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Air France veta a tripulantes de 31 países en sus vuelos hacia Israel

Air France deja fuera de los vuelos a Israel a parte de sus tripulaciones por una restricción basada en la nacionalidad y la doble nacionalidad.

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Air France aplica el veto israelí

Resumen

  • Air France aparta de la ruta a Israel a tripulantes de 31 países
  • La medida alcanza también a trabajadores franceses con doble nacionalidad
  • El criterio es la nacionalidad del empleado, no su religión

Air France ha comunicado a sus pilotos y personal de cabina que los trabajadores con determinadas nacionalidades no podrán operar vuelos hacia Israel, después de que las autoridades israelíes endurecieran las condiciones de seguridad para las compañías extranjeras. La restricción alcanza a ciudadanos —también a binationals franceses— de 31 países que no mantienen relaciones diplomáticas formales con Israel.

El asunto ha empezado a circular con una simplificación que conviene despejar desde el principio: no se trata formalmente de una prohibición dirigida a pilotos musulmanes ni de un filtro basado en la religión. El criterio comunicado es la nacionalidad, aunque buena parte de los Estados afectados son países de mayoría musulmana. También aparecen en la relación Colombia, Cuba, Corea del Norte, Nicaragua o Venezuela. Y la medida no se limita a los pilotos: afecta igualmente al personal de cabina.

La restricción alcanza también a los franceses con doble nacionalidad

Una nota interna atribuida a Air France traslada a los trabajadores una nueva directiva israelí según la cual ningún miembro de la tripulación que entre en el espacio aéreo del país debe poseer la nacionalidad, incluso como segunda nacionalidad, de un Estado incluido entre los afectados por las nuevas restricciones.

Eso crea una situación especialmente delicada para Air France. Un piloto o tripulante puede ser ciudadano francés, trabajar para una compañía francesa y reunir todos los requisitos profesionales exigidos en Francia, pero quedar fuera de una rotación a Tel Aviv por conservar también un segundo pasaporte incluido en la relación israelí.

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Según la documentación conocida, los trabajadores afectados deben comunicar su situación para evitar ser programados en estos servicios. Air France habría advertido además de que incumplir las instrucciones puede exponer tanto a la empresa como al empleado a posibles sanciones. La medida introduce así un nuevo filtro en la planificación de las tripulaciones destinadas a Israel.

Los 31 países afectados por la medida israelí

La relación difundida incluye Afganistán, Argelia, Arabia Saudí, Bangladés, Brunéi, Colombia, Comoras, Corea del Norte, Cuba, Yibuti, Indonesia, Irak, Irán, Kuwait, Líbano y Libia. También aparecen Malasia, Maldivas, Mali, Mauritania, Nicaragua, Níger, Omán, Pakistán, Qatar, Somalia, Sudán, Siria, Túnez, Venezuela y Yemen.

La composición de la lista explica por qué hablar simplemente de una prohibición contra «musulmanes» resulta impreciso. Hay numerosos países de mayoría islámica, sí, pero la frontera empleada es la nacionalidad, no la confesión religiosa del trabajador. Marruecos y Emiratos Árabes Unidos, por ejemplo, no figuran entre esos 31 Estados tras haber normalizado sus relaciones con Israel.

El cambio tampoco supone, según lo conocido, una prohibición general para los pasajeros de esas nacionalidades que utilicen Air France. La controversia se refiere al personal asignado a la operación de los vuelos y a las exigencias de seguridad que Israel impone a las aerolíneas extranjeras.

El origen está en el ataque frustrado del vuelo de Flydubai

La decisión israelí llegó después del grave incidente registrado a finales de septiembre en un vuelo de Flydubai que viajaba desde Dubái hacia Tel Aviv. Un copiloto omaní atacó al comandante durante el trayecto y, según las investigaciones difundidas posteriormente, pretendía hacerse con el control del aparato y estrellarlo en Israel. Pasajeros y miembros de la tripulación consiguieron reducirlo y el avión terminó desviándose a Arabia Saudí.

El episodio abrió una brecha incómoda en los sistemas israelíes de control previo. Las autoridades disponen de información sobre pasajeros y tripulaciones de vuelos internacionales, pero el caso puso en cuestión cómo se verificaban realmente esos datos y qué organismo era responsable de detectar posibles riesgos antes de que una aeronave despegara rumbo a Israel.

Tras el ataque frustrado, el Ministerio israelí de Transportes endureció las instrucciones remitidas a las compañías extranjeras. Las nuevas directrices exigen comprobar la ciudadanía de los miembros de cada tripulación y responsabilizan a la propia aerolínea de que ningún trabajador asignado al vuelo posea una nacionalidad incompatible con los requisitos establecidos por Israel.

Air France, entre las reglas israelíes y la polémica en Francia

Para Air France el problema no es únicamente operativo. La compañía debe cumplir las condiciones establecidas por el Estado de destino para poder mantener sus vuelos, pero al mismo tiempo está aplicando dentro de su plantilla una diferenciación que depende de qué pasaporte posee cada trabajador.

Ese choque ha provocado críticas políticas en Francia. Dirigentes de la izquierda francesa han cuestionado que una empresa estratégica del país aplique una diferenciación basada en la nacionalidad de sus empleados y han denunciado la injerencia que supone una exigencia extranjera sobre la organización interna de una compañía francesa.

La controversia tiene, sin embargo, dos planos que no conviene mezclar. Israel sostiene su endurecimiento dentro de una política de seguridad aérea reforzada surgida inmediatamente después de un intento de ataque contra un avión que se dirigía a Tel Aviv. Sus críticos señalan que el mecanismo elegido no evalúa individualmente al trabajador, sino que excluye a grupos completos según su ciudadanía.

Ahí está el nudo. Un tripulante franco-argelino puede haber desarrollado toda su carrera profesional en Francia, superar los controles exigidos por Air France y disponer de pasaporte francés, pero quedar fuera de un vuelo por su otra nacionalidad. La seguridad aérea, terreno de controles minuciosos y protocolos casi obsesivos, se cruza así con una cuestión bastante más áspera: los límites de los filtros nacionales aplicados a empleados de compañías extranjeras.

No cambian los requisitos profesionales para ser piloto

Nada de lo conocido modifica las licencias, habilitaciones o requisitos técnicos exigidos para pilotar un avión de Air France. La restricción actúa en otro nivel: determina quién puede formar parte de una tripulación concreta con destino a Israel, independientemente de que el trabajador continúe desempeñando normalmente sus funciones en otras rutas.

Tampoco significa que Air France haya decidido, por iniciativa propia, dejar de contratar profesionales de esas nacionalidades. La compañía está trasladando a la planificación de sus vuelos una condición impuesta para operar hacia Israel, según la documentación interna conocida. Esa diferencia es sustancial para entender qué está ocurriendo y también para medir responsabilidades.

Un precedente incómodo para las aerolíneas internacionales

El caso rebasa a Air France. Las nuevas instrucciones israelíes están dirigidas a compañías extranjeras que operan hacia Israel, de modo que el debate afecta potencialmente a cualquier aerolínea internacional con plantillas multinacionales y trabajadores con doble ciudadanía.

Las compañías están acostumbradas a adaptarse a las reglas migratorias, documentales y de seguridad de cada destino. Lo poco habitual aquí es que una condición externa determine directamente qué empleados pueden trabajar en una ruta en función de un segundo pasaporte, aunque tengan también la nacionalidad del país donde está establecida su compañía.

El incidente de Flydubai explica la dureza con la que Israel ha reaccionado. No resuelve, sin embargo, la discusión que acaba de abrirse en Francia sobre proporcionalidad y discriminación. Seguridad y derechos laborales suelen convivir con cierta fricción; esta vez, la fricción ha entrado literalmente en la cabina.

La nacionalidad entra de lleno en la planificación de los vuelos

Por el momento, la consecuencia concreta para Air France es sencilla de describir, aunque políticamente sea cualquier cosa menos sencilla: pilotos y personal de cabina con alguna de las 31 nacionalidades señaladas no pueden ser destinados a los vuelos afectados por las exigencias israelíes, incluso cuando posean también pasaporte francés.

La compañía se encuentra así aplicando una decisión que no nace en París, mientras en Francia crece la discusión sobre sus límites. Y el dato que ordena todo lo demás merece quedar limpio de ruido: la restricción conocida no selecciona trabajadores por religión, sino por nacionalidad y doble nacionalidad. Una diferencia que cambia por completo el sentido de la noticia.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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