España
Pablo Simón explica por qué el CIS da al PSOE 11,8 puntos sobre el PP
Pablo Simón pone el foco en la muestra y en la no respuesta para explicar los 11,8 puntos de ventaja que el CIS concede al PSOE frente al PP
Por Universidad CEU Cardenal Herrera / YouTube - “Pablo Simón habla con alumnos de Políticas y Periodismo del CEU”, CC BY 3.0, Wikimedia Commons
Resumen
- El CIS sitúa al PSOE 11,8 puntos por delante del PP
- Simón apunta al sesgo de muestra y a la no respuesta
- Otros sondeos dibujan una carrera electoral mucho más ajustada
El último barómetro del CIS ha dejado una fotografía electoral difícil de encajar con casi cualquier otra encuesta publicada en España. El PSOE aparece con un 34% de estimación de voto, frente al 22,2% del PP: una diferencia de 11,8 puntos cuando faltan pocas semanas para las elecciones generales del 29 de noviembre.
El politólogo Pablo Simón cree que buena parte de esa distancia no se explica únicamente por un movimiento repentino del electorado. Su interpretación apunta a dos elementos bastante menos espectaculares, pero decisivos cuando se trabaja con encuestas: la composición de la muestra y el tratamiento de quienes no responden. Dicho de otra forma, antes de leer el resultado como un vuelco electoral conviene mirar debajo del capó.
Pablo Simón señala un sesgo en la muestra del CIS
Simón sostiene que las muestras del Centro de Investigaciones Sociológicas presentan de forma recurrente una mayor presencia de votantes de izquierda que de derecha. Según su explicación, los análisis que maneja detectan aproximadamente siete puntos más, de media, de voto de izquierdas que de derechas dentro de las muestras del organismo.
Ese desequilibrio es importante porque una encuesta no consiste simplemente en llamar a miles de personas y sumar respuestas. La cuestión esencial es que quienes contestan representen razonablemente al conjunto del electorado. Si determinados perfiles políticos responden más y otros cuelgan el teléfono —o directamente deciden no participar—, el retrato comienza a inclinarse antes incluso de hacer los cálculos.
Para Simón, ahí estaría una parte sustancial de la explicación de unos resultados que considera muy desviados respecto al promedio de encuestas. La distancia no es pequeña ni puede despacharse como el habitual margen entre institutos demoscópicos.
El problema no implica necesariamente que las entrevistas estén mal realizadas. Es más sutil. Una muestra puede cumplir criterios de edad, sexo, territorio o tamaño de municipio y, aun así, terminar políticamente desequilibrada si la disposición a responder es distinta según la ideología.
El votante de derechas podría estar respondiendo menos
Aquí aparece la hipótesis más interesante de Simón. El politólogo plantea que puede existir una relación entre la no respuesta y el voto de derechas, aunque deja claro que no dispone de los datos internos necesarios para demostrarlo.
La lógica es sencilla. La imagen del CIS se ha deteriorado durante los últimos años entre una parte del electorado conservador. Si un simpatizante del PP o de Vox desconfía del organismo y tiene más probabilidades de rechazar una entrevista, su ausencia no es aleatoria. Y eso cambia las cosas.
Cuando socialistas, populares, votantes de Vox o electores de izquierda rechazan participar aproximadamente en la misma proporción, la pérdida puede compensarse. Si la negativa está concentrada en un bloque, la muestra queda escorada.
Es una vieja pesadilla de la demoscopia. No basta con entrevistar a mucha gente; hace falta que quienes contestan se parezcan también, políticamente, a quienes no lo hacen. Cinco mil respuestas pueden ofrecer una fotografía peor que mil si el espejo está torcido.
El segundo factor está en cómo se transforma la intención de voto
Simón introduce un segundo matiz que ayuda a comprender la distancia del CIS respecto a otros sondeos. El documento publicado es un barómetro mensual, no un estudio preelectoral diseñado específicamente para proyectar un resultado en las urnas con todos los ajustes habituales de este tipo de trabajos.
La llamada “cocina” demoscópica no tiene nada de conspirativo, aunque el término invite bastante a ello. Consiste básicamente en corregir la respuesta directa mediante variables como el recuerdo de voto, la simpatía política, la probabilidad de acudir a las urnas o el comportamiento de los indecisos.
La intención directa tiene un problema evidente: mucha gente todavía no sabe qué votará, no quiere decirlo o sencillamente responde otra cosa. Convertir esas respuestas en una estimación electoral exige tomar decisiones metodológicas. Ahí cada instituto tiene su receta.
Según la explicación de Simón, en este tipo de barómetro la intención directa adquiere un peso determinante y quienes no expresan una preferencia terminan teniendo un tratamiento distinto al que recibirían en un estudio preelectoral más afinado. Si además la no respuesta afecta especialmente a la derecha, ambos fenómenos se retroalimentan.
El resultado puede ser llamativo sin que necesariamente exista detrás un desplazamiento equivalente de millones de votantes.
El CIS dibuja un escenario radicalmente distinto al resto
La magnitud de la diferencia se aprecia al comparar fotografías. El CIS coloca al PSOE en el 34%, mientras el PP cae al 22,2%. Vox queda tercero con el 17,1%, Sumar-Frente Amplio obtiene un 6,1% y Podemos, un 3,1%.
El sondeo fue elaborado mediante 5.025 entrevistas telefónicas realizadas entre el 1 y el 6 de octubre, un periodo especialmente agitado: coincidió con las consecuencias políticas de la crisis de la vivienda y alcanzó también los días del anuncio del adelanto electoral.
Hay, por tanto, una posible evolución política real detrás del movimiento. Sería precipitado concluir que todo es metodología. El PSOE puede haber recuperado terreno y el PP haber cedido apoyo durante esas jornadas. El problema aparece cuando se intenta establecer cuánto.
Otros sondeos continúan describiendo una España electoral bastante diferente. El promedio de encuestas mantiene al PP alrededor del 31% y al PSOE cerca del 27%, mientras distintos trabajos recientes siguen colocando a los populares por delante y proyectan una posición muy fuerte del bloque formado por PP y Vox.
Ahí está la anomalía. No hablamos de uno o dos puntos de margen —algo perfectamente normal entre encuestadoras—, sino de dos fotografías electorales muy diferentes, casi como si hubieran sido tomadas en países distintos.
La comparación con 2023 también obliga a ser prudentes
El 22,2% atribuido al PP resulta especialmente llamativo porque supondría una caída superior a diez puntos respecto al 33,1% obtenido en las elecciones generales de 2023. El PSOE, mientras tanto, aparece por encima de su resultado electoral de entonces.
Una variación así no es imposible. La política española ha demostrado de sobra que puede girar con bastante rapidez. Pero cuanto mayor es el movimiento que detecta una encuesta, mayor debe ser la cautela antes de tratarlo como una nueva realidad consolidada.
El barómetro ofrece una señal electoral; no una profecía.
El CIS entra de lleno en el debate de la precampaña
El asunto es especialmente sensible porque la encuesta aparece con las elecciones del 29 de noviembre ya convocadas. Cada décima empieza a tener lectura de campaña, cada gráfico se convierte en munición y cualquier diferencia metodológica termina inevitablemente convertida en discusión política.
Para el PSOE, el dato permite defender que existe una recuperación electoral después de meses difíciles. Para el PP, supone otra prueba de que las estimaciones del organismo dirigido por José Félix Tezanos están alejadas del mercado demoscópico. Vox, mientras tanto, puede fijarse en otra cifra menos discutida: su crecimiento hasta el 17,1%, que confirma su fortaleza en prácticamente todos los escenarios publicados.
Pero convertir un barómetro aislado en el resultado esperado del 29-N sería ir demasiado deprisa.
Las encuestas funcionan mejor cuando se leen juntas. Una casa demoscópica puede detectar antes que las demás un cambio verdadero; también puede cargar con un sesgo sistemático que el promedio termina amortiguando. Precisamente por eso los agregadores de sondeos suelen ofrecer una imagen más estable que cualquier encuesta individual.
La explicación de Simón cambia la lectura del dato
La aportación de Pablo Simón no consiste en afirmar que el PSOE no pueda estar creciendo ni que el CIS carezca de valor. Su argumento es más incómodo y, a la vez, más útil: un porcentaje electoral depende también de quién acepta contestar y de cómo se procesan después esas respuestas.
Ese detalle metodológico cambia bastante el significado de los famosos 11,8 puntos de ventaja.
El barómetro puede estar captando un momento favorable para Pedro Sánchez y, simultáneamente, magnificándolo porque la muestra contiene proporcionalmente más electores de izquierdas o porque determinados votantes conservadores participan menos. Ambas cosas pueden ser ciertas a la vez. La realidad rara vez tiene la cortesía de escoger una explicación sencilla.
Y queda otro elemento. La publicación de encuestas también puede alterar ligeramente el propio tablero que pretende medir. Simón recuerda que su efecto suele ser limitado entre quienes ya tienen decidido votar a los grandes partidos, pero puede resultar mayor para formaciones pequeñas o poco conocidas: aparecer en un sondeo concede visibilidad y convierte una opción marginal en una posibilidad imaginable.
Once puntos que dicen más sobre la encuesta de lo que parece
El dato del CIS es políticamente potente: PSOE 34%, PP 22,2%, una brecha de 11,8 puntos. Pero la explicación de Pablo Simón obliga a colocar sobre esa diferencia un importante matiz metodológico.
No significa ignorarlo. Significa leerlo como lo que es: una medición realizada con una determinada muestra, durante unos días concretos y mediante un método concreto. Ni más ni menos.
Hasta el 29 de noviembre habrá muchas más encuestas, probablemente incompatibles entre sí durante algunos días. El verdadero cambio será visible cuando varias empiecen a moverse en la misma dirección. Mientras eso no ocurra, los 11,8 puntos del CIS describen una fotografía extraordinariamente favorable al PSOE; no demuestran por sí solos que esa sea la distancia real entre Sánchez y Feijóo en las urnas.
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