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San Petersburgo mantiene la escasez de gasolina pese a la recuperación

San Petersburgo recupera parte del suministro de gasolina tras la crisis de septiembre, pero persisten estaciones sin carburante y precios elevados.

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una fuerte escasez de gasolina

Resumen

  • San Petersburgo mejora tras la fuerte escasez de gasolina de septiembre
  • Casi cuatro de cada diez estaciones aún carecen de algún tipo de gasolina
  • Rusia ha limitado exportaciones mientras recupera capacidad de refino

San Petersburgo continúa sufriendo problemas importantes de abastecimiento de gasolina, aunque la situación ha mejorado respecto al momento más grave de la crisis. El dato de que cerca de la mitad de las gasolineras se habían quedado sin combustible refleja el fuerte deterioro registrado en septiembre, pero no describe exactamente la situación de este 30 de octubre.

Los datos disponibles muestran una recuperación todavía incompleta. Un seguimiento de 560 estaciones operativas situaba este viernes la disponibilidad tanto de gasolina AI-92 como de AI-95 en torno al 62% de las gasolineras. Es decir, casi cuatro de cada diez estaciones no disponían de cada uno de esos tipos de carburante en el momento de la medición, aunque eso no significa que estuviesen completamente vacías: una estación podía tener una clase de combustible y carecer de otra.

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La crisis llegó a dejar sin gasolina a buena parte de la ciudad

El problema fue mucho más severo durante septiembre. Un análisis realizado el 10 de septiembre situó en el 42,9% la proporción de gasolineras sin combustible en San Petersburgo entre las estaciones de las que había información disponible. Apenas dos semanas y media antes, esa proporción era del 4,5%.

Dos días después, la situación había empeorado aún más. Un rastreo de 175 estaciones encontró gasolina únicamente en 55 gasolineras. En las demás faltaban AI-92 y AI-95, mientras que en muchos de los establecimientos que todavía podían vender carburante se formaban largas colas. El combustible recién entregado podía agotarse en cuestión de tres o cuatro horas.

Hubo estaciones donde los conductores llegaron a esperar más de dos horas. También aparecieron límites de 30, 50 o 60 litros por vehículo, una medida destinada a impedir que unos pocos consumidores agotaran las existencias nada más llegar un camión cisterna.

No era, por tanto, una simple subida de precios. El problema había pasado a ser físico: había días en los que encontrar gasolina dependía de la estación, la hora y hasta de cuánto tiempo hubiera pasado desde la última entrega. Un escenario poco habitual para una de las principales ciudades de uno de los mayores productores de petróleo del mundo.

Los ataques contra las refinerías golpearon el suministro ruso

Detrás del desabastecimiento confluyen varios factores, pero uno ha resultado especialmente relevante: los ataques ucranianos contra instalaciones de refino rusas. El golpe no afecta directamente a la extracción de petróleo, sino a la capacidad de transformar ese crudo en gasolina, diésel y otros productos utilizables.

La crisis en San Petersburgo se agravó después de los daños sufridos por la refinería de Kirishi, situada en la región de Leningrado. La planta, una de las mayores instalaciones de este tipo del país y especialmente importante para el noroeste de Rusia, tuvo que reducir y suspender parte de su actividad tras ataques con drones.

Eso creó un problema bastante elemental para una gran potencia exportadora de petróleo: producir crudo no equivale a disponer automáticamente de gasolina. El petróleo tiene que llegar a una refinería, ser procesado y después transportado hasta las estaciones de servicio. Si falla alguno de esos eslabones, tener enormes reservas bajo tierra sirve de poco al conductor que necesita llenar el depósito.

El efecto tampoco se limitó a una sola planta. Los ataques contra distintas refinerías durante 2026 redujeron la capacidad de procesamiento disponible y obligaron a realizar reparaciones, modificar rutas logísticas y recurrir a reservas. El impacto fue especialmente visible durante el verano y el comienzo del otoño, cuando numerosas regiones introdujeron restricciones de venta.

Las gasolineras independientes, entre las más afectadas

Las grandes compañías petroleras rusas disponen de refinerías, redes logísticas y estaciones propias. Las pequeñas gasolineras dependen mucho más de poder comprar combustible en el mercado mayorista, y ahí apareció otro cuello de botella.

En la región de Leningrado, alrededor del 20% de las estaciones pequeñas e independientes llegó a suspender su actividad en septiembre ante las dificultades para adquirir suficiente gasolina. Las autoridades regionales implantaron entonces un límite común de 30 litros por repostaje.

Cuando desaparecen temporalmente decenas de pequeñas estaciones, la demanda se concentra en las grandes redes que todavía tienen carburante. El resultado es bastante previsible: más colas, mayor velocidad de agotamiento de los depósitos y una presión adicional sobre una distribución que ya funciona con dificultades.

Rusia ha tenido que restringir las exportaciones de combustible

La dimensión de la crisis queda también reflejada en las decisiones adoptadas por Moscú. El Gobierno ruso impuso restricciones a las exportaciones de gasolina, diésel y otros productos petrolíferos para reservar una mayor cantidad de combustible para el mercado interno.

La prohibición general aprobada por el Ejecutivo ruso tiene vigencia hasta el 31 de enero de 2027, aunque contempla excepciones y regímenes diferentes según el producto y el tipo de productor. Las limitaciones forman parte del intento de estabilizar un mercado interno que ha soportado problemas simultáneos de producción, distribución y precios.

Es una paradoja difícil de pasar por alto. Rusia es uno de los mayores productores de hidrocarburos del planeta, pero ha tenido que limitar la salida al extranjero de productos refinados para garantizar el abastecimiento de su propio mercado.

El combustible disponible, además, se ha encarecido. Según la estadística oficial rusa, el precio medio de la gasolina en el país se encontraba el 26 de octubre un 18,6% por encima del nivel de finales de 2025. En San Petersburgo los precios aumentaron otro 0,7% únicamente durante la semana del 20 al 26 de octubre.

La situación mejora, pero San Petersburgo no ha vuelto a la normalidad

Octubre ha cambiado parcialmente el panorama. La actividad de las refinerías rusas aumentó con fuerza durante la segunda mitad del mes a medida que algunas instalaciones dañadas fueron reparadas y disminuyeron los ataques contra centros de refino.

Las estimaciones de la industria apuntan a que el procesamiento de crudo aumentó alrededor de un 25% en la segunda mitad de octubre, hasta acercarse a cinco millones de barriles diarios. La producción de diésel también se recuperó.

La consecuencia ya puede verse sobre el terreno. Varias regiones han retirado límites de venta y el suministro en San Petersburgo está claramente mejor que durante las jornadas críticas de septiembre. En la región de Leningrado comenzó igualmente la eliminación progresiva de algunas restricciones durante la última semana de octubre.

Pero mejora no significa normalidad. Que alrededor del 62% de las estaciones monitorizadas disponga de AI-92 y un porcentaje parecido tenga AI-95 deja todavía un mercado vulnerable a retrasos en las entregas, averías o nuevas interrupciones de la producción.

De las colas masivas a una escasez más dispersa

La diferencia respecto a septiembre está, sobre todo, en la intensidad. Entonces había barrios enteros en los que repostar se convirtió en una pequeña expedición y las colas de decenas de vehículos eran habituales. A finales de octubre, los indicadores muestran una escasez más dispersa y menos extrema, sin aquellas concentraciones generalizadas de vehículos.

El problema tampoco afecta igual a todos los carburantes. Una estación puede tener AI-92 pero carecer de AI-95, vender únicamente diésel o recibir un cargamento que desaparece rápidamente. Por eso las cifras de disponibilidad deben interpretarse como fotografías de un mercado cambiante, no como un inventario permanente.

Ese matiz importa. Decir que casi cuatro de cada diez estaciones carecen de una determinada gasolina no equivale a afirmar que cuatro de cada diez gasolineras estén completamente vacías. La disponibilidad varía según el carburante y puede cambiar en cuestión de horas con cada nueva entrega.

El combustible se convierte en otra vulnerabilidad de la guerra

La crisis de San Petersburgo ha dejado al descubierto una debilidad que hasta hace poco parecía poco probable en un país con la capacidad petrolera de Rusia. Extraer petróleo y garantizar gasolina en los surtidores son dos problemas distintos, especialmente cuando las instalaciones que transforman el crudo se convierten en objetivos militares.

El suministro ha mejorado desde el peor momento de septiembre y Rusia está recuperando capacidad de refino. Aun así, la necesidad de restringir exportaciones, reparar plantas a marchas forzadas y mantener medidas excepcionales demuestra que el mercado doméstico continúa bajo presión.

San Petersburgo ya no está en el escenario extremo de septiembre, cuando conseguir gasolina podía implicar recorrer varias estaciones y esperar durante horas. Pero tampoco puede hablarse todavía de plena normalización. La gasolina vuelve poco a poco; la vulnerabilidad permanece.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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