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Almudena Cid revela en Salvados su prótesis de cadera a los 43 años

Almudena Cid explica en Salvados que lleva una prótesis de cadera desde los 43 años y reclama protección médica, cotizaciones y una jubilación justa.

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Almudena Cid

Foto: Tom Theobald / Wikimedia Commons (licencia CC BY-SA 3.0).

Resumen

  • Almudena Cid recibió una prótesis de cadera a los 43 años
  • Una lesión de hace dos décadas afloró durante una función teatral
  • La exgimnasta reclama cotización y protección tras la retirada

Almudena Cid necesitó una prótesis de cadera a los 43 años por las secuelas de una lesión que arrastraba desde su etapa como gimnasta de élite. La cuatro veces olímpica lo ha contado en Salvados, durante una entrevista emitida el 1 de noviembre de 2026 en laSexta, en la que también ha denunciado la falta de seguimiento médico y de protección laboral que sufren numerosos deportistas españoles cuando abandonan la competición.

La exgimnasta ha explicado a Gonzo que llevaba aproximadamente 20 años con el labrum de la cadera roto sin que se hubiera identificado el alcance de la lesión. La operación, que terminó con la implantación de una prótesis de cuatro componentes, ha servido para poner sobre la mesa un problema más amplio: los deportistas que representan a España durante años pueden llegar a la retirada con lesiones permanentes, periodos sin cotizar y dificultades para acceder a una pensión digna.

Cid, que disputó cuatro finales olímpicas consecutivas entre Atlanta 1996 y Pekín 2008, ha convertido su experiencia personal en una reivindicación colectiva. Junto al exbaloncestista Fernando Romay y la exesquiadora Lola Fernández Ochoa, reclama que los años dedicados al deporte de alto nivel tengan un reconocimiento efectivo en la Seguridad Social.

No se trata únicamente de dinero. También de quién asume las consecuencias de una carrera construida sobre entrenamientos intensivos, lesiones y sacrificios que comienzan, en ocasiones, durante la infancia.

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Una lesión de hace 20 años que terminó en una prótesis de cadera

El problema físico de Almudena Cid comenzó durante su carrera deportiva, cuando la gimnasia rítmica incorporó movimientos de una exigencia articular cada vez mayor. La exdeportista ha explicado que determinados ejercicios obligaban a elevar las piernas hasta los 180 grados y realizar rotaciones extremas que sometían la cadera a una tensión considerable.

En uno de aquellos movimientos sintió dolor, pero la lesión no fue diagnosticada entonces. Durante años continuó con su actividad sin conocer el deterioro que sufría la articulación.

El problema se manifestó con especial intensidad mucho después, durante una representación teatral. Cid tuvo que sujetar a una compañera que se inclinaba hacia atrás y experimentó un dolor intenso en la cadera. Al terminar la función, apenas podía caminar con normalidad.

Las pruebas médicas revelaron lesiones en el labrum, el cartílago y otras estructuras articulares. El labrum es un anillo de tejido que contribuye a estabilizar la cadera y permite que la articulación funcione correctamente. Su deterioro puede causar dolor, limitación de movimientos y problemas mecánicos, especialmente cuando se acompaña de otras lesiones.

En 2023, los especialistas le comunicaron que el estado de su cadera hacía inviable una intervención conservadora y que necesitaba una prótesis articular. Tenía 43 años.

Durante la entrevista, Cid ha reconocido que la noticia le provocó miedo. Llegó a pensar que perdería definitivamente parte de su movilidad y que algunas actividades habituales volverían a resultarle imposibles.

La recuperación, sin embargo, ha sido mucho mejor de lo que esperaba. La exgimnasta continúa trabajando físicamente para recuperar sus capacidades y ha explicado que la intervención le ha permitido volver a realizar movimientos que creía perdidos.

Con cierta ironía, ha comparado la sofisticación de su nueva cadera con la de un Ferrari. El humor no oculta que el proceso fue difícil. Al recordar sus temores durante la conversación con Gonzo, terminó emocionándose.

Almudena Cid denuncia la falta de apoyo de la Federación

Una de las declaraciones más contundentes de la entrevista tiene que ver con la respuesta institucional que, según Cid, recibió después de conocer la gravedad de su lesión.

La exgimnasta ha asegurado que la Federación Española de Gimnasia no se puso en contacto con ella cuando supo que necesitaba una prótesis. También ha explicado que la entidad no asumió los gastos de la operación ni de su recuperación.

Su denuncia apunta a una cuestión especialmente delicada: el seguimiento de las patologías que aparecen o se agravan cuando el deportista ya no pertenece al equipo nacional.

Cid ha relatado que arrastra otras secuelas físicas, entre ellas problemas cervicales, osteofitos y calcificaciones en los pies. Los osteofitos son crecimientos óseos asociados a determinados procesos articulares.

También ha recordado que, cuando acudió a la sanidad pública después de retirarse, descubrió que su historial médico deportivo no estaba incorporado a los registros de la Seguridad Social.

Durante la alta competición, los deportistas pueden disponer de equipos médicos, fisioterapeutas y recursos especializados. El problema surge cuando termina esa etapa y las lesiones acumuladas durante años siguen necesitando tratamiento.

La exgimnasta considera que el reconocimiento institucional no debería terminar con la última competición, especialmente cuando las consecuencias físicas de ese trabajo pueden acompañar al deportista durante el resto de su vida.

Competir lesionada: el sacrificio que Cid asumió desde niña

La entrevista también ha permitido conocer episodios de su trayectoria que muestran hasta qué punto había normalizado el dolor.

Con apenas 12 años, Cid sufrió una fractura del quinto metatarsiano antes de una competición. Según ha relatado, recibió una infiltración para poder competir pese a la lesión. La anestesia redujo la sensibilidad del pie, pero no eliminó completamente el sufrimiento.

Años después, llegó a los Juegos Olímpicos de Sídney 2000 con el menisco roto. Había sufrido la lesión seis meses antes y tuvo que adaptar algunos movimientos para evitar empeorarla.

También ha contado que llegó a competir después de tomar Valium y que los efectos del relajante muscular alteraron la velocidad de ejecución de sus ejercicios.

Su explicación ayuda a comprender una mentalidad muy extendida en el deporte de alto rendimiento: cuando una persona lleva cuatro años preparando una competición, renunciar por una lesión puede parecer una derrota mayor que competir con dolor.

Esa capacidad de resistencia, que durante años se presentó como una virtud indiscutible, tiene límites. Cid reconoce que los deportistas pueden desarrollar una tolerancia al sufrimiento perjudicial para su salud.

La cuestión no es restar valor al esfuerzo deportivo, sino distinguir entre la exigencia propia de la competición y la normalización de prácticas que pueden dejar consecuencias irreversibles.

La retirada de Almudena Cid también tuvo un coste económico

El final de su carrera llegó en Pekín 2008, cuando protagonizó una de las imágenes más recordadas de la gimnasia española: después de completar su ejercicio, besó el tapiz como despedida.

Aquel gesto tuvo una consecuencia económica inmediata que ahora ha explicado en Salvados.

Por los resultados obtenidos en los Juegos Olímpicos, Cid habría podido recibir una beca de 18.000 euros para la siguiente temporada. Sin embargo, al retirarse, perdió el derecho a percibir esa ayuda.

La exdeportista ha recordado el episodio como el beso más caro de su vida.

Su caso refleja cómo funcionan muchas ayudas vinculadas al rendimiento: permiten financiar la preparación mientras el deportista compite, pero desaparecen cuando abandona la actividad, incluso después de una trayectoria extraordinaria.

Cid también ha explicado que durante su carrera obtuvo ingresos publicitarios y acuerdos comerciales que le permitieron afrontar determinados gastos, incluidas sus propias cotizaciones como trabajadora autónoma.

No todos los deportistas disponen de esas oportunidades. En disciplinas con menor repercusión comercial, los ingresos pueden limitarse a becas reducidas, premios ocasionales o ayudas federativas.

Y esos ingresos no equivalen necesariamente a años cotizados.

La jubilación de los deportistas de élite, un problema pendiente

El asunto central de la reivindicación de Almudena Cid, Fernando Romay y Lola Fernández Ochoa es el reconocimiento laboral de los años dedicados a representar a España.

Muchos deportistas comienzan su actividad a edades muy tempranas, entrenan diariamente durante años y se retiran cuando todavía están lejos de la edad ordinaria de jubilación.

El problema aparece cuando descubren que una parte importante de ese recorrido no figura en su vida laboral porque no tuvieron un contrato que generase cotizaciones o porque sus aportaciones fueron insuficientes.

Las medallas olímpicas no generan por sí mismas derechos de pensión. Para acceder a una jubilación contributiva y determinar su cuantía importan los periodos cotizados, las bases de cotización y las condiciones previstas en la legislación de la Seguridad Social.

Esto no significa que todos los deportistas de élite carezcan de protección. Quienes desarrollan su actividad mediante contratos laborales o cotizan por otros mecanismos pueden acumular derechos de la misma forma que otros trabajadores.

La dificultad afecta especialmente a quienes han construido sus carreras mediante becas, subvenciones y fórmulas que no siempre se traducen en una cotización suficiente.

Qué protección existe actualmente en España

La normativa española contempla mecanismos específicos para los deportistas de alto nivel.

El Real Decreto 971/2007 permite que determinados deportistas mayores de 18 años, cuando no están incluidos en otro régimen de la Seguridad Social, puedan suscribir un convenio especial de cotización.

También existen programas públicos destinados a facilitar el pago de cuotas y favorecer la transición profesional después de la retirada.

En junio de 2026, el Gobierno autorizó una convocatoria de ayudas del Consejo Superior de Deportes por valor de 29,4 millones de euros, que incluía hasta tres millones para financiar cotizaciones de deportistas de alto nivel.

En septiembre de 2026 también se aprobó el Real Decreto 739/2026, que permitirá computar determinados periodos de actividad profesional anteriores a la integración de los deportistas en el Régimen General de la Seguridad Social. La medida entrará en vigor el 25 de diciembre de 2026 y exige acreditar que existió una relación profesional con las condiciones establecidas en la norma.

La reforma supone un avance para algunos antiguos deportistas, pero no reconoce automáticamente todos los años de alta competición. Su alcance está delimitado por el periodo de actividad, la modalidad de contratación y los requisitos legales.

Estas medidas representan avances, pero no resuelven automáticamente los periodos históricos sin cotizar ni garantizan que todos los deportistas actuales tengan una cobertura adecuada.

De hecho, en septiembre de 2026 se registró en el Congreso una iniciativa parlamentaria para impulsar una reforma de la protección social del deporte de alto nivel y estudiar un sistema de cotización más estable.

La reivindicación de los exolímpicos busca precisamente avanzar en ese terreno: que el reconocimiento de la actividad deportiva no dependa únicamente de la capacidad económica individual para pagar cuotas y que se estudien soluciones para las carreras laborales incompletas.

Romay y Lola Fernández Ochoa se suman a la reclamación

El testimonio de Cid no ha sido el único en Salvados. Fernando Romay, integrante de la selección española de baloncesto que consiguió la plata olímpica en Los Ángeles 1984, ha denunciado las dificultades que afrontan algunos compañeros de su generación para acceder a una jubilación completa.

Romay ha explicado que, pese a estar en condiciones de retirarse, no puede acceder al cien por cien de la pensión que obtendría con una carrera de cotización completa.

Por su parte, Lola Fernández Ochoa ha cuestionado el modelo laboral que afecta a numerosos deportistas que compiten bajo las instrucciones de sus federaciones, pero deben hacerse cargo personalmente de sus obligaciones con la Seguridad Social.

La exesquiadora ha descrito esta situación mediante la expresión falsos autónomos, una calificación que denuncia la posible contradicción entre las obligaciones impuestas al deportista y la ausencia de una relación laboral reconocida. Su aplicación jurídica depende, en cualquier caso, de las circunstancias concretas.

Fernández Ochoa también ha advertido de las dificultades para encontrar empleo tras abandonar la competición. Quienes se retiran después de dedicar su juventud al deporte pueden incorporarse al mercado laboral con menos experiencia profesional convencional que otras personas de su edad.

La labor de la Fundación Blanca, vinculada al legado de la esquiadora olímpica Blanca Fernández Ochoa, forma parte de este esfuerzo por atender las necesidades psicológicas y sociales de los deportistas una vez finalizada su carrera.

El problema, insisten los participantes del programa, no afecta únicamente a los grandes campeones ni a quienes alcanzaron una medalla. También comprende a deportistas de disciplinas menos conocidas que dedicaron años a competir sin alcanzar ingresos suficientes para asegurar su futuro.

El reconocimiento deportivo también debe llegar a la vida laboral

Las declaraciones de Almudena Cid han reabierto un debate que trasciende su situación personal. España dispone de programas de apoyo al alto rendimiento y de mecanismos de cotización, pero todavía existen diferencias importantes entre el reconocimiento deportivo y la protección social que reciben quienes compiten.

La exgimnasta reclama seguimiento médico después de la retirada, una cobertura adecuada de las consecuencias físicas del deporte y un sistema que permita reconocer laboralmente los años dedicados a la alta competición.

Su caso reúne las dos dimensiones de ese problema: una lesión que terminó exigiendo una prótesis de cadera a una edad temprana y una carrera olímpica que no contó, durante toda su duración, con una protección laboral equivalente al esfuerzo realizado.

Las ayudas existentes y las posibles reformas tendrán que abordar realidades muy distintas, desde deportistas que todavía compiten hasta antiguos olímpicos con lagunas de cotización acumuladas durante décadas.

La reivindicación no consiste en convertir automáticamente cada éxito deportivo en una pensión. Se trata de encontrar una fórmula para reconocer una actividad profesional exigente, garantizar derechos y evitar que la retirada signifique empezar de cero.

Porque una medalla acredita un resultado deportivo, pero no sustituye una vida laboral. Esa es la diferencia que Almudena Cid y sus compañeros quieren que las instituciones dejen de pasar por alto.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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