Salud
Solo el 56% con obesidad reconoce que padece una enfermedad crónica
La obesidad sigue sin percibirse como enfermedad por casi la mitad de quienes la padecen, mientras crece el consenso médico sobre su abordaje.
Resumen
- Solo el 56% de las personas con obesidad reconoce que padece la enfermedad
- El 76% admite que el exceso de peso puede afectar directamente a su salud
- Los médicos alertan de que el diagnóstico y el tratamiento suelen llegar tarde
Solo el 56% de las personas con obesidad reconoce que vive con esta enfermedad, pese a que el 76% admite que el exceso de peso puede afectar a su salud. La distancia entre una cosa y otra no es pequeña: casi la mitad de quienes cumplen el criterio empleado para identificar obesidad no se reconocen dentro de ese diagnóstico.
El dato procede de los resultados preliminares de la Encuesta de Percepción Social y Médica de la Obesidad en España, promovida por Lilly con el apoyo de Ipsos. Participaron 1.700 personas con un IMC igual o superior a 30 y 200 médicos de Atención Primaria. Seis de cada diez encuestados consideran que la obesidad es una enfermedad y una proporción similar cree que debería ser tratada por un médico.
Saber que el peso afecta a la salud no significa reconocer la obesidad
Ahí aparece una de las paradojas más llamativas del estudio. Una persona puede saber perfectamente que el exceso de peso aumenta determinados riesgos y, al mismo tiempo, no considerar que su propia situación encaje en el concepto de obesidad. El 76% identifica el impacto sobre la salud, pero el porcentaje que se reconoce con la enfermedad cae veinte puntos, hasta el 56%.
Parte de esa distancia tiene que ver con cómo se ha hablado tradicionalmente del peso. Durante décadas, la conversación pública ha oscilado entre la estética, la dieta de temporada y el consabido “coma menos y muévase más”. Un marco demasiado sencillo para una enfermedad mucho más compleja.
La Organización Mundial de la Salud considera la obesidad una enfermedad crónica en la que intervienen factores biológicos, ambientales, sociales y conductuales. También existen mecanismos neurobiológicos y metabólicos relacionados con el apetito, el equilibrio energético y el funcionamiento del tejido adiposo. Reducir todo a fuerza de voluntad deja demasiadas piezas fuera del puzle.
El IMC sirve de referencia, pero no cuenta toda la historia
La encuesta incluyó a adultos con un índice de masa corporal de al menos 30 kg/m², el umbral utilizado habitualmente para definir obesidad en adultos. El cálculo es conocido: dividir el peso en kilos por la altura en metros elevada al cuadrado.
Es una herramienta sencilla y útil para detectar situaciones que requieren valoración, aunque la evaluación sanitaria no termina en una calculadora. El perímetro de cintura, las enfermedades asociadas, la distribución de la grasa corporal, la presión arterial, el metabolismo de la glucosa y otros factores ayudan a dibujar una imagen mucho más precisa de la salud de cada persona. La cifra del IMC abre una puerta; no debería cerrar el diagnóstico.
Los médicos también detectan una falta de conciencia del problema
La percepción de los profesionales va en la misma dirección. El 52% de los médicos de Atención Primaria consultados considera que sus pacientes no son suficientemente conscientes de la gravedad de la obesidad ni la identifican como una situación que pueda necesitar intervención médica. Al mismo tiempo, el 86% de los facultativos encuestados le atribuye una importancia comparable a la de otras enfermedades crónicas.
Pero aquí surge otro pequeño atasco. Los médicos aseguran haber hablado sobre el peso con el 66% de sus pacientes con obesidad, aunque en el 68% de esos casos la conversación comenzó como consecuencia de otro problema de salud. Se habla del peso porque ha aparecido la hipertensión, la diabetes u otra complicación; la obesidad queda con frecuencia en segundo plano.
Es un matiz importante. Esperar a que aparezcan problemas asociados convierte la prevención en una conversación tardía, cuando precisamente el objetivo sanitario debería ser identificar el riesgo antes de las complicaciones.
Hipertensión, diabetes y enfermedad cardiovascular entran en la ecuación
Los propios participantes relacionan la obesidad sobre todo con el colesterol elevado y la hipertensión arterial, citados por un 59%. La diabetes tipo 2 y los problemas cardiovasculares aparecen después, ambos con un 52%. Sin embargo, solo el 33% señala los factores biológicos como una causa principal y apenas el 26% conoce que el organismo puede activar mecanismos metabólicos que dificultan perder peso.
La obesidad se relaciona con un mayor riesgo de diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares, patologías hepáticas y renales y determinados tipos de cáncer. No significa, evidentemente, que una persona con obesidad vaya a desarrollar todas esas enfermedades. Significa que el riesgo cambia y merece una valoración individual, bastante más útil que una sentencia escrita sobre una báscula.
La fotografía española ayuda a entender la dimensión del asunto. La Encuesta de Salud de España 2025 situó la obesidad en el 17,2% de la población adulta, mientras otro 37,2% presentaba sobrepeso. Las diferencias sociales también son llamativas: entre las mujeres, la prevalencia de obesidad oscila de forma importante según la clase social.
Tratar la obesidad no equivale simplemente a ordenar perder kilos
Solo el 38% de los participantes considera que la obesidad puede resultar difícil de controlar únicamente mediante cambios en los hábitos de vida. El dato vuelve a mostrar hasta qué punto persiste la idea de que alimentación y ejercicio son prácticamente toda la respuesta. Son fundamentales, sí. No siempre bastan.
El abordaje actual es más amplio y puede incluir una atención individualizada y multimodal, combinando alimentación, actividad física, cambios conductuales, apoyo psicológico y, cuando existe indicación médica, tratamiento farmacológico o cirugía metabólica y bariátrica. No todos los pacientes necesitan lo mismo, ni todas las personas responden igual al mismo tratamiento.
Esto tampoco convierte cada kilo de más en un asunto farmacológico. La decisión corresponde al ámbito clínico y depende del estado de salud y las complicaciones, los antecedentes, el grado de obesidad y otros factores. Entre la banalización y la medicalización automática hay un espacio bastante grande. Es ahí donde debería estar la medicina.
El estigma sigue metido en la consulta
Hay otra barrera menos visible que una analítica, pero bastante poderosa: el estigma asociado al peso. Las personas con obesidad pueden retrasar la búsqueda de ayuda por miedo a sentirse juzgadas, culpabilizadas o reducidas a una recomendación genérica sobre comida y ejercicio.
Ese prejuicio tiene una consecuencia peculiar. Cuanto más se presenta la obesidad como un fracaso personal, más difícil resulta hablar de ella como una enfermedad que merece atención sanitaria. Y ocurre algo parecido al otro lado de la mesa: si la conversación comienza desde el reproche, es fácil que termine antes de empezar.
Reconocer la complejidad de la obesidad tampoco significa borrar la importancia de los hábitos saludables. Significa colocarlos en su sitio. La alimentación, el movimiento, el sueño o el bienestar psicológico importan mucho, pero también pesan la genética, la biología y el entorno, las circunstancias económicas y la respuesta metabólica de cada organismo.
Una enfermedad frecuente que todavía cuesta llamar por su nombre
El 56% no describe simplemente un problema de vocabulario. Refleja una brecha entre vivir con obesidad y reconocerse como paciente que puede necesitar valoración sanitaria. Y esa distancia puede retrasar conversaciones que deberían producirse antes de que aparezcan diabetes, hipertensión o enfermedad cardiovascular.
Los resultados son preliminares y proceden de una encuesta de percepción promovida por Lilly, por lo que no deben confundirse con un estudio epidemiológico destinado a calcular la prevalencia real de la obesidad en España. Sí permiten, en cambio, observar cómo pacientes y médicos entienden una enfermedad que la sanidad lleva años intentando sacar del terreno de la culpa.
Los datos oficiales españoles ponen el contexto: más de una de cada seis personas adultas vive con obesidad. La cuestión, por tanto, ha dejado hace tiempo de ser una discusión sobre tallas. Es salud pública, enfermedad crónica y atención médica. Llamarla por su nombre parece un detalle. Según esta encuesta, todavía no lo es.
-
NaturalezaÚltimos terremotos en España, 24 de octubre: Galicia registra un 2,1
-
NaturalezaIncendios en España hoy, 24 de octubre: seis fuegos bajo seguimiento
-
NaturalezaEstado de los embalses en España hoy, 24 de octubre: siguen al 57,2%
-
CulturaMuere el padre de Dani Martín y se aplazan sus conciertos en Barcelona
-
Cultura‘Donde el agua trabaja’: un detector atribuye a la IA el 99% del texto
-
CulturaMuere Ryu Murakami, autor de ‘Azul casi transparente’, a los 74 años
-
CulturaMuere Augusto Delkáder, fundador de EL PAÍS y figura clave de la SER
-
EspañaPadres de Córdoba y Málaga se movilizan por los comedores escolares
-
TecnologíaSam Altman plantea tres finales para la IA y alerta del más extremo
-
HistoriaNumerosos poblados del norte peninsular se vaciaron hacia 400 a. C.
-
SaludPP y Castilla-La Mancha bloquean el nuevo sistema de listas de espera
-
EspañaSalvamento rescata a 416 migrantes de tres cayucos frente a El Hierro