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Robert Kurzban explica cómo las redes sociales disparan la envidia

El psicólogo Robert Kurzban explica por qué las redes sociales multiplican las comparaciones con los demás y cómo pueden influir en la autoestima.

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Las redes sociales disparan la envidia

Resumen

  • Kurzban advierte de que las redes sociales intensifican la envidia
  • Comparar la vida propia con éxitos ajenos puede afectar a la autoestima
  • La inmersión intensa en redes se asocia con mayores niveles de envidia

El psicólogo evolucionista Robert Kurzban ha advertido de que las redes sociales están intensificando la envidia y la comparación constante con los demás. Plataformas como Instagram o TikTok exponen a millones de personas a imágenes de éxito, riqueza, belleza y reconocimiento social que pueden alimentar la sensación de que la vida propia es insuficiente. El problema, según el especialista, es que nuestra mente no está preparada para procesar semejante cantidad de comparaciones.

Kurzban abordó este fenómeno en una entrevista con Chris Williamson, publicada el 29 de octubre de 2026 en el pódcast Modern Wisdom. Su explicación parte de una idea sencilla: la envidia es una emoción humana muy antigua, pero las redes sociales han multiplicado las situaciones que pueden despertarla. Antes nos comparábamos principalmente con quienes teníamos cerca. Ahora basta con desbloquear el móvil para encontrarnos con personas aparentemente más exitosas, atractivas o felices.

El psicólogo considera que esta exposición continua al éxito ajeno puede llevar a nuestro sistema emocional a reaccionar ante situaciones que, en realidad, apenas tienen relación con nuestra vida. Alguien presume de una casa espectacular, otro anuncia un ascenso profesional y una tercera persona publica imágenes de unas vacaciones extraordinarias. Todo aparece mezclado, a cualquier hora y sin apenas contexto.

No es que nuestros antepasados fueran inmunes a la envidia. Es que no tenían acceso, desde el sofá, a un escaparate prácticamente infinito de vidas ajenas.

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Por qué las redes sociales intensifican la envidia

Kurzban explica este comportamiento desde la psicología evolutiva, una disciplina que estudia cómo determinados mecanismos psicológicos pudieron desarrollarse a lo largo de la evolución humana.

En comunidades pequeñas, observar que otra persona disfrutaba de más recursos, prestigio o reconocimiento podía proporcionar información útil. La comparación social permitía identificar oportunidades, aprender comportamientos y tratar de mejorar la posición dentro del grupo.

La envidia cumplía, desde esta perspectiva, una función: señalar que alguien poseía algo deseable y estimular la búsqueda de una situación parecida.

Las redes sociales han cambiado radicalmente las condiciones en las que funciona ese mecanismo.

Hoy podemos compararnos con empresarios multimillonarios, deportistas de élite, modelos, creadores de contenido o completos desconocidos que muestran sus mejores momentos. Nuestro cerebro puede interpretar esas diferencias como oportunidades que deberíamos perseguir, aunque muchas sean inalcanzables o carezcan de importancia para nuestras circunstancias personales.

Kurzban sostiene que ese sistema emocional puede quedar sobreactivado. En lugar de ayudarnos a identificar objetivos razonables, la comparación termina empujándonos hacia aspiraciones que quizá no nos convienen.

Y aquí aparece una paradoja: cuanto más éxito ajeno contemplamos, más fácil resulta perder de vista nuestros propios logros.

El problema de comparar una vida completa con imágenes seleccionadas

Una de las características más relevantes de Instagram, TikTok y otras plataformas es que sus publicaciones no ofrecen una representación completa de la realidad.

Los usuarios suelen compartir experiencias agradables, resultados profesionales, celebraciones, viajes o momentos especialmente favorecedores. Los fracasos, las discusiones, las preocupaciones económicas y las dificultades cotidianas tienen mucha menos presencia.

Esto genera una comparación desigual: enfrentamos nuestra vida, con todas sus complicaciones, a una selección de los momentos más atractivos de otras personas.

El fenómeno se conoce en psicología como comparación social ascendente. Aparece cuando alguien utiliza como referencia a otra persona que considera superior en algún aspecto importante para sí mismo.

Puede ocurrir con el dinero, el aspecto físico, las relaciones sentimentales, la trayectoria profesional o incluso la vida familiar.

Ver constantemente a personas que parecen disfrutar de mejores condiciones puede generar frustración, insatisfacción o una percepción distorsionada de los propios resultados.

Pero hay un matiz importante: no todas las comparaciones producen envidia ni todas las personas reaccionan igual. Una publicación sobre el éxito profesional de un conocido puede inspirar a alguien y provocar sentimientos de inferioridad en otra persona.

La diferencia depende, entre otros factores, de la importancia que concedamos a ese ámbito, de nuestra autoestima y de nuestra tendencia habitual a compararnos.

La envidia y los celos no son lo mismo

Kurzban también distingue dos emociones que suelen confundirse en el lenguaje cotidiano.

La envidia aparece cuando deseamos algo que otra persona posee: una posición profesional, una vivienda, determinados recursos económicos o un reconocimiento social.

Los celos, en cambio, se relacionan principalmente con la percepción de una amenaza sobre una relación que ya tenemos, ya sea sentimental o de amistad.

Para el psicólogo, ambas emociones pueden entenderse como respuestas a problemas sociales diferentes. Los celos orientan nuestra atención hacia la posibilidad de perder un vínculo; la envidia la dirige hacia las ventajas que observamos en otros.

Esta distinción ayuda a comprender por qué la envidia no tiene necesariamente que ser destructiva.

En determinadas circunstancias puede estimular el aprendizaje, la superación personal y la búsqueda de nuevas oportunidades. Ver que un compañero progresa profesionalmente, por ejemplo, puede animarnos a mejorar nuestras competencias.

El problema aparece cuando esa motivación se transforma en insatisfacción permanente o cuando perseguimos objetivos ajenos sin preguntarnos si realmente queremos alcanzarlos.

La comparación deja entonces de servir como referencia y empieza a condicionar nuestra percepción de lo que significa tener una buena vida.

La ciencia confirma la relación, pero introduce matices

Las declaraciones de Kurzban coinciden con una línea de investigación que lleva años examinando la relación entre redes sociales, envidia y bienestar psicológico.

Un estudio longitudinal publicado en 2025 analizó cómo evolucionaba la relación entre la envidia y el uso problemático de las plataformas digitales. Los investigadores observaron que un mayor uso problemático podía predecir sentimientos posteriores de envidia, tanto en el seguimiento a largo plazo como en un registro diario de 14 días. No encontraron el mismo patrón predictivo en sentido contrario.

El resultado resulta relevante porque indica que determinados hábitos digitales pueden preceder a un aumento de la envidia. Sin embargo, no significa que cualquier persona que utilice redes sociales vaya a experimentar ese efecto.

Otra investigación de 2025, realizada con 403 adolescentes italianos de entre 13 y 18 años, encontró una asociación entre comparación social elevada, menor apoyo social y patrones problemáticos de utilización de estas plataformas.

Los autores identificaron un grupo especialmente vulnerable, equivalente aproximadamente al 25,6 % de los participantes, que presentaba mayores dificultades relacionadas con su actividad digital.

En septiembre de 2026 se publicó también una investigación sobre la necesidad de pertenencia y la envidia en redes sociales. Sus resultados apuntan a que las personas con una mayor necesidad de sentirse integradas pueden experimentar más envidia, especialmente cuando desarrollan una relación muy absorbente con el contenido digital.

El estudio distinguió entre utilizar las plataformas para entretenerse y hacerlo de una manera tan intensa que la experiencia online llega a alterar la percepción de la propia realidad. La inmersión excesiva mostró una relación más clara con la envidia que el entretenimiento por sí solo.

Estos trabajos respaldan la preocupación planteada por Kurzban, aunque conviene evitar una interpretación simplista. La investigación no demuestra que las redes vuelvan inevitablemente más envidiosa a toda la población ni que sean la causa única de problemas de autoestima o salud mental.

Importan el contenido que consumimos, nuestra situación personal y, especialmente, la manera en que utilizamos cada plataforma.

Cómo evitar que la comparación afecte a la autoestima

La exposición a publicaciones que muestran éxito económico, belleza o reconocimiento puede provocar una sensación de inferioridad sin que exista una razón objetiva para ello.

Una señal de alerta aparece cuando consultar las redes sociales deja de resultar entretenido y empieza a generar malestar habitual. Por ejemplo, cuando una persona termina de mirar Instagram sintiéndose menos atractiva, menos realizada profesionalmente o insatisfecha con sus relaciones.

También conviene prestar atención a la necesidad de comprobar constantemente qué hacen los demás o a la tendencia a medir el éxito personal mediante seguidores, comentarios y otras formas de aprobación digital.

La psicología distingue entre consumo pasivo y participación activa. Observar repetidamente los logros de otros sin interactuar puede favorecer las comparaciones ascendentes, especialmente entre quienes ya presentan una elevada tendencia a compararse.

Eso no significa que publicar o participar activamente garantice una experiencia positiva. El efecto depende del contexto y de las características de cada persona.

Una medida práctica consiste en revisar qué cuentas seguimos y cómo nos sentimos después de consumir sus contenidos. Reducir la exposición a perfiles que generan malestar reiterado puede ayudar a disminuir las oportunidades de comparación negativa.

También resulta útil recordar que las publicaciones representan fragmentos seleccionados de la vida de alguien, no una evaluación completa de su bienestar.

Y hay otra cuestión importante: sentir envidia no obliga a actuar movidos por ella.

Kurzban insiste precisamente en esta diferencia. Las emociones pueden aparecer de manera involuntaria, pero tenemos mayor capacidad de decisión sobre nuestra respuesta.

Reconocer una comparación, valorar si el objetivo que despierta resulta verdaderamente importante y decidir si merece la pena perseguirlo permite tomar distancia respecto al impulso inicial.

Si el malestar se vuelve persistente, perjudica las relaciones o interfiere en la vida cotidiana, buscar ayuda psicológica puede ser apropiado.

Una sociedad que siempre encuentra a alguien con más

Durante su conversación con Williamson, Kurzban situó la envidia entre las emociones que, a su juicio, más problemas pueden generar en la sociedad contemporánea.

La observación plantea una cuestión que va más allá del funcionamiento de Instagram o TikTok.

En un entorno donde millones de personas muestran públicamente sus logros, siempre habrá alguien con más dinero, reconocimiento, atractivo físico o éxito profesional. La comparación carece prácticamente de límite.

A diferencia de lo que ocurría en comunidades reducidas, nuestras referencias ya no están restringidas a personas con circunstancias relativamente próximas a las nuestras.

Podemos sentirnos insatisfechos con nuestros ingresos después de observar la riqueza de un desconocido, cuestionar nuestra apariencia tras consumir imágenes cuidadosamente editadas o infravalorar una relación estable porque no se parece a las que aparecen en internet.

Kurzban no plantea que debamos eliminar la envidia de nuestra vida. Su propuesta consiste en comprender qué intenta conseguir esa emoción y decidir si obedecerla responde realmente a nuestros intereses.

La tecnología ha ampliado enormemente nuestra capacidad para observar a los demás. Lo que no ha cambiado al mismo ritmo es nuestra manera de interpretar esas diferencias.

La comparación social puede ayudarnos a mejorar, pero también puede convertir cualquier logro en algo insuficiente. Y en unas plataformas donde siempre aparece alguien que parece vivir mejor, aprender a distinguir entre ambas situaciones resulta cada vez más importante.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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