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Salud

La tuberculosis aumenta en Argentina: 17.283 casos y datos de 1980

Los casos de tuberculosis aumentan en Argentina y algunos indicadores vuelven a niveles de 1980, pese a los avances médicos y los tratamientos.

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La tuberculosis crece en Argentina

Resumen

  • Argentina notificó 17.283 casos de tuberculosis en 2025
  • Algunos indicadores sanitarios vuelven a niveles similares a los de 1980
  • Solo el 53,3% de los casos de 2024 tuvo un tratamiento exitoso

La tuberculosis aumenta en Argentina y algunos de sus indicadores sanitarios han regresado a niveles similares a los de comienzos de los años ochenta. El país registró 17.283 casos durante 2025, casi un 59% más que en 2020, mientras que los primeros datos de 2026 confirman que la enfermedad sigue siendo un problema creciente. Los especialistas advierten especialmente del incremento de los contagios infantiles y de las dificultades para completar los tratamientos.

La alerta procede de un estudio presentado en el 54.º Congreso Argentino de Medicina Respiratoria, que analizó la evolución de la enfermedad entre 1980 y 2025. Sus resultados muestran una paradoja preocupante: Argentina dispone de pruebas capaces de detectar la infección en pocas horas y de medicamentos eficaces para curarla, pero determinados resultados sanitarios se parecen a los registrados hace aproximadamente 45 años.

No significa que toda la situación epidemiológica haya retrocedido hasta 1980. La comparación afecta a indicadores concretos, especialmente los relacionados con la transmisión entre menores y la respuesta terapéutica. Aun así, el deterioro merece atención. La tuberculosis es una infección prevenible y curable, y su persistencia refleja problemas que van más allá de la disponibilidad de antibióticos: condiciones de vida precarias, diagnósticos tardíos y pacientes que no consiguen mantener el tratamiento durante los meses necesarios.

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Cinco años de aumento: 17.283 casos de tuberculosis en 2025

Los registros del Ministerio de Salud argentino muestran una tendencia ascendente desde 2020. Aquel año se notificaron 10.896 casos, frente a los 17.283 registrados en 2025, una cifra equivalente a 37,3 casos por cada 100.000 habitantes. Del total correspondiente a 2025, 16.359 fueron clasificados como casos incidentes, una categoría que incluye nuevos diagnósticos, recaídas y pacientes sin información suficiente sobre su clasificación inicial.

Los datos disponibles de 2026 tampoco apuntan a una recuperación sostenida. Hasta la semana epidemiológica 40, que comprende los primeros meses del año hasta comienzos de octubre, se habían contabilizado 11.286 notificaciones. Esta cifra supera en un 18% la mediana correspondiente al mismo periodo entre 2022 y 2025. Conviene precisar que esa comparación se realiza con una referencia histórica y no representa necesariamente un incremento interanual del 18%.

El repunte comenzó durante la pandemia, cuando las restricciones y las dificultades de acceso a los servicios sanitarios afectaron al diagnóstico de numerosas enfermedades. Parte del aumento posterior puede explicarse por la recuperación de esa capacidad de detección. Sin embargo, cinco años de crecimiento continuado dificultan atribuir toda la evolución a los efectos del coronavirus. Los especialistas también señalan la persistencia de cadenas de transmisión que no están siendo interrumpidas a tiempo.

Por qué los especialistas hablan de un retroceso de 45 años

La comparación histórica presentada en el congreso médico es especialmente significativa porque las herramientas sanitarias actuales son muy superiores a las disponibles en 1980. Existen pruebas moleculares rápidas, medicamentos eficaces y una red de profesionales capaces de diagnosticar y tratar la infección.

Andrés Burke Viale, neumólogo y co-coordinador de la sección de Tuberculosis de la Asociación Argentina de Medicina Respiratoria, ha advertido de que determinados indicadores se encuentran en niveles comparables a los de hace cuatro décadas y media. El especialista relaciona esta evolución con problemas de organización sanitaria y con las dificultades para mantener una respuesta coordinada entre los diferentes territorios.

La observación obliga a distinguir dos cuestiones. Una es el número de infecciones detectadas, que también depende de la capacidad de diagnóstico. Otra, bastante más delicada, es la capacidad del sistema sanitario para evitar nuevos contagios y conseguir que los enfermos se curen. Es precisamente en esta segunda dimensión donde aparecen algunas de las señales más preocupantes.

Los casos de tuberculosis infantil revelan contagios no detectados

Entre 2020 y 2024, las notificaciones de tuberculosis en menores de 15 años crecieron a un ritmo medio anual del 19,1%, según los informes epidemiológicos nacionales. Es una evolución particularmente relevante porque los niños suelen contraer la infección tras un contacto estrecho con una persona adulta que padece tuberculosis activa.

Cuando se diagnostica la enfermedad en un menor, los profesionales sanitarios deben investigar los posibles contactos familiares y del entorno habitual. En determinadas situaciones, el diagnóstico infantil puede revelar que había un adulto enfermo que no había sido identificado previamente.

La transmisión de la tuberculosis no depende de un contacto casual con cualquier persona infectada. La bacteria se propaga principalmente por el aire cuando alguien con tuberculosis pulmonar contagiosa expulsa partículas respiratorias, especialmente en espacios cerrados y mal ventilados. El riesgo aumenta con la proximidad, la duración de la exposición y determinadas condiciones de vulnerabilidad.

El incremento de los diagnósticos pediátricos constituye, por tanto, una señal de alerta sobre posibles contagios comunitarios. Detectar pronto a los adultos enfermos, estudiar sus contactos y ofrecer tratamiento preventivo cuando corresponda resulta esencial para proteger a los menores.

Los tratamientos funcionan, pero demasiados pacientes no los terminan

Uno de los datos más preocupantes corresponde a los resultados terapéuticos. Entre los casos de tuberculosis notificados en 2024, el 53,3% registró un tratamiento exitoso, mientras que el 16% perdió el seguimiento sanitario y el 7,5% figuraba como fallecido en los registros de evolución clínica. Este último porcentaje corresponde a pacientes fallecidos durante el seguimiento y no debe confundirse automáticamente con una estadística de defunciones cuya causa básica sea la tuberculosis.

Estas cifras también deben interpretarse teniendo en cuenta la existencia de pacientes sin resultado documentado y las distintas situaciones recogidas por la vigilancia epidemiológica. No obstante, ponen de manifiesto un problema importante: disponer de medicamentos no garantiza que todas las personas diagnosticadas puedan completar su recuperación.

La tuberculosis sensible a los fármacos habituales se trata generalmente mediante una combinación de antibióticos durante unos seis meses, aunque existen pautas y duraciones diferentes según el paciente y las características de la enfermedad. Los síntomas pueden mejorar bastante antes de terminar la medicación. Abandonarla sin supervisión médica aumenta el riesgo de recaída, prolongación de la transmisión y aparición de resistencias a los antibióticos.

La Organización Mundial de la Salud considera la tuberculosis multirresistente uno de los grandes problemas internacionales de salud pública. Estas formas de la enfermedad requieren medicamentos específicos, tratamientos más complejos y un seguimiento especialmente cuidadoso.

En Argentina existen experiencias de atención comunitaria que muestran la importancia del acompañamiento individual. La Casa Masantonio, situada en el barrio porteño de Barracas, ha desarrollado un sistema de apoyo a personas con tuberculosis que incluye seguimiento y entrega de medicación. Entre 2019 y 2023, sus resultados de tratamiento satisfactorio alcanzaron el 93,8%, frente al 70,2% registrado con estrategias asistenciales habituales en el área metropolitana de Buenos Aires durante el periodo comparado.

La diferencia no permite extrapolar automáticamente esos resultados a todo el país, pero ilustra algo fundamental: para algunos pacientes, recibir la receta es solo una parte del tratamiento.

Salta registra la mayor tasa y Buenos Aires concentra los casos

La distribución territorial de la tuberculosis argentina presenta importantes desigualdades. Durante 2025, la provincia de Buenos Aires y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires concentraron conjuntamente el 66,1% de los casos notificados en el país.

Sin embargo, el territorio con mayor tasa de notificación fue Salta, con 63,8 casos por cada 100.000 habitantes. Le siguieron la Ciudad de Buenos Aires, con 58,8; la provincia de Buenos Aires, con 55,1; Jujuy, con 52,3; Formosa, con 42,8; y Chaco, con 39,3.

Estas diferencias muestran por qué no basta con observar el total nacional. Buenos Aires reúne una población mucho mayor y, por tanto, concentra numerosos diagnósticos en términos absolutos. Salta, en cambio, presenta una incidencia notificada proporcionalmente más elevada respecto a su población.

La tuberculosis mantiene una relación conocida con la pobreza, el hacinamiento y la malnutrición. Las viviendas con ventilación insuficiente y una elevada ocupación facilitan la transmisión. La falta de recursos también puede dificultar las consultas médicas, el transporte hasta los centros sanitarios o la continuidad de los tratamientos.

La relación funciona incluso en ambas direcciones. Una persona que enferma puede perder ingresos, dejar de trabajar temporalmente o quedarse sin vivienda. Esa precariedad puede complicar todavía más su recuperación. Por eso los especialistas defienden que la respuesta sanitaria incluya medidas de protección social y apoyo a los pacientes más vulnerables.

La reorganización sanitaria abre otro debate en Argentina

El aumento de la enfermedad coincide con cambios en la estructura del Ministerio de Salud impulsados durante el Gobierno de Javier Milei. A finales de 2024 desapareció del organigrama nacional la Coordinación de Tuberculosis y Lepra, cuyas competencias fueron integradas en una estructura administrativa más amplia.

La reorganización ha generado críticas entre profesionales y organizaciones sanitarias, que consideran imprescindible mantener mecanismos específicos de coordinación entre el Estado nacional, las provincias y los municipios. La tuberculosis exige continuidad asistencial, vigilancia epidemiológica y capacidad para localizar a pacientes que interrumpen sus controles, incluso cuando cambian de residencia.

También ha habido controversia presupuestaria. En abril de 2026 se denunció que la partida específica para prevención y control de la tuberculosis todavía no registraba ejecución. Sin embargo, los datos presupuestarios disponibles a finales de octubre muestran una situación distinta: se habían devengado aproximadamente 2.864 millones de pesos argentinos, alrededor del 89% de los 3.215 millones autorizados para esa actividad. Es importante distinguir el retraso inicial en la ejecución de la situación acumulada durante el ejercicio.

Por su parte, el Ministerio de Salud sostiene que está reforzando la respuesta sanitaria. En marzo de 2026 presentó una actualización de las pautas técnicas nacionales para el diagnóstico, tratamiento y seguimiento de la tuberculosis, que no se revisaban integralmente desde 2013.

La Administración argentina también informó de la distribución de 40.500 cartuchos para diagnóstico molecular desde diciembre de 2025 hasta junio de 2026, además del suministro de tratamientos de segunda línea para pacientes con tuberculosis resistente o compleja.

La cuestión no se resuelve únicamente comparando partidas presupuestarias. Es necesario evaluar si los recursos llegan a las zonas más afectadas, si los pacientes reciben sus medicamentos sin interrupciones y si existe capacidad suficiente para investigar los contactos de cada caso. Tampoco sería riguroso atribuir todo el aumento de la tuberculosis a una única decisión gubernamental: la tendencia ascendente comenzó antes y responde a distintos factores.

Una enfermedad curable que exige actuar antes de que se extienda

La tuberculosis está causada por la bacteria Mycobacterium tuberculosis y afecta principalmente a los pulmones, aunque también puede comprometer otros órganos. Entre sus síntomas habituales aparecen la tos persistente durante más de dos semanas, la fiebre, los sudores nocturnos, el cansancio y la pérdida de peso sin explicación aparente.

Ante estos síntomas, especialmente después de haber mantenido contacto con una persona diagnosticada, resulta recomendable acudir a un centro sanitario. La detección precoz permite iniciar el tratamiento y reducir el riesgo de transmisión. La vacunación con BCG, administrada durante la infancia en Argentina, protege especialmente frente a las formas graves de tuberculosis infantil, aunque no impide todos los contagios.

El país dispone de recursos médicos que no existían hace 45 años. Las pruebas moleculares pueden proporcionar resultados en menos de dos horas y los tratamientos antibióticos permiten curar la mayoría de los casos sensibles a los medicamentos habituales. El problema es conseguir que esas herramientas lleguen a tiempo a quienes las necesitan y que nadie quede fuera del seguimiento.

Las cifras de 2025 y los datos parciales de 2026 dejan una advertencia difícil de ignorar. La tuberculosis sigue avanzando en Argentina, mientras algunos indicadores relacionados con su control recuerdan situaciones que parecían superadas. Recuperar los resultados sanitarios no depende solo de identificar más infecciones. Exige evitar que los pacientes abandonen sus tratamientos, detectar los contagios antes de que se propaguen y abordar las condiciones sociales que permiten que una enfermedad curable siga causando tantas dificultades.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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