Economía
La fotovoltaica pierde 12.000 empleos pese al récord solar de España
La fotovoltaica española recorta 12.000 empleos mientras bate récords de potencia, presionada por precios bajos, menor autoconsumo y márgenes.
Resumen
- La fotovoltaica perdió 12.056 empleos pese al récord de nueva potencia
- Los precios solares más bajos estrechan márgenes y frenan contrataciones
- Baterías y mayor consumo eléctrico serán decisivos para recuperar empleo
La fotovoltaica española ha entrado en una fase bastante menos cómoda que la de los años del gran despegue. El sector cerró 2025 con 134.708 empleos directos, indirectos e inducidos, frente a los 146.764 contabilizados un año antes. La diferencia, 12.056 puestos de trabajo, dibuja un ajuste laboral llamativo precisamente porque llega mientras España sigue instalando paneles solares a un ritmo extraordinario.
No se han dejado de colocar placas. Más bien ocurre lo contrario. Durante 2025 se incorporaron 10.105 MW de nueva potencia fotovoltaica, con un fuerte crecimiento de las grandes plantas en suelo. España se situó como el segundo mayor mercado fotovoltaico de la Unión Europea. El pinchazo, por tanto, no es tecnológico ni responde a una desaparición de la demanda eléctrica solar: está en las cuentas de las empresas, en los márgenes y, finalmente, en las plantillas.
España instala más fotovoltaica, pero el empleo retrocede
La contradicción parece extraña a primera vista. Un sector instala más capacidad, gana peso en el sistema eléctrico y, aun así, destruye empleo. Pero ahí está precisamente el cambio de ciclo.
Durante los años de electricidad cara, especialmente tras la crisis energética desencadenada en Europa en 2022, la fotovoltaica vivió una expansión acelerada. Familias, industrias y empresas buscaban reducir facturas; proliferaron instaladoras, promotores, ingenierías y nuevos proyectos. Las plantillas crecieron con esa marea.
Después llegó otra fotografía. La electricidad se abarató en muchas horas, el autoconsumo residencial perdió parte del vértigo inicial y la propia abundancia de producción solar comenzó a presionar los ingresos de los productores. Mucho sol, mucha generación y precios muy bajos justo cuando producen las plantas. Una paradoja bastante menos poética de lo que parece cuando hay nóminas y créditos detrás.
El ajuste tampoco se ha repartido por igual. Los productores pasaron de unos 67.335 empleos vinculados a su actividad en 2024 a 59.914 en 2025. Las ingenierías e instaladores bajaron de 36.103 a 32.483. Es decir, buena parte del recorte se concentra precisamente en dos de los pilares del crecimiento fotovoltaico de los últimos años.
El precio del sol se desploma en las horas centrales
Aquí aparece el problema que está cambiando la economía de la fotovoltaica española: la llamada canibalización de precios. El término suena feroz, pero describe algo sencillo. Muchas plantas solares generan electricidad prácticamente al mismo tiempo, sobre todo durante las horas centrales del día. Cuando la oferta se dispara y el consumo no aumenta en la misma proporción, el precio mayorista cae.
La energía sigue siendo valiosa para el sistema y abarata el mercado para consumidores y empresas, pero cada instalación fotovoltaica puede cobrar menos por cada megavatio hora vendido. El éxito colectivo de la tecnología reduce, de algún modo, el valor de su propia producción.
El precio capturado por las instalaciones fotovoltaicas pasó de 42,28 euros por MWh en 2024 a 36,39 euros en 2025. En el primer semestre de 2026 había descendido todavía más, hasta 29,68 euros por MWh. La tendencia explica bastante mejor el momento del sector que cualquier discusión sobre si en España hay demasiados o pocos paneles.
Casi 900 horas con precios cero o negativos
Hay otro dato especialmente gráfico. Durante 2025 se contabilizaron 797 horas con precios iguales o inferiores a cero y una generación fotovoltaica significativa. En 2026 esa cifra ya se había alcanzado el 7 de julio y rondaba las 900 horas a comienzos de septiembre.
Para un consumidor, ver electricidad muy barata a determinadas horas es una buena noticia. Para una planta que necesita recuperar una inversión durante dos o tres décadas, cobrar casi nada precisamente cuando más produce resulta bastante más incómodo.
Es la célebre curva del pato del sistema eléctrico: la producción solar aplasta la demanda que debe cubrir el mercado durante el día y obliga a recuperar rápidamente otras fuentes cuando cae el sol. Una gráfica con nombre simpático y consecuencias financieras bastante serias.
El autoconsumo doméstico también ha perdido velocidad
La otra pieza del ajuste está en los tejados. El autoconsumo continúa creciendo en España, pero ya no mantiene las tasas explosivas de los años posteriores a la crisis energética.
En 2025 se instalaron 1.139 MW nuevos de autoconsumo, un 3,7% menos que en 2024. El frenazo resulta más visible entre los hogares: 36.330 viviendas incorporaron sistemas fotovoltaicos, con 229 MW adicionales, un 17% menos de potencia residencial nueva que durante el ejercicio anterior.
Para el propietario de una vivienda la ecuación también ha cambiado. Con recibos eléctricos menos extremos que en 2022, el período necesario para amortizar una instalación puede alargarse. A eso se suman el final o la incertidumbre de algunos incentivos fiscales, la tramitación administrativa y un mercado que pasó de la fiebre inicial a una fase bastante más madura.
No significa que el autoconsumo haya dejado de tener sentido. Significa algo más prosaico: ya no se vende prácticamente solo. Las instalaciones industriales siguen mostrando fortaleza y las empresas continúan encontrando ventajas claras cuando pueden consumir directamente una gran parte de la electricidad generada.
Menos euforia y empresas obligadas a ajustar costes
La consecuencia laboral resulta bastante lógica. Durante el auge nacieron empresas, se ampliaron equipos comerciales, aumentaron las cuadrillas de instalación y se contrataron perfiles técnicos a toda velocidad. Cuando las ventas residenciales se moderan y los márgenes de los productores se estrechan, una parte de aquella estructura queda sobredimensionada.
Ese proceso permite entender por qué puede crecer la potencia instalada mientras cae el empleo. Las grandes plantas incorporan muchos megavatios con una intensidad laboral distinta a la de miles de pequeñas instalaciones repartidas por viviendas y comercios. Un gran parque solar no genera la misma cadena de trabajo permanente por megavatio que una multitud de obras pequeñas.
La fotovoltaica domina pese al golpe laboral
Conviene no confundir la crisis de rentabilidad de determinadas empresas con un declive de la energía solar. Son dos cosas distintas.
En septiembre de 2026, la fotovoltaica alcanzó un 26,3% de la generación eléctrica española y encadenó su sexto mes consecutivo como principal tecnología del mix. Es decir, mientras se ajustan plantillas y cuentas empresariales, las placas producen más electricidad que nunca y ocupan el centro del sistema energético español.
El sector mantuvo además un peso económico considerable durante 2025: aportó 9.841 millones de euros al PIB, generó una huella económica estimada en 14.121 millones, exportó por 3.208 millones e invirtió 473 millones en investigación, desarrollo e innovación. No es precisamente una industria residual buscando una salida. El problema está en cómo transformar toda esa producción barata en actividad económicamente sostenible.
Baterías y más consumo eléctrico para absorber el sol
La respuesta empieza a desplazarse desde la construcción pura de nuevas plantas hacia el almacenamiento y la electrificación. Si sobra electricidad al mediodía, una batería permite guardarla y venderla o consumirla varias horas después. Parece obvio. Hasta hace poco, sin embargo, los costes y la regulación hacían mucho más difícil cerrar esa cuenta.
El almacenamiento situado detrás del contador creció un 65% durante 2025, con 540 MWh nuevos y un acumulado de 2.745 MWh desde 2022. Al mismo tiempo avanzan proyectos de baterías a gran escala, aunque una parte considerable sigue esperando permisos, conexión o una estructura económica suficientemente atractiva.
También importa consumir más electricidad precisamente donde y cuando existe abundancia renovable. Industria, vehículos eléctricos, bombas de calor, hidrógeno, centros de datos y sistemas de almacenamiento pueden aumentar esa demanda. Sin ese acompañamiento, instalar potencia sin incrementar los usos eléctricos acaba produciendo una escena conocida: más placas compitiendo por vender durante las mismas horas.
La patronal fotovoltaica reclama por ello cambios en el mercado eléctrico, una mayor remuneración de determinados servicios al sistema y financiación mediante créditos ICO para proyectos que atraviesan problemas de liquidez. No deja de ser revelador: después de una primera etapa dedicada a conseguir que España instalara renovables, el debate se ha trasladado a cómo conseguir que sean rentables una vez instaladas.
El siguiente cuello de botella ya no está en los paneles
Los 12.000 empleos perdidos muestran el reverso de una transformación energética que ha avanzado más deprisa en generación que en consumo, almacenamiento y adaptación del mercado. España ha demostrado que sabe instalar fotovoltaica en grandes cantidades. Eso, a estas alturas, casi ha dejado de ser la parte difícil.
El reto aparece cuando el sol llena la red al mediodía, hunde los precios y obliga a productores e instaladores a trabajar con márgenes más estrechos. La fotovoltaica española no está retrocediendo; está chocando con los límites de su propio éxito.
De cómo evolucionen las baterías, el autoconsumo, la electrificación industrial y la demanda durante las horas solares dependerá que ese enorme parque fotovoltaico vuelva a traducirse también en inversión rentable y empleo. Porque poner placas era la primera parte. Hacer que toda esa electricidad encuentre comprador en el momento adecuado es la segunda, y probablemente sea bastante más complicada.
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