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Mikel Merino revela cómo un cambio de asiento le salvó en Dortmund
Mikel Merino tenía 20 años cuando sobrevivió al atentado del Dortmund. Un cambio de asiento dejó la metralla clavada justo donde solía sentarse.
Por BEN Rijks, CC BY-SA 2.0, Wikimedia Commons
Resumen
- Merino sobrevivió al atentado contra el autobús del Dortmund en 2017
- Un cambio de asiento dejó la metralla clavada en el lugar que solía ocupar
- Marc Bartra resultó herido y el partido de Champions fue aplazado
Mikel Merino ha recuperado uno de los episodios más duros de su carrera: el atentado contra el autobús del Borussia Dortmund del 11 de abril de 2017. El internacional español ha contado que una decisión aparentemente insignificante, cambiar de asiento porque tenía las piernas cargadas, pudo salvarle la vida. Su lugar habitual acabó alcanzado por la metralla de una de las explosiones.
Tenía apenas 20 años y comenzaba a abrirse camino en la élite. Más de nueve años después, Merino conserva imágenes que no necesitan adornos: un estruendo brutal, el autobús sacudiéndose, humo, sangre y compañeros gritando. Tres artefactos habían explotado junto al vehículo que trasladaba a la plantilla alemana hacia un partido de la Champions League.
El cambio de asiento que pudo salvar a Mikel Merino
El detalle que convierte su recuerdo en algo especialmente estremecedor está en una decisión cotidiana. Merino solía ocupar un asiento próximo al de Marc Bartra, pero aquella tarde sentía las piernas cargadas y prefirió colocarse más adelante, donde podía viajar con algo más de comodidad. Un gesto mínimo. Unos metros de diferencia dentro del mismo autobús.
Después comprobaría hasta qué punto había cambiado todo. Un fragmento de metralla terminó incrustado en la zona del asiento que acostumbraba a utilizar. Merino no estaba allí. El futbolista ha reconocido que aquella circunstancia le hizo pensar que tuvo una fortuna difícil de explicar de otra manera.
La historia impresiona precisamente por eso. No hubo una decisión heroica ni una intuición misteriosa. Había cansancio, unas piernas doloridas y ganas de sentarse de otra forma. El azar hizo el resto y dejó vacío el lugar que normalmente ocupaba.
Tres explosiones junto al autobús del Dortmund
El atentado ocurrió cuando el Borussia Dortmund abandonaba su hotel para disputar ante el Mónaco la ida de los cuartos de final de la Champions League. Tres artefactos explosivos situados junto al recorrido detonaron cuando el autobús pasaba por la zona, rompieron cristales y lanzaron piezas metálicas contra el vehículo.
Marc Bartra fue el jugador que sufrió las heridas más importantes. El defensa español tuvo que ser trasladado al hospital y posteriormente operado de una fractura en la muñeca tras resultar alcanzado por los efectos de la explosión. También sufrió heridas un agente de policía que acompañaba al equipo.
Merino recuerda especialmente aquellas horas posteriores. Lo que debía ser la rutina previa a un gran partido europeo terminó convertido en una espera angustiosa por conocer el estado de un compañero. El fútbol, en cuestión de segundos, había quedado reducido a algo completamente secundario.
«Sangre, humo, gritos»: un recuerdo que no se ha borrado
El centrocampista español ha descrito el instante de la detonación con una crudeza poco habitual. Primero escuchó el ruido. Después sintió cómo el autobús se movía de manera violenta. Al mirar alrededor encontró sangre, humo y gritos, una secuencia que sigue asociada a aquel viaje incluso tantos años después.
No era fácil saber qué estaba sucediendo. Los futbolistas acababan de salir del hotel y, en apenas unos segundos, se encontraron dentro de un vehículo alcanzado por varias explosiones. El desconcierto fue absoluto. Merino ha reconocido con el paso del tiempo que aquel episodio modificó también su manera de contemplar los problemas posteriores de su carrera.
La memoria acaba seleccionando detalles extraños. En su caso no es solamente el estruendo ni el miedo inicial, sino ese asiento vacío y la metralla. Una imagen concreta que permite medir mejor que cualquier frase grandilocuente la distancia que hubo entre salir ileso y sufrir consecuencias mucho más graves.
El partido de Champions se disputó apenas un día después
El encuentro entre Dortmund y Mónaco fue aplazado tras el ataque, pero se terminó disputando al día siguiente. La decisión provocó críticas y abrió un debate sobre si los jugadores estaban psicológicamente preparados para competir tan pocas horas después de haber sufrido un atentado.
Varios miembros de aquella plantilla explicaron posteriormente el impacto que tuvo volver tan pronto al terreno de juego. La lógica deportiva chocó de frente con algo bastante más elemental: habían pasado de viajar hacia un estadio a escapar de un autobús alcanzado por explosivos. Recuperar la normalidad en unas horas era, sencillamente, una expectativa poco realista.
El Dortmund acabó perdiendo aquella eliminatoria frente al Mónaco, aunque el resultado deportivo quedó inevitablemente ligado a lo sucedido durante las horas anteriores. La Champions continuó. Para los jugadores que iban dentro de aquel autobús, sin embargo, el 11 de abril de 2017 quedó en otro lugar de la memoria.
El atacante buscaba ganar dinero con la caída del Dortmund
La investigación terminó revelando un motivo tan insólito como perturbador. El responsable del atentado, Sergej Wenergold, pretendía beneficiarse económicamente de una posible caída de las acciones del Borussia Dortmund después del ataque.
Había adquirido productos financieros que podían proporcionarle ganancias si la cotización del club bajaba con fuerza. El plan consistía, por tanto, en provocar una tragedia capaz de golpear el valor bursátil del Dortmund y obtener dinero con ese desplome. La justicia alemana lo declaró culpable de 28 intentos de asesinato.
Wenergold fue condenado en 2018 a 14 años de prisión. La investigación descartó así las hipótesis iniciales que habían rodeado las explosiones y terminó situando detrás del ataque una operación criminal cuyo objetivo económico añadió todavía más extrañeza al caso.
De Dortmund a una carrera marcada por la resistencia
Merino siguió adelante. Después de su etapa en Alemania pasó por el Newcastle, se consolidó en la Real Sociedad y terminó llegando al Arsenal, además de convertirse en una pieza importante de la selección española. El atentado quedó atrás en el calendario, aunque no exactamente en la memoria.
El futbolista ha relacionado aquella experiencia con su forma de encarar otros momentos difíciles, incluidos los problemas físicos. Frente a una lesión grave, el recuerdo de Dortmund coloca las cosas en una escala diferente. Hay derrotas, lesiones y carreras que se tuercen; luego está salir vivo de un atentado.
Eso no convierte automáticamente cualquier contratiempo posterior en algo pequeño, pero sí explica la perspectiva con la que Merino habla de algunos golpes de su carrera. Detrás de esa mirada hay una escena que ningún entrenamiento prepara para afrontar: cristales rotos, humo dentro del autobús y un compañero herido camino del hospital.
Un asiento vacío que sigue acompañando a Merino
Más de nueve años después, el recuerdo conserva una fuerza poco habitual porque puede resumirse en algo terriblemente sencillo. Mikel Merino decidió cambiarse de sitio antes de salir hacia el estadio. La metralla terminó alcanzando el asiento donde solía sentarse.
Su carrera continuó, llegaron nuevos clubes, títulos, partidos internacionales y temporadas enteras. Pero aquella tarde quedó fijada por una coincidencia imposible de olvidar. No fue un gol ni una parada ni una jugada que cambiara un partido. Fue solamente un asiento vacío.
Uno en el que, cualquier otro día, habría estado sentado Mikel Merino.
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