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Ciencia

La próxima edad de hielo empezó hace 2.000 años y se frenó en 1960

Un estudio sitúa hace 2.000 años el inicio de una nueva glaciación y señala que el calentamiento global frenó su avance hacia 1960 en el Ártico.

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edad de hielo

Imagen: Jerzy Strzelecki / CC BY 3.0.

Resumen

  • El casquete de Barnes empezó a crecer de nuevo hace unos 2.000 años
  • El proceso habría marcado el inicio de una nueva fase glacial
  • El calentamiento global invirtió ese avance hacia 1960

La Tierra habría comenzado a entrar en una nueva fase de glaciación hace unos 2.000 años, cuando el Imperio romano dominaba buena parte de Europa. El proceso avanzó lentamente durante siglos, pero terminó invirtiéndose hacia 1960 debido al aumento de las temperaturas estivales asociado a los gases de efecto invernadero. Es la conclusión de un estudio publicado en Science a partir del análisis del casquete de Barnes, en la isla canadiense de Baffin.

El hallazgo no significa que el planeta estuviera a punto de quedar cubierto de hielo en el siglo XX. La escala geológica juega con otros calendarios: habrían hecho falta decenas de miles de años para reconstruir un manto de hielo continental comparable al de las grandes glaciaciones. Lo novedoso es que los investigadores creen haber identificado el momento en que ese larguísimo proceso natural había comenzado y, también, cuándo cambió de dirección.

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El último resto de un gigantesco manto de hielo

La investigación se centra en el casquete de Barnes, situado en el centro de la isla de Baffin, en el Ártico canadiense. No es un glaciar cualquiera. Se considera el último superviviente del enorme manto de hielo Laurentide, que durante la última glaciación cubrió gran parte de Canadá y llegó hasta zonas del actual Estados Unidos.

En sus momentos de máxima expansión, aquel manto alcanzó espesores de más de tres kilómetros en algunos lugares. Tras el final del último periodo glacial fue retrocediendo hasta quedar reducido, entre otros restos, al actual Barnes.

Los científicos reconstruyeron su evolución y concluyeron que el hielo alcanzó unas dimensiones mínimas durante el Holoceno después de hace unos 3.600 años. Más tarde volvió a crecer. Según el trabajo dirigido por Nicolás E. Young, ese avance comenzó aproximadamente hace dos milenios.

Aquí aparece la afirmación más llamativa del estudio: los autores consideran que aquella reexpansión constituía el inicio de la siguiente glaciación.

Dicho de otro modo, mientras Roma pasaba de república a imperio y Augusto gobernaba el Mediterráneo, en el Ártico canadiense estaba ocurriendo algo infinitamente más lento: un antiguo manto de hielo empezaba otra vez a ganar terreno.

Plantas enterradas bajo el hielo reconstruyen su historia

Buena parte de esta reconstrucción ha sido posible por una peculiaridad del casquete de Barnes. Se trata de hielo frío en su base y prácticamente pegado al terreno, por lo que no erosiona el suelo con la intensidad característica de muchos glaciares que se deslizan sobre agua de fusión.

Eso permitió conservar debajo musgos y otros restos vegetales que habían crecido cuando aquellas zonas estaban libres de hielo.

Cuando el casquete volvió a avanzar, cubrió y mató la vegetación. Los investigadores han utilizado la datación por radiocarbono de esos restos para determinar aproximadamente cuándo volvió el hielo a ocupar cada zona. También recurrieron al berilio-10, un isótopo producido en las superficies rocosas expuestas a la radiación cósmica, para reconstruir cuánto tiempo habían permanecido determinadas rocas fuera del hielo.

Un avance que continuó durante casi dos milenios

Muchas de las plantas analizadas quedaron cubiertas durante los últimos siglos y una proporción considerable de las dataciones se concentra alrededor de 1800, coincidiendo aproximadamente con las etapas finales de la denominada Pequeña Edad de Hielo.

Pero el equipo ha combinado esos datos con evidencias procedentes de otros pequeños casquetes de la misma región. El resultado apunta a que el proceso no comenzó en aquella época, sino mucho antes: alrededor de hace 2.000 años.

Los autores interpretan ese crecimiento como algo más que una fluctuación local. Para ellos representa el primer paso de una nueva glaciación, aunque esta interpretación introduce un matiz importante: otros modelos climáticos han situado tradicionalmente el comienzo de la próxima gran fase glacial miles o incluso decenas de miles de años en el futuro.

La diferencia está, en buena medida, en qué se considera el comienzo de una glaciación. Si se espera hasta que ya existen enormes mantos continentales, la fecha será mucho más tardía. Si el punto de partida es el momento en que uno de esos antiguos mantos deja de retroceder y vuelve a expandirse, el calendario cambia radicalmente.

Por qué el hielo empezó a crecer otra vez

Las grandes glaciaciones no aparecen porque un invierno salga especialmente frío. Responden a procesos orbitales y climáticos que actúan durante miles de años.

Después del máximo de insolación estival en las altas latitudes del hemisferio norte, alcanzado hace aproximadamente 10.000 o 11.000 años, la cantidad de energía solar recibida durante el verano comenzó una lenta tendencia descendente. Ese cambio favorecía temperaturas estivales progresivamente más bajas y, con ellas, una mayor posibilidad de conservar la nieve acumulada durante el invierno.

En un glaciar, el asunto es bastante elemental: para crecer debe ganar durante los meses fríos más hielo del que pierde durante el verano. Si ese balance permanece positivo durante siglos, el casquete avanza.

Eso es precisamente lo que los investigadores sostienen que estaba ocurriendo en Baffin.

El proceso habría sido extraordinariamente lento. Según las estimaciones explicadas por Young, habrían sido necesarios aproximadamente 30.000 años para que el Laurentide recuperase una extensión continental comparable a la de una gran glaciación. Nadie del año 1960 estaba, por tanto, a unas décadas de ver Nueva York o Toronto enterradas bajo kilómetros de hielo. La escala temporal importa. Mucho.

El cambio de dirección llegó hacia 1960

La trayectoria se rompió durante el siglo XX. Hacia 1960, las temperaturas estivales habían aumentado lo suficiente para que el casquete de Barnes empezara a perder durante el verano más hielo del que acumulaba en invierno.

El estudio sitúa alrededor de ese momento el máximo alcanzado por esta nueva expansión del Laurentide. A partir de entonces comenzó el retroceso y el balance de masa pasó a ser negativo. Los autores atribuyen esa inversión al calentamiento antropogénico, es decir, al incremento de temperaturas provocado por la acumulación de gases de efecto invernadero procedentes de las actividades humanas.

Desde entonces, Barnes ha seguido perdiendo terreno. Su margen se ha retirado en algunos sectores cientos de metros desde mediados del siglo XX, dejando expuesta vegetación que llevaba siglos enterrada.

El deterioro ha llegado a un punto especialmente relevante: el casquete prácticamente ha perdido su zona de acumulación, la parte en la que debería sobrevivir suficiente nieve de un año al siguiente para generar hielo nuevo. Sin esa reserva, un glaciar entra en una situación difícilmente sostenible a largo plazo.

Las proyecciones manejadas por el equipo indican que Barnes podría desaparecer por completo durante los próximos siglos. Si ocurre, se extinguiría el último resto del gigantesco manto Laurentide que dominó buena parte de Norteamérica durante el Pleistoceno.

Seguimos técnicamente dentro de una edad de hielo

Hay, además, una cuestión de vocabulario que conviene aclarar. En lenguaje cotidiano se utiliza “edad de hielo” para describir aquellos periodos en los que enormes mantos helados cubren una parte considerable de los continentes.

Geológicamente, sin embargo, la Tierra sigue dentro de una edad de hielo iniciada hace unos 34 millones de años, porque existen grandes masas permanentes de hielo en los polos. Dentro de esa etapa se alternan periodos glaciales, mucho más fríos, e interglaciales, más cálidos.

El planeta atraviesa actualmente el Holoceno, el periodo interglacial iniciado hace unos 11.700 años después de la última gran glaciación. Por eso resulta más preciso decir que la investigación identifica el posible comienzo de un nuevo periodo glacial, aunque “edad de hielo” siga siendo la expresión más habitual fuera de la literatura científica.

El trabajo tampoco demuestra que todo el planeta estuviese enfriándose de manera uniforme hace dos mil años ni que exista consenso absoluto sobre dónde debe colocarse la frontera que marca el inicio de una glaciación. Esa es precisamente una de las partes interesantes del estudio: propone utilizar el primer crecimiento renovado de un antiguo manto de hielo como señal de que el proceso ya había arrancado.

Un ciclo natural que el calentamiento cambió de dirección

La investigación ofrece así una imagen poco intuitiva del clima terrestre. El enfriamiento orbital de muy largo plazo estaba favoreciendo la expansión del hielo en el Ártico canadiense mientras, en una escala temporal muchísimo más corta, la industrialización elevaba rápidamente la concentración de gases de efecto invernadero.

Terminó imponiéndose el segundo proceso.

Eso no convierte el calentamiento global en una especie de salvación frente a una glaciación inmediata. La expansión continental del hielo habría necesitado miles y miles de años, mientras que las consecuencias del calentamiento actual se están produciendo en décadas y siglos.

El interés del descubrimiento está en otro lugar. Un mecanismo climático que llevaba aproximadamente dos milenios avanzando habría cambiado de signo en apenas unas generaciones humanas. El casquete que comenzó a crecer cuando Roma dominaba el Mediterráneo alcanzó su máxima extensión moderna alrededor de 1960 y desde entonces retrocede.

Si Barnes termina desapareciendo, el próximo episodio glacial —cuandoquiera que pueda producirse bajo unas concentraciones elevadas de gases de efecto invernadero— podría incluso comenzar en condiciones diferentes. El último núcleo superviviente del Laurentide, que durante milenios había servido como remanente de aquel gigantesco manto de hielo, ya no estaría allí.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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