Tecnología
Ciberataque a congeladores en Europa: toneladas de comida a la basura
Un ciberataque manipuló congeladores de supermercados en varios países europeos, elevó temperaturas hasta 50 grados y obligó a tirar alimentos.
Resumen
- Un ciberataque manipuló congeladores en varios países europeos
- Las temperaturas llegaron a 50 °C y obligaron a retirar alimentos
- La exposición de sistemas de control amenaza la cadena del frío
Un ciberataque contra los sistemas de refrigeración de supermercados europeos ha obligado a retirar y desechar grandes cantidades de alimentos frescos y congelados. Los delincuentes informáticos consiguieron manipular a distancia los controles de temperatura de frigoríficos y congeladores, que en algunos establecimientos llegaron a registrar 50 grados centígrados. El resultado: mercancía inutilizada, pérdidas económicas y decenas de comercios afectados en varios países.
El ataque se produjo durante la madrugada del lunes 2 de noviembre de 2026 y afectó especialmente a supermercados de Bélgica y Suecia, aunque también se notificaron incidentes en Irlanda, Luxemburgo, Países Bajos, Estonia y Finlandia. Posteriormente se conocieron casos en Rumanía e Italia. Los atacantes aprovecharon sistemas de control industrial conectados a internet para alterar su funcionamiento, incluida la activación de procesos de descongelación. Al abrir las tiendas, numerosos trabajadores encontraron productos que ya no podían ponerse a la venta con garantías sanitarias.
Lo ocurrido resulta especialmente preocupante porque no es un caso aislado. Apenas tres semanas antes, el 12 de octubre, cientos de supermercados franceses habían sufrido una ofensiva semejante. En ambos episodios, la manipulación de los sistemas informáticos terminó teniendo consecuencias perfectamente materiales: alimentos desperdiciados, gastos extraordinarios y establecimientos obligados a reorganizar su actividad.
La segunda oleada ha puesto de manifiesto una vulnerabilidad que afecta a instalaciones esenciales para el suministro alimentario. Un congelador industrial puede seguir conectado a la electricidad y, aun así, dejar de conservar correctamente los productos si alguien consigue alterar sus parámetros de funcionamiento.
Supermercados con congeladores a 50 grados y alimentos destruidos
Las primeras incidencias se detectaron durante la noche del domingo al lunes. En Suecia, establecimientos de las cadenas ICA y Coop comunicaron alteraciones graves en sus equipos frigoríficos.
En una tienda ICA de Estocolmo, los responsables explicaron que el ataque se había producido alrededor de las dos de la madrugada y que sus congeladores habían alcanzado los 50 °C. Cuando el personal detectó el problema, buena parte de las existencias ya estaba comprometida.
La cadena Coop confirmó que siete de sus aproximadamente 800 establecimientos habían sufrido una manipulación no autorizada de sus sistemas de refrigeración.
En Bélgica, el problema alcanzó a diferentes operadores comerciales. Delhaize comunicó incidencias en varias decenas de establecimientos, mientras que Carrefour confirmó 15 tiendas afectadas de una red superior a 700. También se registraron problemas en supermercados Spar e Intermarché, carnicerías y otros comercios.
Incluso una tienda de IKEA en la localidad belga de Mons sufrió alteraciones en sus instalaciones frigoríficas.
En Irlanda, la cadena SuperValu tuvo que retirar preventivamente productos refrigerados y congelados de 13 supermercados. Su empresa matriz, Musgrave, aseguró posteriormente que el incidente estaba resuelto y que había comenzado la reposición de mercancías.
No todas las tiendas sufrieron daños de la misma magnitud. Algunas consiguieron detectar los cambios de temperatura rápidamente y limitar las pérdidas. Otras tuvieron que vaciar completamente determinados equipos.
Toneladas de comida desperdiciada y pérdidas de miles de euros
El impacto económico no se limita a reparar o revisar los congeladores. El principal perjuicio inmediato procede de la pérdida de mercancía que deja de reunir las condiciones necesarias para su comercialización.
Entre los alimentos afectados figuran carnes, pescados, lácteos, productos preparados y congelados. Cuando la temperatura supera los límites de conservación durante un periodo relevante, los responsables de seguridad alimentaria deben valorar su retirada.
No basta con volver a encender el congelador y esperar a que recupere su temperatura habitual. La cadena del frío debe mantenerse durante todo el proceso de almacenamiento y distribución.
Un alimento que ha permanecido demasiado tiempo fuera de las condiciones adecuadas puede presentar riesgos microbiológicos, aunque después vuelva a enfriarse. En consecuencia, los establecimientos deben comprobar los registros de temperatura, el tiempo de exposición y el tipo de producto antes de decidir si puede conservarse.
Los primeros balances publicados en Bélgica apuntan a unos 100.000 euros en alimentos desechados en establecimientos afectados, aunque esa cantidad no constituye una valoración definitiva del conjunto de pérdidas.
Un ejemplo permite hacerse una idea de las consecuencias. El propietario de la cadena belga de carnicerías De Laet & Van Haver calculó en aproximadamente 15.000 euros el valor de la carne estropeada en uno de sus establecimientos después de detectar temperaturas anómalas en los frigoríficos.
A ese perjuicio hay que añadir el trabajo de retirada, la limpieza, las revisiones técnicas, la reposición de existencias y las posibles interrupciones de ventas.
Aunque diferentes informaciones describen pérdidas de toneladas de alimentos, todavía no existe un recuento oficial consolidado que permita establecer cuánta comida se ha desperdiciado en toda Europa.
La dimensión completa del daño económico, por tanto, sigue pendiente de evaluación.
Cómo han conseguido los hackers controlar los congeladores
El funcionamiento de los equipos frigoríficos comerciales explica buena parte de lo sucedido.
Los supermercados modernos utilizan sistemas centralizados que permiten gestionar simultáneamente las temperaturas, las alarmas y los procesos de descongelación de numerosos equipos.
Para facilitar el mantenimiento, muchos de esos sistemas están conectados a internet. De este modo, una empresa especializada puede supervisar las instalaciones desde otra ubicación, detectar averías y modificar configuraciones sin desplazarse físicamente hasta el establecimiento.
La tecnología tiene ventajas evidentes: reduce las intervenciones presenciales, facilita las reparaciones y permite comprobar las condiciones de conservación.
El problema aparece cuando el acceso remoto carece de protección suficiente.
El sistema de descongelación convertido en una herramienta de sabotaje
Las investigaciones iniciales indican que los atacantes aprovecharon interfaces de gestión de refrigeración accesibles desde internet.
En diferentes instalaciones consiguieron modificar parámetros de temperatura y activar el modo de descongelación, una función que normalmente sirve para eliminar el hielo acumulado en los evaporadores.
Ese procedimiento es necesario para el funcionamiento habitual de determinados equipos, pero debe ejecutarse bajo condiciones controladas.
Cuando se activa indebidamente o se prolonga, puede provocar una subida considerable de la temperatura.
No hace falta destruir físicamente un congelador para inutilizar su contenido. Basta con impedir que mantenga las condiciones de conservación durante el tiempo suficiente.
Entre los equipos relacionados con los incidentes aparecen sistemas de la empresa danesa Danfoss, especializada en refrigeración y automatización industrial. También se han identificado otras familias de controladores vulnerables en investigaciones sobre ataques anteriores.
Los expertos han señalado la existencia de programas desactualizados, sistemas con protección insuficiente y equipos antiguos que ya no reciben actualizaciones de seguridad.
Sin embargo, todavía no se ha determinado con precisión qué método de acceso se utilizó en cada establecimiento ni si todos los incidentes corresponden a una única operación coordinada.
Francia ya había sufrido un ataque parecido en octubre
La nueva ofensiva europea reproduce características de lo ocurrido en Francia el pasado 12 de octubre.
Aquel día, cientos de supermercados y comercios independientes sufrieron manipulaciones de sus sistemas frigoríficos. Los atacantes modificaron remotamente las temperaturas, provocando que numerosos establecimientos tuvieran que desechar alimentos.
Algunos equipos permanecieron durante horas en condiciones incompatibles con la conservación de productos perecederos.
Las consecuencias económicas alcanzaron millones de euros, de acuerdo con las primeras estimaciones difundidas sobre el episodio francés.
La repetición de los ataques en un intervalo de apenas tres semanas ha intensificado la preocupación de las autoridades europeas.
Y hay otro dato relevante. La empresa de ciberseguridad Censys detectó que, antes del ataque francés, había aproximadamente 1.825 sistemas Danfoss StoreView expuestos a internet en Francia. El 2 de noviembre, esa cifra se había reducido a unos 220.
La disminución indica que muchos operadores habían restringido la exposición de sus instalaciones tras el incidente. No significa necesariamente que todos los equipos restantes sean vulnerables, pero muestra que la protección de estos sistemas se había convertido en una prioridad.
Una investigación de Forescout, publicada el 22 de octubre, identificó 12.976 servicios de gestión relacionados con refrigeración expuestos a internet en 99 países y territorios, distribuidos entre 6.017 direcciones IP públicas.
Estas cifras no representan sistemas pirateados ni equivalen necesariamente al número de supermercados expuestos. Sí reflejan la considerable presencia de controles industriales accesibles desde redes públicas.
España también tiene equipos de refrigeración expuestos
Aunque España no figura entre los países afectados por esta oleada concreta del 2 de noviembre, la posibilidad de sufrir incidentes semejantes preocupa a los especialistas.
Según una investigación del analista de redes Marcelino Madrigal, difundida por laSexta, existen alrededor de 300 equipos de refrigeración expuestos a posibles ciberataques en España.
La distribución territorial señalada por el análisis incluye 41 dispositivos en Andalucía, 39 en Madrid, 35 en Cataluña y 23 en Baleares, además de otros sistemas localizados en distintas comunidades autónomas.
Conviene precisar que se trata de equipos identificados como expuestos, no de instalaciones que hayan sufrido necesariamente una intrusión. Tampoco todos tienen por qué pertenecer a supermercados.
Estar conectado a internet no implica automáticamente que un sistema pueda ser controlado por cualquiera. El riesgo depende de sus mecanismos de autenticación, las actualizaciones disponibles y la configuración de seguridad.
Pero la exposición innecesaria amplía las posibilidades de ataque.
Las recomendaciones técnicas pasan por evitar el acceso directo desde internet, utilizar conexiones remotas seguras, actualizar el software, sustituir dispositivos sin soporte y controlar los permisos de las empresas de mantenimiento.
También resulta esencial disponer de alarmas independientes y protocolos de intervención que permitan actuar rápidamente cuando se detecten temperaturas anómalas.
La cuestión trasciende al comercio alimentario. Tecnologías semejantes se utilizan en instalaciones agrícolas, centros logísticos, laboratorios y determinados sistemas de conservación de medicamentos.
Nadie ha reivindicado los ataques y Europa investiga su origen
Hasta el 3 de noviembre de 2026, ningún grupo había asumido públicamente la autoría de la nueva oleada de ciberataques contra los congeladores europeos.
Las autoridades de distintos países investigan lo sucedido, pero no existe una atribución verificada que permita identificar a los responsables.
En Bélgica, la Fiscalía federal abrió una investigación sobre las incidencias. El Centro Nacional de Ciberseguridad de Suecia también está examinando los ataques registrados en su territorio.
Los investigadores contemplan distintas motivaciones, desde el sabotaje deliberado hasta actuaciones de grupos criminales que aprovechan sistemas informáticos mal protegidos.
La ausencia de peticiones públicas de rescate ha llevado a algunos especialistas a considerar la hipótesis del sabotaje, aunque ese indicio no permite establecer por sí solo la finalidad de los ataques.
Tampoco se ha demostrado que las ofensivas de octubre y noviembre hayan sido organizadas por las mismas personas.
Atribuirlas a un país, un servicio de inteligencia o una organización concreta sin pruebas sería precipitado.
Lo que sí está acreditado es que los atacantes han conseguido interferir en procesos físicos mediante accesos informáticos, con consecuencias económicas inmediatas.
La seguridad alimentaria también depende de la ciberseguridad
La sucesión de ataques contra congeladores europeos deja una advertencia que va bastante más allá del sector de los supermercados.
Durante años, la digitalización de instalaciones industriales se ha presentado principalmente como una forma de reducir costes, mejorar la eficiencia y facilitar el mantenimiento. Y lo es. Pero esos beneficios dependen de que los sistemas estén protegidos frente a accesos no autorizados.
El problema aparece cuando se moderniza la gestión de una instalación sin actualizar sus medidas de seguridad.
En los supermercados afectados, las consecuencias han sido especialmente visibles: productos retirados de la venta, toneladas de alimentos desperdiciados y pérdidas económicas que todavía se están calculando.
En otros sectores, una intrusión contra sistemas similares podría comprometer mercancías sensibles, procesos industriales o suministros que requieren temperaturas estrictamente controladas.
La experiencia francesa había ofrecido un aviso apenas tres semanas antes. La repetición del problema en otros países demuestra que las medidas adoptadas no han sido suficientes para eliminar el riesgo.
Y resulta difícil ignorar la contradicción: Europa dedica recursos a reducir el desperdicio alimentario mientras instalaciones comerciales pierden grandes cantidades de comida por la manipulación de controles informáticos.
No se trata de renunciar a la tecnología ni de desconectar indiscriminadamente todas las instalaciones. Se trata de asumir que la seguridad de la cadena del frío también es una cuestión de seguridad digital.
Porque los alimentos no se han estropeado por una avería convencional, una tormenta o un corte generalizado de electricidad. En estos casos, alguien ha conseguido alterar a distancia los sistemas encargados de conservarlos.
Y esa posibilidad, después de dos oleadas de ataques en menos de un mes, ya no puede considerarse un riesgo meramente teórico.
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