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Pablo Simón explica el posible vuelco electoral en España en 2027

Pablo Simón cree que un triunfo de PP y Vox en 2026 podría movilizar a la izquierda y cambiar el mapa autonómico y municipal de 2027 en España

Publicado

el

Pablo Simón

Fuente: Kanciller en X.

Resumen

  • Simón cree que una victoria de la derecha podría movilizar a la izquierda
  • El precedente de Andalucía en 2012 sirve como aviso electoral
  • Las autonómicas de 2027 podrían cambiar tras las generales de 2026

Pablo Simón cree que una eventual victoria de la derecha en las elecciones generales del 29 de noviembre podría producir un efecto inesperado pocos meses después: una mayor movilización del electorado de izquierdas en las municipales y autonómicas de 2027. No lo plantea como una profecía ni como una consecuencia automática. Habla de un escenario posible y señala un precedente bastante elocuente, el de Andalucía en 2012.

El politólogo sostiene que la llegada de un Gobierno encabezado por la derecha puede cambiar rápidamente el terreno sobre el que se disputarán las siguientes elecciones. Si el Ejecutivo adopta medidas controvertidas o genera rechazo entre parte del electorado progresista, ese voto que ahora aparece desmovilizado podría regresar a las urnas. La política española tiene memoria corta, pero a veces rima.

Pablo Simón mira a 2011 para explicar lo que puede pasar en 2027

La reflexión de Simón parte de una situación que, sobre el papel, parece paradójica. Una victoria nacional de PP y Vox no tendría necesariamente que traducirse meses después en una ola conservadora en ayuntamientos y comunidades autónomas. Podría ocurrir justamente lo contrario.

Durante una intervención en Canal 24 Horas, el profesor de Ciencia Política recordó lo sucedido después de la victoria de Mariano Rajoy en las elecciones generales de noviembre de 2011. El PP obtuvo entonces una amplia mayoría absoluta y comenzó a gobernar en plena crisis económica, con ajustes presupuestarios, reforma laboral y otras medidas que elevaron rápidamente la tensión política y social.

Andalucía votó apenas unos meses después. Las elecciones autonómicas se celebraron el 25 de marzo de 2012 y ofrecieron un resultado peculiar: el PP ganó por primera vez unas elecciones andaluzas y consiguió 50 escaños, pero se quedó lejos de los 55 necesarios para la mayoría absoluta. El PSOE obtuvo 47 e Izquierda Unida, 12. La suma de ambas formaciones permitió que José Antonio Griñán siguiera al frente de la Junta.

Ahí está el precedente que interesa a Simón. La victoria nacional de la derecha no arrastró automáticamente a Andalucía hacia el PP. Entre una elección y otra había pasado poco tiempo, sí, pero suficiente para que las primeras decisiones del nuevo Gobierno central entrasen de lleno en la campaña autonómica.

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El desgaste de un Gobierno puede movilizar al adversario

Es un mecanismo bastante conocido en ciencia política. Las elecciones regionales y locales funcionan a veces como una especie de contrapeso al poder central. Un elector puede votar de una manera en unas generales y, pocos meses después, utilizar unas autonómicas para premiar, castigar o corregir lo ocurrido en Madrid.

Simón considera que algo parecido podría aparecer en 2027 si las generales del 29 de noviembre terminan llevando al Gobierno a la derecha. Las elecciones municipales y buena parte de las autonómicas llegarían con un Ejecutivo central recién estrenado y con sus primeras decisiones todavía calientes.

Eso introduce una variable que las encuestas realizadas antes de las generales difícilmente pueden capturar: el comportamiento del votante después de un cambio de Gobierno.

No es un detalle menor. Una cosa es preguntar por unas elecciones autonómicas cuando Pedro Sánchez sigue en La Moncloa y otra muy distinta medir el voto después de varios meses con Alberto Núñez Feijóo al frente del Ejecutivo y con Vox participando o condicionando la mayoría parlamentaria.

Las encuestas de 2027 podrían quedarse viejas tras el 29N

Precisamente por eso, Pablo Simón considera que buena parte de los sondeos sobre las elecciones de 2027 tendrían que revisarse después de las generales. El contexto político podría haber cambiado por completo.

El politólogo viene señalando, además, que el escenario dibujado por las encuestas para el 29N favorece claramente al bloque formado por PP y Vox. En una intervención reciente situó en torno al 90% la probabilidad de que ambas formaciones alcanzasen conjuntamente una mayoría suficiente, aunque introdujo inmediatamente la cautela imprescindible: hasta que los votos entran en las urnas, las elecciones siguen abiertas.

Esa diferencia entre probabilidad y resultado importa especialmente en una campaña. Los modelos electorales trabajan con encuestas, tendencias y márgenes de error; las urnas trabajan con ciudadanos concretos que, a veces, deciden el voto durante las últimas semanas o incluso el mismo día.

Y ahí empieza el siguiente partido. Si PP y Vox alcanzaran el poder, la campaña de 2027 dejaría de celebrarse contra el Gobierno de Sánchez. Se celebraría bajo un Gobierno de la derecha.

Los candidatos territoriales ya no competirían contra Sánchez

Simón señala otro cambio político bastante más sutil. Durante los últimos años, muchos dirigentes autonómicos y municipales del PP han convertido a Pedro Sánchez en un elemento central de sus campañas, incluso cuando se elegía un alcalde o un presidente autonómico.

Con un cambio de Gobierno, esa herramienta desaparecería.

Los candidatos del PP tendrían que defender con mayor claridad su propia gestión territorial y, al mismo tiempo, convivir con las decisiones tomadas por un Ejecutivo nacional políticamente próximo. Ya no resultaría tan sencillo atribuir los problemas locales al Gobierno socialista de Madrid.

En la izquierda ocurriría el movimiento inverso. Sus candidatos podrían distanciarse de la gestión del anterior Ejecutivo central y presentarse ante el electorado como oposición a las políticas aplicadas por el nuevo Gobierno.

El tablero, en pocas palabras, se daría la vuelta.

El precedente andaluz sirve, pero España no es la de 2012

La comparación con Andalucía tiene fuerza precisamente porque muestra que unas elecciones celebradas con pocos meses de diferencia pueden producir dinámicas políticas distintas. Pero convertir 2012 en una plantilla exacta para 2027 sería demasiado sencillo.

España ha cambiado. El sistema de partidos también.

En 2012, PP y PSOE concentraban una proporción del voto mucho mayor que en la actualidad. Vox todavía no había adquirido relevancia electoral, Podemos no existía como partido y la fragmentación parlamentaria que ha marcado la última década apenas había comenzado a insinuarse.

También sería distinta la relación entre unas elecciones generales y las autonómicas. En 2027 entrarían en juego gobiernos regionales, alcaldes, pactos territoriales, candidatos con perfiles propios y, probablemente, una enorme batalla por convertir cada comunidad en una lectura nacional de lo ocurrido meses antes.

La historia ofrece precedentes, no fotocopias.

PP y Vox tendrían que gestionar también las expectativas

Existe otra dificultad para el bloque conservador. Llegar al Gobierno después de meses de encuestas favorables supone administrar unas expectativas muy altas. Cuanto mayor sea la promesa de cambio durante la campaña, mayor será también la velocidad con la que parte del electorado pueda exigir resultados.

Para el PP, además, la relación con Vox sería determinante. Simón ha insistido en que los números publicados durante estas semanas hacen difícil imaginar un Gobierno de Feijóo sin algún tipo de entendimiento con el partido de Santiago Abascal.

Pero un acuerdo parlamentario, una coalición formal o un apoyo externo no producen exactamente los mismos efectos electorales. Tampoco generan las mismas tensiones dentro del PP ni movilizan del mismo modo al electorado progresista.

El escenario de 2027 dependería, por tanto, no simplemente de quién gane el 29N, sino de cómo gobierne después.

Unas generales que pueden cambiar también las elecciones de 2027

La idea de Pablo Simón introduce una lectura menos inmediata de las elecciones generales. El 29 de noviembre no solo decidirá quién ocupa La Moncloa. Puede modificar las condiciones políticas de las municipales y autonómicas que llegarán después.

Si PP y Vox consiguen una mayoría y la izquierda pasa a la oposición, el electorado progresista podría encontrar en las urnas territoriales una oportunidad para reaccionar. Si el nuevo Gobierno mantiene una elevada popularidad durante sus primeros meses, el movimiento podría ser justamente el contrario y reforzar a la derecha.

Eso es lo que hace útil el precedente de 2012, aunque no permita adivinar el futuro. Rajoy acababa de conquistar una mayoría absoluta nacional cuando el PP andaluz se quedó a cinco escaños de gobernar una comunidad que parecía tener al alcance de la mano.

Quince años después, Simón vuelve sobre aquella fotografía porque recuerda algo bastante elemental y que las encuestas, con todos sus decimales, no consiguen domesticar: entre una elección y la siguiente puede cambiar casi todo. Y unos cuantos meses, en política española, dan para bastante.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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