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Salud

Kisunla contra el alzhéimer ya se administra en la privada española

El fármaco Kisunla, autorizado en la UE para fases iniciales del alzhéimer, se administra en España por vía privada tras el rechazo de Sanidad.

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Kisunla contra el alzhéimer

Resumen

  • Kisunla se administra en España, pero Sanidad no financia el medicamento
  • El tratamiento puede ralentizar el alzhéimer temprano, pero no curarlo
  • Su coste ronda los 30.000 euros al año y exige controles cerebrales

España ya dispone de Kisunla (donanemab), uno de los nuevos tratamientos contra el alzhéimer capaces de ralentizar el deterioro cognitivo en determinadas fases iniciales de la enfermedad. Sin embargo, su acceso sigue condicionado por una importante barrera económica. La farmacéutica estadounidense Eli Lilly comercializa el medicamento a través de la sanidad privada después de que el Ministerio de Sanidad rechazara incorporarlo a la financiación del Sistema Nacional de Salud (SNS).

El fármaco, autorizado por la Unión Europea en septiembre de 2025, ya se administra en hospitales privados españoles. La Clínica Universidad de Navarra confirmó en septiembre de 2026 que había tratado a 30 pacientes. Entretanto, la decisión de Sanidad mantiene fuera de la cobertura pública una terapia que ha demostrado retrasar modestamente la progresión del alzhéimer, aunque no cura la enfermedad ni recupera las capacidades cognitivas perdidas.

La situación ha provocado un enfrentamiento entre el Gobierno, la industria farmacéutica y las organizaciones médicas. No se discute únicamente el precio de un medicamento innovador. También está sobre la mesa una cuestión incómoda para cualquier sistema sanitario que aspire a ser universal: qué ocurre cuando un tratamiento autorizado solo resulta accesible para quienes pueden pagarlo.

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Por qué Sanidad ha rechazado financiar Kisunla

La Comisión Interministerial de Precios de los Medicamentos y Productos Sanitarios (CIPM) rechazó inicialmente la financiación pública de Kisunla el 25 de marzo de 2026. Posteriormente, el 15 de julio, desestimó las alegaciones presentadas por Lilly y mantuvo su decisión.

La resolución, cuyos detalles trascendieron públicamente en octubre, fundamenta la negativa en criterios de sostenibilidad presupuestaria, coste-efectividad e impacto económico sobre el Sistema Nacional de Salud.

El debate gira en torno a una realidad compleja. Kisunla ha demostrado beneficios clínicos en pacientes seleccionados, pero su eficacia es limitada y su administración exige pruebas diagnósticas, controles periódicos y recursos hospitalarios especializados. Incorporarlo a la sanidad pública supondría asumir tanto el coste del medicamento como el de toda esa infraestructura asistencial.

Lilly, por su parte, considera que la decisión restringe injustificadamente el acceso a una innovación terapéutica. Su presidente y director general para España, Portugal y Grecia, Julio Gay-Ger, ha defendido la necesidad de seguir trabajando para conseguir su financiación pública.

La compañía mantiene disponible el tratamiento en el ámbito privado para los pacientes que cumplan los criterios médicos establecidos.

La decisión tampoco afecta exclusivamente a Kisunla. Leqembi (lecanemab), otro medicamento dirigido contra los depósitos de proteína amiloide asociados al alzhéimer, también quedó fuera de la financiación pública española.

La Sociedad Española de Neurología (SEN) manifestó en julio su preocupación por ambas decisiones. La organización considera que limitar estos tratamientos al sector privado puede generar desigualdades entre pacientes con una misma enfermedad y distintas posibilidades económicas.

Cómo funciona Kisunla y qué beneficios ha demostrado

Kisunla contiene donanemab, un anticuerpo monoclonal diseñado para actuar sobre las acumulaciones de proteína beta-amiloide que aparecen en el cerebro de las personas con enfermedad de Alzheimer.

Estas proteínas pueden formar placas asociadas al proceso neurodegenerativo. Donanemab se une a determinados depósitos y facilita que las células inmunitarias del cerebro contribuyan a eliminarlos.

El objetivo no consiste en recuperar neuronas destruidas ni en revertir la demencia. Su propósito es reducir la acumulación de amiloide y ralentizar el deterioro cognitivo y funcional durante las primeras etapas de la enfermedad.

Los resultados del ensayo clínico principal, en el que participaron 1.736 personas con alzhéimer temprano, mostraron diferencias entre los pacientes tratados con donanemab y aquellos que recibieron placebo.

Después de aproximadamente 18 meses, la puntuación de deterioro en la escala integrada de valoración del alzhéimer empeoró una media de 11 puntos entre quienes recibieron Kisunla, frente a 13 puntos en el grupo placebo.

Esa diferencia refleja una ralentización del empeoramiento, pero también obliga a interpretar el avance con prudencia. Los pacientes tratados continuaron perdiendo capacidades, aunque, de media, lo hicieron a un ritmo menor.

Un tratamiento que retrasa la enfermedad, pero no la cura

La autorización europea reconoce que donanemab ofrece un beneficio clínico para determinados pacientes con alzhéimer sintomático temprano. No significa que todas las personas tratadas experimenten la misma mejoría ni que el medicamento consiga detener indefinidamente la enfermedad.

La eficacia depende de las características clínicas y biológicas del paciente. Por eso, el diagnóstico precoz es especialmente importante: cuando el deterioro cognitivo se encuentra en fases avanzadas, Kisunla deja de estar dentro de la indicación autorizada.

Esta distinción resulta fundamental para las familias. El medicamento representa un avance frente a las terapias tradicionales orientadas principalmente al control de los síntomas, pero todavía está lejos de constituir una solución definitiva contra el alzhéimer.

Qué pacientes pueden recibir Kisunla en España

La Agencia Europea de Medicamentos (EMA) ha autorizado donanemab para adultos con deterioro cognitivo leve o demencia leve provocados por la enfermedad de Alzheimer, siempre que cumplan determinadas condiciones.

Una de las exigencias es confirmar la presencia de patología amiloide en el cerebro mediante pruebas diagnósticas específicas.

También debe estudiarse el gen de la apolipoproteína E, conocido como ApoE. La autorización europea permite utilizar Kisunla en pacientes que no presentan la variante ApoE4 o que tienen una sola copia. Las personas con dos copias quedan excluidas de la indicación debido al mayor riesgo de determinadas complicaciones cerebrales.

No basta, por tanto, con presentar problemas de memoria o disponer de un diagnóstico genérico de demencia.

El tratamiento requiere una evaluación individualizada realizada por especialistas con experiencia en enfermedades neurodegenerativas.

Administración, resonancias y posibles efectos adversos

Kisunla se administra mediante perfusión intravenosa cada cuatro semanas, bajo supervisión médica especializada.

Su duración depende de la respuesta y de los resultados de las pruebas de seguimiento, aunque la autorización europea establece un máximo de 18 meses de tratamiento. En determinados pacientes puede interrumpirse antes si se alcanza el nivel de eliminación de placas amiloides previsto en el protocolo.

Uno de los aspectos más delicados es la seguridad. El medicamento puede provocar alteraciones cerebrales conocidas como ARIA, que incluyen edema cerebral y pequeñas hemorragias detectables mediante resonancia magnética.

Muchas de estas alteraciones no producen síntomas, pero algunas pueden desencadenar complicaciones graves.

Por ese motivo, los pacientes deben someterse a una resonancia antes de comenzar y a controles posteriores durante el tratamiento. También existen contraindicaciones, entre ellas determinados antecedentes de hemorragia cerebral, alteraciones vasculares y el uso de anticoagulantes.

La EMA considera que los beneficios superan los riesgos en la población autorizada, siempre que se apliquen las medidas de selección y vigilancia correspondientes.

Cuánto cuesta Kisunla y dónde se administra

El precio constituye uno de los principales obstáculos para acceder a este tratamiento contra el alzhéimer en España.

Las cifras publicadas durante las negociaciones sobre su financiación situaban el coste oficial del medicamento en torno a 30.000 euros anuales por paciente. Se trata de una referencia aproximada, no de un presupuesto cerrado para cualquier persona que solicite recibirlo.

A ese importe pueden sumarse consultas de neurología, pruebas diagnósticas, estudios genéticos, resonancias magnéticas, administración hospitalaria y seguimiento especializado. El coste total depende del centro, de la duración del tratamiento y de las necesidades clínicas de cada paciente.

La falta de financiación pública tampoco significa que cualquier seguro médico privado cubra Kisunla. La cobertura depende de las condiciones de cada póliza y de la autorización de la aseguradora.

En septiembre de 2026, la Clínica Universidad de Navarra anunció que se había convertido en el primer hospital español en administrar donanemab y comunicó que ya había tratado a 30 pacientes. El centro también explicó que ofrecía fórmulas de financiación para facilitar el acceso a estas terapias.

Otros centros privados han comenzado a incorporar tratamientos antiamiloide, entre ellos el Hospital Sanitas La Moraleja y el Hospital Ascires Valencia.

En cualquier caso, la disponibilidad no equivale a acceso automático. Antes de iniciar la terapia, el paciente debe superar una valoración especializada que determine si cumple los criterios de indicación y seguridad.

Para las familias interesadas, el primer paso es consultar con un especialista en neurología y determinar si el diagnóstico y la fase de la enfermedad permiten considerar este tipo de tratamiento.

El reto de garantizar el acceso a los nuevos tratamientos

La llegada de Kisunla a España refleja un cambio importante en la investigación del alzhéimer. Después de décadas buscando tratamientos capaces de modificar su evolución, la medicina dispone de fármacos que han demostrado ralentizar el deterioro en determinados pacientes.

Pero el avance científico no resuelve automáticamente las dificultades de su incorporación al sistema sanitario.

El Ministerio de Sanidad defiende la necesidad de evaluar el beneficio clínico y el impacto presupuestario antes de financiar nuevos medicamentos. Las sociedades científicas y las asociaciones de pacientes advierten, por su parte, de las consecuencias de mantener estas terapias únicamente en el ámbito privado.

Ambas cuestiones importan. Un medicamento autorizado no tiene por qué estar financiado automáticamente, pero la ausencia de cobertura pública también puede dejar fuera a pacientes que cumplen los requisitos médicos y carecen de recursos suficientes.

Mientras no cambie la decisión de financiación, Kisunla seguirá siendo una opción terapéutica disponible en España fundamentalmente a través de la sanidad privada.

La investigación ha conseguido abrir una nueva vía contra el alzhéimer. La dificultad pendiente es conseguir que los pacientes que puedan beneficiarse de ella tengan posibilidades reales de acceder al tratamiento, con independencia de su situación económica.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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