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De la Espriella cesa a Rodrigo Lara tras 75 días y nombra a Ordóñez
Rodrigo Lara sale del Ministerio del Interior después de 75 días y Alejandro Ordóñez toma el relevo en plena crisis por el Presupuesto de 2027.
Imagen: Abelardo de la Espriella / CC0.
Resumen
- De la Espriella cesa a Rodrigo Lara tras solo 75 días en Interior
- Alejandro Ordóñez asumirá la cartera; Iván Cancino queda de forma temporal
- El relevo llega tras el tropiezo del Gobierno con el Presupuesto de 2027
El presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, ha destituido a Rodrigo Lara Restrepo como ministro del Interior después de apenas 75 días en el cargo. Su sustituto será Alejandro Ordóñez Maldonado, exprocurador general y hasta este momento representante permanente de Colombia ante la Organización de los Estados Americanos (OEA).
El relevo llega en un momento especialmente incómodo para el Gobierno. La salida de Lara se produce después del grave tropiezo sufrido por el Ejecutivo durante la tramitación del Presupuesto General de la Nación para 2027, que deberá expedirse por decreto después de que una diferencia entre los textos aprobados por el Senado y la Cámara impidiera completar correctamente el procedimiento legislativo. Mientras Ordóñez formaliza su posesión, el ministro de Justicia, Iván Cancino, asumirá temporalmente las funciones de Interior.
Una destitución fulminante después de menos de tres meses
Rodrigo Lara había llegado al Ministerio del Interior el 7 de agosto de 2026, coincidiendo con el arranque del nuevo Gobierno. Su paso por una de las carteras políticamente más delicadas de Colombia ha resultado tan breve como accidentado: poco más de dos meses para intentar construir mayorías parlamentarias, ordenar la agenda legislativa y ejercer de puente entre la Casa de Nariño y un Congreso donde los apoyos del presidente no siempre se mueven al mismo compás.
De la Espriella anunció el cambio agradeciendo a Lara sus servicios y defendiendo la experiencia y trayectoria de Alejandro Ordóñez para afrontar los próximos desafíos del país. No detalló una causa única para el cese, aunque la decisión llega inmediatamente después de una jornada marcada por el desorden parlamentario alrededor de las cuentas públicas de 2027.
No fue, además, el primer roce de Lara con el Legislativo. Durante sus semanas al frente de Interior acumuló críticas por la lentitud de las negociaciones con los partidos, dificultades para sacar adelante la agenda del Gobierno y varios desencuentros políticos. El Ministerio del Interior colombiano no es precisamente una oficina tranquila: es la sala de máquinas de la negociación con el Congreso. Cuando esa maquinaria tose, el ruido llega muy rápido al despacho presidencial.
El Presupuesto de 2027 precipitó la crisis política
El episodio que terminó por sacudir el gabinete fue el trámite del Presupuesto General para 2027, valorado en 634,9 billones de pesos colombianos. Senado y Cámara aprobaron textos diferentes de uno de sus artículos y esa divergencia no llegó a ser conciliada dentro del plazo establecido. El Gobierno confirmó después que expedirá las cuentas por decreto tomando como referencia el texto aprobado en el primer debate de las comisiones económicas.
El problema se concentró en el artículo 65. Una proposición que no quedó incorporada al texto aprobado por el Senado sí apareció en la versión votada por la Cámara. Sin una conciliación posterior entre ambas cámaras, la ley quedó jurídicamente comprometida. Lo que horas antes había sido presentado como una victoria parlamentaria terminó convertido en un embrollo institucional de los que nadie quiere explicar al día siguiente.
Lara intentó rebajar la dimensión política del episodio y sostuvo que, en términos prácticos, el presupuesto seguía existiendo y mantenía su cuantía general. La explicación no evitó el desgaste. Las modificaciones acordadas durante las plenarias quedaron fuera y el Ejecutivo tuvo que recurrir a una salida mediante decreto. Poco después llegó el cambio en el Ministerio del Interior.
Lara arrastraba dificultades para manejar el Congreso
El presupuesto fue el golpe más visible, pero no el único. Durante los 75 días de Rodrigo Lara en Interior, la interlocución con las fuerzas parlamentarias había provocado ya reparos dentro y fuera del oficialismo. El Gobierno sufrió dificultades para construir una agenda legislativa estable y algunas derrotas tempranas evidenciaron que la mayoría presidencial distaba de estar garantizada.
Entre esos episodios figuró la batalla por la presidencia del Senado, donde no prosperó el candidato preferido por el presidente. También hubo tensiones alrededor de otras negociaciones políticas y reproches por el ritmo al que avanzaban las iniciativas de la Casa de Nariño. En Colombia, como en casi cualquier sistema presidencial con un Parlamento fragmentado, un ministro del Interior se mide menos por los discursos que por algo bastante más prosaico: los votos que consigue reunir.
La destitución introduce así una corrección temprana en la arquitectura política del Gobierno. De la Espriella lleva apenas unas semanas en la Presidencia y ya ha acometido cambios relevantes en su gabinete, incluida anteriormente la salida de Viviane Morales del Ministerio de Educación.
Alejandro Ordóñez vuelve al centro del poder colombiano
El elegido para sustituir a Lara es una figura mucho más veterana —y también mucho más reconocible— de la política colombiana. Alejandro Ordóñez Maldonado fue procurador general de la Nación, magistrado y presidente del Consejo de Estado, magistrado del Tribunal Administrativo de Santander y concejal de Bucaramanga. También ejerció como representante de Colombia ante la OEA durante el Gobierno de Iván Duque.
Su regreso a Washington había sido muy reciente. Ordóñez había vuelto a ejercer como representante permanente de Colombia ante la OEA antes de que De la Espriella decidiera trasladarlo al corazón político del Ejecutivo. El movimiento cambia la diplomacia por una cartera donde cada votación parlamentaria puede convertirse en una pequeña prueba de resistencia.
Un perfil conservador y con larga trayectoria institucional
Ordóñez es uno de los dirigentes conservadores más conocidos del país. Durante su etapa al frente de la Procuraduría mantuvo posiciones muy críticas con el aborto, la eutanasia y otras reformas sociales, además de enfrentarse políticamente al proceso de paz con las FARC. Su perfil ideológico está, por tanto, bastante alejado de la discreción burocrática: su nombramiento marca una orientación política clara para una cartera destinada precisamente a negociar con fuerzas muy distintas entre sí.
Su trayectoria también contiene episodios controvertidos. El Consejo de Estado anuló en 2016 su reelección como procurador general al considerar que durante el procedimiento se había vulnerado el artículo 126 de la Constitución. Aquella sentencia puso fin anticipadamente a su segundo periodo al frente de la Procuraduría.
El nuevo ministro aterriza así con experiencia jurídica, diplomática y política, pero también con una biografía capaz de movilizar adhesiones y rechazos con facilidad. Para Interior puede ser una virtud o un problema; probablemente las dos cosas a la vez. La misión inmediata será bastante menos ideológica: recomponer las relaciones con el Congreso y evitar que los próximos proyectos del Ejecutivo tropiecen con la misma piedra parlamentaria.
Interior cambia de manos en plena batalla legislativa
Hasta que Ordóñez tome posesión, Iván Cancino, titular de Justicia, quedará encargado temporalmente del Ministerio del Interior. La transición se produce mientras el Gobierno intenta absorber el impacto del episodio presupuestario y mantener en marcha una agenda legislativa que necesita negociaciones constantes con las distintas bancadas.
No es un relevo menor. Interior concentra buena parte de la interlocución política del Ejecutivo, gestiona asuntos relacionados con el orden público y actúa como bisagra entre el Gobierno, el Congreso, los territorios y numerosos actores sociales. También tiene competencias sobre participación ciudadana, derechos fundamentales y relaciones con las entidades territoriales.
De la Espriella endurece su equipo político
La salida de Rodrigo Lara apenas 75 días después de asumir el cargo convierte el Ministerio del Interior en uno de los primeros grandes termómetros de las dificultades del nuevo Ejecutivo para asentarse en el Congreso. El fracaso del trámite presupuestario ha funcionado como detonante, aunque los problemas venían acumulándose desde semanas atrás.
Con Alejandro Ordóñez, De la Espriella apuesta por una figura de mayor peso político y larga experiencia institucional, además de mucho más definida ideológicamente. El movimiento transmite un mensaje bastante transparente: el presidente quiere reforzar la negociación parlamentaria después de un comienzo turbulento. Queda por comprobar si el nuevo ministro consigue convertir autoridad política en mayorías legislativas. Ahí, entre pasillos, llamadas y votaciones que a veces se deciden por un puñado de congresistas, se jugará buena parte de su estreno.
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