Tecnología
Anthropic calcula que robots e IA podrían asumir el 80% del trabajo
Robots e inteligencia artificial podrían cubrir gran parte del trabajo, pero Anthropic advierte de costes, límites técnicos y barreras sociales.
Resumen
- Robots e IA podrían intervenir en alrededor del 80% del trabajo
- El 80% mide tareas expuestas, no empleos que vayan a desaparecer
- El coste hace rentable automatizar solo una pequeña parte del trabajo
La combinación de inteligencia artificial y robótica ya tiene capacidad técnica para intervenir en alrededor del 80% del trabajo realizado en Estados Unidos, medido por el tiempo dedicado a distintas tareas. Es una cifra enorme, pero necesita una traducción inmediata para evitar el titular apocalíptico fácil: Anthropic no sostiene que ocho de cada diez empleos estén a punto de desaparecer. Habla de tareas expuestas a la automatización, muchas de ellas solo posibles para las máquinas en entornos muy controlados.
El estudio de Anthropic sobre robots, IA y trabajo concluye que los robots actuales podrían ejecutar aproximadamente el 74% de las tareas físicas en determinadas circunstancias. Esas actividades representan alrededor del 34% de todo el tiempo trabajado. Al añadir las tareas que podrían asumir los grandes modelos de lenguaje, como los utilizados en asistentes de inteligencia artificial, la exposición conjunta sube hasta aproximadamente el 81%. Ahí está el dato realmente llamativo. Y también la letra pequeña.
Qué significa realmente que el 80% del trabajo esté expuesto
Estar expuesto a la automatización no equivale a ser sustituido. Es probablemente la distinción más importante de toda la investigación y también la que convierte una cifra aparentemente devastadora en un fenómeno bastante más complejo.
Anthropic considera una tarea expuesta cuando existe actualmente una tecnología capaz de realizarla, aunque necesite condiciones especiales. Un brazo industrial capaz de preparar alimentos en una cadena perfectamente organizada cuenta; también un vehículo autónomo que circula por determinadas vías. Eso no implica que mañana puedan instalarse esas máquinas en cualquier restaurante, almacén o carretera española y funcionar como quien cambia una impresora.
De hecho, gran parte de la robótica actual continúa dependiendo de espacios diseñados para ella. Una fábrica ordenada, un almacén con recorridos previsibles, una cinta transportadora. Fuera de ese pequeño universo geométrico, la realidad se vuelve más incómoda: cables enredados, escaleras, clientes que se mueven donde no deberían, objetos de tamaños distintos, barro, tráfico, niños, enfermos. El mundo, en fin.
Los investigadores analizaron miles de actividades profesionales y distinguieron entre las que ningún robot puede realizar actualmente y aquellas posibles en instalaciones específicamente preparadas, lugares de trabajo estructurados o escenarios abiertos y cambiantes. Solo alrededor del 1% del tiempo laboral total corresponde a tareas que los robots pueden ejecutar actualmente en entornos verdaderamente poco estructurados.
Conductores y almacenes aparecen entre los más expuestos
La automatización física no afecta por igual a todas las profesiones. Los puestos relacionados con conducción, transporte y logística aparecen especialmente expuestos porque los vehículos autónomos y los robots móviles ya han demostrado capacidades relativamente avanzadas.
Entre las ocupaciones analizadas, los taxistas figuran en la zona alta de exposición. También aparecen trabajadores de almacén, preparación de pedidos, clasificación de materiales o determinadas actividades industriales. Nueve de las diez ocupaciones con mayor exposición identificadas por Anthropic están relacionadas con la conducción de vehículos.
Hay ejemplos menos cinematográficos, pero seguramente más importantes. Robots equipados con visión artificial y sistemas de agarre pueden clasificar residuos en cintas de reciclaje. Otros desplazan mercancías dentro de almacenes, limpian superficies o realizan determinadas soldaduras. Son máquinas bastante alejadas del humanoide brillante de las demostraciones comerciales: ruedas, sensores, pinzas y mucho trabajo repetitivo.
En el extremo contrario aparecen actividades donde coinciden contacto humano, improvisación y destreza manual. La enfermería, ciertos trabajos de reparación, los cuidados personales y numerosas profesiones sociales siguen siendo mucho más difíciles de automatizar de manera integral.
El gran freno no es solo tecnológico: es el precio
Aquí cambia por completo la fotografía. Los robots pueden realizar una proporción considerable de tareas, pero económicamente solo resultan competitivos frente al trabajo humano en alrededor del 0,3% de las actividades laborales analizadas.
La diferencia entre poder hacer algo y poder hacerlo más barato es gigantesca. Instalar maquinaria, sensores y sistemas de seguridad cuesta dinero; también mantenerlos, alimentarlos, repararlos y supervisarlos. Un robot industrial no se descarga desde internet como un programa. Tiene acero, motores, cámaras, baterías, piezas que se desgastan.
La inteligencia artificial puede copiarse millones de veces con un coste marginal relativamente reducido; un brazo mecánico sigue necesitando una fábrica que lo construya. Esa diferencia entre el software y el mundo físico explica buena parte de la distancia que separa las demostraciones espectaculares de una automatización económicamente viable.
Anthropic calcula que los robots ya podrían realizar tareas equivalentes al 34% del tiempo total de trabajo, pero la rentabilidad inmediata apenas alcanza ese 0,3%. Incluso entre profesiones muy automatizables aparecen grandes diferencias: determinadas operaciones de empaquetado pueden acercarse al coste de un trabajador, mientras que sustituir completamente a soldadores, limpiadores u otros profesionales continúa siendo varias veces más caro.
La caída del precio marcará la velocidad de la automatización
Los investigadores estiman que el coste de los robots ha disminuido históricamente alrededor de un 3% anual. Si ese ritmo se mantuviera, haría falta aproximadamente una caída adicional del 70% para que fueran económicamente competitivos en el 10% del trabajo.
Traducido al calendario, serían unos 40 años siguiendo la tendencia histórica. La tecnología, claro, rara vez avanza obedeciendo una regla recta dibujada con lápiz. Nuevos procesos industriales, robots humanoides producidos a gran escala o mejoras bruscas de la inteligencia artificial podrían acelerar el proceso.
Anthropic plantea incluso un escenario rápido en el que la automatización competitiva alcanzaría aproximadamente la mitad del trabajo físico hacia 2050. Bajo una evolución más parecida a la histórica, ese umbral se alejaría hasta alrededor de 2085. Conviene quedarse con ese abanico y no con una fecha grabada en piedra. Nadie sabe cuánto costará un robot suficientemente hábil dentro de veinte años.
Lo difícil sigue siendo tocar, improvisar y tratar con personas
Hay otra barrera menos vistosa que los algoritmos: las manos. Según el análisis, las limitaciones de capacidad todavía impedirían una implantación generalizada de robots en alrededor del 70% de las tareas físicas.
La manipulación de objetos destaca especialmente. Aproximadamente la mitad de ese trabajo exigiría máquinas mucho mejores agarrando, colocando, girando o manipulando elementos de formas imprevisibles. Son acciones aparentemente triviales para una persona, pero todavía endiabladamente complejas para muchas máquinas.
Es una paradoja curiosa de esta revolución tecnológica. Un modelo de IA puede redactar código o analizar miles de documentos en segundos, mientras que doblar ropa, desenredar un cable o trabajar alrededor de una tubería puede convertirse en una pequeña pesadilla mecánica.
Tampoco todo lo técnicamente posible será socialmente aceptado. Anthropic calcula que las preferencias humanas podrían frenar la robotización de aproximadamente una cuarta parte de las tareas físicas y que la regulación actual plantea obstáculos en torno al 14%. Hay trabajos donde la sociedad simplemente puede decidir que quiere una persona delante: atender a un niño, cuidar a un paciente, tomar determinadas decisiones de seguridad.
La eficiencia tiene fronteras culturales. No todas aparecen en una hoja de cálculo y no todas desaparecerán porque una máquina sea capaz de ejecutar técnicamente una determinada tarea.
La IA amplía la automatización más allá de las fábricas
Hasta hace pocos años, hablar de automatización evocaba cadenas de montaje. El salto actual es diferente porque une dos mundos tecnológicos que durante décadas avanzaron casi separados.
Los robots atacan el trabajo físico. Los grandes modelos de lenguaje alcanzan buena parte del trabajo cognitivo: escribir, programar, clasificar información, analizar documentos, preparar comunicaciones o gestionar procesos administrativos. Juntos cubren una porción mucho más amplia de la economía.
Anthropic estima que los modelos de lenguaje por sí solos exponen aproximadamente la mitad del trabajo. Al incorporar los robots, la proporción asciende al 81%. En transporte y movimiento de mercancías, por ejemplo, la exposición pasa de menos del 15% con modelos lingüísticos a cerca del 90% cuando se incorpora la robótica.
Eso ayuda a explicar por qué el debate laboral sobre inteligencia artificial ya no puede limitarse a programadores, traductores o administrativos. La siguiente frontera está en unir software inteligente con máquinas capaces de moverse por el mundo real.
Dentro de Anthropic el cambio laboral ya resulta visible
La propia empresa funciona como una especie de laboratorio adelantado unos años respecto a muchas compañías tradicionales. Anthropic ha analizado cómo utilizan sus empleados los sistemas de inteligencia artificial y las señales son llamativas: la IA ya modifica la distribución del trabajo dentro de la compañía.
Sus empleados producen más código por persona, los comerciales gestionan más operaciones y los departamentos jurídicos procesan más contratos a medida que utilizan agentes de IA. El trabajo humano, sin embargo, no desaparece sin más. Cambia de sitio: supervisar agentes, corregir errores y decidir prioridades empieza a consumir una parte creciente de la jornada.
La experiencia interna también explica por qué quienes trabajan en la primera línea tecnológica tienen expectativas bastante distintas del resto de la población. Más de la mitad de los empleados de Anthropic considera que para 2030 la inteligencia artificial podrá ejecutar al menos el 80% del trabajo que realizan actualmente.
Entre los adultos estadounidenses consultados en un estudio comparable, solo alrededor del 5% comparte una expectativa semejante. No demuestra que esa previsión vaya a cumplirse. Sí revela hasta qué punto cambia la percepción cuando estas herramientas de IA dejan de utilizarse ocasionalmente y pasan a trabajar durante toda la jornada.
Un mercado laboral distinto antes que un mundo sin empleo
Los datos de Anthropic dibujan algo más complejo que una sustitución masiva de humanos por máquinas. El 80% no significa 80% de empleos eliminados, y confundir ambos conceptos convierte un estudio económico interesante en una profecía de ciencia ficción.
Una ocupación está formada por muchas tareas. Algunas pueden desaparecer, otras permanecer y otras crecer precisamente porque las máquinas hacen el trabajo rutinario. El comercial que deja de redactar correos puede dedicar más horas a negociar; el ingeniero que ya no escribe cada línea de código puede terminar coordinando varios agentes; una enfermera puede utilizar sistemas automáticos sin entregar a una máquina la relación con el paciente.
El precedente histórico tampoco invita a una lectura simple. El estudio encuentra que las profesiones más expuestas a robots durante las últimas cinco décadas terminaron registrando peores resultados relativos de empleo y salarios, señal de que la automatización sí tiene consecuencias económicas reales. Al mismo tiempo, el propio trabajo cambia, aparecen nuevas funciones y persisten cuellos de botella humanos que la tecnología no resuelve con facilidad.
La fotografía de 2026, por tanto, es extraña pero bastante nítida: la capacidad técnica avanza mucho más deprisa que la implantación económica. La IA puede ocuparse de una parte creciente del trabajo intelectual y los robots ya alcanzan numerosos trabajos físicos, pero entre una demostración tecnológica y una sustitución rentable hay todavía una distancia considerable.
El empleo no está ante un interruptor que vaya a apagarse de golpe. Está entrando en una transformación desigual, profesión por profesión y tarea por tarea. En algunos almacenes esa transformación ya tiene ruedas y pinzas. En una consulta médica, una obra o una conversación difícil entre dos personas, todavía conserva un rostro bastante humano.
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