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Naturaleza

Un supermercado de Berlín cultiva hasta 900.000 ensaladas en su tejado

Una granja hidropónica de 2.760 m² sobre un supermercado de Berlín produce lechuga local y aprovecha agua de lluvia, energía y espacio urbano.

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ensaladas en su tejado

Resumen

  • REWE cultiva lechugas en una granja de 2.760 m² sobre un supermercado
  • La instalación puede producir hasta 900.000 bolsas de ensalada al año
  • El sistema usa hidroponía, agua de lluvia y reduce parte del transporte

Un supermercado de Berlín ha llevado bastante lejos una idea que, hace no tanto, habría sonado a maqueta de facultad de arquitectura: cultivar las lechugas justo encima del lugar donde se venden. La cadena alemana REWE tiene en funcionamiento una granja hidropónica de 2.760 metros cuadrados sobre su establecimiento de Berlin-Lankwitz, una instalación capaz de producir cientos de miles de bolsas de ensalada al año.

No es un huerto testimonial con cuatro bancales para adornar la memoria de sostenibilidad de la empresa. REWE inauguró oficialmente la granja el 7 de agosto de 2026 y la presenta como la mayor explotación agrícola instalada sobre un tejado en Alemania. Las lechugas crecen en un sistema automatizado prácticamente sin tierra, se cosechan en unos 23 días y bajan directamente al área de procesado del supermercado. Parte termina en las estanterías del propio establecimiento; el resto se distribuye por unos 500 supermercados REWE del este de Alemania.

El supermercado abrió sus puertas el 21 de mayo en la Malteserstraße, al sur de Berlín. La cubierta agrícola llegó después. Ahí está precisamente lo interesante del proyecto: no se ha colocado un pequeño invernadero sobre un edificio convencional, sino que supermercado, cultivo, agua, climatización y logística se diseñaron como piezas del mismo mecanismo. Abajo, carros de la compra; arriba, agricultura.

Una granja de 2.760 metros cuadrados encima del supermercado

La cubierta acristalada ocupa 2.760 metros cuadrados y está gestionada por ECF Farmsystems, una empresa berlinesa especializada en agricultura urbana. Bajo el cristal crecen inicialmente cuatro tipos de lechuga: Batavia, romana verde, Lollo Rosso y una variedad Easy Leaf de hoja verde oscura. Después se mezclan y comercializan en bolsas de 100 gramos bajo la denominación local de Lankwitzer Pflücksalat.

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El tamaño importa. Estamos hablando de una superficie agrícola equivalente, aproximadamente, a más de diez pistas de tenis colocadas sobre un supermercado. No alimentará Berlín, claro, pero tampoco pretende hacerlo. El valor del modelo está en convertir una superficie urbana que normalmente tendría un uso limitado —un tejado— en un pequeño centro productivo conectado directamente con una red comercial.

REWE había probado antes el concepto Green Farming en Wiesbaden, donde abrió en 2021 un supermercado con producción agrícola integrada. Berlín representa el siguiente salto: más superficie, automatización y cultivo de lechuga a escala comercial, con la intención declarada de que la fórmula pueda repetirse en futuros establecimientos.

Cómo crecen las lechugas prácticamente sin tierra

El corazón de la instalación es un sistema hidropónico automatizado. Las plantas no necesitan desarrollarse sobre un suelo agrícola convencional; crecen en bandejas especiales que reciben varias veces al día una solución de agua y nutrientes.

Durante aproximadamente 23 días, las bandejas se desplazan por el invernadero mientras las plantas avanzan hacia su tamaño comercial. Una vez listas, entran en la cadena de recolección y bajan hacia el área de procesado. Allí se preparan, mezclan y empaquetan.

La hidroponía permite controlar con bastante precisión aspectos como el suministro de nutrientes y agua, y resulta especialmente adecuada para verduras de hoja de ciclos cortos. La lechuga, de hecho, se ha convertido en uno de los cultivos predilectos de este tipo de agricultura: crece rápido, ocupa poco volumen y prácticamente toda la planta termina siendo producto comercial. Estos sistemas ofrecen ventajas de productividad y uso del suelo, aunque también obligan a vigilar cuidadosamente su consumo energético.

Del invernadero al lineal hay apenas unos metros

Una de las imágenes más curiosas del supermercado está en esa distancia casi absurda entre producción y venta. Tras la cosecha diaria, la lechuga pasa directamente a la zona de procesado del edificio. No necesita salir primero hacia una explotación agrícola situada a cientos o miles de kilómetros para recorrer luego el camino contrario hacia Berlín.

Parte de la producción permanece en el establecimiento de Lankwitz. El resto entra en la red logística habitual de REWE y llega a alrededor de 500 tiendas del este de Alemania. Es decir, hablar de lechugas que se cultivan unos metros por encima de donde se venden es literalmente cierto en el supermercado berlinés, aunque la mayor parte de la capacidad de la instalación está pensada para abastecer una zona bastante más amplia.

Hasta 900.000 bolsas de ensalada cada año

REWE sitúa la capacidad máxima del proyecto en hasta 900.000 mezclas de ensalada al año. ECF Farmsystems maneja una cifra algo más concreta y prudente para la instalación berlinesa: 858.000 paquetes anuales. No existe realmente una contradicción entre ambas referencias; una expresa la capacidad máxima anunciada por la cadena y la otra, la producción anual atribuida al proyecto por su operador.

Con bolsas de 100 gramos, 900.000 unidades equivaldrían teóricamente a unas 90 toneladas de ensalada preparada al año si se alcanzara ese máximo. Es una forma bastante gráfica de entender la dimensión: ya no hablamos del huerto urbano simpático de una azotea comunitaria, sino de producción alimentaria integrada en la infraestructura comercial de una gran cadena.

REWE calcula igualmente que producir cerca del mercado de consumo puede evitar alrededor de 500.000 kilómetros de transporte anuales frente al abastecimiento con productos procedentes del sur de Europa. Es una estimación de la propia compañía, no una reducción independiente de emisiones certificada, pero señala uno de los argumentos más evidentes de la agricultura urbana: acortar una cadena logística que, para productos muy perecederos, puede ser larga y costosa.

Agua de lluvia, calor recuperado y una cubierta aprovechada

El agua es otra pieza del sistema. Una cisterna recoge agua de lluvia sobre el edificio y la integra en el riego de la explotación. La granja también aprovecha la infraestructura energética del supermercado: bomba de calor, recuperación de calor residual y generación fotovoltaica forman parte del concepto Green Farming.

El establecimiento incorpora alrededor de 200 paneles solares, iluminación LED, cámaras y muebles frigoríficos cerrados y sistemas de control energético. REWE sostiene que el edificio consume alrededor de un 50 % menos de energía que uno de sus supermercados convencionales. Conviene mantener el matiz: se trata del cálculo comunicado por la propia compañía para el conjunto del establecimiento, no únicamente para la producción de lechugas.

También el edificio tiene algo de laboratorio arquitectónico. Su estructura utiliza unos 1.800 metros cúbicos de madera de coníferas y ha sido diseñada de forma modular, con piezas que podrían desmontarse y reutilizarse en el futuro. El resultado se parece menos al clásico hipermercado rodeado de hormigón y más a una enorme nave luminosa sobre la que alguien decidió colocar un campo de cultivo. Solo que el campo lleva sensores, tuberías y bandejas móviles.

La agricultura urbana también tiene letra pequeña

Producir una lechuga junto al consumidor no convierte automáticamente su cultivo en más sostenible que plantarla en un campo. El transporte es solo una parte de la huella ambiental de los alimentos. Calentar un invernadero durante el invierno berlinés, bombear agua, automatizar bandejas o mantener determinadas condiciones de crecimiento también consume energía.

Los estudios sobre hidroponía y agricultura en entornos controlados dibujan precisamente ese intercambio: estos sistemas pueden reducir mucho el uso de suelo y agua, limitar determinadas pérdidas de nutrientes y conseguir cosechas constantes, pero su balance climático depende en gran medida de cómo obtienen la energía. Cuando requieren abundante iluminación artificial, calefacción o refrigeración alimentadas con fuentes intensivas en carbono, la ventaja puede reducirse o incluso desaparecer.

El caso berlinés tiene una particularidad importante: no es una granja vertical completamente cerrada y llena de lámparas, sino un invernadero acristalado sobre cubierta, capaz de utilizar luz natural y de intercambiar recursos con el edificio que tiene debajo. Ese diseño integrado permite aprovechar cubiertas, agua recogida, calor residual e instalaciones ya existentes en lugar de construir dos sistemas independientes.

Tampoco todos los cultivos encajan igual de bien. Una cubierta urbana difícilmente va a competir con una hectárea de cereal o patatas. Tiene mucho más sentido con productos de alto valor, poco peso y ciclos rápidos, especialmente hierbas aromáticas, brotes y verduras de hoja. Ahí cada metro cuadrado puede trabajar muchas veces a lo largo del año.

Del campo lejano al campo que está sobre la caja registradora

El proyecto de Berlín no anuncia el final de la agricultura convencional, ni falta que hace. Su interés está en otro sitio: demuestra que determinados eslabones de la producción alimentaria pueden acercarse mucho más a la ciudad sin quedarse reducidos a una demostración tecnológica.

Una lechuga sigue necesitando agua, nutrientes, luz, energía y manos que supervisen su crecimiento. Lo novedoso es dónde ocurre todo eso. En Lankwitz sucede encima del supermercado, sobre una superficie que antes habría sido poco más que cubierta y aislamiento, mientras debajo siguen pasando clientes con sus carros.

Ese pequeño cambio espacial altera bastante el mapa. La agricultura deja de estar obligatoriamente al otro lado de la autopista y entra en el edificio comercial; la logística comienza en un ascensor o una cinta transportadora, no en un camión que cruza Europa. Y la ensalada que espera en el frigorífico puede haber empezado la mañana unos metros por encima de él.

No parece una revolución agrícola capaz de alimentar por sí sola a las grandes ciudades. Es algo más sobrio y quizá más útil: una manera de aprovechar mejor el espacio urbano allí donde los números, el clima y el consumo energético permitan que tenga sentido.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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