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Naturaleza

La UE busca acuerdos sobre energía y emisiones en la COP31 de Turquía

La UE negocia en la COP31 de Turquía acuerdos sobre emisiones, transición energética y adaptación, mientras crecen las dudas sobre los compromisos.

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La UE exige acuerdos

Resumen

  • La UE acudirá a la COP31 del 9 al 20 de noviembre en Antalya
  • Bruselas reclama acuerdos para reducir emisiones y abandonar los fósiles
  • La financiación climática y la adaptación serán asuntos decisivos

La Unión Europea afronta la cumbre del clima COP31 de Turquía con un objetivo prioritario: convertir los compromisos internacionales contra el cambio climático en acuerdos concretos que permitan reducir las emisiones, acelerar la transición energética y mejorar la adaptación a fenómenos extremos. La cita, que se celebrará del 9 al 20 de noviembre de 2026 en Antalya, llega en un momento de creciente incertidumbre sobre el cumplimiento del Acuerdo de París.

Los Veintisiete defenderán una posición común aprobada el pasado 12 de octubre, que reclama medidas verificables, mayor cooperación internacional y avances en el abandono de los combustibles fósiles. Bruselas considera que la transición hacia una economía descarbonizada no responde únicamente a una exigencia ambiental: también afecta a la seguridad energética, la competitividad industrial y la autonomía estratégica europea.

El desafío es considerable. La propia UE reconoce que probablemente se superará el umbral de 1,5 grados de calentamiento global respecto a la era preindustrial, una de las referencias fundamentales del Acuerdo de París. Pese a ello, mantiene que cada décima de grado adicional importa y que todavía es necesario actuar para limitar el calentamiento y regresar a una trayectoria compatible con ese objetivo.

La reunión de Antalya será, por tanto, una prueba de la capacidad de negociación internacional en materia climática. No basta con renovar las declaraciones de intención: Europa quiere que los países ejecuten los planes que ya han presentado y asuman responsabilidades sobre los compromisos pendientes.

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La UE quiere que la COP31 acelere el cumplimiento del Acuerdo de París

La posición europea parte de una preocupación concreta: los compromisos climáticos acumulados durante la última década todavía no se traducen en reducciones de emisiones suficientes para alcanzar los objetivos internacionales.

El Consejo de la UE sostiene que la COP31 debe representar un avance sustancial en la aplicación del Acuerdo de París de 2015. Para ello, defenderá el cumplimiento efectivo de las contribuciones determinadas a nivel nacional, conocidas como NDC por sus siglas en inglés.

Estas contribuciones son los planes mediante los cuales cada país establece sus objetivos de reducción de emisiones y explica las medidas previstas para alcanzarlos. La Unión Europea solicitará que se ejecuten los compromisos existentes y que los gobiernos que todavía no hayan presentado sus planes actualizados lo hagan cuanto antes.

La cuestión no es menor. El Parlamento Europeo recordó en su resolución del 22 de octubre que numerosos países incumplieron el plazo inicial de febrero de 2025 para comunicar sus nuevos objetivos climáticos para 2035, incluida la propia UE.

Bruselas también pretende que las negociaciones permitan avanzar en los resultados del primer balance mundial del Acuerdo de París, que examinó el progreso colectivo de los países y puso de manifiesto la necesidad de acelerar la acción climática.

La COP31 deberá contribuir, asimismo, a preparar el segundo balance mundial, que permitirá volver a evaluar los avances internacionales. El propósito es que las decisiones adoptadas no queden desconectadas de las políticas energéticas y económicas que aplican los gobiernos.

El abandono de los combustibles fósiles centra las negociaciones

Uno de los asuntos más delicados de la cumbre será la transición para reducir la dependencia del petróleo, el carbón y el gas.

La UE defenderá la aceleración de las energías renovables, la mejora de la eficiencia energética y la electrificación de actividades económicas que todavía dependen de combustibles fósiles.

Estas prioridades enlazan con los compromisos asumidos durante la COP28 de Dubái, donde los países acordaron impulsar una transición para abandonar progresivamente los combustibles fósiles en los sistemas energéticos.

El problema sigue siendo cómo traducir ese compromiso en políticas nacionales, inversiones y calendarios suficientemente precisos.

Para Europa, la dependencia de los combustibles fósiles también representa una vulnerabilidad económica y geopolítica. Las tensiones internacionales y la exposición a las fluctuaciones de los mercados energéticos han reforzado el argumento de que producir más electricidad limpia puede contribuir tanto a reducir emisiones como a mejorar la seguridad del suministro.

El Parlamento Europeo reclama un calendario para abandonar los fósiles

El Parlamento Europeo elevó la presión política el pasado 22 de octubre al aprobar una resolución que reclama plazos concretos para abandonar los combustibles fósiles y eliminar las subvenciones que favorecen su utilización.

Los eurodiputados pidieron que la Unión Europea lidere las negociaciones internacionales y establezca su propia estrategia de salida de estas fuentes de energía.

También defendieron avanzar hacia acuerdos internacionales más ambiciosos que permitan limitar la expansión de la producción de combustibles fósiles.

La resolución parlamentaria no constituye por sí misma un nuevo compromiso internacional vinculante, pero revela las diferencias de ambición que existen incluso dentro de las instituciones europeas.

La discusión en Antalya tendrá que afrontar una dificultad conocida: no todos los países comparten el mismo grado de dependencia energética ni disponen de recursos equivalentes para financiar la transformación de sus economías.

Europa se enfrenta a sus propios objetivos de emisiones

La UE llega a la COP31 con compromisos exigentes, pero también con dudas sobre la velocidad real de su descarbonización.

Su objetivo legal para 2030 consiste en reducir las emisiones netas de gases de efecto invernadero al menos un 55 % respecto a los niveles de 1990. La neutralidad climática, que supone equilibrar las emisiones restantes con las absorciones, está fijada para 2050.

Sin embargo, las proyecciones recogidas por el Parlamento Europeo apuntan a una reducción aproximada del 54 % para 2030, incluso si los Estados miembros aplican plenamente las medidas existentes y previstas.

La diferencia respecto al objetivo puede parecer pequeña, pero equivale a una cantidad considerable de emisiones y recuerda que los compromisos legislativos necesitan políticas efectivas para cumplirse.

Las estimaciones preliminares de Eurostat también apuntan a un incremento cercano al 1 % de las emisiones de la economía europea entre 2024 y 2025. Aunque la tendencia de la última década muestra una reducción acumulada, el dato refleja que el descenso no es uniforme.

El transporte constituye otra dificultad estructural. El Parlamento Europeo advierte de que es el único gran sector cuyas emisiones han aumentado en la UE desde 1990, por lo que reclama medidas adicionales para acelerar su descarbonización.

La credibilidad climática europea dependerá tanto de lo que consiga negociar en Turquía como de su capacidad para ejecutar los compromisos dentro de sus propias fronteras.

Adaptación climática y financiación para los países vulnerables

La reducción de emisiones no será el único asunto relevante de la conferencia. La adaptación a los efectos del calentamiento global tendrá un papel destacado en las negociaciones.

La UE considera necesario reforzar la protección frente a sequías, inundaciones, incendios forestales y olas de calor, especialmente en las regiones con menos recursos para responder a estos fenómenos.

El pasado 27 de octubre, la Comisión Europea presentó un nuevo marco de resiliencia climática acompañado de una propuesta legislativa para mejorar la preparación de las administraciones, las empresas y las infraestructuras esenciales frente a los riesgos ambientales.

La iniciativa pretende establecer criterios comunes para evaluar amenazas, planificar medidas preventivas y proteger servicios fundamentales. Se trata todavía de una propuesta, no de una normativa definitivamente aprobada.

La vicepresidenta de la Comisión Europea, Teresa Ribera, ha advertido de que el cambio climático amenaza directamente la competitividad económica y puede comprometer infraestructuras esenciales. Su planteamiento es que reducir emisiones resulta indispensable, pero no suficiente para afrontar los daños que ya se están produciendo.

La financiación internacional será otro de los grandes puntos de discusión.

Según los datos publicados por el Consejo de la UE el 29 de octubre, la Unión Europea y sus Estados miembros aportaron 32.300 millones de euros de financiación climática pública en 2025 para ayudar a los países en desarrollo.

También movilizaron otros 9.300 millones de euros de financiación privada mediante instrumentos respaldados por actuaciones públicas.

Del dinero público aportado, el 48 % se destinó a proyectos de adaptación o a iniciativas que combinan adaptación y reducción de emisiones. Las subvenciones representaron el 41 % de esa financiación.

El Parlamento Europeo considera necesario incrementar las contribuciones internacionales y favorecer las ayudas directas y los préstamos en condiciones ventajosas, evitando que la financiación climática agrave la deuda de los países más vulnerables.

Este debate será especialmente importante para numerosos Estados que soportan consecuencias graves del calentamiento pese a haber contribuido relativamente poco a las emisiones históricas.

Antalya pondrá a prueba la capacidad de alcanzar acuerdos

La COP31 se celebrará bajo la presidencia de Turquía, con Australia al frente de las negociaciones. Esta fórmula de responsabilidad compartida deberá facilitar los acuerdos entre países con intereses económicos, energéticos y políticos diferentes.

La Unión Europea apuesta por mantener la cooperación multilateral como principal herramienta para afrontar una crisis que ningún Estado puede resolver por separado.

El contexto, sin embargo, es complicado. Las tensiones geopolíticas, las discrepancias sobre financiación y los distintos ritmos de transición energética dificultan los consensos internacionales.

Para Bruselas, los resultados más importantes no serán necesariamente nuevas declaraciones de objetivos, sino decisiones que aceleren la reducción de emisiones, impulsen las energías limpias y garanticen recursos para la adaptación.

La reunión de Antalya tendrá que demostrar si los compromisos internacionales pueden convertirse en obligaciones concretas, inversiones y actuaciones medibles.

La UE llega con una posición negociadora definida, pero también con tareas pendientes. Su capacidad para exigir avances a los demás estará inevitablemente relacionada con los resultados que obtenga en casa.

Entre el 9 y el 20 de noviembre se comprobará hasta dónde están dispuestos a llegar los gobiernos. El calentamiento global seguirá avanzando con independencia del lenguaje que finalmente consigan pactar.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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