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Economía

Moody’s: la guerra con Irán cuesta 2.150 dólares por hogar en EE. UU.

Moody’s Analytics eleva a 2.150 dólares por hogar el coste de la guerra con Irán. La energía y los intereses aumentan la presión sobre las familias.

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La guerra con Irán cuesta 2.150 dólares

Resumen

  • Moody’s calcula 2.150 dólares de coste medio por hogar en Estados Unidos
  • Los carburantes explican buena parte del gasto acumulado
  • Los intereses y el gasto militar también elevan la factura

La guerra de Estados Unidos contra Irán ya tiene una factura considerable para los ciudadanos estadounidenses. Según la última estimación de Moody’s Analytics, el conflicto ha supuesto un coste acumulado de 2.150 dólares por hogar, una cifra que incluye el encarecimiento de la energía, el aumento de los intereses y el gasto de las operaciones militares.

El cálculo, difundido este martes 3 de noviembre por CNN, eleva en 150 dólares la estimación anterior de 2.000 dólares. La revisión supone un incremento del 7,5 % y confirma que las consecuencias económicas de la guerra siguen acumulándose ocho meses después de su inicio, a finales de febrero.

No significa que cada familia haya desembolsado exactamente esa cantidad. Se trata de una estimación del impacto económico medio que combina gastos que los consumidores pagan directamente, como la gasolina, con otros costes indirectos y presupuestarios. La diferencia importa: una parte se nota inmediatamente en el bolsillo; otra se refleja en el crédito, los impuestos y las cuentas públicas.

El informe llega, además, en una fecha especialmente delicada para Washington. Estados Unidos celebra este 3 de noviembre sus elecciones legislativas de mitad de mandato, con el coste de la vida entre las principales preocupaciones de los votantes y la política económica de Donald Trump sometida al examen de las urnas.

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De 2.000 a 2.150 dólares: una factura que sigue creciendo

La nueva cifra supone otra revisión al alza de las consecuencias económicas del conflicto. En junio, el economista jefe de Moody’s Analytics, Mark Zandi, calculaba que la guerra había costado alrededor de 1.000 dólares por hogar estadounidense. A mediados de octubre, la estimación ya se situaba cerca de los 2.000 dólares.

Ahora alcanza los 2.150 dólares. El aumento no responde únicamente al presupuesto militar estadounidense. El verdadero problema es que la guerra ha alterado los mercados energéticos y ha terminado afectando a numerosos gastos cotidianos, desde llenar el depósito hasta financiar la compra de una vivienda.

En su cálculo de octubre, Moody’s estimaba que el conflicto había generado aproximadamente 265.000 millones de dólares en costes económicos para los consumidores estadounidenses. Esa cantidad correspondía a la evaluación anterior, por lo que no debe confundirse con una actualización del importe nacional asociada a los nuevos 2.150 dólares.

La estimación también tiene límites. Es un cálculo económico basado en los efectos atribuidos a la guerra, no una contabilidad individual de lo que ha gastado cada estadounidense. Tampoco significa que todos los hogares soporten las mismas pérdidas.

La gasolina y el gasóleo explican buena parte del coste

El principal responsable del encarecimiento ha sido la energía. En su desglose de octubre, Moody’s Analytics atribuía aproximadamente 1.100 dólares por familia al aumento de los precios energéticos y sus consecuencias sobre el transporte y otros productos.

La evolución de los carburantes ayuda a entenderlo. Antes del comienzo de la guerra, un galón de gasolina —equivalente a unos 3,79 litros— costaba de media 2,98 dólares en Estados Unidos. El 17 de octubre, según los datos de la asociación automovilística AAA, su precio se situaba alrededor de 4,33 dólares, un incremento cercano al 45 %.

El gasóleo había registrado una subida todavía mayor. En esa misma fecha alcanzaba unos 6,33 dólares por galón, aproximadamente un 68 % más que antes del conflicto.

La interrupción del tráfico energético por el estrecho de Ormuz, una de las principales rutas mundiales del petróleo y del gas natural licuado, ha sido uno de los factores que explican estas subidas. Aunque parte de los flujos comerciales se ha recuperado, transportar combustible desde el golfo Pérsico sigue siendo más caro.

El encarecimiento también llega al supermercado

El problema no termina en las gasolineras. El gasóleo es fundamental para el transporte de mercancías, la agricultura y numerosos procesos industriales. Cuando aumenta su precio, también crecen los costes de producir, almacenar y distribuir alimentos.

Algo parecido ocurre con el combustible de aviación, que influye en las tarifas aéreas y en el transporte de determinadas mercancías.

Los fertilizantes representan otra vía de transmisión. Su fabricación depende en buena medida de la energía, especialmente del gas natural, por lo que el encarecimiento de este recurso puede elevar los costes agrícolas.

El resultado es una presión sobre los precios que se extiende mucho más allá de los consumidores que utilizan habitualmente el coche. Incluso las familias que apenas compran combustible pueden terminar pagando las consecuencias al adquirir alimentos o contratar determinados servicios.

Hipotecas, préstamos y gasto militar: los otros costes

El segundo gran componente del cálculo de Moody’s está relacionado con los tipos de interés.

En octubre, la firma estimaba que el encarecimiento de la financiación había supuesto unos 540 dólares adicionales por hogar. La inflación asociada al conflicto ha contribuido al endurecimiento de las condiciones monetarias, mientras que el aumento de la rentabilidad de los bonos ha presionado al alza los intereses de los préstamos.

Las hipotecas estadounidenses a tipo fijo a 30 años, que antes del conflicto se encontraban por debajo del 6 %, llegaron a situarse alrededor del 7,4 % en octubre.

Para una familia que necesita financiar una vivienda, ese aumento puede traducirse en una cuota mensual considerablemente mayor. También afecta a quienes solicitan préstamos para comprar un vehículo o mantienen deudas con tarjetas de crédito.

El tercer componente es el gasto militar. En su estimación anterior, Moody’s atribuía a las operaciones bélicas un coste equivalente a unos 360 dólares por hogar.

Esta última cantidad requiere una precisión: no representa un recibo que los ciudadanos hayan pagado directamente. Es una forma de distribuir entre los hogares el coste económico de las operaciones militares financiadas con recursos públicos.

Las cifras de octubre —1.100 dólares en energía, 540 en financiación y 360 en operaciones militares— explicaban el cálculo anterior de 2.000 dólares. La información disponible sobre la revisión a 2.150 dólares no permite determinar cómo se reparten exactamente los 150 dólares adicionales entre esos conceptos.

Las familias con menos ingresos soportan una mayor presión

Una media nacional tampoco refleja las diferencias entre hogares. El impacto depende de los ingresos, el consumo energético, las necesidades de transporte y la situación financiera de cada familia.

Los hogares con rentas bajas y medias suelen destinar una proporción mayor de su presupuesto a alimentación, transporte y suministros básicos. Por eso, una subida del combustible o de la cesta de la compra puede perjudicarles proporcionalmente más que a quienes disponen de mayores ingresos.

Las diferencias geográficas también cuentan. Una familia que vive en una zona rural, necesita varios vehículos para desplazarse y depende del combustible para calentar su vivienda está más expuesta al encarecimiento energético que otra con acceso al transporte público y menores necesidades de calefacción.

Lo mismo sucede con el endeudamiento. Quienes tienen hipotecas a tipo fijo contratadas antes de las subidas pueden estar relativamente protegidos frente al aumento inmediato de las cuotas. Los nuevos compradores de vivienda y los hogares que necesitan refinanciar sus préstamos afrontan una situación distinta.

La cifra de 2.150 dólares debe interpretarse, por tanto, como una referencia del coste medio acumulado, no como una pérdida idéntica para todos los estadounidenses.

El coste de la guerra entra en las urnas de Estados Unidos

La actualización de Moody’s coincide con una jornada electoral en la que la economía ocupa un lugar central.

Donald Trump llegó a la Casa Blanca prometiendo reducir los precios de la energía y aliviar el coste de la vida. Sin embargo, el conflicto iniciado el 28 de febrero con los ataques estadounidenses e israelíes contra Irán ha introducido una nueva fuente de inflación y ha complicado esos objetivos.

La guerra también ha condicionado las decisiones de la Reserva Federal. El aumento de los precios energéticos dificulta contener la inflación y, al mismo tiempo, unos intereses elevados encarecen el crédito y pueden frenar la actividad económica.

El Gobierno estadounidense se enfrenta así a dos problemas relacionados: financiar unas operaciones militares costosas y gestionar las consecuencias económicas que el conflicto provoca dentro de sus propias fronteras.

Las estimaciones de Moody’s no permiten saber cuánto más aumentará la factura. Su evolución dependerá de la duración de la guerra, la recuperación del comercio energético y la respuesta de los mercados y las autoridades monetarias.

De momento, el dato es significativo: 2.150 dólares por hogar, frente a los 1.000 dólares que se estimaban en junio. El coste medio calculado se ha más que duplicado en poco más de cuatro meses.

La guerra se libra a miles de kilómetros del territorio continental estadounidense, pero una parte de sus consecuencias económicas llega directamente a los presupuestos familiares. Y mientras persistan las tensiones energéticas y financieras, esa factura seguirá siendo uno de los principales problemas económicos y políticos de Estados Unidos.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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