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España

Tellado pide «derogar el sanchismo» de Ábalos a Zapatero ante el 29N

Tellado reclama «derogar el sanchismo» de Ábalos a Zapatero y convierte el 29N en una impugnación de Sánchez con vivienda y campo en campaña.

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Miguel Tellado

Foto: David Pepín, CC BY-SA 4.0.

Resumen

  • Tellado pide «derogar el sanchismo» de Ábalos a Zapatero
  • El PP presenta el 29N como una enmienda global a la etapa de Sánchez
  • Vivienda, campo e impuestos completan el mensaje electoral de Tellado

Miguel Tellado ha convertido el abecedario en programa electoral. El secretario general del PP aseguró este sábado en Valladolid que su partido quiere llegar al Gobierno para «derogar el sanchismo», desde la A de José Luis Ábalos hasta la Z de José Luis Rodríguez Zapatero, una fórmula con la que los populares pretenden condensar su principal argumento de precampaña para las elecciones generales del 29 de noviembre: no basta con cambiar de presidente, sostienen, sino que hay que desmontar la etapa política construida alrededor de Pedro Sánchez.

Tellado presentó a Alberto Núñez Feijóo como el dirigente que, a juicio del PP, puede devolver al país a una situación de normalidad institucional y contrapuso esa alternativa a una España que calificó de «ingobernada e ingobernable». El diagnóstico es político —y deliberadamente severo—, no una descripción neutral de la situación del país. Pero permite entender por dónde discurrirá buena parte de la campaña popular: corrupción, servicios públicos, vivienda, impuestos y desgaste del PSOE, todo dentro del mismo marco.

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Tellado convierte el 29N en una impugnación de la etapa de Sánchez

La frase de la A a la Z tiene más intención que sutileza. Ábalos abre el alfabeto y Zapatero lo cierra; entre ambos, el PP intenta meter prácticamente toda la era socialista reciente. Es una construcción electoral eficaz porque transforma asuntos muy distintos —causas judiciales, decisiones legislativas, pactos parlamentarios, gestión económica o funcionamiento de servicios públicos— en una única categoría política: el «sanchismo».

Tellado sostuvo que España funciona peor que hace cuatro años y puso como ejemplos la red ferroviaria, la educación, la sanidad y el sistema energético. Son afirmaciones propias del debate electoral y necesitarían indicadores diferentes para ser evaluadas una por una; el secretario general popular las presentó como síntomas de un deterioro general que atribuye al Gobierno de Sánchez. También pronosticó que el presidente centrará su campaña en el miedo, la confrontación y los ataques al adversario para aparecer después como víctima.

Ahí está, en realidad, el corazón del mensaje. El PP quiere que el 29N se interprete como un juicio sobre toda una etapa, mientras el PSOE intenta que las elecciones se decidan sobre su gestión, la economía y los derechos sociales. No es precisamente una novedad que un partido de oposición quiera convertir unas generales en un plebiscito sobre quien gobierna. La novedad está en el grado de personalización: cada nombre, cada caso y cada polémica termina orbitando alrededor de Sánchez.

De Ábalos a Zapatero: por qué el PP elige esos dos nombres

La A de Ábalos no necesita demasiada traducción política. José Luis Ábalos fue ministro de Transportes y secretario de Organización del PSOE, dos posiciones de enorme relevancia durante los primeros años de Sánchez en La Moncloa. En junio fue condenado por el Tribunal Supremo a 24 años y tres meses de prisión por delitos de organización criminal, cohecho, malversación y tráfico de influencias relacionados con el llamado caso Mascarillas. El Supremo rechazó el 14 de octubre el incidente de nulidad presentado por su defensa, dejando abierta la vía para acudir en amparo al Tribunal Constitucional.

Ese recorrido judicial explica por qué el antiguo ministro se ha convertido en una pieza central del discurso popular sobre corrupción. Y también exige una precisión: las responsabilidades penales establecidas por los tribunales corresponden a las personas condenadas; trasladarlas automáticamente a un partido entero o al presidente del Gobierno pertenece al terreno de la responsabilidad política, no al de la responsabilidad penal.

Ábalos como símbolo de una batalla mucho más amplia

El PP lleva meses utilizando al exministro como uno de los principales símbolos de su ofensiva contra Sánchez. En plena precampaña, incluso ha recurrido a montajes creados con inteligencia artificial en los que aparecen Ábalos y otros personajes vinculados a controversias políticas o judiciales. La campaña de 2026 está llevando esa comunicación al extremo: memes, vídeos sintéticos y descalificaciones personales han adquirido un protagonismo muy superior al de anteriores elecciones.

El problema de esa lógica —para todos los partidos, no solo para el PP— es bastante visible. La política puede acabar pareciéndose demasiado a una pestaña de redes sociales: muchísimo impacto en veinte segundos y escaso espacio para distinguir una sentencia de una investigación, una acusación de una prueba o una responsabilidad política de una condena judicial.

Zapatero, la Z perfecta para terminar el abecedario

La elección de José Luis Rodríguez Zapatero cumple otra función. El expresidente socialista sigue siendo una figura reconocible y estrechamente asociada a las campañas del PSOE de los últimos años, aunque su papel ante el 29N ha generado más incertidumbre que en anteriores convocatorias. Al colocar su apellido en la última letra, Tellado amplía deliberadamente el marco temporal: el adversario ya no sería únicamente Pedro Sánchez, sino una tradición política socialista que el PP presenta como parte de un mismo ciclo.

Es retórica electoral, claro. Zapatero dejó La Moncloa en 2011, siete años antes de la llegada de Sánchez, y ambos gobiernos pertenecen a momentos políticos y económicos muy distintos. La gracia del eslogan consiste precisamente en ignorar esas costuras. Un abecedario permite meter muchas cosas dentro; la historia, bastante menos.

Las medidas que el PP coloca detrás del lema

Tellado no dedicó toda su intervención a los nombres propios. En Valladolid introdujo varias propuestas con las que el PP pretende dar contenido material a su promesa de cambio. Entre ellas situó tres reformas de vivienda que los populares quieren impulsar durante los primeros cien días de un eventual Gobierno de Feijóo: una nueva ley del suelo, una ley contra la ocupación ilegal y una reforma de la Ley de Propiedad Horizontal.

El secretario general popular atacó también la política de vivienda del PSOE, al que acusó de mantener un doble discurso, y utilizó las recientes polémicas internas socialistas para insistir en una idea que probablemente se repetirá durante la campaña: la distancia entre el discurso público y la actuación privada de algunos dirigentes.

Campo, impuestos y relevo generacional

En Castilla y León, inevitablemente, el campo ocupó buena parte del discurso. Tellado prometió una ley de fiscalidad agraria que adapte mejor los impuestos a los ciclos productivos, de forma que agricultores y ganaderos puedan reservar recursos obtenidos durante los buenos años para compensar temporadas perjudicadas por sequías, heladas o inundaciones.

También anunció que los menores de 40 años que continúen con la explotación agraria de sus padres no pagarían impuestos de transmisiones, una propuesta dirigida a uno de los problemas más persistentes del medio rural español: el relevo generacional. A ello sumó menos burocracia y el compromiso de defender los fondos de la Política Agraria Común frente a eventuales recortes europeos.

Aquí el mitin abandonó por unos minutos el territorio de los grandes antagonismos nacionales y pisó suelo bastante más reconocible: explotaciones que necesitan sucesores, trámites administrativos, costes y pueblos donde cada jubilación sin relevo significa una persiana más que baja. Menos épico que «derogar el sanchismo», desde luego. También bastante más fácil de medir después.

Valladolid, Óscar Puente y una precampaña con los guantes fuera

La elección de Valladolid tenía otra diana evidente: Óscar Puente. Tellado cargó contra el ministro de Transportes y antiguo alcalde de la ciudad, al que llegó a llamar «Bécquer de Aliexpress» por el tono conciliador empleado recientemente en un acto socialista. Según el dirigente popular, resulta contradictorio escuchar a Puente hablar de concordia después de algunos de sus anteriores enfrentamientos verbales.

El sarcasmo arrancará aplausos entre los convencidos, pero también retrata el clima en el que España se dirige a las urnas. Queda todavía para la campaña oficial —arrancará el 13 de noviembre— y la precampaña ya funciona como si llevase semanas en la última vuelta. Las redes sociales han amplificado la burla, el montaje y el ataque personal hasta convertirlos en parte habitual de la comunicación institucional de los partidos.

Tellado también aprovechó las discrepancias aparecidas en algunas listas socialistas para presentar a Sánchez como un líder debilitado internamente. Citó específicamente las tensiones registradas en Palencia y sostuvo que dirigentes que antes no cuestionaban al secretario general empiezan a hacerlo porque perciben esa pérdida de autoridad. La interpretación pertenece al PP; las discrepancias en la elaboración de candidaturas, en cambio, forman parte del ruido real de estas semanas previas al 29N.

Una elección que se disputa también sobre el significado de una palabra

«Sanchismo» no figura en el Boletín Oficial del Estado y, por supuesto, no puede derogarse jurídicamente como se deroga una ley. Esa es precisamente la fuerza política del término. El PP lo utiliza como un recipiente en el que caben normas aprobadas durante estos años, acuerdos con partidos nacionalistas, decisiones institucionales, casos de corrupción y hasta un determinado estilo de ejercer el poder.

Cuando Tellado promete derogarlo «de la A a la Z», por tanto, no está anunciando una medida administrativa concreta. Está proponiendo una ruptura política más amplia. Algunas leyes podrían ser modificadas o eliminadas por una nueva mayoría parlamentaria; otras decisiones producirían efectos difíciles de revertir; y una parte considerable de aquello que los populares denominan sanchismo pertenece al territorio de la cultura política, donde no existe botón de reinicio.

Esa será una de las cuestiones de fondo del 29 de noviembre. Feijóo, Sánchez y Santiago Abascal vuelven a encabezar las principales candidaturas nacionales, mientras el sistema parlamentario continúa fragmentado y la formación de mayorías seguirá siendo determinante después del recuento. El PP puede pedir una derogación completa de una etapa; las urnas, como de costumbre, entregarán escaños, no poderes para borrar el pasado.

Del abecedario electoral a la aritmética del Congreso

La intervención de Miguel Tellado en Valladolid deja bastante nítida la estrategia popular para estas generales. Feijóo será presentado como la alternativa a una etapa, no únicamente como el candidato frente a Sánchez. Ábalos ofrece al PP el flanco judicial y la corrupción; Zapatero amplía el marco hacia el pasado socialista; vivienda, impuestos, ferrocarril o campo permiten completar el argumento con problemas cotidianos.

Queda por saber cuánto pesa cada cosa cuando el votante se queda a solas con la papeleta. Los eslóganes sirven para empaquetar una campaña, incluso para meterla entera entre dos letras. Gobernar es otra disciplina: presupuestos, leyes, mayorías y negociación parlamentaria. Menos brillante que un abecedario, sí. También bastante más decisiva.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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