Ciencia
La sonda Mars Odyssey cumple 25 años y consolida su récord en Marte
Odyssey lleva 25 años alrededor de Marte: ha superado 100.000 órbitas, enviado 1,4 millones de imágenes y revelado agua bajo la superficie marciana.
Imagen: JPL / NASA / Dominio público.
Resumen
- Odyssey cumple 25 años orbitando Marte y continúa plenamente activa
- Ha superado 100.000 órbitas y enviado más de 1,4 millones de imágenes
- También reveló agua helada y enlaza las misiones que trabajan en Marte
La sonda Mars Odyssey de la NASA cumple este 24 de octubre de 2026 un cuarto de siglo alrededor de Marte. Entró en órbita el 24 de octubre de 2001 y, 25 años después, continúa operativa, convertida en la misión más longeva en activo en el planeta rojo. No se limita a sobrevivir: todavía observa la superficie, estudia la atmósfera y presta servicio como enlace de comunicaciones para otros exploradores marcianos.
Su balance explica por qué Odyssey ocupa un lugar especial en la historia de la exploración espacial. Ha superado las 100.000 órbitas alrededor de Marte, ha producido más de 1,4 millones de imágenes, ayudó a cartografiar minerales y elementos químicos y permitió detectar grandes cantidades de agua congelada bajo la superficie. Todo ello con una nave diseñada a finales de los años noventa. Casi parece arqueología tecnológica, salvo por un detalle: sigue funcionando.
Un viaje iniciado en 2001 que todavía continúa
Mars Odyssey despegó de la Tierra el 7 de abril de 2001 y necesitó algo más de seis meses para alcanzar su destino. La maniobra decisiva llegó el 24 de octubre de aquel año, cuando sus motores redujeron la velocidad necesaria para que la gravedad marciana capturase la nave. Después comenzó un proceso gradual de ajuste de la órbita antes de iniciar su fase científica en febrero de 2002.
La misión principal estaba concebida para durar apenas unos años. En agosto de 2004 ya había cumplido sus objetivos iniciales, pero el buen estado de la nave permitió encadenar extensiones. Una tras otra. El resultado es una misión que ha sobrevivido a buena parte de la revolución tecnológica de este siglo y que ha acompañado a varias generaciones de vehículos enviados a Marte.
La comparación resulta elocuente. Cuando Odyssey partió hacia el planeta rojo no existían el iPhone, YouTube ni la mayoría de las redes sociales que forman parte del paisaje cotidiano actual. Mientras todo eso aparecía y cambiaba varias veces de piel, la sonda seguía completando órbitas a cientos de millones de kilómetros de la Tierra. En junio de 2024 cruzó la barrera de las 100.000 vueltas alrededor de Marte.
El hallazgo de agua que cambió la imagen de Marte
Uno de los descubrimientos más importantes de Odyssey llegó durante sus primeros años. Sus instrumentos detectaron concentraciones elevadas de hidrógeno en el subsuelo marciano, especialmente en latitudes altas. La explicación más sólida apuntaba a grandes cantidades de agua congelada escondidas bajo una capa relativamente fina de suelo.
Aquello supuso algo más que encontrar hielo en un planeta seco. Los datos permitieron dibujar una nueva imagen de Marte y ayudaron a decidir dónde enviar misiones posteriores. La presencia de reservas de hielo de agua fue confirmada después sobre el terreno por Phoenix, la misión que aterrizó cerca del polo norte marciano en 2008.
Ese hielo sigue teniendo enorme interés científico. Permite reconstruir parte de la historia climática de Marte, estudiar cómo evolucionó el agua en el planeta y entender mejor por qué un mundo que en el pasado tuvo ríos y lagos terminó convertido en el desierto frío que vemos actualmente. También tiene una lectura futura: el agua local podría convertirse en un recurso esencial para una eventual exploración humana.
Más de 1,4 millones de imágenes del planeta rojo
Una parte fundamental del trabajo de Odyssey corresponde a THEMIS, su sistema de imágenes por emisión térmica. El instrumento observa la superficie tanto en luz visible como en infrarrojo, lo que permite estudiar diferencias de temperatura y reconocer materiales, estructuras geológicas y características del terreno que pasarían inadvertidas en una fotografía convencional.
Gracias a THEMIS, la misión ha observado cráteres, volcanes, depósitos de hielo y extensas regiones marcianas. Sus datos también han ayudado a evaluar posibles zonas de aterrizaje y a conocer mejor las características del suelo antes de enviar otros vehículos. La cifra acumulada supera ya los 1,4 millones de imágenes, una hemeroteca marciana difícil de igualar.
La veteranía tampoco ha obligado a Odyssey a mirar siempre de la misma manera. Los ingenieros han modificado la orientación de la nave para realizar observaciones que ni siquiera estaban previstas cuando fue diseñada. Entre ellas aparecen imágenes del horizonte de Marte desde unos 400 kilómetros de altura, una perspectiva que permite estudiar capas de polvo, nubes y otros fenómenos de la tenue atmósfera marciana.
La veterana que también hace de centralita espacial
Odyssey desempeña además una función menos espectacular visualmente, aunque decisiva para la exploración de Marte: sirve como repetidor de comunicaciones. Los vehículos situados en la superficie pueden enviar sus datos a los orbitadores cuando estos pasan sobre ellos; después, las sondas almacenan la información y la retransmiten hacia la Tierra mediante antenas más potentes.
Durante estos 25 años, Odyssey ha colaborado con misiones tan distintas como Spirit, Opportunity, Phoenix, Curiosity, InSight y Perseverance. Fotografías, mediciones científicas y datos técnicos han viajado a través de esta infraestructura invisible antes de recorrer los millones de kilómetros que separan Marte de nuestro planeta.
Es uno de esos trabajos que rara vez produce una fotografía espectacular pero sostiene buena parte de la ciencia cotidiana. Mientras un rover avanza unos metros, perfora una roca o fotografía una ladera, detrás existe una compleja red de comunicaciones marciana. Odyssey lleva años siendo una de sus piezas.
Cómo ha logrado sobrevivir durante un cuarto de siglo
Mantener una nave operativa durante 25 años alrededor de otro planeta exige algo más que buenos componentes. Odyssey obtiene electricidad mediante paneles solares y utiliza combustible para realizar maniobras y controlar su orientación. Cada movimiento cuenta. Los equipos de la misión deben administrar sus recursos con cuidado porque cualquier gasto innecesario reduce la vida potencial de la nave.
El paso del tiempo también obliga a vigilar temperaturas, potencia disponible y comportamiento de componentes que llevan décadas soportando radiación, frío y ciclos térmicos. Marte no es precisamente un garaje amable para guardar electrónica. La longevidad depende tanto de cómo fue construida la nave como del trabajo de los ingenieros que han aprendido a manejarla con cada vez más delicadeza.
Hay otro factor menos visible: conservar durante décadas el conocimiento necesario para operar una misión antigua. Los equipos cambian, algunos ingenieros se jubilan y la tecnología terrestre avanza. Sin embargo, alguien debe seguir comprendiendo sistemas creados hace más de un cuarto de siglo y saber reaccionar cuando una pieza se comporta de forma inesperada.
Trece años marcianos observando un planeta que cambia
Veinticinco años terrestres equivalen aproximadamente a 13 años marcianos, ya que Marte necesita unos 687 días de la Tierra para completar una vuelta alrededor del Sol. Odyssey ha podido contemplar repetidamente el ciclo completo de estaciones, las variaciones de los casquetes polares, las tormentas de polvo y los cambios que se producen en la atmósfera.
Ese archivo prolongado tiene un valor que no se obtiene con una misión corta. Observar el mismo planeta durante décadas permite comparar fenómenos separados por muchos años y estudiar cambios estacionales y climáticos con una perspectiva mucho más amplia. Una fotografía cuenta un instante; un cuarto de siglo empieza a contar una historia.
Odyssey todavía tiene trabajo por delante
El aniversario no convierte a Mars Odyssey en una pieza de museo. La nave permanece activa alrededor de Marte, continúa tomando datos científicos y conserva su utilidad como parte de la infraestructura de comunicaciones que conecta la superficie marciana con la Tierra.
Su récord tampoco consiste únicamente en haber resistido. Durante un cuarto de siglo ha cartografiado minerales, localizado agua bajo el suelo, enviado más de un millón de imágenes y acompañado a una sucesión de misiones que llegaron después de ella. Algunas terminaron hace años; Odyssey sigue allí.
Ese quizá sea el dato más llamativo de sus 25 años. Una sonda concebida cuando la tecnología digital tenía un aspecto muy distinto continúa trabajando a cientos de millones de kilómetros, completando una vuelta tras otra alrededor del planeta rojo. En exploración espacial, donde una avería diminuta puede convertir una máquina de cientos de millones en silencio orbital, llegar tan lejos y seguir siendo útil es un récord con bastante más peso que una simple cifra.
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