Salud
El Alzheimer empieza antes del olvido: investigar puede cambiarlo todo
Casi un millón de personas viven con demencia en España. Investigar el Alzheimer antes de los síntomas puede transformar su diagnóstico y prevención.
El Alzheimer no empieza cuando olvidamos un nombre: investigar antes puede cambiarlo todo.
Hay enfermedades que conocemos de lejos hasta que un día dejan de ser una estadística. El Alzheimer suele ser una de ellas.
Primero aparece un despiste que parece inocente. Una cita olvidada. Una pregunta repetida dos veces durante la comida. Las llaves en un lugar extraño. Después llegan pequeñas grietas: una madre que necesita ayuda para algo que siempre hizo sola, un padre que se pierde en una calle conocida, un abuelo que mira una fotografía familiar y tarda unos segundos demasiado largos en encontrar un nombre.
Entonces las cifras cambian de significado.
En España, cerca de un millón de personas viven con demencia. Alzheimer Europe estimó para 2025 un total de 983.920 casos, alrededor del 2,05% de la población. Y el Alzheimer es, con diferencia, la causa más frecuente de demencia: representa aproximadamente entre el 60% y el 70% de los casos.
No estamos, por tanto, ante un problema lejano ni excepcional. Estamos ante una enfermedad que entra en las casas, modifica las relaciones familiares y convierte gestos cotidianos —preparar la comida, salir a comprar, vestirse, reconocer una voz— en territorios cada vez más difíciles.
El Alzheimer afecta a una persona, pero transforma a toda una familia
La enfermedad daña progresivamente la memoria y otras capacidades cognitivas, pero reducirla al olvido sería quedarse en la superficie. Con el tiempo puede afectar también a la orientación, el lenguaje, la capacidad para tomar decisiones, el comportamiento y la autonomía.
Y alrededor de la persona enferma aparece otra realidad menos visible: la de quienes cuidan.
En España, la Fundación Pasqual Maragall señala que alrededor del 80% de las personas con Alzheimer son atendidas por sus propias familias. También recuerda un dato que explica hasta qué punto esta enfermedad forma parte de nuestra sociedad: aproximadamente dos de cada tres personas tienen o han tenido cerca a alguien con Alzheimer.
Son hijos que reorganizan horarios. Parejas que aprenden a convivir con una nueva fragilidad. Familias que descubren que cuidar no significa únicamente acompañar a una consulta médica, sino repetir, vigilar, organizar, escuchar, calmar, levantarse por la noche y asumir decisiones que antes tomaba otra persona.
El problema es que solemos comprenderlo cuando ya está dentro de casa
La memoria humana tiene una curiosa tendencia: creemos que determinados problemas pertenecen siempre a los demás.
El Alzheimer puede parecernos una palabra de hospital, una noticia sobre envejecimiento o algo que afecta a familias desconocidas. Hasta que el nombre que aparece junto a la enfermedad es el de nuestro padre, nuestra madre, nuestros abuelos, nuestra pareja.
Y entonces surge una pregunta inevitable: por qué no hemos avanzado más.
La respuesta tiene muchas aristas, pero una de ellas es sencilla: la investigación necesita años, investigadores, participantes, tecnología y recursos mucho antes de que una familia necesite sus resultados.
No se puede empezar a investigar el día en que llega un diagnóstico.
Investigar el Alzheimer antes de los síntomas
Durante años, buena parte del abordaje de esta enfermedad comenzaba cuando los síntomas ya eran visibles. La ciencia intenta desplazarse precisamente en la dirección contraria: detectar qué está ocurriendo en el cerebro mucho antes de que aparezcan los primeros problemas de memoria.
Ahí se encuentra uno de los grandes campos de trabajo de la Fundación Pasqual Maragall y de su centro de investigación, el Barcelonaβeta Brain Research Center (BBRC).
La Fundación nació en 2008 con el objetivo de impulsar la investigación sobre el Alzheimer y avanzar hacia su prevención y detección precoz. Actualmente cuenta con el respaldo de más de 120.000 socios y socias y desarrolla tanto investigación científica como programas dirigidos a personas afectadas y familias.
No es una idea abstracta. Detrás hay miles de personas que prestan literalmente su tiempo, sus datos y parte de su historia biológica a la ciencia.
Miles de voluntarios observados antes de enfermar
Uno de los proyectos más importantes es el Estudio ALFA, iniciado en 2013 y convertido en una gran plataforma para estudiar las fases preclínicas del Alzheimer.
Participan 2.743 personas de entre 45 y 75 años, muchas de ellas descendientes de personas que han padecido la enfermedad. Los investigadores e investigadoras estudian qué sucede años antes de que pueda aparecer un deterioro cognitivo perceptible y buscan marcadores capaces de anticipar el riesgo.
La lógica cambia por completo: no esperar a que el incendio sea visible, sino aprender a detectar el humo.
Un análisis de sangre puede abrir una nueva etapa
Uno de los avances más interesantes de los últimos años está precisamente en algo tan cotidiano como una extracción de sangre.
Investigadores del BBRC participaron en la validación del biomarcador p-tau217, estudiado en más de 1.700 personas y capaz de ayudar a detectar la presencia de alteraciones relacionadas con el Alzheimer. El trabajo publicado en 2025 mostró una precisión cercana al 90% en determinados contextos clínicos.
Eso no significa que exista una prueba doméstica capaz de predecir el futuro ni que el Alzheimer esté resuelto. Significa algo quizá más importante: la frontera del diagnóstico se está moviendo.
La enfermedad puede comenzar silenciosamente muchos años antes de manifestarse. Poder identificar cambios biológicos en esa etapa permitiría seleccionar mejor a los pacientes, mejorar los ensayos clínicos y, sobre todo, intervenir antes.
También se están desarrollando proyectos como ALFA10, que trabaja con biomarcadores sanguíneos y datos clínicos y cognitivos de más de 2.000 personas para desarrollar herramientas capaces de identificar a quienes presentan mayor riesgo en fases muy tempranas.
No todo está escrito: también podemos reducir parte del riesgo
Hay algo que conviene dejar claro: la demencia no es una consecuencia inevitable de cumplir años.
La Organización Mundial de la Salud actualizó en 2026 sus recomendaciones y recuerda que factores modificables relacionados con la salud cardiovascular, el ejercicio, el tabaquismo, el alcohol, el aislamiento social, la pérdida auditiva, la diabetes o la hipertensión pueden influir en el riesgo. La evidencia disponible apunta a que hasta alrededor del 45% del riesgo de demencia podría prevenirse o retrasarse actuando sobre distintos factores a lo largo de la vida.
No existe una fórmula que garantice evitar el Alzheimer. Sí existe, en cambio, una diferencia enorme entre resignarse y comprender mejor cómo proteger la salud cerebral mientras la investigación intenta responder las preguntas que todavía permanecen abiertas.
Una enfermedad mundial que seguirá creciendo
La dimensión internacional tampoco permite mirar hacia otro lado.
La OMS calcula que 57 millones de personas vivían con demencia en el mundo en 2021 y que se producen casi 10 millones de nuevos casos cada año. La demencia se encuentra además entre las principales causas de discapacidad y dependencia de las personas mayores y es actualmente la séptima causa de muerte a escala mundial.
Europa envejece y España también. Alzheimer Europe calcula que los países de la Unión Europea pasarán de alrededor de 9,1 millones de personas con demencia en 2025 a más de 14,3 millones en 2050 si se mantienen las tendencias demográficas actuales.
Detrás de esa curva ascendente no hay puntos en un gráfico. Hay dormitorios, cocinas, residencias, consultas médicas y familias enteras adaptándose a una enfermedad que avanza mientras la ciencia corre para alcanzarla.
Fundación Pasqual Maragall: investigar, acompañar y cambiar la mirada
La importancia de entidades como la Fundación Pasqual Maragall no está únicamente en financiar laboratorios.
Su trabajo combina investigación sobre prevención y detección precoz, apoyo a las familias, programas para personas diagnosticadas, divulgación y sensibilización. En 2025, además de ampliar sus líneas científicas, la entidad desarrolló programas de acompañamiento para cuidadores y personas con Alzheimer en fases iniciales y realizó más de medio centenar de charlas divulgativas.
Porque investigar cómo prevenir la enfermedad importa, pero también importa cuidar a quien está viviendo sus consecuencias mientras esa respuesta llega.
Esa doble dimensión —laboratorio y familia— explica buena parte de su trabajo.
Ayudar antes de necesitar ayuda
Quizá esa sea la idea más difícil de asumir.
Nos movilizamos con enorme facilidad cuando el problema lleva nuestro apellido. Cuando un médico pronuncia una palabra que hasta entonces pertenecía a otras familias. Cuando vemos cómo alguien que nos enseñó a hablar empieza a perder palabras. Cuando la persona que siempre nos reconoció tarda en reconocernos.
Pero la investigación científica funciona exactamente al revés: necesita apoyo antes.
Antes de nuestro miedo. Antes de nuestro diagnóstico. Antes de que alguien a quien queremos empiece a olvidar.
Colaborar con la investigación del Alzheimer no garantiza que una enfermedad desaparezca mañana. La ciencia no trabaja con milagros ni calendarios exactos. Trabaja acumulando pequeñas victorias: un biomarcador más preciso, una hipótesis descartada, un ensayo mejor diseñado, una detección más temprana, un tratamiento que logra avanzar un poco más.
Así cambian las enfermedades que durante décadas parecían inevitables.
Desde elfolio.es cedemos este espacio gratuitamente para contribuir a visibilizar el trabajo de la Fundación Pasqual Maragall y recordar algo sencillo: apoyar la investigación cuando todavía no la necesitamos personalmente puede significar que, cuando alguien la necesite, exista una respuesta mejor.
Ayudar para que algún día puedan ayudarnos. A nosotros, a nuestros padres, a nuestros hijos o a quienes todavía no han nacido.
Colaborar con la Fundación Pasqual Maragall
Quienes deseen apoyar la investigación, la prevención del Alzheimer y el acompañamiento a las familias pueden hacerlo directamente a través de la Fundación Pasqual Maragall:
Hazte socio/a y colabora con la Fundación Pasqual Maragall
Para quienes estén buscando más información sobre el Alzheimer, su prevención, el envejecimiento saludable y los avances en investigación, os invitamos a visitar “Hablemos del Alzheimer”, el blog de la Fundación Pasqual Maragall.
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