España
Las protestas contra Vox en A Coruña dejan tres detenidos y disturbios
Las protestas contra Vox en A Coruña dejan tres detenidos, varios heridos y daños materiales tras una jornada de cargas policiales y disturbios.
Resumen
- Tres personas han sido detenidas tras las protestas contra Vox en A Coruña
- La jornada dejó cargas policiales, heridos y numerosos contenedores dañados
- La Policía mantiene abierta la investigación sobre los disturbios
Las protestas registradas en A Coruña alrededor de la visita de Santiago Abascal han dejado tres personas detenidas, numerosos heridos y una noche de barricadas, cargas policiales y contenedores incendiados en distintos puntos de la ciudad. Los incidentes comenzaron después del acto de Vox en la plaza de María Pita y continuaron horas más tarde durante una segunda movilización convocada contra el fascismo y la actuación policial.
Dos de los arrestados fueron detenidos durante los altercados de la mañana y quedaron posteriormente en libertad tras declarar en comisaría. El tercer detenido fue arrestado durante los disturbios nocturnos y está previsto que pase a disposición judicial. La Policía mantiene abierta la investigación para identificar a otras personas relacionadas con los incidentes.
La jornada dejó, sin embargo, dos fotografías bastante diferentes que conviene no mezclar. Miles de personas acudieron a las movilizaciones y la inmensa mayoría lo hizo sin participar en actos violentos. El propio delegado del Gobierno en Galicia, Pedro Blanco, ha atribuido los altercados a un grupo minoritario dentro de unas concentraciones mucho más amplias. Una distinción bastante menos vistosa que una barricada ardiendo, pero esencial para entender qué ocurrió realmente.
De la protesta contra Abascal a las primeras cargas
La tensión comenzó en la mañana del miércoles 21 de octubre, cuando Santiago Abascal acudió a la céntrica plaza de María Pita para participar en un acto de Vox. La presencia del dirigente provocó una movilización antifascista en la que participaron unas 5.000 personas, según las estimaciones difundidas por las autoridades locales.
La Delegación del Gobierno sostiene que el acto de Vox había sido comunicado inicialmente como una mesa informativa para menos de 21 personas y que no constaba que Abascal fuese a participar. La concentración impulsada por Galiza Nova y otros colectivos también había sido comunicada y estaba planteada como una protesta pacífica. Por esa razón, explicó Pedro Blanco, no existió un informe desfavorable que obligara a desplazar alguna de las dos convocatorias.
El dispositivo policial separó ambos grupos y no hubo enfrentamientos directos entre simpatizantes de Vox y manifestantes. De hecho, los incidentes más graves comenzaron cuando el dirigente de Vox y sus acompañantes ya habían abandonado la plaza.
Ahí cambió el paisaje. Lanzamientos de objetos, carreras y cargas de los antidisturbios fueron sustituyendo a las consignas políticas. Según el delegado del Gobierno, un grupo reducido desobedeció las indicaciones policiales y comenzó a arrojar objetos contra los agentes. La intervención terminó con dos detenciones y numerosos heridos.
Entre los lesionados se contabilizaron doce policías, manifestantes y dos periodistas, de acuerdo con el balance trasladado por la Delegación. Una reportera tuvo que recibir asistencia sanitaria después de resultar alcanzada durante los enfrentamientos.
Una segunda protesta trasladó la tensión a la noche
Las cargas de María Pita no apagaron la protesta. Ocurrió más bien lo contrario. Por la tarde se convocó una nueva movilización ante la Subdelegación del Gobierno bajo lemas contra el fascismo y la denominada violencia policial. Esta segunda concentración no había sido comunicada oficialmente, según la Delegación del Gobierno, y llegó a congregar a alrededor de 2.000 o 2.500 personas según las distintas estimaciones difundidas durante la noche.
Durante buena parte de la marcha no se registraron incidentes importantes. Los problemas comenzaron cuando la concentración estaba prácticamente terminada y permanecía en la zona un grupo mucho menor.
Hubo lanzamiento de bengalas y otros objetos hacia los agentes. La Policía Nacional intervino entonces para dispersar a quienes continuaban allí. Pedro Blanco ha defendido que fueron decisiones operativas de los mandos policiales y ha rechazado que las cargas fueran ordenadas políticamente desde la Delegación del Gobierno.
Dos versiones sobre la actuación policial
Las organizaciones participantes y el BNG mantienen una versión crítica con el dispositivo. Han denunciado actuaciones que consideran desproporcionadas y han pedido explicaciones al Gobierno. Sobre una misma acera, por tanto, quedaron dos relatos enfrentados: el de quienes denuncian una intervención policial excesiva y el de quienes sostienen que los antidisturbios respondieron a lanzamientos y actos violentos de una minoría.
La discusión política seguirá. Los contenedores quemados, en cambio, requieren bastante menos interpretación.
Barricadas y fuego por diferentes puntos de A Coruña
Después de la dispersión comenzaron los incidentes más graves de la noche. Varios grupos se desplazaron por diferentes calles, derribaron contenedores, levantaron barricadas improvisadas y prendieron fuego a mobiliario urbano. Los bomberos tuvieron que intervenir repetidamente mientras la Policía perseguía a algunos participantes por distintas zonas de la ciudad.
El balance de daños todavía es provisional. La Delegación del Gobierno llegó a contabilizar hasta 27 contenedores incendiados, mientras que la alcaldesa de A Coruña, Inés Rey, señaló posteriormente que alrededor de 30 habían resultado dañados y avanzó que el coste de los desperfectos sería elevado.
Hubo también calles cortadas y problemas de circulación. Algunos manifestantes utilizaron vallas de obra y otros elementos urbanos para dificultar el paso de los vehículos policiales. La imagen de una protesta política terminó así convertida, durante unas horas, en otra cosa: fuego sobre el asfalto, sirenas y mobiliario destrozado. Poco espacio quedaba ya para las pancartas.
El tercer detenido fue arrestado durante estos incidentes. También resultó contusionado un agente de policía y hubo nuevos manifestantes heridos, según el balance ofrecido por el delegado del Gobierno.
La Delegación separa a los manifestantes de los violentos
Pedro Blanco ha querido subrayar especialmente una diferencia que resulta políticamente relevante: no atribuye los disturbios al conjunto de quienes participaron en las protestas. El delegado considera que los altercados fueron protagonizados por un grupo minoritario de radicales, al que acusó de aprovechar movilizaciones masivas y mayoritariamente pacíficas para generar desórdenes.
La Policía trabaja en la identificación de más participantes, por lo que el balance de detenciones podría no quedar definitivamente en tres. La investigación continúa abierta mientras se analizan imágenes y otros elementos relacionados con los disturbios.
La precisión importa. Una manifestación con miles de participantes no puede reducirse automáticamente a quienes arrojan una silla contra un policía o queman un contenedor a medianoche. Tampoco convertir una protesta en coartada vuelve democrático el adoquín. La libertad de manifestación protege algo bastante más incómodo y valioso: poder protestar incluso contra quienes resultan profundamente desagradables, siempre que la protesta no se transforme en violencia.
Es uno de esos principios liberales que funciona estupendamente cuando se aplica a los amigos y demuestra su utilidad precisamente cuando toca aplicarlo a los adversarios políticos.
Vox, Abascal y una jornada que entró de lleno en política
El episodio tiene también una dimensión política evidente. La presencia de Santiago Abascal en A Coruña convirtió la plaza de María Pita en escenario de una movilización que desbordó rápidamente el formato habitual de un acto de Vox. Lo que comenzó como contestación política terminó horas después con policías, manifestantes, bomberos y servicios municipales repartidos por diferentes puntos de la ciudad.
Los disturbios introducen otro elemento en un clima de fuerte polarización política. El PP ha condenado la violencia y Alberto Núñez Feijóo ha expresado su respaldo a las fuerzas de seguridad. El BNG, por su parte, ha reclamado explicaciones por las cargas policiales.
La alcaldesa socialista, Inés Rey, censuró con dureza los actos violentos y advirtió de que quemar mobiliario urbano termina favoreciendo políticamente a la ultraderecha, precisamente aquello contra lo que pretendía protestarse.
No es una reflexión especialmente misteriosa. Las imágenes de fuego suelen devorar el mensaje de cualquier manifestación con una eficacia formidable. Después queda la paradoja: quienes pretendían combatir a un adversario político pueden terminar regalándole las imágenes de los disturbios con las que construirá su discurso durante días.
Tres detenidos y una investigación que continúa abierta
A primera hora del jueves, el balance más sólido de una jornada extraordinariamente tensa es de tres detenidos, dos de ellos puestos en libertad después de declarar y un tercero pendiente de pasar a disposición judicial. La investigación policial continúa y las autoridades tratan de identificar a más personas relacionadas con los disturbios.
También queda por concretar el coste de los daños materiales y por depurar, en el terreno político, las responsabilidades que unos y otros reclaman sobre el dispositivo policial. La actuación de los antidisturbios será discutida; debe serlo. El uso de la fuerza por parte del Estado está sometido a límites y escrutinio precisamente porque vivimos en una democracia. Del mismo modo, el derecho a protestar no convierte el incendio de contenedores ni el lanzamiento de objetos en una extensión pintoresca de la libertad de expresión.
A Coruña vivió durante unas horas esa vieja confusión española entre conflicto político y batalla callejera, con dos extremos que se alimentan maravillosamente en las imágenes y bastante peor en la vida real. Miles protestaron pacíficamente, una minoría protagonizó disturbios y tres personas acabaron detenidas. Entre el ruido, el humo y las lecturas partidistas, ese sigue siendo el dato que mejor explica lo ocurrido.
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