Mundo
Iglesias de EE. UU. movilizan el voto conservador en las legislativas
Grupos religiosos de Nueva York y Texas impulsan el voto conservador para las elecciones de EE. UU. y el control del Congreso entra en disputa.
Resumen
- Grupos religiosos movilizan el voto conservador para las elecciones del 3-N
- Los republicanos intentan conservar el control de ambas cámaras del Congreso
- El 73 % de los evangélicos blancos registrados apoya a los republicanos
Las organizaciones religiosas conservadoras de Estados Unidos han intensificado sus esfuerzos para movilizar a los fieles ante las elecciones de medio mandato del 3 de noviembre de 2026. Desde las iglesias hispanas de Nueva York hasta las congregaciones evangélicas de Texas, pastores y dirigentes cristianos promueven la participación electoral en defensa de sus valores religiosos y sociales. El objetivo político es relevante: los republicanos intentan conservar el control de las dos cámaras del Congreso en una votación que pondrá a prueba el respaldo al presidente Donald Trump.
La movilización se articula alrededor de cuestiones como el aborto, el matrimonio entre personas del mismo sexo, la identidad de género y la libertad religiosa, aunque también aparecen preocupaciones relacionadas con la inmigración, la seguridad y el coste de la vida. No todos los dirigentes piden abiertamente el voto republicano. Algunos aseguran que animan a sus comunidades a elegir según sus convicciones. La frontera entre orientar moralmente al votante y respaldar a un partido, sin embargo, puede resultar bastante estrecha.
Las elecciones del martes renovarán los 435 escaños de la Cámara de Representantes y 35 puestos del Senado, incluidos dos correspondientes a elecciones especiales. También se elegirán gobernadores en 36 estados. Para el Partido Republicano, la participación de los cristianos conservadores puede resultar decisiva en circunscripciones competitivas, especialmente cuando las encuestas reflejan un desgaste de la popularidad presidencial.
El fenómeno tampoco es nuevo. Desde finales de los años setenta y durante la década de los ochenta, la derecha religiosa estadounidense fue construyendo una sólida relación con el Partido Republicano. Lo que distingue a esta campaña es la combinación de las tradicionales exhortaciones desde los púlpitos con operaciones electorales organizadas, que incluyen visitas a domicilios, llamadas, mensajes y campañas digitales.
Las iglesias hispanas de Nueva York entran en la batalla electoral
En Nueva York, la Organización de Ministros Hispanos, presidida por el reverendo Rubén Díaz, está promoviendo la participación de los fieles desde posiciones conservadoras. Díaz, registrado como demócrata y que se define como demócrata conservador, sostiene que la orientación de su organización no depende de las siglas partidistas, sino de los principios que considera fundamentales.
El religioso explicó que el mensaje se transmite desde los púlpitos, pero aseguró que cada creyente debe votar de acuerdo con su conciencia. Al mismo tiempo, dejó claro su rechazo a los candidatos que defienden el derecho al aborto, el matrimonio homosexual o las intervenciones médicas de transición de género.
La campaña tiene una dimensión electoral concreta. El republicano Bruce Blakeman se enfrenta a la gobernadora demócrata Kathy Hochul, que aspira a renovar su mandato al frente del estado de Nueva York. Blakeman mantuvo un encuentro con dirigentes religiosos hispanos en el Bronx durante los últimos días de octubre.
Díaz ha anunciado su respaldo personal al candidato republicano y critica duramente la evolución ideológica del Partido Demócrata. También cuestiona las políticas migratorias y de seguridad impulsadas por las autoridades demócratas del estado.
Su rechazo se extiende al alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, al que identifica con el avance de posiciones socialistas dentro de los demócratas. Esa caracterización forma parte de su discurso político, no de una posición compartida por todas las comunidades religiosas hispanas.
El caso demuestra que la identidad religiosa puede adquirir un peso electoral considerable incluso dentro de colectivos tradicionalmente asociados al voto demócrata. También recuerda que las diferencias políticas de la población latina son más complejas de lo que suelen sugerir las etiquetas electorales.
Texas: los valores bíblicos también deciden apoyos políticos
En Texas, uno de los principales bastiones republicanos del país, la movilización conservadora encuentra otro escenario relevante.
El reverendo Jorge Tovar, responsable de la Jordan River Church, una pequeña iglesia de Laredo, lleva años defendiendo una mayor presencia de los valores cristianos en la política. En 2019 fundó el movimiento Keep God in Texas, desde el que ha participado en encuentros y conferencias sobre religión y vida pública.
Tovar sostiene que los candidatos deben compartir principios inspirados en la Biblia. Cuestiona especialmente a quienes se presentan como cristianos mientras defienden propuestas que él considera incompatibles con su interpretación de la fe.
La posición del pastor adquiere importancia en la disputa por un escaño del Senado entre el fiscal general republicano Ken Paxton y el legislador estatal demócrata James Talarico.
Talarico, que también es seminarista presbiteriano, incorpora referencias religiosas a su discurso político, pero desde posiciones distintas a las defendidas por el conservadurismo evangélico. Tovar rechaza su candidatura precisamente por esa interpretación del cristianismo.
El enfrentamiento pone de manifiesto una realidad que a menudo se pierde en el debate: la religión no determina por sí sola una orientación política. Dos candidatos o dirigentes pueden reivindicar su fe y llegar a conclusiones opuestas sobre los derechos sociales, la inmigración o el papel del Estado.
El voto evangélico sigue siendo una fortaleza republicana
Los datos muestran por qué los estrategas conservadores dedican tantos recursos a movilizar al electorado religioso.
Una encuesta del Pew Research Center realizada entre el 28 de septiembre y el 4 de octubre de 2026 revela que el 73 % de los protestantes evangélicos blancos inscritos para votar prefiere al candidato republicano de su distrito para la Cámara de Representantes. Solo el 12 % se inclina por el demócrata.
Entre los católicos blancos, el apoyo republicano alcanza el 50 %, frente al 32 % que prefiere a los demócratas. Estas cifras confirman la importancia de determinados sectores cristianos para la coalición electoral conservadora.
Los cristianos estadounidenses no votan todos igual
La misma investigación ofrece una fotografía muy diferente cuando se examinan otras comunidades religiosas.
Entre los protestantes negros registrados, el 74 % manifiesta su preferencia por candidatos demócratas, frente al 6 % que opta por los republicanos. Los católicos hispanos también se inclinan mayoritariamente hacia el Partido Demócrata: un 59 % frente al 19 %.
Los ciudadanos sin afiliación religiosa muestran otra tendencia favorable a los demócratas, con un 61 % de apoyo, frente al 17 % republicano.
El estudio, elaborado a partir de 5.062 adultos, incluidos 3.917 votantes registrados, también detecta una disminución de la aprobación de Trump en los principales grupos religiosos analizados.
Esto introduce una dificultad para los republicanos. La fidelidad ideológica no garantiza la participación electoral, especialmente cuando algunos votantes conservadores expresan malestar por la situación económica o por determinados candidatos de su propio partido.
Una campaña religiosa con millones de votantes en el punto de mira
La movilización conservadora no depende únicamente de los sermones dominicales.
La Faith & Freedom Coalition, organización dirigida por el activista Ralph Reed, ha puesto en marcha para estas elecciones su proyecto Vote Chase, una campaña de captación y participación dirigida especialmente a los votantes religiosos que suelen acudir a las presidenciales, pero participan menos en las elecciones legislativas.
Según sus objetivos anunciados, la organización pretende visitar unos seis millones de hogares y contactar directamente con aproximadamente 32 millones de votantes religiosos. Para ello, su planificación contempla alrededor de 2.000 trabajadores remunerados y más de 4.000 voluntarios.
La operación se concentra, entre otros territorios, en Georgia, Iowa, Michigan, Carolina del Norte, Ohio y Texas. También contempla actuaciones en 40 distritos de la Cámara de Representantes y seis elecciones a gobernador.
Las cifras corresponden a los planes comunicados por la propia organización, no a resultados de participación ya verificados.
El despliegue incluye igualmente millones de mensajes telefónicos, comunicaciones postales y guías electorales distribuidas entre congregaciones. Se trata de localizar a ciudadanos con afinidades conservadoras y conseguir que acudan a votar.
Reed ha reconocido que algunos electores evangélicos están preocupados por el coste de la vida y los precios de los combustibles. Su organización también intenta movilizarlos mediante mensajes sobre las diferencias ideológicas con el Partido Demócrata.
La cuestión es especialmente importante en unas elecciones en las que la participación suele ser inferior a la de los comicios presidenciales. En 2022, por ejemplo, votó aproximadamente el 46 % de la población con derecho a sufragio, según los datos recogidos por Pew Research Center.
Los límites legales de la intervención política de las iglesias
La implicación religiosa en las campañas estadounidenses plantea también una cuestión jurídica: hasta dónde puede llegar una iglesia al orientar electoralmente a sus miembros.
La denominada Enmienda Johnson, incorporada a la legislación tributaria estadounidense en 1954, restringe la participación directa en campañas partidistas de las organizaciones que disfrutan de determinadas exenciones fiscales, incluidas las iglesias acogidas al régimen 501(c)(3).
Estas entidades pueden tratar asuntos políticos y sociales, promover la participación electoral mediante actividades no partidistas y defender determinadas posiciones morales. Otra cosa es que una organización religiosa respalde oficialmente a un candidato o intervenga directamente en su campaña.
Los dirigentes religiosos, por su parte, pueden expresar preferencias políticas a título individual, siempre que no conviertan ese respaldo personal en una intervención electoral atribuible a la entidad exenta de impuestos.
La Administración Trump ha defendido una interpretación más flexible de estas restricciones. Sin embargo, el 31 de marzo de 2026, un juez federal de Texas rechazó aprobar un acuerdo entre el Servicio de Impuestos Internos (IRS) y varias organizaciones religiosas que habría abierto la puerta a determinados respaldos electorales desde las congregaciones.
La resolución no derogó la Enmienda Johnson, que sigue siendo una referencia jurídica fundamental para delimitar la actividad partidista de las organizaciones religiosas.
La controversia enfrenta distintas concepciones de la libertad religiosa y la separación entre las iglesias y el poder político. Para quienes rechazan las restricciones, los templos deberían poder expresar sus preferencias electorales con mayor libertad. Sus defensores consideran que esos límites ayudan a evitar que organizaciones beneficiarias de ventajas fiscales se conviertan en instrumentos de campaña partidista.
La participación religiosa puede influir en el futuro del Congreso
El martes 3 de noviembre, los republicanos defenderán su mayoría en el Congreso en un contexto político menos favorable para Trump que el de su regreso a la Casa Blanca.
La encuesta de octubre de Pew Research Center sitúa las preferencias generales de los votantes registrados para la Cámara de Representantes en un 44 % para los demócratas y un 36 % para los republicanos, con un 20 % que expresa otra preferencia o permanece indeciso. No se trata de una predicción de escaños, pero sí de una señal de las dificultades a las que se enfrenta el partido presidencial.
Para las organizaciones conservadoras, conseguir que voten los cristianos más identificados con sus posiciones sociales puede ayudar a compensar parte de ese desgaste. El margen de maniobra dependerá de cada estado, de la competitividad de las candidaturas y de la capacidad de movilización de ambos partidos.
Tampoco puede ignorarse la otra cara del fenómeno. Existen dirigentes y organizaciones religiosas que impulsan la participación electoral desde posiciones progresistas o mediante iniciativas no partidistas de protección del derecho al voto. La presencia pública de la fe estadounidense es plural, aunque algunos de sus sectores mantengan vínculos especialmente estrechos con el republicanismo.
Lo que está en juego este 3 de noviembre va bastante más allá de una disputa sobre valores morales. El control de la Cámara de Representantes y del Senado determinará qué capacidad tendrá Trump para sacar adelante su agenda legislativa durante los dos últimos años de su mandato.
Las iglesias conservadoras intentan que sus fieles tengan algo que decir en ese resultado. Lo que todavía no está decidido es cuántos responderán a la convocatoria y si su participación bastará para sostener las mayorías republicanas.
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