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El CIS da 11,8 puntos al PSOE, pero los sondeos sitúan al PP primero

El CIS sitúa al PSOE 11,8 puntos por encima del PP, pero las encuestas privadas favorecen a Feijóo y reflejan un aumento del voto a Vox para el 29N.

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Sede del CIS

Foto: Luis García / Wikimedia Commons, CC BY-SA 3.0 ES.

Resumen

  • El CIS coloca al PSOE 11,8 puntos por delante del PP en octubre
  • Los sondeos privados sitúan al PP primero y anticipan un Vox más fuerte
  • La divergencia abre un debate sobre métodos y pactos de cara al 29N

Las encuestas electorales han abierto una profunda discrepancia sobre quién ganará las elecciones generales del 29 de noviembre de 2026. El último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) sitúa al PSOE con el 34% de los votos, frente al 22,2% del PP, una ventaja de 11,8 puntos. Sin embargo, los sondeos publicados por distintas empresas demoscópicas ofrecen una fotografía muy diferente: Alberto Núñez Feijóo aparece por delante de Pedro Sánchez y la suma del PP y Vox se perfila como una posible mayoría parlamentaria.

La diferencia ha reavivado la controversia sobre la fiabilidad de las encuestas, la interpretación de los resultados y su utilización política durante la campaña. El debate ha cobrado fuerza después de que Javier García Fernández, en un artículo publicado el 21 de octubre por la Fundación Sistema, atribuyera el rechazo de la derecha a los barómetros del CIS al temor de que sus pronósticos terminen cumpliéndose. Su tesis es abiertamente crítica con el PP, Vox y determinados medios conservadores, aunque los resultados disponibles no permiten demostrar las motivaciones que les atribuye.

El enfrentamiento tiene una dimensión que va más allá de la discusión estadística. Con las elecciones a poco más de un mes, cada nueva encuesta influye en las expectativas de los partidos, las estrategias de campaña y el debate sobre los posibles pactos de gobierno. La cuestión decisiva no es qué formación celebra más un determinado sondeo, sino hasta qué punto sus estimaciones representan el comportamiento de un electorado que todavía puede cambiar de opinión.

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El CIS concede al PSOE una ventaja que contradice a las encuestas privadas

El barómetro de octubre del CIS, publicado el día 14 y elaborado mediante 5.025 entrevistas telefónicas realizadas entre el 1 y el 6 de octubre, coloca al PSOE como primera fuerza política con el 34% de estimación de voto.

El PP cae hasta el 22,2%, mientras que Vox alcanza el 17,1%. Más atrás aparecen Sumar-Frente Amplio, con el 6,1%, y Podemos, con el 3,1%.

La evolución respecto a septiembre también resulta significativa. Los socialistas pasan del 31% al 34%, mientras que los populares retroceden del 25,5% al 22,2%. La distancia entre ambos partidos aumenta así de 5,5 a 11,8 puntos en apenas un mes.

No es una diferencia menor, especialmente cuando otras encuestas presentan al PP como favorito.

El sondeo de Sigma Dos publicado por El Mundo el 19 de octubre otorgaba al PP un 31,5%, frente al 25,3% del PSOE y el 19,5% de Vox. Su proyección de escaños apuntaba a una mayoría parlamentaria de las dos formaciones de derechas.

Una encuesta posterior de IMOP Insights, publicada el 23 de octubre por El Confidencial, reducía notablemente la distancia entre los dos grandes partidos: 28,5% para el PP y 27,1% para el PSOE. Vox alcanzaba el 20%, un porcentaje especialmente relevante para el reparto de poder dentro del bloque conservador.

El promedio de 16 encuestas privadas publicadas durante octubre y recopiladas hasta el día 23 por Onda Cero ofrece otra referencia: el PP reúne aproximadamente el 31,9% de los votos, el PSOE el 26,6% y Vox el 18,8%.

Las diferencias entre estos estudios son importantes, pero existe un hecho comprobable: el CIS es la principal excepción entre las grandes estimaciones electorales al situar al PSOE en primera posición.

La Fundación Sistema cuestiona la reacción de PP y Vox

El artículo de Javier García Fernández introduce una interpretación política de esta divergencia. El autor sostiene que las críticas de la derecha al CIS responden al temor de que los resultados reales se alejen de las expectativas de victoria difundidas por los medios conservadores.

García Fernández cuestiona especialmente las proyecciones que atribuyen alrededor de 200 diputados a la suma del PP y Vox. Considera que esas estimaciones contribuyen a crear una percepción de victoria prácticamente asegurada que podría no corresponderse con la situación electoral.

También plantea que los partidos pueden disponer de encuestas internas menos favorables que las publicadas. Sin embargo, no aporta resultados verificables de esos supuestos estudios internos, por lo que esa posibilidad debe entenderse como una hipótesis política, no como un hecho demostrado.

Su crítica se extiende a la situación de Feijóo, cuya continuidad al frente del PP podría verse sometida a una presión considerable si no consigue gobernar después de las elecciones.

La interpretación tiene un punto discutible. Que una formación cuestione una encuesta desfavorable no demuestra que considere acertados sus resultados. Los partidos suelen impugnar los estudios que perjudican sus expectativas y destacar aquellos que les favorecen. No es una costumbre exclusiva de la derecha ni una especialidad recién inventada.

Tampoco puede concluirse que los sondeos privados sean falsos simplemente porque contradigan al CIS. Una discrepancia metodológica no constituye por sí misma una manipulación.

Por qué el CIS y las empresas privadas ofrecen resultados tan distintos

Las encuestas electorales no son recuentos anticipados de votos. Son estimaciones elaboradas a partir de entrevistas, tratamientos estadísticos y modelos que intentan representar las preferencias de la población.

El CIS utiliza un sistema de estimación por escenarios denominado modelo Alaminos-Tezanos, mientras que las compañías privadas aplican sus propias técnicas para calcular el voto probable.

Entre las variables que pueden explicar las diferencias figuran el tratamiento de los indecisos, el recuerdo de voto, la probabilidad de participación, las ponderaciones de la muestra y las hipótesis utilizadas para corregir los datos obtenidos.

También influye el momento de las entrevistas. Una encuesta realizada al principio de octubre no recoge necesariamente los mismos acontecimientos y cambios de opinión que otra elaborada dos semanas después.

El barómetro del CIS declara un margen de error muestral de ±1,4 puntos para el conjunto de sus entrevistas, bajo el supuesto de muestreo aleatorio simple. Ese porcentaje no debe confundirse con un margen de error garantizado para su estimación electoral, que depende de cálculos adicionales.

Intención directa de voto y estimación electoral no son lo mismo

El propio CIS ofrece una distinción que ayuda a comprender el debate.

En el barómetro de octubre, el 25,3% de las personas entrevistadas expresa directamente su intención de votar al PSOE, mientras que el 14,7% señala al PP. Estos porcentajes están calculados sobre el conjunto de la muestra.

La estimación final eleva las cifras al 34% y al 22,2%, respectivamente, después de aplicar el modelo estadístico y expresarlas sobre el voto válido.

Esta transformación no es exclusiva del CIS. Las empresas privadas también utilizan procedimientos para aproximarse al resultado electoral, aunque sus modelos y criterios pueden ser diferentes.

La transparencia metodológica, la publicación de los datos y la comparación de las predicciones con los resultados efectivos son elementos fundamentales para evaluar la calidad de una encuesta.

Una muestra numerosa puede mejorar la precisión estadística, pero no garantiza que el modelo de estimación sea más acertado.

Vox crece y complica las perspectivas del Partido Popular

Más allá de la disputa sobre quién ocupa el primer puesto, los sondeos permiten identificar otra cuestión relevante: el peso electoral que está adquiriendo Vox.

El partido de Santiago Abascal alcanza el 17,1% en el CIS y se mueve alrededor del 19% o el 20% en algunos estudios privados. Son porcentajes superiores al 12,4% que consiguió en las elecciones generales de julio de 2023.

Esta evolución introduce una dificultad para Feijóo. Una eventual victoria del PP no supondría necesariamente que pudiera formar gobierno sin depender de Vox.

Las proyecciones de algunas encuestadoras sitúan a ambos partidos cerca o por encima de los 200 diputados, ampliamente por encima de los 176 necesarios para alcanzar la mayoría absoluta en el Congreso.

Pero esa posibilidad depende del reparto provincial del voto. En España, los porcentajes nacionales no se transforman automáticamente en escaños, debido a las circunscripciones provinciales y al sistema electoral.

Tampoco existe una garantía de acuerdo entre las dos formaciones. Sumar una mayoría aritmética no equivale a tener un pacto político cerrado.

Para el PSOE, la situación presenta el problema inverso. Incluso un resultado mejor del previsto puede resultar insuficiente si sus potenciales socios pierden representación o no reúnen los diputados necesarios para sostener una investidura.

Las negociaciones posteriores a las elecciones dependerán tanto de los resultados de los grandes partidos como del comportamiento de las fuerzas territoriales y las candidaturas situadas a su izquierda.

La vivienda altera las prioridades de la campaña electoral

El enfrentamiento demoscópico llega después de varias semanas marcadas por la crisis de la vivienda y las movilizaciones contra los desahucios.

El caso de Maricarmen Abascal, la mujer de 87 años desalojada de la vivienda en la que había residido durante décadas y fallecida posteriormente, ha adquirido una relevancia nacional.

La falta de convalidación parlamentaria de dos decretos sobre vivienda, que contribuyó a precipitar el adelanto electoral, ha colocado el acceso a un hogar en el centro del enfrentamiento entre partidos.

El barómetro de octubre registra un cambio especialmente pronunciado en las preocupaciones ciudadanas: el 55,7% de los encuestados menciona la vivienda entre los tres principales problemas de España.

La percepción de este problema aumenta notablemente respecto al mes anterior y supera a cuestiones como la inmigración, la situación económica y el empleo.

El CIS también registra apoyos significativos a determinadas medidas de protección de los hogares vulnerables, aunque las opiniones sobre la regulación del mercado del alquiler son más diversas.

Estas cifras explican por qué la vivienda se ha convertido en un asunto electoral de primer orden. Lo que no permiten establecer por sí solas es que un acontecimiento concreto haya provocado todo el movimiento de voto detectado por el instituto.

La coincidencia temporal no demuestra una relación causal, aunque sí señala un terreno político especialmente sensible para los partidos.

El resultado del 29N pondrá a prueba las encuestas electorales

La confrontación entre el CIS y las empresas privadas plantea una cuestión de fondo: la confianza ciudadana en las herramientas que permiten conocer la opinión pública.

Las encuestas pueden orientar las estrategias de campaña, estimular la participación o influir en las expectativas de victoria. Sus efectos, sin embargo, no son necesariamente iguales para todos los electores. Una ventaja amplia puede movilizar a los simpatizantes de un partido, pero también generar exceso de confianza.

Atribuir las discrepancias exclusivamente a intereses políticos resulta tan poco riguroso como defender que todas las estimaciones tienen idéntica calidad metodológica.

Las acusaciones de manipulación requieren pruebas, del mismo modo que las instituciones públicas deben aceptar el escrutinio de sus procedimientos y resultados.

A estas alturas de octubre, el CIS ofrece una clara ventaja al PSOE, mientras que la mayoría de los sondeos privados publicados sitúan al PP como primera fuerza. Esa es la realidad que muestran los datos disponibles, por incómoda que resulte para cualquiera de los dos bloques.

El 29 de noviembre permitirá comprobar qué estimaciones se aproximaron más a las urnas. Hasta entonces, ninguna encuesta puede sustituir al voto de los ciudadanos. Y por mucho que se anuncien mayorías, todavía no hay un solo escaño adjudicado por los electores.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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