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Trump frenó el ataque de Netanyahu contra Irán previsto para octubre
Israel tenía preparado un nuevo ataque contra Irán para el 10 de octubre, con varios días de bombardeos, pero Trump bloqueó la operación prevista.
Imagen: D. Myles Cullen / The White House / Dominio público.
Resumen
- Israel preparó una ofensiva de varios días contra Irán para el 10 de octubre
- Trump frenó el plan antes de las elecciones legislativas de noviembre
- Netanyahu mantiene abierta la opción militar y Teherán sigue en alerta
El Gobierno de Benjamin Netanyahu tenía preparado a comienzos de octubre un nuevo ataque de gran escala contra Irán, con una campaña de bombardeos de varios días que debía comenzar durante el fin de semana del 10 de octubre. La operación no llegó a ejecutarse porque Donald Trump se opuso a reabrir esa fase de la guerra antes de las elecciones legislativas estadounidenses del 3 de noviembre, según las informaciones conocidas sobre los preparativos israelíes.
No se trataba de una incursión aislada ni de una respuesta limitada a un único objetivo. Las Fuerzas de Defensa de Israel habían trabajado sobre una operación de varios días que incluía instalaciones vinculadas al programa nuclear iraní, infraestructuras energéticas y enclaves asociados al aparato de poder de Teherán. Israel estaba preparado para golpear; Washington, en ese momento, prefirió contener la escalada.
Israel había preparado varios días de bombardeos contra Irán
La planificación militar estaba lo bastante avanzada como para contemplar una ofensiva prolongada. Netanyahu había ordenado al Ejército israelí preparar una nueva campaña y el fin de semana del 10 de octubre aparecía como la ventana prevista para iniciar los ataques. El nivel de preparación iba más allá de elaborar escenarios sobre el papel: las fuerzas israelíes habían trabajado durante días sobre una operación de considerable intensidad.
El abanico de blancos revela la dimensión que podía alcanzar el ataque. Junto a instalaciones relacionadas con el programa nuclear iraní figuraban plantas energéticas, infraestructuras civiles y objetivos relacionados con el régimen. Israel también había seguido ampliando su banco de objetivos gracias a nueva inteligencia obtenida durante los meses posteriores a los anteriores combates.
Las infraestructuras energéticas estaban entre los objetivos
La inclusión de centrales eléctricas e infraestructuras civiles habría elevado sensiblemente el impacto de la operación. Ya no se trataba únicamente de degradar capacidades militares o nucleares, sino de golpear piezas esenciales del funcionamiento cotidiano y económico de Irán. Cuando una guerra alcanza las redes eléctricas, las refinerías o los nodos energéticos, el daño deja de permanecer dentro de los cuarteles.
Ese salto también podía desencadenar una respuesta iraní de mayor intensidad y ampliar el conflicto a otros puntos de Oriente Próximo. El estrecho de Ormuz, las bases estadounidenses de la región y los aliados de Washington e Israel forman parte de un tablero extremadamente sensible, donde cualquier nueva ronda de ataques puede trasladarse con rapidez al comercio, al petróleo y a los mercados internacionales.
Trump frenó la ofensiva antes de las elecciones de noviembre
La principal barrera llegó desde Washington. Trump rechazó que Israel reanudara una campaña militar de gran escala antes de las elecciones legislativas del 3 de noviembre, una cita decisiva para el control del Congreso estadounidense. El presidente no cerró definitivamente la puerta a futuras operaciones, pero consideró inconveniente abrir en ese momento otra fase del enfrentamiento con Teherán.
El cálculo tiene una evidente dimensión política y económica. La guerra con Irán ha pesado sobre la presidencia estadounidense y sobre el precio de la energía, mientras la crisis en el estrecho de Ormuz continúa condicionando los suministros. Una nueva oleada de bombardeos podía disparar otra vez la tensión regional apenas unas semanas antes de que los estadounidenses acudieran a las urnas.
Ahí aparece una de las paradojas de esta crisis: una decisión militar tomada a miles de kilómetros puede terminar sintiéndose en una gasolinera de Ohio o Pensilvania. Para Trump, la posibilidad de otro salto en los precios de los combustibles y una nueva exposición militar estadounidense constituían un riesgo electoral difícil de ignorar.
Netanyahu mantiene abierta la opción de volver a atacar
Que la operación prevista para octubre quedara aparcada no significa que Israel haya renunciado a ella. Netanyahu continúa defendiendo la posibilidad de reanudar ataques a gran escala contra Irán si considera que las circunstancias lo exigen, mientras las fuerzas israelíes mantienen actualizados sus planes y objetivos.
La cuestión principal es el calendario. Una vez superadas las elecciones israelíes del 27 de octubre y las legislativas estadounidenses del 3 de noviembre, desaparecen dos de los condicionantes políticos inmediatos que pesaron sobre el plan inicial. Eso no significa que vaya a producirse automáticamente una ofensiva, pero sí que el factor electoral perderá parte de su peso.
Tampoco está claro cuál sería el grado de participación estadounidense en una hipotética nueva campaña. Washington puede aportar inteligencia, defensa aérea, apoyo logístico y capacidad ofensiva, pero la decisión de involucrarse directamente abre un escenario mucho más delicado. De momento, la cooperación militar entre Estados Unidos e Israel sigue siendo estrecha sin que exista una fecha confirmada para nuevos ataques.
La visita de Hegseth elevó la atención sobre Irán
El contexto ganó todavía más tensión con la visita no anunciada del secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, a Israel el 19 de octubre. Hegseth se reunió con Netanyahu en la base aérea de Uvda, en el desierto del Néguev, y Irán estuvo entre los asuntos tratados durante unos contactos celebrados en plena escalada de señales militares y diplomáticas.
La visita se produjo apenas ocho días antes de las elecciones parlamentarias israelíes y con fuerzas estadounidenses desplegadas en la región. La coincidencia alimentó las especulaciones sobre una eventual reanudación de las operaciones, aunque no existe confirmación oficial de una fecha fijada para una nueva ofensiva contra territorio iraní.
Irán se prepara mientras las negociaciones siguen bloqueadas
En Teherán tampoco domina precisamente la confianza. Las autoridades iraníes consideran posible que Estados Unidos o Israel vuelvan a atacar y mantienen al país preparado para esa eventualidad. Al mismo tiempo, los contactos diplomáticos continúan encallados por las condiciones sobre el programa nuclear, las sanciones, la presión económica y la crisis marítima en torno al estrecho de Ormuz.
Irán exige concesiones económicas y garantías antes de avanzar, mientras Washington pretende situar el enriquecimiento de uranio y las capacidades estratégicas iraníes en el centro de cualquier acuerdo. Ninguna de las dos partes parece dispuesta a entregar al contrario una victoria política sencilla. El resultado es una tregua extraordinariamente frágil: negociaciones en una sala, aviones preparados a pocos cientos de kilómetros.
Teherán conoce también el peso de las elecciones estadounidenses. Prolongar la negociación puede aumentar la presión doméstica sobre Trump, especialmente mientras el coste de la energía siga afectando al electorado. Washington, por su parte, intenta evitar que Irán convierta el calendario electoral en una ventaja estratégica. Diplomacia y presión militar avanzan así casi en paralelo.
Dos elecciones condicionan una guerra que sigue sobre la mesa
La revelación del plan preparado para el 10 de octubre coloca a Netanyahu y Trump ante una contradicción bastante clara. Ambos mantienen una posición dura frente a Teherán, pero los calendarios electorales de Israel y Estados Unidos están condicionando cuándo y hasta dónde transformar esa presión en una nueva operación militar.
Netanyahu afronta las urnas israelíes el 27 de octubre. Trump mira al 3 de noviembre. Entre ambas fechas, un ataque contra Irán podría alterar no solo el escenario militar de Oriente Próximo, sino también el precio del petróleo, las campañas electorales y el equilibrio político dentro de Washington y Jerusalén.
El episodio deja una conclusión incómoda pero bastante nítida: la opción militar no desapareció, simplemente quedó aplazada. Israel había preparado una campaña de varios días y Estados Unidos consideró que aquel no era el momento. Cuando pasen las elecciones, esa barrera política será distinta. Y en un Oriente Próximo con los motores encendidos, esa diferencia pesa.
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