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Cultura

Igor Yebra cuenta cómo la esclerosis múltiple le apartó de la danza

Igor Yebra convive con esclerosis múltiple desde 2015. La enfermedad afectó a su movilidad, le apartó de los escenarios y cambió su vida profesional.

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Igor Yebra en traje

Imagen: Intendencia de Montevideo / CC BY-SA 4.0.

Resumen

  • Igor Yebra convive con esclerosis múltiple desde 2015
  • La enfermedad afectó a su movilidad y le apartó de los escenarios
  • El bailarín mantiene su vínculo con la danza como director y docente

Igor Yebra ha decidido contar con claridad lo que durante años mantuvo en un círculo muy reducido: padece esclerosis múltiple desde 2015, una enfermedad que ha afectado especialmente a su movilidad y que terminó apartándolo de los escenarios profesionales. El bailarín y coreógrafo bilbaíno admite además que tiene reconocida oficialmente una discapacidad y que ha tenido que aprender a convivir con una realidad física que cambia de un día para otro.

La revelación ocupa una parte central de su autobiografía, ¿Por qué somos tan estúpidos y no estamos ya bailando?, donde reconstruye una carrera internacional de tres décadas y también el proceso que desembocó en su retirada. Yebra evita presentar la enfermedad como una historia de superación prefabricada. Habla de adaptación, pérdida y cambio, de una vida que tuvo que reorganizar cuando el cuerpo dejó de responder como antes.

El diagnóstico tiene una dimensión especialmente dura en su caso. Yebra construyó prácticamente toda su vida profesional alrededor del movimiento: fue primer bailarín, estrella invitada en grandes escenarios internacionales y una de las figuras españolas más reconocibles del ballet de las últimas décadas. La esclerosis múltiple golpeó precisamente ahí, en su herramienta de trabajo: el cuerpo.

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Los primeros síntomas aparecieron antes del diagnóstico

Yebra sitúa las primeras señales en 2013, cuando empezó a notar problemas en la pierna izquierda. Durante un tiempo los atribuyó a la exigencia de los entrenamientos. Dos años después, un pitido persistente en un oído desembocó en nuevas pruebas médicas y una resonancia permitió detectar lesiones cerebrales. El proceso diagnóstico incluyó posteriormente una punción lumbar.

El propio bailarín ha explicado que entonces prefirió no profundizar demasiado en lo que podía significar aquello. Su prioridad seguía siendo trabajar. Más adelante conoció con claridad el alcance del diagnóstico y, a partir de 2021, cuando los síntomas se hicieron más visibles y comenzó un tratamiento, mantener la enfermedad en privado resultó cada vez más difícil.

La pierna izquierda sigue siendo una de las partes más afectadas. Yebra ha reconocido que caminar puede resultarle complicado en determinados momentos. No existe, sin embargo, una evolución idéntica para todas las personas con esclerosis múltiple: es una enfermedad del sistema nervioso central cuyos síntomas pueden incluir dificultades de movilidad, equilibrio, visión o fatiga.

Una enfermedad que cambia de un día para otro

Yebra rechaza la idea de que todo pueda reducirse a aceptar lo ocurrido y pasar página. Su descripción es bastante menos decorativa: se aprende a convivir con ello. Ha explicado que el proceso es diario y cambiante, porque la situación física puede variar y la enfermedad no desaparece simplemente por haber aprendido a manejarla emocionalmente.

Esa incertidumbre ha modificado también su relación con el tiempo. Durante buena parte de su carrera vivía pensando en el siguiente papel, el siguiente escenario o aquello que todavía podía perfeccionar. Con la enfermedad llegó otra forma de medir las cosas. Hace menos proyectos, selecciona más y procura disfrutar de lo que todavía puede hacer.

No parece una revelación revolucionaria. Pero probablemente ahí está precisamente el asunto: uno puede bailar en medio mundo y tardar décadas en darse cuenta de que llegar al siguiente escenario no sirve de mucho si nunca se detiene en el anterior. En su caso, la enfermedad terminó obligándolo a cambiar el ritmo de vida.

La esclerosis múltiple acabó apartándolo de los escenarios

La última función profesional de Igor Yebra como bailarín llegó en 2017, en el Bilbao Arena, con Zorba el griego. Habían pasado treinta años desde sus primeros pasos profesionales en la misma ciudad. Antes de esa despedida hubo una retirada bastante menos solemne: trabajos rechazados, excusas para ocultar las dificultades físicas y una actividad que fue reduciéndose poco a poco.

El propio Yebra lo ha explicado con una frase seca: «La vida te retira, sin más». La enfermedad acabó imponiendo una decisión que difícilmente habría tomado por voluntad propia y puso fin a una etapa construida durante décadas de entrenamiento, funciones y viajes.

La danza había marcado toda su biografía. Formado en la escuela de Víctor Ullate, debutó profesionalmente en el Teatro Arriaga y desarrolló después una carrera internacional poco convencional. Fue bailarín del Australian Ballet y étoile del Ballet de la Ópera de Burdeos, además de actuar como invitado en compañías y teatros de distintos países.

Uno de sus mayores hitos llegó en 2004, cuando interpretó a Iván el Terrible en el Kremlin. También pasó por escenarios como La Scala de Milán, la Ópera de Roma, el Ballet Nacional de Cuba o el Teatro San Carlos de Nápoles. Su trayectoria incluye premios internacionales y décadas de trabajo antes de que la enfermedad obligara a cambiar radicalmente el rumbo.

De bailarín a director, coreógrafo y docente

Dejar de bailar no significó abandonar la danza. En 2018, Yebra asumió la dirección del Ballet Nacional Sodre de Uruguay, cargo que ocupó durante tres años. También desarrolló trabajos como coreógrafo, docente y director artístico y mantuvo abierta en Bilbao una escuela creada en 2006, que terminó cerrando en 2025.

El cambio resulta importante para entender su situación actual. La esclerosis múltiple limitó determinadas capacidades físicas, pero no eliminó su posibilidad de trabajar en otros ámbitos de la creación. Yebra reivindica todo aquello que todavía puede hacer, incluso después de que su cuerpo le obligara a dejar atrás una parte esencial de su carrera.

«Lo que me ha imposibilitado en el cuerpo me lo ha abierto en el pensamiento», ha resumido. No es una negación de la enfermedad. Más bien lo contrario. Yebra insiste en que hay cosas que ya no puede hacer, y no intenta maquillarlo con optimismo obligatorio.

También sigue abierto a participar en proyectos que realmente le interesen. La enfermedad le ha obligado a reducir el ritmo, no a desaparecer de la vida cultural. Su relación con la danza continúa, aunque desde otras funciones y otros espacios.

«Soy un discapacitado, y lo soy oficialmente»

Una de las declaraciones que más atención ha provocado es precisamente la más directa. Yebra ha explicado que es una persona con discapacidad reconocida oficialmente, una realidad que vincula a las limitaciones físicas provocadas por la esclerosis múltiple.

No utiliza esa condición para construir un personaje público. Durante años hizo justamente lo contrario: ocultó la enfermedad porque no quería provocar compasión ni convertirla en el centro de su vida profesional. Hasta 2021, según ha contado, apenas un pequeño grupo de personas conocía su situación.

Ahora ha optado por hablar. No porque los problemas hayan desaparecido, sino porque mantenerlos fuera de la conversación pública había dejado de tener demasiado sentido. En entrevistas recientes ha reconocido que hacer pública la enfermedad le ha permitido sentirse más tranquilo y liberarse de parte del esfuerzo que suponía esconderla.

Su relación con el cuerpo también ha cambiado. Durante décadas fue una herramienta sometida a entrenamientos extremos, ensayos y funciones. Con la enfermedad, cuidarlo pasó a ser una prioridad. La disciplina de la danza, paradójicamente, sigue acompañándolo precisamente cuando ya no puede bailar como antes.

El libro con el que Igor Yebra ha decidido contarlo

¿Por qué somos tan estúpidos y no estamos ya bailando? nació inicialmente como una reflexión sobre la danza y terminó convirtiéndose en una autobiografía. La enfermedad aparece inevitablemente porque explica buena parte de los cambios sufridos durante la última década.

El libro repasa sus grandes escenarios, sus decisiones profesionales y una carrera construida fuera de los caminos más previsibles del ballet clásico. Pero también cuenta algo bastante más incómodo: cómo se abandona una profesión que uno no quería abandonar.

Yebra estuvo además casado con la presentadora Anne Igartiburu entre 2004 y 2006, una circunstancia que amplió su notoriedad fuera del mundo de la danza, aunque su trayectoria artística había comenzado mucho antes y alcanzó dimensión internacional por méritos propios.

Ahora la autobiografía devuelve el foco a esa carrera, pero también a la persona que quedó después de ella. Sin grandes proclamas. Con una enfermedad crónica, limitaciones reales y la intención de seguir trabajando mientras los proyectos y el cuerpo lo permitan.

Una vida distinta después del último baile

La historia reciente de Igor Yebra no consiste en recuperar la carrera que tenía antes de la esclerosis múltiple. Esa etapa terminó. La última función llegó en 2017 y desde entonces su relación con la danza se ha desplazado hacia la dirección, la enseñanza, la coreografía y otros proyectos artísticos.

Su preocupación principal tampoco es especialmente abstracta. Ha reconocido que piensa en evitar el deterioro físico y continuar activo el mayor tiempo posible. Al mismo tiempo, quiere utilizar el libro para generar conversaciones sobre la danza, la enfermedad y la fragilidad, sin convertir ninguna de ellas en una postal edificante.

Después de una vida dedicada a controlar hasta el último movimiento, Yebra se enfrenta a una realidad que precisamente no puede controlar del todo. La diferencia es que esta vez no pretende ocultarla. La esclerosis múltiple cambió su cuerpo, terminó con su etapa sobre los escenarios y alteró sus planes. La danza, de otra manera, sigue formando parte de su vida.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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