Naturaleza
Fujimori alerta de un El Niño extremo en Perú: mar 5 grados más cálido
Perú afronta un El Niño excepcional con el mar hasta cinco grados más cálido, riesgo de inundaciones en la costa y una fuerte sequía en los Andes.
Por Galería del Ministerio de Defensa del Perú - “Damnificados de Carapongo recibieron desayuno preparado por el Ejército”, CC BY 2.0, Wikimedia Commons
Resumen
- Perú se prepara para un El Niño de intensidad excepcional
- El mar llega a estar cinco grados por encima de lo normal
- La costa teme inundaciones y los Andes afrontan una fuerte sequía
Perú se prepara para afrontar un fenómeno de El Niño de intensidad excepcional, con un calentamiento del océano que ha disparado las alertas ante el riesgo de lluvias torrenciales en la costa y una fuerte sequía en las zonas andinas. La presidenta, Keiko Fujimori, ha advertido de que la temperatura del mar llega a situarse cinco grados por encima de lo normal y ha descrito el escenario previsto para 2027 como «realmente dramático».
La señal no procede únicamente del discurso político. El sistema oficial peruano mantiene la alerta de El Niño Costero, mientras los indicadores internacionales muestran un Pacífico oriental extraordinariamente cálido. El escenario que se dibuja para los próximos meses combina temperaturas muy altas, precipitaciones intensas en parte de la costa y déficit de lluvias en el sur andino. Un cóctel incómodo, por decirlo suavemente.
El Gobierno peruano sostiene que los indicadores actuales rebasan los registrados antes de los grandes episodios de 1982-1983 y 1997-1998, dos fechas grabadas en la memoria del país por las inundaciones, los daños en carreteras, las pérdidas agrícolas y las enormes facturas económicas que dejaron tras de sí.
Perú entra en la fase más delicada de El Niño
El problema no es simplemente que el Pacífico esté caliente. Lo excepcional es la extensión y persistencia del calentamiento, capaz de alterar las lluvias a miles de kilómetros y de producir efectos muy diferentes en un territorio tan abrupto como Perú, donde costa, Andes y Amazonía funcionan casi como mundos climáticos distintos.
La comparación con 1982 y 1997 resulta inevitable, aunque conviene manejarla con cierta cautela. Dos episodios de El Niño pueden compartir una gran intensidad oceánica y, sin embargo, dejar impactos diferentes. Importa dónde se concentra el agua cálida, cómo responde la atmósfera, cuándo alcanza el fenómeno su máximo y, sobre todo, el grado de vulnerabilidad de las infraestructuras que encuentra a su paso.
Ahí está una parte decisiva de la historia. Un río limpio y protegido no responde igual que un cauce obstruido; una carretera reforzada soporta mejor la lluvia que otra construida sobre terreno inestable. La meteorología pone el agua. El resto, muchas veces, lo pone la preparación del país.
Cinco grados más: una cifra que exige contexto
Los cinco grados de anomalía mencionados por Fujimori no significan que todo el océano situado frente a Perú esté uniformemente cinco grados más caliente. Las anomalías varían según la zona, la profundidad y el momento de la medición. Aun así, la señal térmica registrada en el Pacífico oriental es extraordinariamente elevada.
Los datos climáticos internacionales de octubre muestran anomalías superiores a cuatro grados en sectores del Pacífico ecuatorial oriental. En la región Niño 1+2, situada frente a Perú y Ecuador y especialmente relevante para los efectos del llamado Niño Costero, el indicador se ha aproximado también a valores extremos.
El fenómeno global continúa fortaleciéndose y las previsiones mantienen una probabilidad elevada de que persista con una intensidad fuerte o muy fuerte durante buena parte del invierno boreal, coincidiendo con los meses del verano austral que más preocupan a Perú.
Lluvias en la costa y sequía en los Andes
El Niño tiene una desagradable costumbre: repartir el agua con muy poco sentido de la justicia. Mientras unas regiones pueden recibir precipitaciones extraordinarias, otras pasan meses mirando un cielo limpio que debería traer lluvia. En Perú, las proyecciones apuntan a lluvias superiores a lo normal en la costa norte y central durante el verano de 2026-2027.
Eso eleva el riesgo de inundaciones, desbordamientos y activación de quebradas, sobre todo en territorios donde los cauces atraviesan ciudades, cultivos e infraestructuras sensibles. El agua no necesita una tormenta bíblica para causar daños: basta una lluvia persistente sobre un suelo saturado y un punto crítico mal protegido.
En el otro extremo aparece la región andina sur. Allí el riesgo es casi el contrario, con una previsión de lluvias inferiores a lo normal y la posibilidad de una sequía intensa que afecte a cultivos, ganadería, reservas de agua y comunidades que dependen directamente de las precipitaciones estacionales.
También existen señales de caudales normales o inferiores en zonas vinculadas a la Amazonía y el Titicaca. Agua de sobra junto al Pacífico; agua escasa montaña arriba. El Niño, desde luego, nunca ha destacado por su equilibrio geográfico.
Tumbes, Piura y Lambayeque, en primera línea
La costa norte concentra buena parte de la inquietud. Fujimori ha señalado Tumbes, Piura y Lambayeque como territorios prioritarios y ha anunciado una supervisión directa de los trabajos de limpieza y despeje de cauces. Son regiones históricamente castigadas cuando el mar se calienta de forma intensa.
El riesgo no pertenece únicamente al terreno de las simulaciones. Cerca de 200 familias de Tumbes, asentadas en zonas próximas al río Zarumilla, han sido señaladas como especialmente vulnerables ante posibles inundaciones. En algunos sectores se han detectado carencias en las actuaciones preventivas y en las defensas frente a eventuales desbordamientos.
Ese ejemplo ayuda a entender por qué las cifras oceánicas terminan convirtiéndose en un problema humano. Una anomalía de temperatura parece abstracta hasta que significa barro dentro de una vivienda, una carretera cortada o una familia trasladada a un albergue.
Perú identifica 1.800 puntos de riesgo
El Gobierno peruano calcula que existen alrededor de 1.800 puntos vulnerables en todo el país. De ellos, 536 han sido considerados prioritarios y, según las autoridades, las labores de limpieza de cauces y prevención ante deslizamientos y avalanchas presentan un avance cercano al 70 %.
La cifra permite leer la situación de dos maneras. Hay intervenciones en marcha, pero también quedan centenares de lugares donde un río obstruido, una quebrada inestable o una carretera mal protegida pueden convertir una lluvia intensa en una emergencia. El agua suele encontrar con una eficacia admirable las debilidades que la administración dejó pendientes.
El Ejecutivo prevé habilitar albergues para unas 30.000 personas en regiones vulnerables, instalar hospitales de campaña en Tumbes, Piura y Lambayeque y desplegar cinco buques de la Marina en distintas ciudades portuarias como parte del dispositivo de respuesta.
Estados Unidos tiene previsto enviar además un buque hospital con capacidad anunciada para un millar de camas, cuya llegada está prevista entre enero y febrero, mientras Japón facilitará maquinaria que deberá llegar al puerto del Callao. La preparación, en definitiva, ya ha adquirido dimensión internacional.
También hay una factura presupuestaria considerable. Fujimori ha anunciado la intención de elevar el fondo de contingencia a 10.000 millones de soles, unos 2.900 millones de dólares, y ha solicitado al Congreso un crédito suplementario superior a 8.200 millones de soles.
El precedente de 1982 y 1997 explica el temor
Perú tiene razones históricas para tomarse muy en serio estas anomalías. El Niño de 1982-1983 provocó daños estimados en unos 3.283 millones de dólares, mientras que el episodio de 1997-1998 dejó pérdidas valoradas en aproximadamente 3.500 millones. En relación con el tamaño de la economía de entonces, el primero fue particularmente destructivo.
El fenómeno de 1997-1998 destrozó cientos de puentes, centros educativos, viviendas y kilómetros de carreteras. Más de medio millón de personas resultaron damnificadas. Esa es la memoria material de El Niño en Perú: asfalto arrancado, cultivos anegados y pueblos aislados, no solamente mapas coloreados en una pantalla.
Los episodios más recientes también han recordado que no hace falta repetir exactamente el patrón de aquellos grandes eventos para causar problemas graves. El comportamiento del Niño Costero, concentrado cerca de Perú y Ecuador, puede disparar lluvias intensas en la costa norte incluso cuando otros indicadores del Pacífico evolucionan de manera diferente.
La pesca constituye otro frente delicado. El calentamiento modifica la distribución de especies y puede empujar a la anchoveta, una pieza esencial de la industria pesquera peruana, hacia aguas más profundas o próximas al litoral. Al mismo tiempo aparecen con mayor frecuencia especies asociadas a aguas cálidas. El océano cambia de aspecto sin mover una sola frontera.
El verano de 2027 será la prueba decisiva
Las previsiones disponibles colocan el tramo más delicado entre los últimos meses de 2026 y el verano austral de 2027. El Niño continúa fortaleciéndose y los modelos mantienen una elevada probabilidad de un episodio fuerte o muy fuerte durante el periodo que abarca los primeros meses del próximo año.
Para Perú, el peligro tiene dos nombres y dos geografías. Inundaciones en buena parte de la costa; sequía en sectores de los Andes. Entre ambas queda un país que conoce perfectamente el fenómeno y que dispone, esta vez, de meses de advertencia para reforzar cauces, carreteras, hospitales y sistemas de emergencia.
Ese margen será la verdadera prueba. Un pronóstico puede avisar con antelación, pero no limpia un río, no consolida un puente ni mueve una vivienda levantada en una zona inundable. Con el Pacífico extraordinariamente cálido y 2027 acercándose, la magnitud final del desastre dependerá tanto del cielo y del mar como de lo que Perú consiga hacer antes de que empiece a llover de verdad.
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