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Cultura

El alquiler obliga a Pérgamo a dejar su local tras 80 años en Madrid

Pérgamo dejará el 17 de noviembre su histórico local de General Oráa por la presión del alquiler y busca una nueva sede más asequible en Madrid.

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La librería Pérgamo

Resumen

  • Pérgamo dejará el 17 de noviembre su histórico local de General Oráa
  • El alquiler impide mantener el negocio en su ubicación de casi 80 años
  • La librería busca otro local en Madrid para continuar abierta

La librería Pérgamo, uno de los comercios culturales históricos de Madrid y considerada la librería en activo más antigua de la capital, dejará el próximo 17 de noviembre su local de la calle General Oráa, en pleno barrio de Salamanca. El motivo no está en una desaparición repentina de los lectores ni en el final voluntario del negocio: sus responsables no han logrado renovar el alquiler en unas condiciones que permitan mantener allí la actividad.

La persiana bajará, por tanto, en una dirección ocupada por libros desde hace aproximadamente 80 años. Pero hay un matiz importante. Pérgamo no da por terminado su proyecto: el equipo está buscando otro local en Madrid con una renta asumible para trasladar la librería y conservar la comunidad construida alrededor de sus estanterías, clubes de lectura, presentaciones y recomendaciones.

Pérgamo dejará General Oráa el 17 de noviembre

Las negociaciones sobre la continuidad del alquiler comenzaron a mediados de agosto. Finalmente no ha habido acuerdo y Pérgamo deberá abandonar el establecimiento de General Oráa, 24, una esquina reconocible para varias generaciones de vecinos del distrito de Salamanca. No se ha hecho pública una cifra suficientemente contrastada sobre la nueva renta planteada, de modo que convertir el caso en un porcentaje concreto sería ir más allá de los datos disponibles.

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Sí está claro el problema de fondo. Pablo Cerezo, uno de los responsables de Pérgamo, ha explicado que el coste inmobiliario se ha convertido en uno de los principales obstáculos para sostener una librería independiente en Madrid. Y el caso venía avisando: meses antes de conocerse la salida del local, el establecimiento ya figuraba entre los negocios culturales con dificultades para mantener su ubicación pese a conservar actividad, público y eventos.

Aparece así una paradoja bastante incómoda. Pérgamo funciona como librería, vende libros y ha conseguido crear a su alrededor una vida cultural propia. Eso, en una ciudad donde cada metro cuadrado puede adquirir rápidamente valor como activo inmobiliario, puede no ser suficiente para conservar la dirección.

Una librería nacida en la posguerra que sobrevivió a la censura

La historia de Pérgamo arranca en torno a 1946, aunque algunas referencias sitúan sus primeros pasos un año antes. Fue fundada por Raúl Serrano Vázquez, profesor represaliado durante el franquismo. En aquellos primeros años, con España todavía sumergida en la posguerra, sus estanterías no servían únicamente para despachar novedades: por la librería circularon también obras difíciles de encontrar y títulos perseguidos por la censura.

El establecimiento fue pasando después a manos de la familia. Las hermanas Lourdes y Ana Serrano, hijas de los fundadores, mantuvieron el negocio durante décadas. Pérgamo conservó buena parte de aquel aspecto de librería clásica que no necesita disfrazarse de librería clásica: madera, estantes cargados, escaparates donde los libros mandaban más que el diseño y una relación bastante personal con los clientes.

Su condición de “librería más antigua de Madrid” merece una precisión histórica. Es la denominación más extendida para referirse a Pérgamo, aunque existen otros establecimientos madrileños con antecedentes igualmente antiguos, entre ellos La Felipa. La consideración depende también de cómo se valore la continuidad del negocio y su actividad original. Pérgamo es, en cualquier caso, una de las librerías históricas más veteranas que continúan funcionando en la capital.

El primer adiós y la segunda vida de Pérgamo en 2022

Esta no es la primera vez que Pérgamo parece acercarse al último capítulo. A comienzos de 2022, Lourdes y Ana Serrano se jubilaron y echaron la persiana. Durante unas semanas pareció que el local podría abandonar definitivamente los libros y convertirse en otro tipo de negocio.

No ocurrió. Un nuevo proyecto recuperó Pérgamo y la librería volvió a abrir con otra generación al frente. Aquella segunda vida modernizó algunas cosas sin borrar la anterior: llegaron una presencia más intensa en redes sociales, los clubes de lectura, los encuentros con autores y una programación cultural que convirtió el pequeño comercio en algo parecido a una plaza cubierta de estanterías.

Cuatro años y medio después, la amenaza ya no procede del relevo generacional. El problema es bastante menos literario y mucho más cotidiano: pagar el espacio donde sucede todo eso.

El alquiler aprieta a buena parte de las librerías madrileñas

Pérgamo no aparece como una extravagancia aislada dentro del mercado madrileño. Una encuesta realizada en 2026 por la Asociación de Librerías de Madrid dibujó un escenario bastante más amplio: el 84 % de los establecimientos consultados trabajaba en locales alquilados y únicamente el 14,3 % consideraba garantizada su continuidad en la ubicación que ocupaba. El 41 % calificaba su riesgo inmobiliario como alto o muy alto para los dos años siguientes.

El problema tiene algo de matemática cruel. Un libro mantiene un precio fijo regulado y la librería trabaja con márgenes limitados; el alquiler comercial, en cambio, puede avanzar a otra velocidad. El librero no puede compensar sencillamente una subida de renta añadiendo diez euros a una novela porque el propietario del edificio considere que la zona vale más.

Esa presión ya había dejado otros nombres por el camino. El cierre de Tipos Infames, en Malasaña, fue señalado por el sector como otro síntoma de una transformación que afecta también a comercios culturales con clientela y reconocimiento. Las librerías hablan desde hace tiempo de una especie de expulsión silenciosa: no desaparecen necesariamente los lectores de un día para otro; desaparece el lugar donde se encontraban.

El libro resiste mejor que el local

Durante años resultó cómodo explicar las dificultades de las librerías recurriendo a Amazon, al libro electrónico o a una supuesta desaparición de los lectores. El caso de Pérgamo introduce otra variable menos tecnológica y mucho más pedestre: el precio del suelo y de los alquileres.

Los clubes se llenan, las presentaciones convocan público y sigue existiendo una clientela que prefiere recorrer una estantería, hablar con un librero y salir con un título que no estaba buscando. Pérgamo organiza varios clubes de lectura y mantiene una programación cultural regular. Aun así, sus responsables ya reconocían antes de esta crisis que el crecimiento de la actividad no bastaba por sí solo para proporcionar estabilidad económica.

Es una escena muy madrileña de estos años: una actividad tiene público, funciona, incluso crece, pero el coste del local corre más deprisa. El escaparate continúa lleno; las cuentas, bastante menos.

Pérgamo intenta cambiar de calle sin perder su historia

El 17 de noviembre de 2026 terminará la etapa de Pérgamo en General Oráa. Será una pérdida concreta: la del espacio donde la librería ha construido buena parte de sus ocho décadas de memoria y donde varias generaciones compraron libros, pidieron recomendaciones o simplemente entraron a mirar.

Pero no tiene por qué ser la última página. Los responsables de Pérgamo están buscando un nuevo emplazamiento más asequible que permita mantener vivo el proyecto. Cambiaría la dirección, no necesariamente la librería. Esa diferencia importa: hablar de cierre definitivo sería precipitado mientras continúe la búsqueda de otra sede.

La historia tiene cierta ironía. Pérgamo atravesó una dictadura, convivió con la censura, sobrevivió al cambio de hábitos, a internet, al comercio electrónico y a una jubilación que parecía definitiva. Ochenta años después, el adversario resulta bastante menos literario: un contrato de alquiler. Y contra eso no siempre hay estantería suficientemente alta.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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