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Japón estudia gastar 500.000 millones de dólares en defensa en 5 años

Japón contempla casi duplicar su inversión militar a partir de 2027. Los drones, los misiles y la cooperación con Estados Unidos son prioritarios.

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Ministeio defensa de Japon

Foto: 本屋 / Wikimedia Commons (obra propia, licencia CC BY-SA 3.0).

Resumen

  • Japón estudia gastar hasta 508.000 millones de dólares en defensa en cinco años
  • La propuesta podría elevar hasta un 86% la inversión del plan militar actual
  • Drones, misiles y compras a Estados Unidos serían sus principales prioridades

El Gobierno de Japón estudia un plan de gasto en defensa de hasta 500.000 millones de dólares para los próximos cinco años, una propuesta que supondría uno de los mayores incrementos de inversión militar de su historia reciente. La iniciativa, impulsada por la primera ministra Sanae Takaichi, contempla reforzar las capacidades de las Fuerzas de Autodefensa mediante la adquisición de drones, misiles y equipamiento avanzado, en un contexto de creciente tensión en Asia oriental.

Según las cifras que manejan el Ejecutivo japonés y sus socios de coalición, el nuevo programa podría alcanzar entre 70 y 80 billones de yenes, equivalentes aproximadamente a entre 457.000 y 508.000 millones de dólares. La inversión se distribuiría durante cinco ejercicios fiscales a partir de abril de 2027 y supondría un incremento considerable frente a los 43 billones de yenes previstos en el programa actual.

La propuesta todavía no está aprobada. Su cuantía definitiva dependerá de las negociaciones presupuestarias y de la revisión de los principales documentos estratégicos de seguridad nacional. El Ministerio de Defensa japonés no ha confirmado por ahora las cantidades difundidas por fuentes conocedoras de las conversaciones.

El movimiento refleja una transformación que lleva años gestándose en Tokio. Japón, tradicionalmente condicionado por su Constitución pacifista y por las consecuencias políticas de la Segunda Guerra Mundial, considera que el deterioro de la seguridad regional exige capacidades militares más amplias. China, Corea del Norte y Rusia aparecen de manera recurrente en sus evaluaciones de amenazas. Y Estados Unidos, su principal aliado, reclama una mayor implicación japonesa en la defensa regional.

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Japón plantea aumentar hasta un 86% su inversión militar

La dimensión económica del proyecto resulta especialmente significativa al compararla con el programa vigente. A finales de 2022, Japón aprobó una planificación de defensa para el periodo fiscal 2023-2027 dotada con unos 43 billones de yenes. Aquella decisión ya representó un salto histórico respecto a los 27,5 billones inicialmente previstos.

Ahora, el Gobierno de Takaichi estudia una nueva ampliación. Si finalmente se destinan 70 billones de yenes, el aumento respecto al plan anterior rondaría el 63%. Si se alcanza el máximo de 80 billones, la subida se aproximaría al 86%.

No se trata, conviene precisarlo, de una partida que vaya a gastarse en un solo año. Son cantidades acumuladas para un programa plurianual de desarrollo y adquisición de capacidades militares. Tampoco equivalen necesariamente al presupuesto total de defensa, que incorpora otros conceptos y se aprueba por ejercicios.

Las cifras siguen abiertas. Una de las posibilidades que se barajan sitúa la asignación definitiva en la franja media o alta de los 70 billones de yenes. La disponibilidad de recursos públicos será determinante, especialmente porque Tokio también debe atender otras necesidades presupuestarias.

El Ejecutivo pretende adelantar la revisión de su planificación de seguridad, originalmente vinculada al programa que termina en el ejercicio fiscal 2027. La nueva etapa comenzaría en abril de ese mismo año, una señal de la urgencia con la que las autoridades japonesas quieren adaptar sus capacidades militares.

Drones, misiles e inteligencia artificial: las prioridades

Una parte importante de los nuevos recursos se dirigiría a la adquisición de sistemas militares no tripulados. Japón busca incorporar grandes cantidades de drones capaces de realizar misiones de vigilancia, reconocimiento y ataque, así como vehículos autónomos destinados a operaciones marítimas.

La experiencia de los conflictos recientes ha puesto de manifiesto la importancia de los sistemas relativamente económicos y desplegables en grandes cantidades. Ucrania ha demostrado que un dron de bajo coste puede obligar al adversario a emplear recursos defensivos mucho más caros. La tecnología militar, también aquí, está alterando las cuentas tradicionales.

Japón pretende aprovechar esas lecciones para construir una defensa más flexible, especialmente en sus zonas costeras y territorios insulares.

El programa actual ya contempla el desarrollo y adquisición de misiles de largo alcance, municiones y repuestos para mejorar la capacidad de respuesta de sus fuerzas armadas. La nueva planificación profundizaría en esa dirección, incorporando inteligencia artificial, tecnología espacial y sistemas de defensa capaces de actuar de forma coordinada.

SHIELD, el sistema de defensa con drones previsto para 2027

Uno de los proyectos más relevantes es SHIELD, un sistema de defensa costera basado en la utilización combinada de plataformas no tripuladas.

El Ministerio de Defensa japonés pretende establecerlo durante el ejercicio fiscal 2027. Su planteamiento consiste en desplegar numerosos dispositivos aéreos, de superficie y submarinos para detectar, vigilar y responder a posibles incursiones enemigas.

Entre los equipos previstos figuran pequeños drones de reconocimiento, aparatos capaces de atacar objetivos navales y vehículos submarinos autónomos. La intención es complementar los medios militares tradicionales con sistemas que puedan operar en diferentes entornos y reducir la exposición del personal.

SHIELD resulta especialmente relevante para Japón por su geografía. El país cuenta con numerosas islas y amplias zonas marítimas cuya vigilancia exige medios permanentes. Disponer de una red distribuida de sensores y vehículos no tripulados permitiría ampliar esa cobertura sin depender exclusivamente de buques y aeronaves tripulados.

Estados Unidos, los F-35 y el encarecimiento de las armas

El aumento del gasto también afecta a la relación militar entre Tokio y Washington. Estados Unidos continúa siendo el principal socio de seguridad japonés y uno de sus proveedores más importantes de equipamiento de defensa.

Durante el ejercicio fiscal 2025, Japón destinó aproximadamente 993.000 millones de yenes a adquisiciones estadounidenses mediante el programa Foreign Military Sales (FMS), el mecanismo utilizado por Washington para vender material de defensa a otros gobiernos. La cantidad superó en unos 110.000 millones de yenes la del ejercicio anterior.

Entre las principales operaciones figuraron los cazas furtivos F-35A y F-35B, con una asignación de 222.700 millones de yenes, y los aviones cisterna KC-46A, por otros 222.400 millones.

Estos aparatos desempeñan funciones diferentes. Los F-35 permiten reforzar las capacidades aéreas, mientras que los KC-46A amplían la autonomía operativa de los aviones militares mediante el reabastecimiento en vuelo. Son adquisiciones especialmente relevantes para un país cuya defensa depende en gran medida del control del espacio aéreo y marítimo.

Hay otro elemento que condiciona las compras: la debilidad del yen frente al dólar. Cuando la moneda japonesa pierde valor, adquirir equipos estadounidenses resulta más caro en términos de yenes, incluso aunque su precio original en dólares permanezca estable.

Esto significa que una parte del incremento presupuestario podría destinarse simplemente a compensar el encarecimiento de los suministros. Más dinero no siempre supone más aviones, más misiles o más capacidad operativa.

El Gobierno japonés también quiere fortalecer su industria nacional de defensa y desarrollar tecnologías propias. El desafío consiste en combinar esa autonomía industrial con la cooperación estadounidense, sin disparar todavía más los costes.

China, Corea del Norte y Rusia aceleran el cambio estratégico

El nuevo programa militar se plantea en un escenario regional marcado por varios focos de tensión.

China ocupa un lugar central en las preocupaciones de Tokio por su creciente capacidad militar y sus operaciones navales y aéreas en el entorno japonés. La situación de Taiwán también tiene una importancia directa para Japón, tanto por su proximidad geográfica como por las posibles consecuencias de una crisis en las rutas comerciales y marítimas de Asia oriental.

Corea del Norte representa otra amenaza por el desarrollo continuado de sus programas nuclear y de misiles. Las autoridades japonesas consideran especialmente preocupante la evolución de los proyectiles capaces de alcanzar su territorio y las dificultades que plantean los sistemas de ataque cada vez más sofisticados.

A ello se suma Rusia, cuya invasión de Ucrania ha alterado las prioridades de seguridad de numerosos países. Japón observa también la creciente cooperación militar entre Moscú y Pekín, así como el acercamiento estratégico entre Rusia y Corea del Norte.

Este panorama explica por qué Tokio está modificando progresivamente su doctrina militar. Durante décadas, la política japonesa estuvo vinculada a una interpretación restrictiva del uso de la fuerza, derivada del artículo 9 de su Constitución.

Ese marco constitucional continúa vigente, pero Japón ha ampliado sus capacidades de defensa y ha desarrollado una política de seguridad que contempla medios de contraataque bajo determinadas condiciones.

El giro no implica que Tokio haya abandonado formalmente sus compromisos pacifistas. Sí evidencia una interpretación más amplia de los instrumentos que considera necesarios para proteger su territorio.

La financiación marcará el futuro del plan japonés

El principal interrogante es ahora económico y político. La cifra cercana a los 500.000 millones de dólares representa una propuesta de enorme envergadura, pero todavía debe concretarse qué proyectos recibirán financiación, con qué calendario y mediante qué recursos presupuestarios.

El Gobierno y sus aliados tendrán que negociar esas prioridades mientras preparan las cuentas públicas y revisan los tres documentos fundamentales de la estrategia nacional de seguridad.

El resultado permitirá comprobar hasta dónde está dispuesto a llegar Japón en su transformación militar. Una inversión de estas dimensiones reforzaría sus capacidades defensivas, tendría consecuencias para la industria armamentística y consolidaría su papel dentro de la alianza con Estados Unidos.

También podría generar nuevas tensiones diplomáticas con países vecinos que observan con preocupación el fortalecimiento de las Fuerzas de Autodefensa japonesas.

De momento, Tokio estudia una ampliación histórica del gasto militar, pero no ha aprobado su importe definitivo. Esa distinción importa. La estrategia apunta hacia una defensa más tecnológica, con mayor presencia de drones y armamento avanzado; la verdadera dimensión del cambio dependerá de las decisiones presupuestarias que adopte el Ejecutivo.

Japón ya ha dejado clara su intención de acelerar la modernización militar. Ahora tendrá que demostrar que puede financiarla y sostenerla durante los próximos cinco años.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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