Salud
Dos de cada tres españoles viven con una enfermedad crónica en 2025
El 66,2% de los españoles mayores de 15 años declara alguna enfermedad crónica, mientras empeora la salud percibida y crece el uso de urgencias.
Resumen
- El 66,2% de los mayores de 15 años declara alguna enfermedad crónica
- La percepción de buena o muy buena salud cae del 74% al 68,3%
- Suben obesidad, depresión y uso de urgencias, mientras baja el tabaquismo diario
España llega a una cifra que cambia bastante la fotografía sanitaria del país: el 66,2% de los mayores de 15 años padece alguna enfermedad o problema de salud crónico. Dicho de otra manera, prácticamente dos de cada tres personas. En 2023 eran el 57,7%. El aumento en apenas dos años es de 8,5 puntos porcentuales, según la Encuesta de Salud de España 2025 publicada este 20 de octubre por el Instituto Nacional de Estadística.
No es el único indicador que empeora. También cae la percepción que los españoles tienen de su propio estado físico: el 68,3% considera que su salud es buena o muy buena, frente al 74% registrado en 2023. Son 5,8 puntos menos. Y mientras crecen las enfermedades crónicas, aumentan asimismo la obesidad y los cuadros depresivos, aunque otros indicadores —como el tabaquismo diario o determinadas prácticas preventivas— evolucionan en sentido más favorable.
La encuesta ofrece así una España con una relación cada vez más compleja con la salud. No necesariamente más enferma en todos los frentes, pero sí con más dolencias persistentes, mayor utilización de los servicios sanitarios y una percepción menos optimista del propio bienestar. Una mezcla que dice bastante más que una cifra aislada.
Las enfermedades crónicas suben del 57,7% al 66,2%
El salto resulta especialmente significativo porque se produce entre dos mediciones relativamente próximas. En 2023, el 57,7% de la población de 15 años o más declaraba algún problema de salud crónico. En la encuesta correspondiente a 2025 la proporción alcanza el 66,2%.
Entre las dolencias más frecuentes aparece en primer lugar el colesterol alto, que afecta al 21,1% de la población adulta encuestada. Le sigue la hipertensión arterial, con un 20%, y el dolor de espalda crónico lumbar, con un 17,8%.
El movimiento más llamativo no está, sin embargo, únicamente entre las enfermedades que encabezan la clasificación. Las alergias crónicas aumentan 5,3 puntos respecto a 2023, el colesterol alto suma 3,1 puntos y los problemas relacionados con la menopausia avanzan 2,3 puntos.
Conviene leer estas cifras con cierta cautela. La encuesta retrata prevalencias declaradas por la población y no demuestra por sí sola por qué se produce cada incremento. Entran en juego la edad, el diagnóstico médico, los hábitos de vida, las condiciones sociales y una población que también identifica y trata dolencias que hace unas décadas podían permanecer bajo el radar. La estadística fotografía el problema; no firma automáticamente el diagnóstico de sus causas.
La brecha entre hombres y mujeres vuelve a ser amplia
Las enfermedades crónicas tampoco se reparten por igual. Entre las mujeres, el 70,9% declara padecer algún problema crónico, mientras que entre los hombres el porcentaje se sitúa en el 61,4%.
La diferencia reaparece al observar enfermedades concretas. El dolor lumbar crónico alcanza al 21,8% de las mujeres y al 13,6% de los hombres. En la artrosis la distancia resulta aún mayor: 22,5% entre ellas y 10,1% entre ellos.
También existe una brecha clara en la percepción general de salud. El 73,6% de los hombres considera que disfruta de una salud buena o muy buena, frente al 63,1% de las mujeres. Desde 2023 esa valoración positiva ha caído 4,4 puntos entre los hombres y 7,1 puntos entre las mujeres.
Por edades, el deterioro de la salud autopercibida alcanza prácticamente todos los grupos. La excepción son las personas de 85 años o más, entre las que la valoración positiva pasa del 31,4% al 33%. Es una pequeña rareza estadística dentro de una tendencia general bastante menos amable.
Más depresión y más obesidad, aunque no todo empeora
La salud mental mantiene uno de los focos de preocupación. En 2025, el 16,2% de la población mayor de 15 años presentaba un cuadro depresivo durante las dos semanas anteriores a la entrevista, 1,6 puntos más que en 2023.
Hay un matiz importante. Los cuadros depresivos severos bajan del 8% al 7,2%, mientras aumentan las formas no clasificadas como severas. Es decir, crece la prevalencia total de sintomatología depresiva, pero no porque hayan aumentado precisamente los casos más graves.
La obesidad también avanza. Afecta al 17,2% de los adultos, dos puntos más que en 2023. Entre los menores de dos a 17 años se sitúa en el 7,6%. Si se suman obesidad y sobrepeso, el 54,4% de los adultos presenta un peso por encima de los parámetros considerados normales.
Aquí aparece otra paradoja: el exceso de peso en conjunto apenas varía respecto a 2023, cuando estaba en el 55%, pero dentro de esa bolsa aumenta la proporción correspondiente a obesidad mientras disminuye la de sobrepeso. El problema, por tanto, no desaparece; cambia de intensidad.
Hay, eso sí, indicadores que ofrecen una dirección diferente. El tabaquismo diario continúa descendiendo: fuma todos los días el 15,4% de la población de 15 años o más, frente al 16,6% de 2023. Entre los hombres lo hace el 18,4% y entre las mujeres el 12,6%.
Con el alcohol, la fotografía es menos favorable. El 8,9% declara consumirlo diariamente y el 10,2% realiza un consumo intensivo al menos una vez al mes, 2,4 puntos más que dos años antes.
Crecen las consultas médicas y se dispara el uso de urgencias
La evolución sanitaria también se nota en las puertas del sistema. El 26,5% de los adultos acudió al médico de familia durante las cuatro semanas anteriores a la entrevista, frente al 22,6% registrado en 2023. Las consultas a especialistas pasaron del 14,1% al 17,8%.
El incremento más fuerte aparece en urgencias. En 2023 había acudido a estos servicios el 23% de la población; en 2025 el porcentaje alcanza el 32,1%. Nueve puntos de diferencia en dos años no son precisamente ruido estadístico.
También aumentaron las hospitalizaciones, del 6,8% al 7,8%, y la atención en hospitales de día, que pasó del 6,7% al 10,4%.
El consumo de medicamentos sigue la misma dirección. Más de la mitad de los mayores de 15 años, el 57,4%, había tomado algún fármaco recetado en las dos semanas anteriores a la encuesta. Entre las mujeres el porcentaje subía hasta el 64,3%, frente al 50,2% de los hombres. Otro 22,1% había consumido medicamentos sin receta.
No todo ese incremento puede atribuirse directamente al avance de las enfermedades crónicas —la encuesta no establece semejante relación causal—, pero la coincidencia dibuja una presión sanitaria que merece atención: más personas declaran patologías persistentes y, a la vez, más ciudadanos pasan por consultas, especialistas y urgencias.
La prevención mejora en varias pruebas importantes
Entre tanta cifra áspera aparece un movimiento positivo. Dos de cada tres personas se controlaron la tensión arterial durante el año anterior, el 69% se midió el colesterol y el 64,7% comprobó sus niveles de azúcar en sangre.
También mejora la participación en algunas pruebas de detección precoz. El 32,3% de las personas de entre 50 y 69 años se realizó una prueba de sangre oculta en heces para detectar precozmente el cáncer colorrectal, 8,6 puntos más que en 2023.
Entre las mujeres de 50 a 69 años, el 73,7% se había sometido a una mamografía durante los dos años anteriores. En 2023 eran el 68%. Y entre las mujeres de 25 a 64 años, el 70,1% se realizó una citología vaginal en los tres años precedentes, frente al 66,9% registrado dos años antes.
La vacunación contra la gripe ofrece, por el contrario, un pequeño retroceso entre los mayores de 65 años: pasa del 67% al 64%.
La imagen general resulta menos simple de lo que sugeriría un titular apocalíptico. Hay más enfermedad crónica y peor percepción de salud, sí, pero al mismo tiempo existen comportamientos preventivos que mejoran y un descenso sostenido del consumo diario de tabaco. La salud pública rara vez cabe en una sola flecha.
Galicia percibe peor su salud y Canarias lidera la obesidad
Las diferencias territoriales son considerables. Ceuta registra la mayor proporción de población que considera que su salud es buena o muy buena, con un 79%. Le siguen la Comunitat Valenciana y Extremadura, ambas con un 70,7%.
En el extremo contrario aparecen Galicia, donde solo el 61,6% valora positivamente su estado de salud; Canarias, con el 63,8%; y Asturias, con el 65,1%.
También cambia mucho el mapa según el indicador observado. Canarias presenta la mayor tasa de obesidad adulta, un 21,8%, seguida de Castilla-La Mancha, con el 20,8%, y Murcia, con el 18,9%.
Andalucía encabeza la asistencia a urgencias, con un 35,6% de la población, prácticamente empatada con Castilla-La Mancha, con el 35,3%. La Comunitat Valenciana alcanza el 33,8%.
En tabaquismo diario los porcentajes más elevados corresponden a Extremadura, con el 18,9%; Murcia, con el 17,7%; y Castilla-La Mancha, con el 17,6%. El consumo intensivo de alcohol, en cambio, alcanza sus cotas más altas en Navarra, País Vasco y Baleares.
España no tiene, por tanto, una única realidad sanitaria. El mapa cambia bastante cuando se pasa del colesterol a la obesidad, de las consultas médicas al tabaco o de la salud percibida al consumo de alcohol.
Una población con más años de vida y más salud que gestionar
La Encuesta de Salud de España 2025 no describe una catástrofe sanitaria, pero tampoco permite despachar los datos con un encogimiento de hombros. Que dos de cada tres adultos convivan con alguna enfermedad crónica significa que estas patologías han dejado de ser una excepción para convertirse en parte ordinaria de la vida de millones de personas.
La encuesta, realizada entre abril de 2025 y marzo de 2026 en aproximadamente 21.000 hogares, permite comparar la situación con anteriores ediciones y forma parte de la estadística europea armonizada sobre salud. Sus resultados se refieren a 2025, aunque hayan sido publicados en octubre de 2026.
Ese matiz temporal importa. También importa otro: una enfermedad crónica no equivale necesariamente a mala calidad de vida ni a incapacidad. Hipertensión controlada, colesterol alto, alergias, artrosis o dolores persistentes caben bajo una misma etiqueta estadística, aunque tengan consecuencias muy distintas para cada persona.
Pero la tendencia de fondo queda ahí, bastante nítida. Hay más cronicidad, peor percepción de salud, más obesidad y mayor utilización de los servicios sanitarios. A la vez se fuma menos y mejoran varias pruebas preventivas. Una España que controla más su salud, vive con más diagnósticos y parece sentirse algo peor. No es una contradicción menor; probablemente sea una de las grandes cuestiones sanitarias de los próximos años.
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