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Albania suma seis días de protestas y 270 heridos; Rama no dimite
Las protestas contra Edi Rama cumplen seis días en Albania, dejan más de 270 heridos y agravan una crisis política con la adhesión a la UE de fondo.
Imagen: Albinfo / CC BY 4.0.
Resumen
- Albania encadena seis días de protestas y supera los 270 heridos
- Edi Rama rechaza dimitir pese a la presión de estudiantes y oposición
- La crisis amenaza con enturbiar el camino de Albania hacia la Unión Europea
Albania afronta su sexto día consecutivo de protestas contra el Gobierno de Edi Rama, una movilización nacida entre estudiantes que ha terminado convertida en una de las crisis políticas y sociales más delicadas sufridas por el primer ministro en los últimos años. Los disturbios han dejado ya más de 270 heridos desde el martes y los enfrentamientos continúan en las calles de Tirana.
La tensión volvió a dispararse alrededor del Ministerio de Educación, uno de los epicentros de las concentraciones. La Policía empleó gases lacrimógenos y cañones de agua mientras grupos de manifestantes lanzaban piedras y otros objetos contra los agentes. Tres personas tuvieron que ser trasladadas este domingo al Hospital Universitario de Trauma: un policía, un menor de 15 años y una periodista. Los tres permanecían estables.
Más de 270 heridos tras seis días de movilizaciones
El balance permite medir hasta qué punto la protesta ha dejado de ser una concentración estudiantil más. Durante los cinco primeros días, 272 personas necesitaron asistencia sanitaria: 169 policías, 82 manifestantes y 21 transeúntes, según los datos difundidos por las autoridades sanitarias albanesas. Solo durante la jornada del sábado se contabilizaron 65 heridos.
La cifra no incluye todavía un balance completo de esta sexta jornada. En cualquier caso, la sucesión de choques empieza a dibujar una escena bastante más seria que una protesta puntual: adoquines arrancados, humo, contenedores quemados y escaparates dañados, con cordones antidisturbios avanzando y retrocediendo según arrecia la presión.
La violencia ha sido bidireccional. Parte de los participantes ha utilizado piedras, artefactos pirotécnicos y cócteles molotov, mientras las fuerzas de seguridad han recurrido a gases lacrimógenos, cañones de agua y otros medios antidisturbios. Siete agentes llegaron a ser suspendidos mientras se investigaban posibles excesos policiales durante las primeras jornadas.
Los estudiantes exigen la dimisión de Edi Rama
El grito que se ha convertido en banda sonora de las manifestaciones apunta directamente al jefe del Ejecutivo: los concentrados reclaman la dimisión de Edi Rama. Muchos de quienes salen a la calle son universitarios y estudiantes de secundaria descontentos con las condiciones de la enseñanza pública, el coste de estudiar y unas perspectivas laborales que consideran cada vez más estrechas.
Pero la protesta ya ha desbordado el terreno educativo. El malestar incluye acusaciones de corrupción, falta de oportunidades y elevado coste de vida, asuntos que llevan tiempo erosionando la relación de una parte de la población con las instituciones. Las movilizaciones también han atraído a ciudadanos ajenos al ámbito universitario.
De las universidades a una protesta contra el Gobierno
Ese salto explica el tamaño del problema para Rama. Lo que comenzó con reivindicaciones relacionadas con las universidades y las condiciones educativas ha terminado concentrando varias capas de descontento. Se encendió una cerilla concreta, sí, pero debajo había bastante madera seca.
En Tirana se han registrado ataques contra edificios públicos, bancos y otros inmuebles. También hubo incidentes en las inmediaciones de la sede del Partido Socialista, donde fueron rotas varias ventanas. La Policía ha practicado numerosas detenciones y abierto procedimientos contra personas relacionadas con los disturbios.
Rama descarta dimitir y señala el riesgo para la UE
Edi Rama no contempla abandonar el cargo. El dirigente socialista, primer ministro desde 2013 y actualmente en su cuarto mandato, ha rechazado las exigencias de los manifestantes y sostiene que lo que está en juego no es únicamente la continuidad de su Ejecutivo, sino también el futuro europeo del país.
Rama ha advertido de que los disturbios pueden perjudicar el proceso de adhesión de Albania a la Unión Europea, uno de los grandes proyectos estratégicos del país. Tirana aspira a completar su integración comunitaria alrededor de 2030 y se encuentra entre los candidatos de los Balcanes occidentales que más han avanzado en las negociaciones.
El argumento del primer ministro tiene una doble lectura. Rama presenta la estabilidad institucional como condición necesaria para no descarrilar el proyecto europeo; sus críticos consideran, precisamente, que las movilizaciones muestran el desgaste acumulado de esas mismas instituciones. Europa se ha convertido así en parte del debate interno, no solo en un horizonte diplomático.
El jefe del Gobierno también ha ofrecido diálogo a los estudiantes dispuestos a reunirse con él, aunque mantiene una línea mucho más dura frente a los grupos violentos. El Ejecutivo intenta separar a los manifestantes pacíficos de quienes protagonizan ataques y disturbios. Sobre el terreno, esa frontera no siempre resulta tan limpia.
Una crisis que viene de meses atrás
Las movilizaciones actuales tampoco aparecen en un vacío. Albania llevaba meses registrando protestas vinculadas a distintos asuntos, entre ellos el rechazo a un gran proyecto turístico en la costa sur relacionado con una firma fundada por Jared Kushner, yerno del presidente estadounidense Donald Trump.
Aquel movimiento fue acumulando un malestar que posteriormente ha conectado con las reivindicaciones estudiantiles. La mezcla es incómoda para cualquier Gobierno: jóvenes que reclaman mejores servicios públicos, ciudadanos preocupados por la corrupción, dificultades económicas y una oposición que intenta aprovechar políticamente el desgaste.
Todo ocurre, además, mientras Albania intenta proyectar hacia Bruselas la imagen de un Estado capaz de cumplir los estándares exigidos para entrar en la UE. La aspiración europea de Albania convierte una crisis interna en un problema con una dimensión diplomática mucho mayor.
Las autoridades han denunciado también la presencia de individuos encapuchados y grupos organizados entre los manifestantes. Rama ha atribuido parte de la escalada a intereses extranjeros y ha asegurado que fue neutralizado un dron con explosivos que supuestamente pretendía alcanzar la sede del Gobierno. Se trata de una acusación especialmente grave formulada por el propio primer ministro.
La presión altera la agenda del primer ministro
La crisis ha empezado incluso a modificar la actividad institucional. El Gobierno albanés canceló una visita que Rama tenía prevista a Viena, donde debía reunirse con el canciller austríaco, Christian Stocker. La cita tenía especial importancia porque Austria respalda el proceso europeo de Albania.
No es un detalle menor. Cuando una protesta consigue mantener a un jefe de Gobierno en la capital y alterar una agenda internacional organizada con antelación, deja de ser únicamente un problema de orden público. La contestación ha entrado directamente en la agenda política del Ejecutivo.
Estados Unidos ha pedido evitar la violencia, mientras las instituciones europeas siguen con atención una crisis que afecta a uno de los países que aspiran a ampliar la frontera política de la Unión Europea en los Balcanes. Bruselas observa tanto la respuesta de las autoridades como la evolución de las manifestaciones.
El largo poder de Rama afronta una prueba de enorme desgaste
Edi Rama ha sobrevivido durante más de una década a elecciones, escándalos políticos, acusaciones de corrupción contra distintas figuras del poder y una oposición especialmente áspera. Esta vez, sin embargo, el protagonismo de los jóvenes introduce una variable diferente: una movilización que no gira únicamente alrededor de los partidos tradicionales y que ha conseguido mantenerse durante seis días pese a los enfrentamientos.
Todavía resulta imposible saber si el movimiento conservará esa fuerza o acabará desgastándose entre la violencia, las detenciones y el cansancio. Lo cierto es que Tirana continúa bajo presión y el Gobierno no ha logrado devolver la protesta al terreno exclusivamente universitario.
Rama permanece en su puesto y rechaza dimitir. Frente a él, miles de manifestantes sostienen exactamente lo contrario. En medio queda Albania, con más de 270 heridos y seis jornadas de disturbios, ante una crisis que ya no discute únicamente una política educativa o una decisión concreta: empieza a cuestionar directamente la continuidad y la autoridad del propio poder.
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