España
Padres de Córdoba y Málaga se movilizan por los comedores escolares
Familias de Córdoba y Málaga protestan a las puertas de los colegios por la calidad y cantidad de los menús. La Junta ha abierto expediente.
Resumen
- Familias de Córdoba y Málaga comen fuera del colegio en señal de protesta
- Denuncian raciones pequeñas y una calidad insuficiente en los menús
- La Junta ha abierto expediente y exige cambios a la empresa de catering
Padres y madres de colegios de Córdoba y Málaga han convertido este viernes la hora del almuerzo en una protesta bastante gráfica: en lugar de dejar a sus hijos en el comedor escolar, han comido con ellos a las puertas de los centros para denunciar la calidad y la cantidad de los menús. La movilización ha reunido a familias de distintos colegios y ha puesto de nuevo bajo el foco un servicio básico para miles de alumnos.
El conflicto no nace únicamente de una comida que haya salido mal. Las familias llevan semanas denunciando raciones insuficientes, platos que los niños rechazan y problemas en la prestación del servicio. En Córdoba, más de una treintena de asociaciones de madres y padres se han sumado a la protesta, mientras que en Málaga el malestar se ha hecho especialmente visible en el CEIP Parque Clavero.
Las familias sacan la protesta del comedor a la calle
La imagen se ha repetido en varios centros: mesas improvisadas, fiambreras, bolsas con comida y padres almorzando junto a sus hijos fuera del colegio. Una escena doméstica, casi de pícnic, utilizada precisamente para señalar algo que normalmente queda detrás de las puertas del comedor: qué comen los alumnos y en qué cantidad.
La Federación de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos de Córdoba ha respaldado las movilizaciones y reclama un cambio de la empresa que presta el servicio en los centros afectados, además de un aumento de las raciones. Las familias sostienen que no se trata de una cuestión estética ni de exigir platos de restaurante, sino de garantizar una alimentación suficiente, segura y adecuada durante la jornada escolar.
El matiz importa. Para muchos niños, el almuerzo del colegio es la principal comida del día durante buena parte del curso. De ahí que las reclamaciones no se limiten al sabor o a la presentación: padres y madres insisten en que los menús deben llegar en buenas condiciones, cubrir las necesidades de los menores y resultar razonablemente apetecibles. Parece básico. Precisamente por eso la protesta ha adquirido fuerza.
Un pícnic en Málaga contra la calidad y las raciones
En el CEIP Parque Clavero de Málaga, las familias han organizado un pícnic a las puertas del centro para trasladar su malestar fuera del comedor. La Plataforma de Familias por un Comedor Digno sostiene que varios padres habían revisado durante las últimas semanas los platos servidos a los alumnos antes de convocar la movilización.
Su reclamación combina dos asuntos. Por un lado, mejorar la calidad y la cantidad de la comida. Por otro, poner en funcionamiento la cocina propia que posee el colegio y abandonar el sistema actual de catering, en el que los alimentos se elaboran fuera del centro, se transportan y posteriormente se preparan para su consumo.
Algunas familias aseguran que hay alumnos que regresan a casa con hambre o que apenas prueban determinados platos. La protesta, subrayan, no se dirige contra los monitores del comedor ni contra la dirección del colegio, sino contra las condiciones del servicio y contra quienes tienen capacidad para modificarlas.
Las quejas en Málaga van más allá de un solo colegio
El malestar tampoco se circunscribe al Parque Clavero. Asociaciones de familias han trasladado quejas procedentes de numerosos colegios de la provincia, aunque no todas se han convertido en reclamaciones administrativas formales. Esa diferencia explica que las cifras difundidas por las familias y las registradas oficialmente no siempre coincidan.
Entre las denuncias aparecen de manera recurrente raciones pequeñas, alimentos poco apetecibles y platos que los menores dejan prácticamente intactos. La cuestión ha ido creciendo durante las primeras semanas del curso, especialmente después de que varios casos relacionados con los menús escolares comenzaran a circular ampliamente entre las familias.
La Junta abre expediente a Mediterránea de Catering
El conflicto ha superado ya el terreno de las quejas. La Junta de Andalucía ha abierto un expediente sancionador a Mediterránea de Catering por las incidencias detectadas en el servicio de determinados comedores escolares. La empresa gestiona la alimentación de un elevado número de centros de la comunidad.
Un expediente de este tipo no equivale por sí mismo a una sanción definitiva ni significa que todos los colegios gestionados por la compañía presenten los mismos problemas. El procedimiento debe determinar el alcance de los posibles incumplimientos y las consecuencias que puedan derivarse. Entretanto, la Administración ha pedido medidas correctoras para mejorar el servicio.
Las familias consideran que el expediente confirma, al menos, que sus reclamaciones no podían reducirse a simples diferencias de gusto. La empresa, por su parte, ha defendido sus sistemas de control y la necesidad de analizar cada incidencia de forma individual. Entre ambas posiciones está el plato que finalmente recibe el alumno, que es donde toda la teoría acaba pasando su examen.
Más control sobre las raciones y los menús escolares
Educación ha reclamado un plan de actuación para corregir las deficiencias detectadas. Entre las medidas planteadas figuran la revisión de cantidades, un mayor seguimiento de la elaboración de los platos y controles adicionales sobre el funcionamiento del servicio.
La supervisión resulta especialmente relevante porque existe una distancia considerable entre lo que aparece en una ficha nutricional y lo que finalmente llega a la bandeja. Un menú puede estar correctamente diseñado sobre el papel, pero las familias reclaman comprobar también cómo se sirve, qué cantidad recibe cada niño y en qué condiciones llega la comida.
El conflicto ha puesto así el foco sobre los mecanismos de vigilancia de los contratos de comedor. Colegios, administraciones, empresas y familias manejan responsabilidades diferentes, pero el resultado termina midiéndose de una forma bastante menos burocrática: si los alumnos comen, si quedan satisfechos y si el menú cumple realmente aquello que se contrató.
La cocina propia vuelve al centro del debate
Las protestas han recuperado otra vieja discusión: cocinar dentro del colegio o recurrir a grandes cocinas centrales. El sistema de línea fría permite preparar miles de raciones, distribuirlas entre distintos centros y organizar el servicio a gran escala. Sus detractores creen que esa eficiencia pierde sentido cuando el resultado final no convence a quienes deben comérselo.
La cocina propia, en cambio, permite elaborar los platos en el mismo centro y reducir parte del proceso de transporte y regeneración de los alimentos. No existe una equivalencia automática entre catering y mala comida, del mismo modo que disponer de una cocina dentro del colegio no garantiza por sí solo un buen menú. Pero el caso del Parque Clavero ha devuelto esa alternativa al debate porque el centro dispone de instalaciones que las familias quieren ver funcionando.
El modelo importa, pero probablemente importe todavía más cómo se controla. Un comedor escolar no es una cafetería de paso: atiende durante meses a los mismos menores y forma parte cotidiana de su alimentación. Ahí la calidad no debería depender de que una bandeja termine convertida en una fotografía viral para que alguien revise lo que contiene.
Una protesta que ya ha obligado a revisar el servicio
Lo ocurrido en Córdoba y Málaga ha dejado de ser una discusión aislada entre algunas familias y una empresa de catering. Hay decenas de asociaciones movilizadas, un expediente abierto y medidas de supervisión sobre la mesa. La siguiente prueba será comprobar si esos movimientos administrativos se traducen en cambios perceptibles dentro de los comedores.
Las familias han elegido un gesto difícil de malinterpretar: sacar a sus hijos del comedor y sentarse a comer con ellos fuera del colegio. Entre contratos públicos, controles nutricionales y sistemas de producción con nombres técnicos, la protesta devuelve el asunto a una medida bastante sencilla: que los niños coman bien, reciban una cantidad suficiente y no tengan que volver a casa con hambre.
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