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Economía

La plantilla de Iberdrola protesta cada martes por el bloqueo salarial

Las protestas vuelven a Iberdrola: la plantilla reclama subidas ligadas al IPC mientras el convenio colectivo sigue bloqueado tras meses de tensión.

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Dos empleados de Iberdrola

Resumen

  • ELA convoca concentraciones de 15 minutos todos los martes de octubre
  • El sindicato reclama subidas salariales ligadas, como mínimo, al IPC
  • El convenio sigue bloqueado tras meses de protestas y más de 60 reuniones

La tensión laboral vuelve a instalarse a las puertas de Iberdrola. ELA ha convocado concentraciones de 15 minutos todos los martes de octubre, entre las 8.30 y las 8.45 horas, en los accesos a los centros de trabajo de la eléctrica. El sindicato reclama un convenio que proteja el poder adquisitivo de la plantilla y garantice incrementos salariales ligados, como mínimo, al IPC.

No es una protesta aislada ni una discusión nacida de repente. La negociación del IX Convenio Colectivo de Iberdrola arrastra meses de desencuentros, movilizaciones y jornadas de huelga. ELA sostiene que algunas de sus principales reivindicaciones llevan más de cinco años sobre la mesa. Iberdrola, por su parte, defiende que la negociación ha sido extensa y que ha planteado decenas de mejoras laborales. Dos relatos que, de momento, siguen viajando por raíles paralelos.

El salario y el IPC, en el centro del conflicto

El núcleo de la disputa es bastante menos enrevesado de lo que suele sugerir el lenguaje de una negociación colectiva: cuánto deben subir los salarios y cómo evitar que pierdan valor frente a los precios.

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ELA reclama incrementos garantizados que tengan como referencia mínima la evolución del IPC. El sindicato lleva tiempo denunciando una pérdida de poder adquisitivo de la plantilla y considera insuficientes las propuestas empresariales presentadas durante la negociación.

La organización sindical aseguraba ya en febrero de 2025 que los trabajadores habían acumulado una merma salarial del 16% desde la firma del anterior convenio. CCOO elevó posteriormente su propia estimación de pérdida de poder adquisitivo hasta alrededor del 19% durante las movilizaciones de 2026. Son cálculos sindicales, no una cifra reconocida por la empresa, pero explican buena parte del malestar que ha alimentado las protestas.

Una negociación que supera las 60 reuniones

Iberdrola ofrece una lectura muy distinta del bloqueo. La compañía acudió en septiembre al Servicio Interconfederal de Mediación y Arbitraje y aseguró que desde enero de 2025 se habían celebrado más de 60 reuniones para negociar el nuevo convenio.

La eléctrica sostiene que ha presentado alrededor de 60 mejoras de las condiciones laborales, entre ellas incrementos salariales, medidas de conciliación y flexibilidad horaria, mayores aportaciones a la previsión social y propuestas específicas para determinados colectivos. También reprochó a la representación sindical una posición que considera demasiado rígida y reclamó contrapropuestas que permitieran avanzar.

Ahí está precisamente el atasco. La empresa afirma que existen mejoras sobre la mesa; los sindicatos consideran que esas mejoras no resuelven el problema principal, que es garantizar que el sueldo no corra más despacio que el coste de la vida.

ELA acusa a Iberdrola de intentar generar miedo

La nueva convocatoria incorpora un elemento más áspero. ELA acusa a la dirección de haber endurecido su política laboral después de que, según el sindicato, la empresa diera por finalizada la negociación a finales de julio.

La organización habla de una estrategia destinada a generar miedo entre la plantilla y menciona cartas remitidas a trabajadores por su asistencia a reuniones sindicales y despidos puntuales que interpreta como una advertencia al conjunto de los empleados. Se trata de acusaciones formuladas por ELA; la convocatoria difundida este miércoles no aporta una respuesta específica de Iberdrola a esos señalamientos.

El sindicato cuestiona también el alcance real de la garantía de empleo recogida en el convenio. A su juicio, una cláusula de protección pierde buena parte de su utilidad cuando existe margen para decisiones empresariales que los representantes de los trabajadores consideran incompatibles con ese compromiso.

De las concentraciones a las huelgas

El clima viene calentándose desde bastante antes de octubre. Durante 2025 y 2026 se han sucedido manifestaciones, concentraciones y paros vinculados a la negociación del convenio. ELA convocó huelgas en junio de 2025 y mayo y junio de 2026 en Euskadi y Navarra, mientras otras centrales también participaron en distintas movilizaciones.

Las concentraciones de octubre rebajan aparentemente la intensidad —15 minutos frente a los centros de trabajo—, pero no necesariamente la presión. Su repetición semanal permite mantener visible el conflicto y ELA ya avisa de que contempla nuevas jornadas de huelga si continúa sin haber avances.

Los beneficios de Iberdrola alimentan la disputa

Hay otro dato que atraviesa inevitablemente la negociación: el momento económico de Iberdrola. Para los sindicatos, discutir sobre pérdida de poder adquisitivo mientras la compañía presenta resultados elevados convierte el conflicto salarial en algo especialmente difícil de explicar a la plantilla.

Iberdrola cerró 2025 con un beneficio récord de más de 6.200 millones de euros, cifra utilizada reiteradamente por las organizaciones sindicales durante las movilizaciones de este año. En el primer semestre de 2026, la compañía declaró 4.336 millones de euros de beneficio neto reportado y más de 8.000 millones de EBITDA ajustado.

Su plan estratégico dibuja, además, una empresa en expansión: prevé 58.000 millones de euros de inversiones hasta 2028, con las redes eléctricas como principal motor del crecimiento, y se ha marcado como objetivo alcanzar unos 7.600 millones de beneficio neto ajustado en 2028. La remuneración prevista para los accionistas se moverá entre el 65% y el 75% del beneficio, de acuerdo con la política anunciada por la propia compañía.

Para ELA, esa fotografía hace difícil justificar que no se garantice una actualización salarial vinculada al IPC. Para Iberdrola, la negociación no puede reducirse a comparar directamente beneficio empresarial y nómina: la compañía sostiene que su propuesta incorpora incrementos salariales y un paquete más amplio de condiciones laborales.

Un conflicto que ya va mucho más allá de una subida salarial

Después de tantos meses, el choque empieza a tener una segunda capa. Ya no se discute únicamente una cifra en la nómina. Se discuten la confianza entre dirección y plantilla, la seguridad del empleo y el modelo de relaciones laborales dentro de una de las mayores empresas españolas.

Las concentraciones de los martes sirven precisamente para mantener esos asuntos en primer plano mientras el convenio sigue sin resolverse. Son quince minutos, apenas lo que dura un café largo. Pero repetidos semana tras semana pueden convertirse en una fotografía incómoda para una compañía que atraviesa uno de los periodos de mayor crecimiento de su historia.

La distancia sigue siendo clara: los representantes sindicales quieren garantías que blinden el poder adquisitivo y consideran insuficiente lo ofrecido; Iberdrola sostiene que ha presentado numerosas mejoras y reclama movimiento a la otra parte. Mientras ese espacio no se estreche, el conflicto laboral seguirá abierto y octubre tendrá, cada martes, su pequeño recordatorio a las puertas de la eléctrica.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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