Salud
Ozempic: la semaglutida facturó casi 500 millones en recetas en 2025
La semaglutida de Ozempic encabeza el gasto en recetas del SNS tras facturar casi 500 millones de euros por 3,8 millones de envases en 2025.
Resumen
- La semaglutida lideró el gasto en recetas del SNS: casi 500 millones
- Son 3,8 millones de envases; la cifra incluye aportaciones del paciente
- La financiación de Ozempic se limita a determinados casos de diabetes tipo 2
La semaglutida, el principio activo que ha popularizado Ozempic, se ha convertido en el medicamento con mayor facturación en las recetas del Sistema Nacional de Salud (SNS). Durante 2025, su importe rozó los 500 millones de euros, con aproximadamente 3,8 millones de envases dispensados. Es el segundo año consecutivo que encabeza esta clasificación, por delante de otros tratamientos de uso extendido contra la diabetes y las enfermedades cardiovasculares.
La cifra representa alrededor del 3 % del importe total facturado por los medicamentos dispensados en farmacias con recetas del sistema público. Conviene precisar que no se trata del gasto farmacéutico hospitalario ni de 500 millones pagados íntegramente por las administraciones: el registro incluye el precio de venta al público, el IVA y las aportaciones de los pacientes.
El crecimiento resulta especialmente significativo porque Ozempic llegó a la financiación pública española en junio de 2019. En apenas siete años, la semaglutida ha pasado de ser una incorporación relativamente reciente al tratamiento de la diabetes tipo 2 a ocupar el primer puesto por facturación en las oficinas de farmacia.
Su popularidad mundial está estrechamente relacionada con la pérdida de peso, aunque esa no es la razón por la que la sanidad pública española financia Ozempic. Detrás de las cifras hay una transformación del tratamiento de la diabetes, nuevas posibilidades terapéuticas y una cuestión que adquiere cada vez más importancia: cuánto cuesta incorporar estos avances a un sistema sanitario que debe atender necesidades muy diferentes.
De 404 a casi 500 millones de euros en un año
El crecimiento de la semaglutida no comenzó en 2025. Los datos oficiales correspondientes a 2024 ya situaban este principio activo como el de mayor facturación en recetas del SNS, con 403,9 millones de euros, después de registrar un incremento del 36,2 % respecto al ejercicio anterior.
En 2025, su facturación se aproximó a los 500 millones de euros. La tendencia refleja la rápida incorporación de estos tratamientos a la práctica clínica, especialmente entre pacientes con diabetes tipo 2 y obesidad que no consiguen controlar adecuadamente la enfermedad con otras opciones.
La evolución del número de envases permite apreciar la magnitud del cambio. En junio de 2019, cuando comenzó su financiación, se dispensaron aproximadamente 5.500 envases de semaglutida con receta pública. En junio de 2026, la cifra mensual había alcanzado unos 368.000 envases. El volumen se había multiplicado por cerca de 67.
Y hay un dato que ayuda a interpretar su posición en el mercado farmacéutico: no es el medicamento que más se dispensa, pero sí el principio activo que más factura.
Tratamientos habituales como el paracetamol, el omeprazol o determinadas estatinas acumulan muchos más envases. Sin embargo, su menor precio por unidad hace que su impacto económico sea diferente.
La semaglutida combina una utilización creciente con un coste por envase considerablemente superior al de numerosos medicamentos tradicionales.
Qué pacientes pueden recibir Ozempic financiado por la sanidad pública
Ozempic es un medicamento desarrollado por la farmacéutica danesa Novo Nordisk y autorizado para tratar la diabetes mellitus tipo 2 en adultos.
En España, su financiación mediante el Sistema Nacional de Salud está restringida. No basta con tener sobrepeso, obesidad o querer perder unos kilos.
Las condiciones establecidas para su cobertura pública incluyen pacientes que presentan diabetes tipo 2, un índice de masa corporal igual o superior a 30 y un control insuficiente de la glucemia pese al tratamiento con otros antidiabéticos, junto con dieta y ejercicio.
La financiación se contempla en combinación con otros medicamentos para la diabetes, incluida la insulina cuando procede, y está sometida a visado de inspección, un procedimiento de autorización que permite comprobar el cumplimiento de los requisitos.
Esto significa que un médico puede considerar apropiado un tratamiento con semaglutida en determinadas circunstancias sin que necesariamente esté cubierto por la sanidad pública. La autorización para utilizar un medicamento y las condiciones para financiarlo son cuestiones distintas.
Ozempic, Rybelsus y Wegovy: una diferencia importante
La cifra de casi 500 millones corresponde a la semaglutida como principio activo, no necesariamente a la facturación exclusiva de la marca Ozempic.
Los registros utilizados para elaborar esta clasificación agrupan los medicamentos por su composición. Por eso, también pueden comprender las presentaciones financiadas de Rybelsus, que contiene semaglutida, pero se administra por vía oral.
Wegovy utiliza igualmente semaglutida, aunque está desarrollado y autorizado específicamente para el control del peso en determinadas personas con obesidad o sobrepeso asociado a problemas de salud. Wegovy no está financiado por el SNS para esa indicación en España.
Mounjaro, otro de los medicamentos que han adquirido protagonismo en el tratamiento de la diabetes y la obesidad, contiene un principio activo diferente, la tirzepatida. Tampoco debe confundirse su utilización privada con el gasto que reflejan las recetas financiadas.
Por tanto, los casi 500 millones no representan todo el mercado español de medicamentos para adelgazar. No incluyen las ventas realizadas fuera de la financiación pública ni permiten conocer, por sí solos, cuánto corresponde exactamente a cada marca comercial.
Por qué la semaglutida ha cambiado el tratamiento de la diabetes
El interés clínico de Ozempic va más allá de su capacidad para facilitar la pérdida de peso.
La semaglutida pertenece a una familia de medicamentos conocidos como agonistas del receptor GLP-1. Su acción imita parte de los efectos de una hormona intestinal que interviene en la regulación de la glucosa y el apetito.
Entre sus mecanismos se encuentran estimular la liberación de insulina cuando la glucosa está elevada, reducir la secreción de glucagón y favorecer una mayor sensación de saciedad.
En pacientes con diabetes tipo 2, estos efectos permiten mejorar el control glucémico y, con frecuencia, reducir el peso corporal. Determinados ensayos clínicos también han demostrado beneficios cardiovasculares y renales en grupos específicos de pacientes.
Esa combinación explica buena parte de su relevancia. Durante décadas, el objetivo principal de muchos tratamientos antidiabéticos fue controlar el azúcar en sangre. Los medicamentos más recientes permiten abordar simultáneamente otros factores que influyen en la evolución de la enfermedad.
No significa que sustituyan automáticamente a la insulina, la metformina o el resto de tratamientos. La elección depende de las características de cada paciente, sus enfermedades asociadas y la valoración médica.
Tampoco son medicamentos inocuos. Entre los efectos adversos más frecuentes de Ozempic figuran las náuseas, los vómitos y la diarrea. Existen otras reacciones menos habituales que requieren especial atención clínica.
La prescripción debe responder a una indicación médica concreta y acompañarse de seguimiento. Su popularidad en redes sociales no cambia esas condiciones.
El coste de Ozempic abre un debate sobre la financiación sanitaria
La expansión de la semaglutida plantea un desafío económico para el Sistema Nacional de Salud, aunque sería un error interpretar automáticamente el aumento de la factura como un gasto injustificado.
Un tratamiento puede resultar caro en la farmacia y, al mismo tiempo, contribuir a evitar complicaciones médicas que también generan costes importantes.
En personas con diabetes tipo 2, prevenir determinados problemas cardiovasculares o renales puede reducir hospitalizaciones, tratamientos posteriores y deterioro de la calidad de vida.
El problema es que la facturación de un medicamento no permite calcular por sí sola su rentabilidad sanitaria. Para evaluar su impacto real hacen falta estudios que comparen el coste del tratamiento con los beneficios obtenidos y los recursos que podría ahorrar.
La presión presupuestaria tampoco afecta exclusivamente a Ozempic. Otros tratamientos modernos relacionados con la diabetes, las enfermedades cardiovasculares y la insuficiencia renal han ganado peso en las recetas públicas.
La dapagliflozina y la empagliflozina, por ejemplo, también se encuentran entre los principios activos con mayor facturación, con unos 356 y 341 millones de euros, respectivamente, durante 2025.
Son medicamentos que, junto con los agonistas del GLP-1, han ampliado considerablemente las opciones terapéuticas de los últimos años.
El aumento de la demanda también ha tenido consecuencias sobre la disponibilidad. Desde 2022, la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios ha tenido que intervenir en distintas ocasiones ante problemas de suministro de fármacos de esta familia.
En enero de 2026, la Agencia Europea de Medicamentos dio por resuelto el desabastecimiento de Ozempic que había sido objeto de seguimiento europeo. Eso no impide que puedan producirse incidencias puntuales en determinadas presentaciones.
Una revolución terapéutica con una factura cada vez mayor
El liderazgo de la semaglutida en el gasto de recetas refleja un cambio profundo en el tratamiento farmacológico de la diabetes tipo 2.
Su evolución económica es extraordinaria: 403,9 millones de euros facturados en 2024 y casi 500 millones en 2025, pese a representar una pequeña parte del volumen total de envases dispensados en las farmacias españolas.
La cuestión para la sanidad pública no consiste únicamente en contener esa factura. También deberá determinar cómo garantizar el acceso de los pacientes que más se benefician del tratamiento, evaluar los resultados clínicos y negociar condiciones de financiación sostenibles.
Hay una diferencia fundamental entre un medicamento caro y un medicamento que no merece la pena financiar. Confundir ambas cosas empobrece el debate.
Ozempic ha demostrado que la innovación farmacológica puede transformar el tratamiento de una enfermedad crónica. Su posición en las cuentas del Sistema Nacional de Salud demuestra también que el éxito clínico y la sostenibilidad económica tendrán que avanzar juntos si se pretende mantener un acceso equitativo a estos tratamientos.
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