domicilio es señalado de esta manera.

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Un nuevo ataque en la madrugada del sábado

Los hechos vuelven a situar a Ferrol ante una sucesión de actos de intimidación que durante 2026 han afectado especialmente a Cruz Roja. La organización desarrolla en la ciudad programas de atención a personas vulnerables, apoyo frente a la soledad no deseada, inserción laboral y acompañamiento formativo de menores, entre otras actuaciones sociales.

La particularidad del nuevo episodio está precisamente en la repetición de los ataques. Una pintada puede borrarse; otra cosa es que el mismo símbolo reaparezca una y otra vez, en una sede humanitaria, en vehículos destinados a servicios sociales y finalmente en una vivienda particular. Ahí cambia la dimensión del problema. Ya no se trata únicamente del coste de limpiar un cristal o reparar una luna rota, sino del mensaje de intimidación que se intenta dejar detrás.

La esvástica, por mucho que se trace deprisa y de madrugada, no se convierte en una opinión política. Arrastra una carga histórica inequívoca y, cuando aparece repetidamente sobre determinados objetivos, difícilmente puede separarse del propósito de señalar y amedrentar.

Cuatro episodios contra Cruz Roja durante 2026

La delegación ferrolana de Cruz Roja ha sufrido cuatro episodios de este tipo durante el año, según el recuento conocido tras el último ataque. La secuencia comenzó en abril, cuando aparecieron pegatinas con mensajes de carácter ultranacionalista y xenófobo en sus instalaciones.

En septiembre llegaron nuevas pintadas sobre la fachada. Los mensajes atacaban a las ONG y vinculaban su actividad con la inmigración utilizando expresiones despectivas. A comienzos de octubre el vandalismo dio otro salto: una furgoneta de Cruz Roja apareció con una luna rota y una esvástica pintada sobre el vehículo.

El episodio del 17 de octubre vuelve a llevar la simbología hasta la propia sede. Mirados por separado, los hechos podrían parecer pequeñas fotografías inconexas; colocados uno junto a otro forman algo bastante menos tranquilizador: una sucesión sostenida de acciones dirigidas contra la misma organización.

El domicilio de Celso Posada, también señalado

La reiteración alcanza también a Celso Posada, conocido activista ferrolano. Su casa familiar ya había aparecido anteriormente con esvásticas, coincidiendo con los ataques registrados contra vehículos de Cruz Roja. Posada presentó entonces una denuncia en la Comisaría de la Policía Nacional.

Pocas semanas después, los símbolos han regresado a la vivienda. Es la segunda ocasión reciente en la que el inmueble donde vive junto a sus padres aparece marcado. El paso de una sede pública o asociativa a una casa particular añade una frontera delicada: la intimidación llega al ámbito privado, literalmente a la puerta de casa.

No hace falta exagerarlo para entender su gravedad. Una cosa es la discrepancia, incluso áspera, que forma parte de cualquier sociedad democrática; otra, bastante distinta, es señalar domicilios particulares mediante símbolos asociados históricamente a la violencia política y racial.

De una pintada aislada a un patrón de intimidación

Los ataques han generado preocupación en Ferrol porque no aparecen en un vacío. Durante los últimos meses se han registrado distintos episodios con esvásticas y mensajes xenófobos contra entidades y personas de la ciudad, dentro de un clima que ha obligado a prestar una atención creciente a estas acciones.

La repetición importa. En este tipo de incidentes, la intención intimidatoria no depende únicamente de la magnitud material del daño. Un cristal roto puede costar relativamente poco; una pintada puede desaparecer bajo una capa de pintura. Lo que permanece es otra cosa: la sensación de que alguien escoge un objetivo y vuelve.

Cruz Roja ha quedado especialmente expuesta dentro de esta sucesión. El ataque contra una organización humanitaria tiene también un componente simbólico evidente porque buena parte de su trabajo se desarrolla precisamente con personas que atraviesan situaciones de vulnerabilidad. Convertir la asistencia social en una diana ideológica desplaza el conflicto desde la discusión política hacia quienes prestan o reciben ayuda.

Reclaman investigación y una respuesta sostenida

Ferrol en Común ha reclamado tras los últimos hechos condenas unánimes e investigación policial, así como apoyo institucional y social permanente tanto a Cruz Roja como a sus trabajadores y a las personas que han sufrido estos actos de intimidación.

La ciudad ya había acogido movilizaciones en apoyo a Cruz Roja después de ataques anteriores. Esa reacción pública tiene una lectura sencilla: el problema deja de afectar únicamente a la organización cuando el vandalismo se convierte en una sucesión de símbolos y mensajes dirigidos contra personas y entidades concretas.

Aquí conviene no perderse en etiquetas antes de tiempo. Corresponde a la investigación determinar las responsabilidades individuales y, llegado el caso, la calificación penal que proceda. Pero el contenido de las pintadas no necesita demasiada arqueología interpretativa: las esvásticas están ahí, visibles, repetidas y dirigidas contra objetivos que ya habían sido atacados.

Una repetición que cambia la dimensión del problema

El último ataque contra Cruz Roja y la vivienda de Celso Posada tiene más peso por todo lo sucedido antes. Abril, septiembre, comienzos de octubre y de nuevo el 17 de octubre. La cronología de los ataques empieza a ser tan importante como cada pintada concreta.

Ferrol se encuentra así ante una cadena de episodios cuya principal característica es la persistencia. Los daños materiales pueden repararse y las fachadas limpiarse; bastante más complejo resulta evitar que la intimidación termine convirtiéndose en parte del paisaje cotidiano, como una persiana bajada o una señal de tráfico que uno deja de mirar.

Ahí está probablemente el verdadero riesgo. Normalizar una esvástica porque es «otra más» supone regalarle al autor justo lo que busca: que el símbolo deje de escandalizar y empiece a ocupar espacio. En una democracia, el debate puede ser bronco, desagradable incluso. La amenaza anónima contra una entidad humanitaria o una vivienda particular juega en otro terreno.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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