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Brasil vota entre Lula y Flávio Bolsonaro con las encuestas al límite

Brasil afronta una segunda vuelta al límite: Flávio Bolsonaro llega por delante, pero Lula conserva opciones reales en un país profundamente dividido

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Flávio Bolsonaro llega con ventaja mínima

Imagen: Flávio Bolsonaro / Facebook.

Resumen

  • Flávio Bolsonaro llega a la segunda vuelta con una ventaja mínima
  • Lula mantiene opciones reales pese a perder la primera vuelta
  • La abstención y el voto regional pueden decidir la presidencia

Brasil decide este domingo quién ocupará el Palacio de Planalto durante los próximos cuatro años en una de las elecciones presidenciales más ajustadas de su historia reciente. Flávio Bolsonaro llega a la segunda vuelta con una ligera ventaja estadística sobre Luiz Inácio Lula da Silva, pero prácticamente todos los grandes sondeos sitúan la diferencia dentro del margen de error. No hay, por tanto, un ganador anticipado. Hay favorito, sí; vencedor, todavía no.

Las urnas abrieron a las 8.00 horas y cerrarán a las 17.00, hora de Brasilia, con cerca de 159 millones de ciudadanos llamados a votar. El escrutinio nacional comenzará después del cierre. Y hay otro detalle importante para interpretar las informaciones que circulan durante la jornada: no está prevista una gran encuesta nacional a pie de urna, de modo que hasta que empiecen a entrar los resultados oficiales cualquier supuesto ganador será, sencillamente, una especulación.

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Flávio Bolsonaro llega por delante, pero Lula sigue vivo

El punto de partida favorece al candidato del Partido Liberal. En la primera vuelta del 4 de octubre, Flávio Bolsonaro obtuvo el 47,03% de los votos válidos, frente al 45,15% de Lula. Fueron algo más de 56 millones de votos para el senador y cerca de 54 millones para el actual presidente, una distancia de poco más de dos millones de papeletas.

La diferencia fue pequeña, pero políticamente relevante. Bolsonaro no solo terminó primero: lo hizo después de que numerosos sondeos previos hubieran infravalorado su rendimiento. Ese precedente explica parte de la cautela con la que los medios brasileños están tratando las encuestas de la segunda vuelta.

La fotografía de la víspera, de hecho, es extraordinariamente ajustada. Datafolha situó a Flávio en el 51% y a Lula en el 49% de los votos válidos, un empate técnico. Otros institutos han dibujado escenarios similares, con diferencias reducidas y una constante: el candidato conservador aparece generalmente por delante, pero sin una distancia suficiente para dar la elección por resuelta.

Diecisiete de las últimas 18 encuestas colocan delante a Flávio

Mirar un solo sondeo puede despistar. Mirarlos todos ofrece una imagen algo más clara, aunque tampoco definitiva. Una recopilación de 18 encuestas nacionales publicadas en la recta final muestra a Flávio Bolsonaro numéricamente por delante en 17 de ellas. Lula aparece primero en una.

Eso no significa que las 17 concedan una ventaja estadísticamente significativa al candidato conservador —muchas reflejan un empate técnico—, pero sí confirma una tendencia: Flávio ha llegado a la jornada electoral en mejor posición que el presidente. Es una ventaja pequeña. Y una ventaja pequeña en una elección con semejante censo puede evaporarse por algo tan poco épico como quedarse en casa.

La abstención puede terminar decidiendo la presidencia

Este es uno de los grandes interrogantes del domingo. En la primera vuelta, la abstención superó el 21%, con más de 33 millones de electores que no acudieron a votar. En una segunda vuelta prácticamente empatada, la capacidad de cada candidatura para movilizar a su electorado puede pesar tanto como el trasvase de votos entre partidos.

Los estudios demoscópicos detectan también diferencias territoriales y sociales. Flávio presenta mejores números entre electores del Sudeste y el Sur, además de entre los evangélicos, mientras que Lula conserva sus fortalezas tradicionales entre los votantes de menores ingresos, los católicos y, especialmente, en el Nordeste.

Ahí está buena parte de la batalla. Lula necesita una movilización masiva en sus zonas fuertes y reducir la ventaja de Bolsonaro en los grandes colegios electorales del centro y sur del país. Flávio, por su parte, necesita evitar que una victoria aparente en las encuestas desmovilice a quienes consideran el partido ganado antes de tiempo. En elecciones tan estrechas, la participación puede valer una presidencia.

Los primeros votos del exterior y el inicio del escrutinio

La votación ya ha terminado en diversos países por la diferencia horaria y han comenzado a conocerse algunos boletines de urna. En el primer conjunto de resultados divulgado desde Oceanía y parte de Asia, Flávio Bolsonaro aparecía por delante, impulsado sobre todo por el voto brasileño en Japón. Son cifras reales, pero todavía muy parciales y sin valor suficiente para anticipar lo que ocurrirá dentro de Brasil.

El contraste entre países es considerable. Flávio logró alrededor del 80% de los votos en Japón, mientras Lula se impuso con claridad en Nueva Zelanda, Australia, China y Corea del Sur. El voto exterior tiene una composición sociológica distinta y representa una fracción pequeña del censo. Extrapolar esos primeros boletines al conjunto del país sería metodológicamente disparatado.

Brasil tampoco tendrá este domingo una gran encuesta nacional de salida de las urnas equivalente a las habituales en otros países. La rapidez del sistema electrónico ha ido reduciendo su utilidad: cuando un estudio a pie de urna estuviera listo, el Tribunal Superior Electoral podría estar ofreciendo ya millones de votos reales.

La referencia empezará, por tanto, tras el cierre de los colegios a las 17.00 horas de Brasilia. Los primeros porcentajes deberán leerse con cautela porque la entrada de datos no es territorialmente uniforme. Una ventaja inicial puede reflejar simplemente que determinadas regiones están contabilizando más rápido. Y esta vez ese detalle importa mucho: Lula y Flávio tienen electorados geográficamente distintos.

El hijo mayor de Bolsonaro lleva el proyecto familiar al Planalto

Flávio Bolsonaro, de 45 años, está ante la posibilidad de completar una sucesión política que hace unos meses parecía mucho menos evidente. Abogado y senador por Río de Janeiro, entró en política en 2002 como diputado estadual y ha construido prácticamente toda su carrera dentro del espacio político creado alrededor de su padre, Jair Bolsonaro.

La candidatura adquirió otra dimensión después de que el expresidente quedara apartado de la carrera presidencial. Jair Bolsonaro terminó respaldando a su hijo mayor como heredero electoral del movimiento que lo llevó al poder en 2018. El resultado de la primera vuelta demostró que el bolsonarismo conserva una capacidad electoral enorme incluso sin su fundador en la papeleta.

Flávio ha intentado aprovechar el apellido sin convertirse únicamente en una copia del padre. Su campaña ha buscado una imagen algo menos abrasiva para ampliar apoyos hacia el centro, pero sin renunciar a los grandes pilares bolsonaristas: seguridad pública, conservadurismo social, disciplina fiscal y reducción de impuestos.

En seguridad ha defendido nuevas prisiones federales de máxima seguridad, penas más duras y una reducción de la mayoría de edad penal para determinados delitos. En economía, el candidato del PL ha sostenido un discurso favorable al mercado y ha convertido la reducción del gasto público y de la presión fiscal en dos de sus principales banderas.

Lula juega otra gran partida con 80 años

Enfrente está Lula, con 80 años, presidente por tercera vez y aspirante a un cuarto mandato. Su presencia en esta segunda vuelta confirma hasta qué punto la política brasileña continúa organizada alrededor de dos campos que llevan años enfrentándose electoralmente y que representan visiones profundamente distintas del país.

El presidente necesita revertir una situación incómoda: perdió la primera vuelta y llega por debajo de Flávio en prácticamente todas las mediciones finales. Pero una distancia cercana a dos puntos no permite darlo por derrotado. Las encuestas coinciden precisamente en eso: Bolsonaro tiene una ventaja, no una garantía.

Lula conserva una estructura territorial considerable, una posición muy fuerte en el Nordeste y un suelo electoral superior a los 53 millones de votos demostrado hace apenas tres semanas. Para ganar deberá sumar parte del electorado de los candidatos eliminados, movilizar a quienes se abstuvieron y evitar nuevas fugas hacia la derecha.

Flávio necesita algo más sencillo sobre el papel: mantener la coalición que lo llevó al 47,03% y añadir una parte suficiente de los votos conservadores que quedaron dispersos en la primera vuelta. Sencillo sobre el papel. Las urnas suelen tener la mala costumbre de no haber leído el papel.

Brasil llega a las urnas sin un ganador asegurado

La situación antes del escrutinio puede sintetizarse sin demasiados adornos. Flávio Bolsonaro es el favorito, porque ganó la primera vuelta y aparece por delante en casi todos los sondeos finales. Pero la distancia sobre Lula se mueve alrededor de unos pocos puntos y, en varios de los principales estudios, continúa dentro del margen de error.

El candidato del PL está, por tanto, más cerca que nunca de llevar de nuevo el apellido Bolsonaro al Palacio de Planalto. Lula, mientras tanto, afronta probablemente una de las jornadas electorales más difíciles de su larguísima carrera política.

Cuando empiece el recuento, las encuestas dejarán de importar. Entrarán las urnas. Y en una elección que llega prácticamente partida por la mitad, unos pocos millones de votos —quizá bastante menos— pueden decidir quién gobernará Brasil desde enero de 2027.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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