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Marruecos prepara 500 soldados para la fuerza internacional en Gaza

Marruecos prepara hasta 500 militares para una posible misión internacional en Gaza, una operación aún pendiente de fecha, condiciones y despliegue.

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soldados de Marruecos entrenando

Imagen: Maj. Nicholas Mannweiler / DVIDS / Dominio público.

Resumen

  • Marruecos ha preparado hasta 500 militares para una posible misión en Gaza
  • El despliegue formaría parte de la fuerza internacional impulsada por Trump
  • La entrada de tropas aún depende de acuerdos, fechas y condiciones de seguridad

Marruecos ha preparado a hasta 500 militares para un eventual despliegue en la Franja de Gaza dentro de la Fuerza Internacional de Estabilización promovida por Estados Unidos y contemplada en el plan de Donald Trump para el territorio palestino. El adiestramiento comenzó en territorio marroquí a finales de agosto y estuvo dirigido por la estructura de la fuerza multinacional, bajo mando estadounidense.

El movimiento coloca a Rabat bastante más cerca de una misión sobre el terreno, aunque conviene distinguir dos cosas que, en Oriente Próximo, rara vez avanzan al mismo ritmo: tener soldados preparados y enviarlos efectivamente a Gaza. No hay una fecha confirmada para el despliegue y tampoco consta que todo el programa de formación haya concluido. La puesta en marcha de la fuerza sigue condicionada por acuerdos operativos, decisiones israelíes y una arquitectura de seguridad que acumula retrasos.

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Hasta 500 militares marroquíes preparados para Gaza

La formación arrancó con un primer grupo de oficiales e instructores marroquíes y posteriormente se amplió al contingente principal. La cifra manejada alcanza los 500 efectivos, un volumen suficiente para que la participación de Marruecos deje de parecer una aportación meramente simbólica y pase a tener una posible dimensión operativa.

No es un giro improvisado. Marruecos anunció su disposición a participar en la futura fuerza y se situó entre los países que han mostrado voluntad de aportar personal a la misión. Junto a Rabat aparecen otros Estados como Albania, Indonesia, Kazajistán y Kosovo, mientras Estados Unidos conserva un papel central en el diseño y el mando de la operación.

La decisión adquiere especial peso porque Marruecos no se limita, al menos sobre el papel, a enviar oficiales de enlace o asesores. La preparación de varios centenares de soldados abre la puerta a un contingente con capacidad real para actuar sobre el terreno. Otra cosa será dónde se despliega, bajo qué reglas y con qué margen de actuación. Ahí empieza la parte complicada.

Una misión que va mucho más allá de vigilar un alto el fuego

La Fuerza Internacional de Estabilización no está concebida simplemente para observar desde puestos militares o patrullar carreteras. Su mandato previsto incluye colaborar en la desmilitarización de Gaza, impedir la reconstrucción de infraestructura militar, facilitar el desarme de grupos armados, proteger a la población civil y las operaciones humanitarias y apoyar a una policía palestina previamente seleccionada y entrenada.

También tendría que contribuir a la seguridad de las fronteras y de los corredores utilizados para la entrada de ayuda. El planteamiento permite una intervención mucho más amplia que la de una misión puramente testimonial. En otras palabras, estos soldados no llegarían únicamente para mirar desde detrás de una valla.

No serán exactamente unos cascos azules

Hay una precisión relevante. Aunque el esquema cuenta con respaldo internacional, no responde al modelo clásico de una operación de paz de Naciones Unidas con cascos azules desplegados bajo la cadena de mando habitual de la ONU.

La fuerza está planteada alrededor de un mando internacional unificado y de una coordinación estrecha con Israel y Egipto. El diseño estadounidense prevé que, a medida que esa estructura asegure zonas de Gaza y avance el proceso de desmilitarización, las fuerzas israelíes puedan reducir progresivamente su presencia conforme se alcancen determinados objetivos de seguridad.

Ese diseño explica por qué la posible presencia de soldados marroquíes resulta políticamente mucho más delicada de lo que sugiere la expresión “fuerza de estabilización”. Entrarían en un territorio devastado, con grupos armados todavía presentes y con una retirada israelí vinculada precisamente al cumplimiento de ciertas condiciones.

El proyecto impulsado por Trump sigue acumulando obstáculos

El plan estadounidense llegó a contemplar una fuerza internacional de alrededor de 20.000 militares, acompañada por la formación de miles de policías palestinos. La realidad sobre el terreno ha avanzado bastante más despacio. La generación de tropas, la logística y las instalaciones necesarias se han topado con obstáculos políticos y de seguridad.

Uno de ellos es bastante terrenal: dónde alojar a los efectivos. Los preparativos para crear instalaciones capaces de recibir al personal internacional han sufrido retrasos mientras se resuelven autorizaciones, ubicaciones y condiciones de acceso. La geopolítica suele ocupar los grandes titulares; después llega la intendencia, y también manda.

Así que las cifras impresionan —500 marroquíes preparados, una fuerza proyectada de miles de soldados—, pero el despliegue continúa avanzando a trompicones. En Gaza, el mapa político pesa casi tanto como el militar.

Desarmar a Hamás y evitar un vacío de poder en Gaza

El nudo central sigue siendo el mismo que persigue cualquier plan para la Franja: quién controla la seguridad cuando las tropas israelíes reduzcan su presencia y qué ocurre con el arsenal de Hamás y de otras organizaciones armadas.

La secuencia prevista sitúa a la fuerza internacional como uno de los instrumentos para asegurar el territorio, apoyar la desmilitarización y evitar un vacío de poder. Paralelamente, Israel debería ir retirando fuerzas conforme se alcancen determinadas condiciones. Sobre el papel, las piezas encajan. Sobre el terreno, cada movimiento exige una negociación.

La situación continúa siendo frágil y los incidentes armados no han desaparecido. Israel acusa a Hamás de intentar reconstruir sus capacidades, mientras desde el lado palestino se denuncian incumplimientos y ataques israelíes. Para cualquier contingente extranjero, esa realidad convierte las reglas de enfrentamiento en uno de los asuntos más sensibles de la misión.

Marruecos se juega más que una operación militar

La posible participación de Rabat tiene una lectura propia. Marruecos normalizó sus relaciones con Israel en 2020 dentro del proceso de los Acuerdos de Abraham impulsado durante el primer mandato de Trump. Desde entonces, la cooperación entre Marruecos e Israel ha crecido en los ámbitos diplomático, económico y de seguridad.

Pero esa aproximación convive con una sociedad marroquí donde la causa palestina mantiene un fuerte arraigo. Las movilizaciones de solidaridad con Gaza y las protestas contra la normalización con Israel han seguido apareciendo en las calles marroquíes. Esa tensión interna convierte un eventual envío de tropas en algo bastante más delicado que una decisión técnica del Ministerio de Defensa.

Mandar soldados es otra liga. Ya no se trata de abrir una oficina diplomática, firmar un acuerdo comercial o realizar maniobras militares lejos de las cámaras. Un contingente marroquí en Gaza podría verse obligado a intervenir en episodios donde estén implicados combatientes palestinos, civiles o fuerzas israelíes. La cadena de mando y las normas sobre el uso de la fuerza serán, por ello, decisivas.

Rabat también puede presentar su participación desde el ángulo contrario: Marruecos entrando en Gaza como Estado árabe para proteger civiles, asegurar corredores humanitarios y contribuir a una administración palestina de transición. Las dos interpretaciones coexistirán, y probablemente con bastante ruido político.

El verdadero salto llegará cuando los soldados entren en Gaza

La noticia relevante no es únicamente que Marruecos disponga de cientos de militares preparados. Es que uno de los principales países árabes con relaciones diplomáticas con Israel está desarrollando una capacidad concreta de intervención en la seguridad de la Gaza de posguerra.

Todavía falta el paso decisivo. Preparar a 500 militares no equivale a ordenar su despliegue. Permanecen abiertas la fecha, el tamaño definitivo del contingente, las zonas donde podría actuar y las condiciones necesarias para entrar en la Franja. La propia fuerza internacional sigue condicionada por negociaciones, logística y una situación de seguridad extremadamente volátil.

Rabat, sin embargo, ha cruzado una frontera política importante: ya no habla de la misión únicamente en términos diplomáticos. Tiene personal preparado y una estructura capaz de integrarse en ella. Si finalmente esos soldados entran en Gaza, Marruecos ocupará una posición especialmente visible en el intento de construir el orden de seguridad que debería sustituir a la guerra.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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