Tecnología
Merz reclama una IA europea propia para reducir dependencias externas
Friedrich Merz reclama reforzar la autonomía europea en inteligencia artificial con desarrollo propio, inversión industrial y garantías democráticas.
Foto: European People's Party / Wikimedia Commons (licencia CC BY 2.0).
Resumen
- Merz reclama acelerar la inteligencia artificial europea para ganar autonomía
- Alemania quiere aplicar la IA a su industria y liderar nuevas tecnologías
- La UE impulsa fábricas de IA mientras defiende la seguridad y los derechos
El canciller alemán, Friedrich Merz, ha defendido este lunes, 2 de noviembre de 2026, que Europa necesita reforzar su soberanía en inteligencia artificial para evitar que su futuro tecnológico dependa de decisiones tomadas fuera del continente. Durante la Cumbre Digital celebrada en Berlín, el dirigente ha reclamado acelerar el desarrollo de capacidades propias, aprovechar las oportunidades económicas de esta tecnología y garantizar que su evolución respete los valores democráticos europeos.
El mensaje de Merz llega en un momento decisivo para la Unión Europea, que intenta reducir su dependencia de las grandes compañías tecnológicas estadounidenses y competir con el avance de China. El canciller considera que Alemania y sus socios europeos deben desarrollar y utilizar las nuevas herramientas digitales con mucha mayor rapidez. No basta con incorporar sistemas creados por otros: Europa también debe ser capaz de producirlos, gestionarlos y controlar su funcionamiento.
Su intervención ha servido para presentar una estrategia que combina dos prioridades. Por un lado, impulsar la inteligencia artificial aplicada a la industria y a la economía. Por otro, desarrollar tecnologías avanzadas sin comprometer la seguridad, la dignidad humana ni los derechos fundamentales. Una ambición considerable para un continente que lleva años debatiendo cómo regular la revolución digital mientras buena parte de sus grandes protagonistas crecen al otro lado del Atlántico.
La cumbre, organizada por el Gobierno alemán los días 2 y 3 de noviembre bajo el lema Shaping AI: safe, sovereign, competitive —una inteligencia artificial segura, soberana y competitiva—, reúne a responsables políticos, investigadores y representantes empresariales. El objetivo es identificar medidas que permitan a Alemania y Europa ganar peso en una industria cada vez más determinante para la economía y la seguridad.
Merz advierte de la dependencia tecnológica de Europa
La preocupación del canciller va mucho más allá de los asistentes virtuales o las aplicaciones capaces de generar textos e imágenes. La inteligencia artificial se está convirtiendo en una infraestructura estratégica para la industria, las administraciones públicas, la investigación científica y los sistemas de defensa.
Quien controla los centros de datos, los procesadores y los modelos avanzados dispone de una influencia considerable sobre el desarrollo de esta tecnología. Y buena parte de esas capacidades se concentra actualmente en compañías de Estados Unidos y China.
Merz ha insistido en que Alemania y Europa deben mejorar su capacidad para desarrollar tecnologías digitales y utilizarlas de manera efectiva. La soberanía tecnológica, según su planteamiento, exige disponer de competencias propias a lo largo de toda la cadena de valor, desde el hardware hasta el software.
Eso no significa cerrar el mercado europeo ni renunciar a colaborar con empresas extranjeras. El Gobierno alemán apuesta por reforzar sus capacidades internas y, al mismo tiempo, diversificar sus alianzas internacionales. Francia y Canadá figuran entre los socios con los que Berlín quiere intensificar la cooperación.
La diferencia es importante. La autonomía tecnológica no consiste necesariamente en fabricar cada componente dentro de las fronteras europeas, sino en evitar que servicios esenciales dependan exclusivamente de proveedores extranjeros sobre los que Europa tiene escasa capacidad de decisión.
Alemania apuesta por una inteligencia artificial industrial
El canciller ha planteado una estrategia de desarrollo en dos direcciones. La primera busca impulsar a corto plazo modelos de inteligencia artificial que puedan utilizar las empresas. La segunda pretende fortalecer la investigación en tecnologías de próxima generación, especialmente en la denominada inteligencia artificial física.
Esta última combina sistemas inteligentes con máquinas capaces de actuar en el mundo real. Sus aplicaciones incluyen robots industriales, procesos automatizados y equipos que pueden interpretar información de su entorno para ejecutar tareas.
Alemania considera que dispone de una ventaja competitiva en este campo gracias a su experiencia en ingeniería, fabricación de maquinaria y electrónica. La posibilidad de combinar esas capacidades industriales con sistemas avanzados de IA representa una oportunidad para mejorar la productividad y desarrollar nuevos productos.
La apuesta tampoco parte de cero. Alemania cuenta con una estrategia nacional de inteligencia artificial desde 2018 y numerosas empresas ya utilizan estas herramientas. El problema, reconocido en el debate político y económico alemán, es que la adopción tecnológica no avanza con suficiente rapidez y persisten carencias en infraestructuras digitales, personal especializado y modernización administrativa.
El Gobierno también busca colaboración internacional para desarrollar inteligencia artificial aplicada a la robótica y a los procesos industriales. El pasado octubre anunció una iniciativa conjunta con Nvidia centrada en modelos avanzados para sistemas físicos, aprovechando la experiencia manufacturera alemana.
El objetivo de convertirse en una potencia de IA en 2030
La cumbre coincide con la presentación de los trabajos de un grupo especial sobre inteligencia artificial impulsado por el Gobierno alemán. Su propósito es convertir al país en una de las principales potencias internacionales del sector antes de 2030.
Entre los objetivos planteados figura que al menos el 80 % de las grandes empresas alemanas utilicen inteligencia artificial para entonces. Para las pequeñas y medianas empresas, la meta se sitúa en el 55 %.
La estrategia también contempla triplicar el número de empresas emergentes especializadas en IA y conseguir que las actividades económicas basadas en esta tecnología representen más del 10 % de la producción económica nacional.
Son objetivos, no resultados alcanzados. El calendario refleja, precisamente, la urgencia que percibe Berlín: los responsables del plan consideran que los próximos 12 a 18 meses serán determinantes para reducir la distancia respecto a los principales competidores internacionales.
La Unión Europea ya prepara sus propias infraestructuras
La reclamación de Merz coincide con una transformación de la política tecnológica comunitaria. Bruselas ha comenzado a complementar su actividad reguladora con proyectos destinados a aumentar la capacidad europea para desarrollar y entrenar sistemas de inteligencia artificial.
Una de sus principales iniciativas es el Plan de Acción para el Continente de la IA, que pretende mejorar el acceso de investigadores, empresas y administraciones a recursos informáticos avanzados.
La Comisión Europea trabaja en una red de 19 fábricas de inteligencia artificial distribuidas entre distintos Estados miembros. Estas instalaciones reúnen supercomputación, datos, conocimientos especializados y servicios de apoyo para facilitar la creación de modelos y aplicaciones.
También ha puesto en marcha un procedimiento para desarrollar hasta siete gigafábricas de IA, instalaciones de mayor capacidad destinadas al entrenamiento y funcionamiento de modelos especialmente complejos. La iniciativa contempla hasta 10.000 millones de euros de apoyo público europeo y nacional, con la expectativa de movilizar al menos otros 20.000 millones de inversión privada.
Estas infraestructuras pueden resultar especialmente relevantes para las empresas que carecen de recursos para competir directamente con los grandes grupos tecnológicos mundiales. Entrenar modelos avanzados exige una enorme capacidad de cálculo, acceso a procesadores especializados y un suministro eléctrico considerable.
Para Europa, disponer de esos recursos supone algo más que mejorar su posición comercial. También significa reducir vulnerabilidades estratégicas y ampliar las opciones de las empresas y organismos públicos cuando necesitan contratar servicios tecnológicos.
La IA debe respetar los valores europeos y la dignidad humana
Merz ha dedicado otra parte de su intervención a recordar que el desarrollo de la inteligencia artificial no puede medirse exclusivamente por su rendimiento económico o su capacidad técnica.
El canciller ha defendido una política tecnológica compatible con los valores europeos y los intereses de seguridad. Su planteamiento sitúa a las personas en el centro de las decisiones y rechaza que la expansión de sistemas cada vez más autónomos implique renunciar al control humano.
La preocupación tiene consecuencias prácticas. La inteligencia artificial ya interviene en ámbitos sensibles, como la selección de personal, la sanidad, determinados servicios públicos o la gestión de información personal. Su utilización puede generar beneficios importantes, pero también errores, discriminación y problemas de responsabilidad cuando no existen garantías adecuadas.
La Unión Europea dispone desde 2024 de un marco normativo específico, conocido como Reglamento de Inteligencia Artificial, que establece obligaciones diferentes según los riesgos asociados a los sistemas. Entre sus objetivos figuran proteger los derechos fundamentales, aumentar la transparencia y limitar determinadas aplicaciones consideradas inaceptables.
Desde agosto de 2026 también se aplican nuevas exigencias europeas de transparencia para determinados sistemas y contenidos generados mediante inteligencia artificial.
El reto político consiste en encontrar un equilibrio entre estas garantías y la competitividad empresarial. La regulación europea pretende establecer condiciones de confianza, pero las empresas necesitan igualmente infraestructuras, financiación y procedimientos que les permitan innovar.
De poco serviría disponer de una normativa avanzada si las compañías europeas carecen de capacidad para desarrollar la tecnología a la que deben aplicarla.
La soberanía europea dependerá de su capacidad para competir
El discurso de Merz confirma que la autonomía digital se ha convertido en una prioridad estratégica para Alemania y para buena parte de la Unión Europea. La inteligencia artificial ya no se contempla únicamente como un sector económico emergente, sino como un elemento que puede condicionar la competitividad industrial, la seguridad y la capacidad de decisión política.
La cooperación entre Alemania y Francia, las inversiones europeas en supercomputación y los nuevos proyectos industriales muestran que existen iniciativas concretas para reducir dependencias. Sin embargo, su éxito estará condicionado por la financiación, la disponibilidad de profesionales cualificados y la capacidad de transformar los avances científicos en productos competitivos.
Hay también una cuestión de escala. Las empresas europeas necesitan un mercado suficientemente integrado para crecer, atraer capital y comercializar sus soluciones sin enfrentarse a obstáculos diferentes en cada país. Sin esas condiciones, disponer de centros de investigación excelentes no garantiza la aparición de grandes compañías tecnológicas.
Merz ha situado el debate en términos de necesidad económica y política. Europa quiere participar en el desarrollo de la inteligencia artificial sin renunciar a sus principios democráticos ni quedar subordinada a proveedores extranjeros.
La verdadera prueba será convertir esa aspiración en capacidad tecnológica propia. Las inversiones anunciadas y los objetivos fijados para 2030 permitirán comprobar si Europa consigue ganar autonomía en una industria cuyo desarrollo avanza bastante más deprisa que los tiempos habituales de la política.
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