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Israel reabre gradualmente la entrada de mercancías comerciales a Gaza

Israel reactiva de forma gradual la entrada de mercancías comerciales en Gaza tras cuatro días de bloqueo y con controles financieros más estrictos.

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Un mercado de fruta en Gaza

Imagen: Jaber Jehad Badwan / CC BY-SA 4.0.

Resumen

  • Israel reanuda gradualmente la entrada de mercancías comerciales en Gaza
  • El flujo vuelve tras cuatro días de suspensión y con controles reforzados
  • Los bienes esenciales para el invierno tendrán prioridad en la reapertura

Israel ha anunciado la reanudación gradual de la entrada de mercancías comerciales en Gaza después de cuatro días de suspensión de unos suministros que resultan esenciales para mantener abastecidos los mercados del enclave palestino. La reapertura no será inmediata ni completa: el flujo se recuperará progresivamente y con prioridad para alimentos y otros productos considerados básicos ante la proximidad del invierno.

El Coordinador de Actividades Gubernamentales en los Territorios, conocido como COGAT, vincula la decisión al fin de las condiciones económicas que, según Israel, Hamás había impuesto a determinados comerciantes. El principal punto de fricción era un pago de 10.000 séqueles por camión, unos 3.200 dólares, cuya naturaleza ha provocado versiones frontalmente opuestas entre las partes.

La medida supone un alivio para una población que depende tanto de la ayuda humanitaria como de la actividad comercial privada para acceder a alimentos, ropa y otros bienes cotidianos. Cuatro días pueden parecer poco desde fuera. En Gaza, con una red logística dañada, poco margen de almacenamiento y una economía sometida a una presión extraordinaria, bastan para alterar precios y disponibilidad.

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Las mercancías volverán a entrar en Gaza de forma gradual

La reapertura no implica recuperar de golpe el volumen de mercancías anterior al parón. Israel ha indicado que la coordinación se restablecerá progresivamente y que durante la primera fase tendrán preferencia los productos esenciales para la población y los suministros necesarios para afrontar el invierno.

El movimiento va bastante más allá de abrir o cerrar un paso fronterizo. Los cargamentos comerciales complementan la asistencia internacional y alimentan buena parte de los mercados en los que compran las familias gazatíes. Cuando esa cadena se interrumpe, el impacto se percibe rápido: menos productos disponibles, mayor presión sobre determinados alimentos y precios que empiezan a subir.

Durante los cuatro días de suspensión siguió llegando ayuda humanitaria y también una cantidad limitada de mercancías procedentes de Egipto a través de pasos sometidos al control israelí. Sin embargo, el circuito comercial habitual quedó seriamente reducido. Para alrededor de dos millones de habitantes, muchos desplazados y con infraestructuras básicas destruidas o dañadas, el margen es mínimo.

Israel refuerza el control sobre los pagos de los comerciantes

COGAT sostiene que los propios comerciantes comunicaron la retirada de la exigencia de pagar 10.000 séqueles por cada camión. Según la versión israelí, ese cambio ha permitido recuperar la coordinación necesaria para que las importaciones privadas vuelvan a cruzar hacia Gaza.

El sistema regresará, eso sí, acompañado de controles financieros más estrictos. Israel pretende que los pagos vinculados a estas operaciones se realicen mediante transferencias bancarias documentadas. Los comerciantes que sean identificados entregando dinero a Hamás podrían quedar excluidos del mecanismo y perder la autorización necesaria para introducir mercancías.

Ahí está uno de los puntos más delicados del episodio. Israel presenta la cantidad reclamada como una tasa impuesta por Hamás sobre el comercio privado. Las autoridades gazatíes sostienen otra cosa: aseguran que se trataba de una aportación voluntaria a un fondo de ayuda destinado, entre otros colectivos, a viudas, huérfanos y familias necesitadas.

Las dos versiones chocan sin demasiadas zonas grises. Y el resultado, al final, termina viéndose lejos de los despachos: en los puestos de verduras, las pequeñas tiendas y los bolsillos de una población que tiene muy poco margen para absorber otro encarecimiento.

El corte había empezado a presionar los precios en Gaza

La suspensión de los cargamentos comerciales ya estaba dejando huella en algunos mercados. Determinados alimentos frescos registraron fuertes aumentos de precio durante los días de interrupción. Las patatas, por ejemplo, llegaron a pasar de unos nueve séqueles el kilo a alrededor de 16 en algunos puntos.

No toda subida puede atribuirse exclusivamente al cierre. La escasez de efectivo, la especulación, los problemas de transporte y la destrucción de infraestructuras siguen condicionando una economía que funciona desde hace tiempo en circunstancias excepcionales. Pero cortar una de las principales vías de abastecimiento añade presión a un sistema que apenas conserva colchón.

La conservación de carne, fruta o verdura es especialmente complicada porque buena parte de la red eléctrica y de refrigeración quedó dañada durante la guerra. Muchos establecimientos trabajan prácticamente al día: el producto entra, se reparte y se vende. No existe una gran reserva capaz de compensar durante semanas una interrupción del suministro.

La ayuda humanitaria no sustituye al comercio privado

La crisis ha vuelto a poner de relieve una diferencia que suele perderse cuando se habla genéricamente de camiones entrando en Gaza. La ayuda internacional y las mercancías comerciales no cumplen exactamente la misma función ni transportan necesariamente los mismos productos.

La asistencia humanitaria proporciona harina, alimentos básicos, material sanitario y otros bienes de primera necesidad. El comercio privado introduce buena parte de la variedad que permite funcionar a los mercados: frutas, verduras, carne, ropa y productos de consumo cotidiano. Una vía puede aliviar la falta de la otra durante un tiempo, pero no sustituirla por completo.

Antes de esta interrupción, el flujo combinado de ayuda y comercio continuaba por debajo de las cantidades contempladas en los acuerdos alcanzados durante el alto el fuego. Durante el parón comercial, Israel calculaba que el número total de camiones que entraban diariamente en Gaza podía caer hasta alrededor de 300 vehículos.

La cantidad efectiva de suministros que atraviesa los pasos ha sido motivo constante de discrepancia entre Israel, organizaciones internacionales y operadores locales. En Gaza, contar camiones no es simplemente una cuestión estadística: cada diferencia acaba traduciéndose en disponibilidad de comida, material sanitario o bienes básicos.

La situación nutricional sigue siendo extremadamente frágil

La reapertura se produce en un territorio donde los avances frente a la desnutrición continúan siendo muy vulnerables a cualquier interrupción. UNICEF ha advertido de que el suministro debe mantenerse estable y previsible para evitar que unos pocos días de bloqueo reviertan mejoras conseguidas con enormes dificultades.

La situación alimentaria continúa siendo grave. Solo una parte de los niños menores de dos años alcanza niveles adecuados de diversidad en la dieta, mientras que la desnutrición crónica sigue afectando a una proporción considerable de menores de cinco años.

A ello se suma el invierno. Cientos de miles de niños permanecen desplazados y muchas familias viven en tiendas de campaña, refugios improvisados o edificios dañados. En esas circunstancias, la llegada de mantas, ropa, alimentos y materiales básicos deja de ser una cuestión logística para convertirse en una necesidad diaria.

El alto el fuego sigue bajo una fuerte tensión

La reanudación de las mercancías comerciales llega en un escenario que continúa lejos de cualquier normalidad. El alto el fuego alcanzado en octubre de 2025 redujo la intensidad de los combates y facilitó una mayor entrada de suministros, pero no terminó con los ataques ni con las acusaciones mutuas de incumplimiento.

Las autoridades sanitarias de Gaza han informado de nuevas víctimas palestinas en ataques registrados en diferentes zonas del enclave. Israel acusa a Hamás de continuar rearmándose y de mantener actividades incompatibles con el acuerdo, mientras Hamás sostiene que las operaciones militares israelíes vulneran los términos de la tregua.

Ese contexto explica por qué una disputa aparentemente comercial —una tasa, unos permisos, unas transferencias— adquiere inmediatamente dimensión política y humanitaria. Detrás de cada camión hay controles, negociaciones y acusaciones. Dentro, sin embargo, viajan cosas bastante menos abstractas: tomates, harina, aceite, ropa o carne. Productos corrientes en un lugar donde la normalidad sigue siendo escasa.

Una reapertura que alivia la presión, pero mantiene la incertidumbre

El regreso de las mercancías comerciales reduce el riesgo de que el parón provoque nuevas subidas de precios y una mayor escasez de determinados productos. Es una mejora concreta para los mercados de Gaza, especialmente si el flujo consigue mantenerse de forma regular durante los próximos días.

Pero la decisión israelí llega acompañada de condiciones, controles financieros reforzados y una recuperación progresiva, no de una apertura sin restricciones. El dato decisivo será, por tanto, el volumen real de camiones que consiga entrar y la continuidad que tenga ese tráfico más allá del anuncio inicial.

Gaza continúa dependiendo de una combinación extremadamente frágil de asistencia internacional y comercio privado para mantener abastecida a su población. Después de cuatro días de interrupción, esa segunda arteria vuelve a ponerse en marcha. El suministro recupera aire, aunque la precariedad que lo rodea permanece prácticamente intacta.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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