Tecnología
El dirigible solar de Sceye va de EE. UU. a Japón y vuelve en 30 días
El dirigible de Sceye completa un vuelo de casi 30.000 km entre Estados Unidos y Japón. La misión refuerza el interés por el nuevo hangar de Teruel.
Foto: Sceye.
Resumen
- Sceye recorre casi 30.000 km de EE. UU. a Japón y vuelve en 30 días
- El dirigible probó llamadas, internet y alertas desde la estratosfera
- Teruel construye un hangar de casi 40 millones para estas aeronaves
Un dirigible eléctrico alimentado por energía solar ha completado un vuelo de ida y vuelta entre Estados Unidos y Japón, recorriendo cerca de 30.000 kilómetros sin escalas y permaneciendo aproximadamente un mes en la estratosfera. La aeronave, desarrollada por la empresa estadounidense Sceye, ha demostrado que puede atravesar el océano Pacífico, mantenerse durante días sobre una zona determinada y ofrecer servicios de telecomunicaciones desde una altitud de casi 17 kilómetros.
La misión, denominada Service Test 1 (ST1), comenzó el 9 de agosto de 2026 en Nuevo México y concluyó a principios de septiembre. El logro tiene especial interés para España: Sceye contempla desarrollar operaciones desde el Aeropuerto de Teruel, donde se construye una gran instalación destinada a fabricar, ensamblar y operar dirigibles estratosféricos. El proyecto podría convertir a la ciudad aragonesa en uno de los centros europeos de esta tecnología.
El objetivo no era únicamente demostrar que un dirigible puede cruzar el Pacífico y regresar. Durante su estancia sobre Japón, la plataforma permitió realizar llamadas telefónicas, enviar mensajes, navegar por internet y transmitir vídeo a dispositivos convencionales. Todo ello desde una aeronave no tripulada que obtiene su energía de paneles fotovoltaicos y utiliza baterías para continuar funcionando durante la noche.
La operación fue desarrollada en colaboración con SoftBank, uno de los principales operadores japoneses de telecomunicaciones. Sus resultados, anunciados en septiembre y ampliados posteriormente con nuevos detalles técnicos, representan un avance hacia la utilización comercial de plataformas estratosféricas como complemento de las redes móviles terrestres y los satélites.
Un viaje de 30 días y casi 30.000 kilómetros sobre el Pacífico
El dirigible ST1 despegó desde las instalaciones de Sceye en Nuevo México el 9 de agosto de 2026. Tardó 13 días en llegar a Japón, después de recorrer más de 15.000 kilómetros siguiendo una trayectoria condicionada por los vientos de las capas altas de la atmósfera.
Una vez alcanzado el espacio aéreo japonés, la aeronave permaneció más de siete días realizando pruebas de comunicaciones. Durante parte de ese tiempo consiguió mantenerse cerca de una posición previamente establecida, con un radio de desviación de apenas cinco kilómetros.
Esta capacidad resulta especialmente importante. Un sistema pensado para proporcionar cobertura móvil o vigilar incendios forestales no necesita viajar continuamente de un continente a otro, sino permanecer sobre una región durante periodos prolongados.
Terminadas las pruebas, el dirigible emprendió el regreso a Estados Unidos. El 4 de septiembre volvió a entrar en el espacio aéreo continental estadounidense y el día 5 alcanzó las inmediaciones de Moriarty, en Nuevo México, donde la compañía efectuó comprobaciones adicionales antes de completar el descenso programado.
Sceye cifra el recorrido total en casi 30.000 kilómetros durante 30 días de misión. Fue su primer vuelo a Asia y el ensayo de mayor duración realizado hasta entonces con esta plataforma.
La travesía también puso a prueba sus sistemas de navegación automática. La aeronave tuvo que adaptarse a cambios meteorológicos y fuertes vientos durante una época especialmente complicada en el Pacífico por la actividad de los tifones.
Una torre de telefonía móvil situada a 17 kilómetros de altura
La principal utilidad de estos dirigibles no está en transportar pasajeros o mercancías. Sceye desarrolla lo que técnicamente se conoce como HAPS, siglas inglesas de sistemas de plataformas de gran altitud.
Son aeronaves diseñadas para trabajar en la estratosfera, por encima del tráfico aéreo comercial habitual y muy por debajo de los satélites.
En el caso de ST1, las operaciones de telecomunicaciones se realizaron a altitudes comprendidas entre 16,5 y 17 kilómetros. Desde esa posición, una antena puede dar servicio a un territorio considerablemente mayor que una estación terrestre convencional.
El dirigible transportaba una estación base de telefonía móvil conectada con la infraestructura de SoftBank. Sceye también desarrolla soluciones de conectividad estratosférica bajo la denominación SceyeCELL, concebidas para proporcionar cobertura desde estas plataformas.
Según las estimaciones de la compañía, una plataforma comercial completamente desarrollada podría proporcionar cobertura a una superficie equivalente a la atendida por unas 500 torres de telecomunicaciones terrestres. Se trata de una capacidad prevista para futuros despliegues, no de una cobertura comercial ya acreditada por este único vuelo.
Llamadas, internet y comunicaciones durante emergencias
Las pruebas realizadas con SoftBank fueron más allá de comprobar la recepción de una señal de radio. En una zona próxima a Muroto, en la prefectura japonesa de Kochi, se verificaron llamadas de voz, mensajes de texto, navegación por internet, videollamadas y reproducción de vídeo mediante teléfonos móviles convencionales.
La plataforma utilizó tecnología equivalente a 4G LTE, conectada a la infraestructura de red de SoftBank. Los dispositivos empleados no necesitaron modificaciones especiales para recibir el servicio.
También se probaron sistemas de avisos de emergencia, incluidas alertas relacionadas con terremotos y tsunamis, así como comunicaciones con drones y llamadas a los servicios de emergencia marítima japoneses.
Esta última aplicación tiene interés para los servicios de protección civil. Tras una catástrofe natural, las infraestructuras terrestres pueden quedar destruidas o sufrir cortes eléctricos. Una estación de comunicaciones situada en la estratosfera podría contribuir a restablecer temporalmente la cobertura mientras se reparan las redes convencionales.
Los ensayos incluyeron asimismo procesamiento de datos directamente a bordo. Sceye y SoftBank comunicaron una latencia media de ida y vuelta de 68 milisegundos en determinadas pruebas, con una reducción superior al 40 % respecto al procesamiento equivalente mediante servicios en la nube utilizados como referencia.
Es un resultado prometedor, aunque limitado a las condiciones técnicas de la demostración. La latencia de las comunicaciones es uno de los factores que deben mejorar estos sistemas para competir en aplicaciones que necesitan respuestas rápidas.
La misión permitió igualmente ensayar un sistema de seguimiento mediante láser desde tierra, desarrollado con participación de instituciones científicas japonesas. El experimento consiguió rastrear la posición de la aeronave y recibir las señales láser reflejadas por un dispositivo instalado a bordo, un paso previo hacia futuras comunicaciones ópticas entre plataformas estratosféricas, estaciones terrestres y satélites.
Cómo consigue funcionar un dirigible eléctrico durante un mes
La tecnología de Sceye combina principios aerostáticos conocidos desde hace más de un siglo con materiales modernos, propulsión eléctrica y navegación automatizada.
El dirigible utiliza helio para mantenerse en el aire. A diferencia de un avión, no necesita generar toda su sustentación mediante alas que se desplazan a gran velocidad.
Su estructura incorpora paneles solares en la parte superior, que producen electricidad durante las horas de luz. Esa energía alimenta los equipos embarcados y permite cargar las baterías utilizadas durante la noche.
La propulsión corre a cargo de motores eléctricos con hélices que permiten modificar la trayectoria y compensar, dentro de sus límites operativos, la fuerza del viento.
El aparato no depende, por tanto, de repostajes periódicos de combustible para mantener la propulsión eléctrica durante sus misiones estratosféricas. Su autonomía de vuelo depende de factores como la disponibilidad de energía solar, el consumo de sus sistemas y las condiciones meteorológicas.
El sistema de navegación también desempeña una función decisiva. Durante el viaje a Japón, el dirigible pudo ajustar automáticamente su movimiento a las condiciones atmosféricas y mantenerse temporalmente en zonas más favorables cuando las previsiones aconsejaban modificar la ruta.
La aeronave ensayada pertenece a una familia de plataformas cuyo desarrollo ha ido aumentando tanto el tamaño como la capacidad de transporte de equipos. Sceye trabaja con estructuras de aproximadamente 83 metros de longitud y contempla futuros modelos capaces de transportar cargas útiles de hasta 250 kilogramos.
La ventaja de operar en la estratosfera es que estas plataformas pueden permanecer durante largos periodos sobre una región, sin los costes propios de colocar y mantener un satélite en órbita.
Eso no significa que puedan sustituir a toda la infraestructura espacial o terrestre. Cada tecnología presenta limitaciones diferentes de cobertura, capacidad, energía y condiciones de funcionamiento.
Teruel prepara una instalación de casi 40 millones de euros
El éxito del vuelo tiene una conexión directa con Aragón. El Aeropuerto de Teruel está desarrollando una infraestructura industrial destinada a la fabricación, ensamblaje, mantenimiento y lanzamiento de dirigibles estratosféricos.
El proyecto contempla un hangar de aproximadamente 376 metros de longitud, 71 de anchura y más de 57 de altura, unas dimensiones extraordinarias para una instalación aeronáutica.
El complejo dispone de una superficie construida prevista de unas 2,66 hectáreas y contará con una plataforma exterior de operaciones de 300 por 220 metros.
La inversión adjudicada asciende a 39,77 millones de euros, sin IVA. La construcción corre a cargo de una unión temporal de empresas integrada por Aldesa Construcciones e Industria de Infraestructuras Ideconsa.
Las obras comenzaron oficialmente en marzo de 2025 y su finalización estaba prevista para finales de 2026 o principios de 2027. Las autoridades aragonesas habían planteado la posibilidad de que el complejo iniciase su actividad durante el primer trimestre de 2027, una previsión condicionada a la conclusión de los trabajos y a los procedimientos necesarios para su explotación.
Sceye figura entre las compañías interesadas en desarrollar operaciones desde Teruel. Alfredo Serrano, responsable regional de la empresa para Europa, Oriente Medio y África, ha destacado públicamente el éxito de la misión ST1 y la vinculación de la compañía con el proyecto turolense.
Conviene distinguir, sin embargo, entre el interés empresarial y la puesta en marcha efectiva. El vuelo entre Estados Unidos y Japón no despegó desde Teruel, ni supone que las operaciones comerciales desde el aeropuerto aragonés hayan comenzado.
Lo que demuestra es que la tecnología para la que se está preparando esta infraestructura ha superado una prueba de autonomía y navegación particularmente exigente.
El reto pendiente: pasar de los ensayos al servicio comercial
Sceye lleva años desarrollando plataformas estratosféricas. Antes del viaje a Japón había completado otros vuelos de larga duración, entre ellos una misión de 12 días desde Nuevo México hasta las proximidades de Brasil.
La nueva travesía incrementa considerablemente la distancia recorrida y permite comprobar un aspecto fundamental: la capacidad de transportar equipos de telecomunicaciones a otro continente, utilizarlos durante varios días y regresar manteniendo operativa la plataforma.
Sin embargo, un vuelo experimental satisfactorio no equivale todavía a una red comercial plenamente desplegada.
Para que estos dirigibles se conviertan en una infraestructura habitual será necesario demostrar una fiabilidad sostenida, asegurar el mantenimiento de las aeronaves, gestionar las autorizaciones del espacio aéreo y resolver los costes de fabricación y operación.
La integración con las redes móviles también plantea exigencias técnicas. Una plataforma situada a 17 kilómetros debe proporcionar cobertura estable, evitar interferencias y mantener las comunicaciones cuando cambian las condiciones atmosféricas.
SoftBank trabaja en el desarrollo comercial de estos sistemas a partir de 2027, aunque el calendario dependerá de nuevas pruebas, autorizaciones y acuerdos de explotación.
Su interés no se limita a las telecomunicaciones. Las aeronaves estratosféricas también podrían transportar instrumentos para observar incendios, detectar cambios ambientales, controlar recursos naturales o supervisar grandes extensiones de territorio durante periodos prolongados.
Una nueva oportunidad industrial para el aeropuerto de Teruel
La misión de Sceye pone de manifiesto que los dirigibles estratosféricos han dejado de ser únicamente una propuesta tecnológica sobre el papel. El vuelo de casi 30.000 kilómetros, la autonomía de aproximadamente un mes y las pruebas reales de conexión móvil ofrecen resultados concretos sobre los que desarrollar nuevos servicios.
También sitúa en perspectiva la apuesta de Teruel. Su gran hangar no está concebido para recuperar los antiguos dirigibles de pasajeros, sino para atender a una generación de plataformas eléctricas no tripuladas destinadas a las comunicaciones y la observación de la Tierra.
Todavía quedan obstáculos técnicos y comerciales importantes. La rentabilidad, la continuidad del servicio y la capacidad de operar a gran escala deberán demostrarse más allá de los vuelos experimentales.
Pero el avance es significativo: una aeronave alimentada por energía solar ha atravesado el Pacífico, ha funcionado como estación de telecomunicaciones sobre Japón y ha regresado a Estados Unidos. Mientras tanto, Teruel construye las instalaciones con las que aspira a participar en el desarrollo europeo de esta nueva industria aeronáutica.
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