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Salud

Los vapers y el humo en terrazas elevan al 24% los fumadores pasivos

El tabaquismo pasivo repunta en España tras años de descenso, mientras terrazas y vapeadores elevan la exposición y reabren el debate legal.

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Humo y vapers

Resumen

  • El 23,8% de los no fumadores está expuesto al humo en espacios habituales
  • Con las terrazas, la exposición al humo del tabaco alcanza el 54,9%
  • La reforma antitabaco plantea prohibir fumar y vapear en las terrazas

España había conseguido arrinconar buena parte del humo ajeno después de dos décadas de leyes antitabaco. La tendencia, sin embargo, ha dejado de bajar. La proporción de personas no fumadoras expuestas de forma pasiva en espacios cerrados habituales ha aumentado hasta el 23,8%, frente al 21,3% registrado en 2011. El repunte aparece sobre todo en bares, restaurantes y centros de trabajo, mientras los vapeadores y otros dispositivos electrónicos han añadido una nueva capa al problema.

Y hay un dato bastante más incómodo cuando se sale a la calle. Si en el cálculo se incorporan las terrazas, la exposición alcanza el 54,9%. Es decir, más de la mitad de los adultos no fumadores acaba respirando humo de tabaco en estos espacios. La terraza, convertida durante años en refugio del cigarrillo tras su expulsión del interior de los bares, se ha transformado en uno de los grandes agujeros de la política española contra el tabaquismo.

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El tabaquismo pasivo vuelve a crecer después de años de caída

Los datos proceden de un estudio de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR) publicado en la revista científica Tobacco Control. El trabajo se apoya en 3.000 entrevistas realizadas en mayo de 2024 a personas de entre 16 y 80 años y permite comparar la situación actual con encuestas equivalentes desarrolladas en 2005, 2007 y 2011.

La fotografía histórica deja poco espacio a la duda. En 2005, antes de que la legislación antitabaco comenzara a transformar bares, oficinas y otros lugares públicos, el 49,5% de los no fumadores estaba expuesto al humo de otras personas. La proporción bajó al 37,9% en 2007 y se hundió hasta el 21,3% en 2011, después de la reforma que prohibió fumar en bares y restaurantes cerrados, parques infantiles y determinados recintos sanitarios.

Aquello funcionó. Mucho. Ahora aparece el primer movimiento claro en dirección contraria: hasta ese 23,8% de exposición en hogares, puestos de trabajo, centros educativos y espacios interiores de ocio. No significa que España haya vuelto al escenario de principios de siglo, ni mucho menos, pero sí que la curva descendente ha comenzado a inclinarse hacia arriba.

Terrazas: el gran punto débil de la ley

El salto más llamativo se produce precisamente allí donde el cigarrillo encontró acomodo después de 2011. Las terrazas abiertas quedaron fuera de la prohibición estatal general y fumar sentado junto a otras mesas se convirtió en algo cotidiano. Café, cerveza, plato del día… y humo del vecino incluido en el ambiente.

El resultado es ese 54,9% de exposición cuando las terrazas entran en la estadística. La diferencia con el 23,8% de los espacios cerrados ayuda a entender por qué los neumólogos insisten en ampliar los lugares libres de humo. No es un detalle estadístico: la terraza cambia por completo la dimensión del problema.

La regulación vigente todavía permite fumar, con carácter general, en las terrazas consideradas espacios al aire libre. El proyecto de reforma de la Ley del Tabaco plantea precisamente prohibirlo, aunque esa prohibición todavía no está en vigor con carácter estatal. El texto fue remitido al Congreso en julio de 2026 y permanece en tramitación en la Comisión de Sanidad.

Bares, restaurantes y trabajos también empeoran

El retroceso no se limita al mantel de una terraza. En bares y restaurantes, la proporción de personas expuestas al humo había caído desde el 31,8% de 2007 hasta el 12,7% en 2011. En 2024 volvió a subir, hasta el 14,6%.

Algo parecido ocurre en los lugares de trabajo. La exposición era del 25,8% en 2005, se redujo al 11% en 2007 y llegó al 6,4% en 2011. Trece años después aparece en el 8,3%. El incremento parece pequeño si se observa aislado; visto sobre una serie histórica en la que cada reforma legislativa había reducido la exposición, cambia de color.

También se aprecia un repunte, aunque más contenido, en los centros educativos: del 6,3% en 2011 al 7,1% en 2024. En los hogares pasa del 8,6% al 9%. Son diferencias moderadas, pero todas avanzan en la misma dirección. No hay un gran incendio, más bien pequeñas brasas que vuelven a encenderse a la vez.

El vapeador ha cambiado el paisaje del tabaquismo

A esta evolución se suma un fenómeno inexistente cuando se aprobó la gran reforma de 2010: la expansión de los cigarrillos electrónicos, vapeadores y productos de tabaco calentado.

Su presencia ha alterado incluso la imagen social del consumo. El cigarrillo tradicional carga con décadas de campañas, fotografías de pulmones enfermos y prohibiciones; el vapeador llegó vestido con colores, aromas y aparatos electrónicos. Parecía otra cosa. En ocasiones, casi un accesorio tecnológico.

Los autores del estudio alertan especialmente sobre su implantación entre jóvenes y sobre la percepción de que estos productos resultan menos dañinos. El problema no se limita a quien los utiliza. También generan emisiones en espacios compartidos y normalizan nuevamente el gesto de inhalar y expulsar sustancias delante de otras personas.

La reforma quiere tratar el vapeo como el tabaco

Ese vacío es uno de los asuntos que pretende corregir la nueva ley. El proyecto aprobado por el Gobierno equipara los cigarrillos electrónicos y otros productos relacionados con el tabaco convencional respecto a los lugares donde estará prohibido consumirlos.

El texto contempla ampliar los espacios libres de humo y emisiones a terrazas de hostelería, playas, piscinas de uso colectivo, instalaciones deportivas, espectáculos al aire libre y otros lugares públicos. También endurece las restricciones sobre publicidad y venta de nuevos productos. El proyecto entró en el Congreso el 24 de julio de 2026 y continúa en fase de enmiendas dentro de la Comisión de Sanidad.

Eso introduce una distinción importante para el consumidor: una cosa es la reforma anunciada y otra la normativa que ya puede aplicarse. A 20 de octubre de 2026, la prohibición general de fumar y vapear en todas las terrazas españolas todavía depende de que culmine la tramitación parlamentaria y la futura norma entre en vigor.

Quince años sin una actualización profunda pasan factura

La última gran transformación llegó con la reforma que comenzó a aplicarse en 2011. Desde entonces ha cambiado casi todo alrededor del consumo de nicotina: nuevos dispositivos, terrazas mucho más presentes en la vida urbana, modificaciones en los hábitos sociales y una generación de consumidores que conoció antes un vapeador de sabores que una cajetilla de tabaco.

La legislación, mientras tanto, se quedó durante años mirando una fotografía antigua. Las primeras leyes redujeron con rapidez la exposición pasiva. Los datos históricos de SEPAR son bastante elocuentes: del 49,5% de 2005 al 21,3% de 2011. La cuestión que plantean los nuevos resultados es qué ocurre cuando esa regulación deja de evolucionar al mismo ritmo que el mercado y las costumbres.

Los investigadores reclaman ampliar las prohibiciones a terrazas y entornos escolares, reforzar las inspecciones, equiparar los dispositivos electrónicos al cigarrillo convencional, revisar su fiscalidad y mejorar el acceso a tratamientos para abandonar el tabaco. El debate sobre fumar fuera ya no gira únicamente alrededor de la libertad de quien fuma; incorpora también el derecho del vecino de mesa, del camarero o del compañero de trabajo a no respirar involuntariamente esas emisiones.

La terraza se convierte en el nuevo frente antitabaco

El gran cambio de estos datos no está en que España vuelva a los bares cubiertos por una nube azul, aquella postal que hoy parece de otra época. Está en algo más sutil: el humo se desplazó. Salió de los interiores y encontró espacios donde la convivencia entre fumadores y no fumadores continuó prácticamente intacta.

Por eso el 23,8% cuenta solo una parte de la historia. Al sumar las terrazas, el 54,9% muestra la otra: la exposición pasiva sigue muy presente aunque haya cambiado de escenario. Los vapeadores han complicado todavía más la frontera entre fumar y no fumar, entre humo y aerosol, entre lo que estaba regulado y aquello que apareció después.

La legislación de 2011 consiguió modificar hábitos que parecían inamovibles. Quince años después, el reto es distinto. El cigarrillo ya no domina solo el paisaje, las terrazas forman parte permanente de las ciudades y los dispositivos electrónicos han abierto nuevas grietas regulatorias. El humo ajeno no ha vuelto al punto de partida, pero sí ha dejado de retroceder. Y ese cambio, por pequeño que parezca sobre el papel, es precisamente la señal que vuelve a encender las alarmas.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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