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Historia

Hallan en Bulgaria un templo pagano que sobrevivió al veto de Teodosio

El hallazgo en Bulgaria saca a la luz un templo pagano del siglo V, con altar, zona de sacrificios y un singular relieve de Cibeles y tres ninfas.

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templo pagano pese al veto de Teodosio

Resumen

  • El templo pagano de Bulgaria siguió activo hasta el siglo V
  • El santuario conserva altar, zona de sacrificios y espacio para ofrendas
  • Un relieve reúne por primera vez a Cibeles y tres ninfas en el mismo conjunto

Un templo pagano que habría seguido funcionando cuando el Imperio romano ya había prohibido buena parte de los antiguos cultos ha salido a la luz en el sureste de Bulgaria. El hallazgo, realizado en Balak Dere, cerca de Ivaylovgrad y del río Arda, incluye un edificio de unos 15 metros de longitud y un singular relieve de mármol en el que aparecen juntas tres ninfas y la diosa Cibeles.

La cronología es lo que convierte unas ruinas interesantes en algo bastante más incómodo para la imagen ordenada de la Antigüedad tardía. Los arqueólogos creen que el santuario continuó utilizándose hasta el siglo V, después de las disposiciones promulgadas bajo Teodosio I contra los sacrificios y otras prácticas paganas. La ley podía salir de Constantinopla; conseguir que todos los rincones del Imperio obedecieran al mismo tiempo era otro asunto.

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Un templo de 15 metros con tres espacios para el culto

El edificio tiene planta trapezoidal, está orientado de sureste a noroeste y mide aproximadamente 15 metros de largo. Su interior se divide en tres estancias comunicadas mediante puertas y colocadas sobre un mismo eje, una distribución que ha permitido reconstruir con bastante claridad cómo se desarrollaban allí las ceremonias.

La sala mayor contenía el altar. La estancia central albergaba la zona destinada a los sacrificios, mientras que una tercera habitación servía para conservar las ofrendas de los fieles. No son piezas dispersas cuya función haya tenido que imaginarse a partir de un par de piedras. El interés está precisamente en que los elementos aparecen integrados en un único conjunto arquitectónico.

Los responsables de la excavación consideran excepcional esa conservación. Según su interpretación, sería la primera vez que se documentan juntos y organizados de esta manera los principales componentes de la arquitectura de un templo pagano de la Antigüedad tardía dentro de un asentamiento que continuó teniendo vida hasta el siglo V.

Cibeles aparece junto a tres ninfas en un relieve excepcional

Entre los materiales recuperados sobresale una pieza de mármol con cuatro figuras: Cibeles y tres ninfas. El equipo arqueológico señala que esta combinación iconográfica concreta no había sido documentada hasta ahora en otro relieve comparable.

Cibeles fue una de las grandes divinidades maternales del mundo antiguo. Su culto tenía raíces en Frigia, en Anatolia, y terminó extendiéndose por amplias zonas del Mediterráneo griego y romano. Roma la incorporó como Magna Mater, la Gran Madre, y su figura quedó asociada a la naturaleza, la fertilidad y las fuerzas protectoras.

Las ninfas pertenecían a otro universo religioso, aunque no demasiado lejano. Eran divinidades vinculadas a manantiales, ríos, bosques y montañas. Encontrarlas acompañando a Cibeles no parece, por tanto, una reunión caprichosa de dioses antiguos: puede reflejar una tradición religiosa local en la que distintos cultos terminaron entrelazándose.

El agua puede explicar para qué servía el santuario

Hay otra pista bajo tierra. Alrededor del templo se ha localizado un canal de agua, y el complejo se encuentra cerca del río Arda. Esa relación entre arquitectura, agua y ninfas ha llevado a los investigadores a plantear que el lugar pudiera haber funcionado también como un ninfeo, un santuario relacionado con estas divinidades.

La hipótesis todavía necesita más estudio. Un ninfeo no tenía por qué adoptar siempre la misma forma ni dedicarse exclusivamente a las ninfas, y el relieve de Cibeles complica —para bien— cualquier interpretación demasiado sencilla. Lo que aparece en Balak Dere parece un paisaje religioso mezclado, muy propio de un Imperio donde los dioses viajaban, cambiaban de nombre y adquirían rasgos locales.

El santuario siguió vivo cuando el paganismo estaba prohibido

El contexto histórico es especialmente revelador. En el año 380, el Edicto de Tesalónica impulsó el cristianismo niceno como religión respaldada por el poder imperial. Durante los años siguientes, el Gobierno de Teodosio I endureció su legislación contra determinadas prácticas religiosas tradicionales.

Las medidas de 391 y 392 prohibieron sacrificios, restringieron el acceso ritual a los templos y persiguieron distintas formas de veneración pagana, tanto públicas como privadas. Sobre el papel, el antiguo sistema religioso entraba en una zona cada vez más estrecha. Sobre el terreno, la transformación fue mucho menos limpia.

Eso es lo que hace importante Balak Dere. La estratigrafía y la cronología del complejo apuntan a que allí se siguieron practicando cultos paganos durante el siglo V, cuando las órdenes imperiales ya habían cambiado radicalmente las reglas religiosas. No significa necesariamente que sus fieles organizaran una resistencia consciente contra Teodosio. La historia rara vez funciona con esa pulcritud. Significa que las creencias antiguas sobrevivieron y que las leyes no borraron de un plumazo hábitos transmitidos durante generaciones.

Uno de los últimos santuarios paganos de la Tracia occidental

El yacimiento está situado en una región históricamente vinculada a Tracia, un territorio donde las religiones locales habían convivido durante siglos con influencias griegas y romanas. Los investigadores consideran que el complejo podría ser uno de los últimos templos paganos utilizados por comunidades tracias de la zona occidental.

Conviene mantener el condicional. La arqueología puede fechar muros, objetos, niveles de incendio y transformaciones constructivas; determinar qué pensaba exactamente una comunidad hace 1.600 años resulta bastante más delicado. Aun así, la arquitectura del templo, el relieve de Cibeles y las ninfas y la continuidad cronológica forman un conjunto poco habitual.

El santuario terminó destruido por un gran incendio hacia mediados del siglo V. Que el fuego estuviera relacionado con el conflicto religioso de la época es una posibilidad planteada en torno al yacimiento, pero no está demostrado quién provocó el incendio ni siquiera que fuese intencionado. Convertir las cenizas en prueba de una persecución concreta iría más allá de lo que permiten afirmar los restos.

La cristianización fue más lenta de lo que dicen los decretos

Durante mucho tiempo fue tentador contar la cristianización del Imperio romano como una sustitución casi mecánica: se prohibieron los viejos dioses, se cerraron sus templos y llegó el cristianismo. Los hallazgos arqueológicos dibujan algo más desordenado. Viejos cultos y nuevas creencias coexistieron, a veces durante décadas e incluso durante siglos, con ritmos muy distintos según la ciudad, la región y el grupo social.

Balak Dere encaja en ese mundo de fronteras borrosas. Mientras el poder imperial legislaba contra los sacrificios, alguien seguía dejando ofrendas. Mientras las autoridades cristianas trataban de transformar el paisaje religioso, junto al Arda todavía había un lugar donde las ninfas, Cibeles y sus fieles conservaban espacio.

Ahí reside probablemente el mayor valor del descubrimiento. No únicamente en un templo de piedra o en un relieve extraño, sino en la imagen de una sociedad que no cambió de religión de un día para otro. Entre una orden imperial y la vida cotidiana había cientos de kilómetros, costumbres muy antiguas y personas que seguían entrando en un santuario porque allí habían entrado sus padres y sus abuelos. La Historia, una vez más, avanzó menos como una puerta que se cierra y más como una habitación cuya luz tarda en apagarse.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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