Economía
La solar evitó que la electricidad mayorista fuese un 86% más cara
Un estudio de UNEF calcula que, sin fotovoltaica, el precio mayorista habría subido de 60,2 a 112 €/MWh entre enero de 2025 y junio de 2026.
Resumen
- Sin solar, el mercado mayorista habría sido un 86% más caro
- UNEF estima un ahorro de 17.021 millones de euros en 18 meses
- El efecto se nota en el mercado, pero no se traslada igual a cada recibo
La expansión de la energía solar está dejando una huella bastante más tangible que los campos de paneles junto a las autovías. Entre enero de 2025 y junio de 2026, el precio medio de la electricidad en el mercado diario español fue de 60,2 euros por megavatio hora (€/MWh). Sin generación fotovoltaica, habría alcanzado unos 112 €/MWh, según una simulación de la Unión Española Fotovoltaica (UNEF). Dicho de otra forma: sin solar, el mercado mayorista habría sido un 86% más caro.
La diferencia es enorme y UNEF la traduce en 17.021 millones de euros de ahorro estimado para la demanda eléctrica durante esos 18 meses: 10.863 millones en 2025 y otros 6.158 millones durante el primer semestre de 2026. Conviene poner desde el principio una raya bajo la palabra “estimado”. No son 17.021 millones ingresados en las cuentas corrientes de los hogares ni una rebaja idéntica en cada recibo. El cálculo mide fundamentalmente lo que habría sucedido en el mercado mayorista sin la aportación solar.
Cómo consigue la fotovoltaica abaratar el precio de la electricidad
El mecanismo tiene menos misterio del que parece. En el mercado diario, las centrales presentan sus ofertas para producir electricidad y estas se ordenan hasta cubrir la demanda prevista. Las tecnologías con costes variables muy bajos, como la solar fotovoltaica, pueden entrar con precios reducidos y desplazar a otras fuentes más caras que, de otro modo, serían necesarias para satisfacer el consumo.
Ahí está buena parte del efecto. Cuanta más electricidad solar entra durante determinadas horas, menos generación cara necesita el sistema. Y como el mercado eléctrico funciona mediante un sistema de casación marginal, retirar una tecnología barata no implica simplemente sustituir sus megavatios hora uno por uno: puede obligar a recurrir a centrales situadas bastante más arriba en la curva de precios.
UNEF ha tratado precisamente de reconstruir ese mundo paralelo. Su estudio reproduce la casación del mercado eliminando la producción de las plantas fotovoltaicas y la energía aportada por las instalaciones de autoconsumo, incorporando después la respuesta del resto de tecnologías. El resultado medio es ese salto de 60,2 a 112 €/MWh.
Hay una pequeña aparente paradoja matemática que merece explicación. Decir que la fotovoltaica reduce un 46% el precio respecto al escenario sin solar y decir que, sin ella, el precio sería un 86% mayor son afirmaciones compatibles. Cambia la base sobre la que se calcula el porcentaje: pasar de 112 a 60,2 supone aproximadamente una caída del 46%; recorrer el camino inverso, de 60,2 a 112, implica subir alrededor de un 86%.
Junio de 2026 muestra hasta dónde puede llegar la diferencia
El promedio de año y medio es contundente, pero algunos meses enseñan mejor el mecanismo. En junio de 2026, el mercado diario registró un precio medio de 69,6 €/MWh. La simulación de UNEF calcula que, sin la generación fotovoltaica y el autoconsumo, habría alcanzado 162,7 €/MWh. Más del doble.
La explicación está en las horas de máxima irradiación. Cuando miles de instalaciones producen simultáneamente bajo el sol del mediodía, la oferta de electricidad barata aumenta con rapidez. Eso hunde el precio de determinadas franjas y, algunas jornadas, genera incluso cotizaciones próximas a cero. El sol, al menos de momento, no manda factura por el combustible.
Este fenómeno tiene también una cara menos cómoda para el propio sector. Los precios muy bajos precisamente cuando las plantas solares producen más reducen sus ingresos de mercado, el conocido como efecto de canibalización. De ahí que almacenamiento, baterías, electrificación industrial y desplazamiento del consumo hacia las horas solares hayan pasado de ser asuntos secundarios a convertirse en piezas centrales de la siguiente etapa renovable. Los precios cada vez menores durante las horas solares pueden desincentivar nuevas inversiones si no aumenta la demanda flexible y el almacenamiento.
El autoconsumo también baja el mercado para quien no tiene placas
Uno de los aspectos menos intuitivos del estudio afecta a los tejados. Instalar paneles en una vivienda o una fábrica proporciona un ahorro directo a su propietario porque compra menos energía a la red, pero también puede influir en el precio que pagan los demás.
La razón vuelve a estar en el funcionamiento del mercado. Si miles de hogares, comercios e industrias producen parte de su electricidad, disminuye la demanda que debe atender el sistema. Con menos megavatios por comprar, puede dejar de ser necesario recurrir a las ofertas más caras. UNEF atribuye al autoconsumo 2.791 millones de euros del ahorro calculado durante el periodo analizado. Los otros 14.230 millones corresponderían a las grandes plantas fotovoltaicas conectadas a la red.
No es precisamente una aportación marginal: el autoconsumo explica alrededor de una sexta parte del efecto económico que estima el informe, aunque su producción resulte mucho menos visible que la de los grandes parques solares.
La solar ya ocupa una parte central del sistema eléctrico español
El impacto sobre los precios sería difícil de entender sin mirar cuánto ha crecido esta tecnología. Durante 2025, la fotovoltaica produjo en España 50.188 GWh, un 12,5% más que el año anterior, y alcanzó un récord del 18,4% de toda la generación eléctrica nacional.
Al añadir la producción estimada de las instalaciones de autoconsumo, su peso subió hasta aproximadamente el 21,3% del mix eléctrico, por delante de cualquier otra tecnología en ese cálculo ampliado. La potencia fotovoltaica instalada superaba al terminar 2025 los 41.500 MW conectados al sistema y rebasaba los 49.500 MW al incorporar el autoconsumo. La transformación ha sido rápida: la solar representa ya alrededor de un tercio de la capacidad de generación instalada cuando se incluyen esos tejados industriales y domésticos.
Esa escala explica por qué retirar virtualmente toda la fotovoltaica de una simulación no provoca un pequeño movimiento de precios, sino una sacudida. España tendría que sustituir decenas de miles de gigavatios hora producidos sin comprar gas, carbón o uranio por otras tecnologías disponibles, importaciones o una combinación de ambas.
Un 86% más en el mercado mayorista no significa un 86% más en la factura
Aquí conviene bajar el volumen de los eslóganes. El estudio procede de UNEF, la asociación empresarial del sector fotovoltaico, y trabaja con un escenario contrafactual: calcula qué habría sucedido si una tecnología que existe y condiciona todo el mercado simplemente desapareciese de él.
La metodología reproduce las ofertas registradas en el mercado y contempla la reacción del resto de tecnologías, pero tiene límites reconocidos por sus propios autores. No incorpora las restricciones técnicas, los servicios de ajuste ni los contratos a plazo, elementos que también forman parte del coste eléctrico. Y para tecnologías como los ciclos combinados de gas o la hidráulica utiliza como referencia sus ofertas reales, aunque en un mercado radicalmente distinto probablemente modificarían su comportamiento.
Es una diferencia importante. El resultado permite estimar el llamado efecto depresor de la solar sobre el mercado diario, pero no reconstruir con absoluta precisión cómo habría funcionado España durante año y medio sin un solo panel fotovoltaico.
Tampoco puede trasladarse el 86% directamente al recibo. La factura de un hogar incluye, además de la energía, peajes, cargos, impuestos y otros componentes; y el grado de exposición al mercado diario cambia según se tenga una tarifa regulada, indexada o un contrato a precio fijo. La bajada del mercado mayorista acaba filtrándose por el sistema, sí, pero no entra en todas las facturas con la misma velocidad ni con la misma intensidad.
Los 17.021 millones explican también la nueva paradoja energética
UNEF sostiene incluso que, por cada euro invertido en fotovoltaica, la sociedad obtiene ocho euros de ahorro en el precio de la electricidad. Es otra estimación que debe leerse dentro de los parámetros del estudio, pero sirve para mostrar la dimensión que ha adquirido el llamado efecto precio de las renovables.
La cuestión empieza a ser distinta a la de hace una década. España ya no discute únicamente cómo instalar más megavatios solares. Empieza a enfrentarse al problema de aprovecharlos mejor. Mucha producción concentrada a mediodía puede abaratar extraordinariamente esas horas y, al mismo tiempo, dejar al sistema necesitado de energía más cara cuando cae el sol.
Ahí entran las baterías, el bombeo hidráulico, las interconexiones y la gestión de la demanda, junto a una industria capaz de consumir más electricidad en las horas baratas. El desafío consiste en llevar parte de ese sol de las dos de la tarde hasta las nueve de la noche, aunque sea metafóricamente. Almacenar energía barata cuando sobra y liberarla cuando escasea puede reducir tanto los picos de precios como la dependencia de centrales fósiles en las horas sin producción fotovoltaica.
Una electricidad más barata, pero no por arte de magia
El estudio deja una fotografía difícil de ignorar: durante los 18 meses analizados, la fotovoltaica modificó de forma profunda el precio mayorista de la electricidad española. El escenario calculado sin solar habría llevado el promedio desde los 60,2 €/MWh registrados hasta 112 €/MWh, con una diferencia acumulada estimada en 17.021 millones de euros.
No significa que cada familia haya ahorrado un 46% en su recibo ni que puedan atribuirse a la solar todos los movimientos del mercado eléctrico. Gas, viento, agua disponible en los embalses, demanda, interconexiones y precios internacionales siguen entrando cada día en la ecuación.
Pero el viejo retrato de las renovables como una tecnología que simplemente cuesta dinero instalar se ha quedado corto. Con casi uno de cada cinco kilovatios hora generado por la fotovoltaica en 2025, sin contar el autoconsumo, el sol se ha convertido también en uno de los grandes formadores indirectos del precio eléctrico español.
Y ahí está quizá el dato más importante detrás del 86%: la fotovoltaica ya no es un añadido decorativo al sistema eléctrico. Es una de las piezas que determinan cuánto cuesta ponerlo en marcha cada día.
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