Naturaleza
Una gran erupción volcánica podría alterar el clima y las lluvias
Una gran erupción podría enfriar el planeta y modificar las lluvias. Vanuatu mantiene dos volcanes en nivel 3 tras corregirse un aviso de ceniza.
Resumen
- Una gran erupción podría alterar el clima y las lluvias durante años
- El aviso de ceniza del volcán Ambae se corrigió: no se detectaron partículas
- Ambae y Ambrym siguen en nivel de alerta 3 en Vanuatu
Los científicos advierten de que una erupción volcánica de enormes proporciones podría alterar el clima mundial durante varios años, con consecuencias para las temperaturas, las precipitaciones, la agricultura y el comercio internacional. Las estimaciones científicas apuntan a una probabilidad aproximada de una entre seis de que se produzca una erupción de magnitud 7 o superior en un horizonte de cien años. No significa que exista una catástrofe inminente ni que se haya identificado el volcán responsable.
La preocupación ha recuperado actualidad este 4 de noviembre de 2026, coincidiendo con nuevos avisos de actividad volcánica en el Pacífico, especialmente en Vanuatu. Sin embargo, conviene distinguir dos situaciones: el riesgo científico de una gran erupción capaz de modificar temporalmente el clima del planeta y las erupciones que actualmente mantienen bajo vigilancia a determinadas regiones.
El climatólogo Markus Stoffel, profesor de la Universidad de Ginebra, ha advertido de las consecuencias que tendría un episodio comparable al del Tambora, en Indonesia, cuya erupción de 1815 provocó un enfriamiento climático y graves crisis agrícolas. Sus declaraciones fueron publicadas originalmente en diciembre de 2024, por lo que no constituyen una nueva predicción realizada este noviembre.
La cuestión no es únicamente la fuerza de una futura erupción. El planeta tiene una población mucho mayor que hace dos siglos y depende de cadenas de suministro internacionales. Una alteración importante de las cosechas, las rutas aéreas o el transporte marítimo podría tener consecuencias económicas incluso en países situados a miles de kilómetros del volcán.
Los científicos calculan una probabilidad de una entre seis
La estimación procede de investigaciones sobre la frecuencia histórica de grandes erupciones volcánicas. En 2022, los investigadores Michael Cassidy y Lara Mani advirtieron de que el mundo estaba insuficientemente preparado para afrontar un episodio de magnitud 7 o superior.
Sus cálculos, basados en registros geológicos y muestras de hielo que conservan señales de antiguas erupciones, apuntaban a una probabilidad cercana al 16,7 % en los siguientes cien años.
Se trata de una estimación estadística del riesgo a largo plazo, no de una cuenta atrás.
La escala de explosividad volcánica, conocida como VEI, permite clasificar las erupciones en función de distintos parámetros, entre ellos el volumen de material expulsado y las características de la columna eruptiva. El grado 7 corresponde a episodios extraordinariamente grandes, capaces de liberar enormes cantidades de material volcánico.
Los investigadores consideran que uno de los principales problemas es la falta de preparación internacional. Los sistemas de vigilancia permiten detectar deformaciones del terreno, terremotos volcánicos y emisiones de gases, pero no pueden determinar con precisión cuándo se producirá una erupción de semejante magnitud.
Tampoco existe una localización identificada para el próximo gran episodio. Indonesia, Japón y otras regiones volcánicas del Pacífico concentran numerosos sistemas activos, aunque su actividad no demuestra que alguno vaya a desencadenar una catástrofe mundial.
Vanuatu: rectifican un aviso de ceniza volcánica a 13.700 metros
Mientras continúa el debate científico, el archipiélago de Vanuatu mantiene varios volcanes activos bajo vigilancia.
Este miércoles, 4 de noviembre, el Centro de Avisos de Cenizas Volcánicas de Wellington emitió a las 14.00 UTC, las 15.00 en la España peninsular, un aviso relacionado con el volcán Ambae, también conocido como Aoba.
El boletín señalaba la presencia de una nube que alcanzaba aproximadamente 13.700 metros de altitud, equivalente al nivel de vuelo FL450, y se desplazaba hacia el sureste.
La información inicial planteaba la posibilidad de que contuviera ceniza volcánica. Sin embargo, el propio organismo corrigió esa interpretación apenas 38 minutos después.
En su actualización de las 14.38 UTC, los especialistas indicaron que no habían identificado cenizas volcánicas ni dióxido de azufre en las imágenes del satélite Himawari-9. La nube observada, de tipo cumulonimbo, tenía muy pocas probabilidades de contener ceniza volcánica.
El aviso quedó cerrado sin nuevas comunicaciones previstas. Por tanto, no está confirmado que Ambae expulsara ceniza hasta los 13.700 metros durante ese episodio.
Esto no significa que el volcán haya dejado de presentar actividad.
Los informes de seguimiento de octubre registraron temblores volcánicos, emisiones de gases y actividad eruptiva menor. Ambae permanece en nivel de alerta 3 sobre una escala de 0 a 5, con una zona de exclusión de tres kilómetros alrededor de los puntos de emisión activos del lago Voui.
Ambrym también mantiene actividad eruptiva
Otro volcán de Vanuatu, Ambrym, continúa registrando actividad en el cráter Marum.
La erupción iniciada el 19 de septiembre siguió activa durante octubre, con emisiones de dióxido de azufre, señales térmicas detectadas por satélite y movimientos de lava dentro del cráter.
Las observaciones del 27 de octubre confirmaron actividad en dos puntos de emisión, uno de ellos con explosiones de tipo estromboliano. Las autoridades mantienen el nivel de alerta 3 y restricciones de acceso a las zonas próximas a los cráteres.
Son fenómenos que representan riesgos reales para las poblaciones cercanas, pero no existen pruebas de que estén anunciando una erupción de magnitud 7 ni una alteración inmediata del clima mundial.
Cómo podría cambiar el clima una gran erupción volcánica
Las consecuencias climáticas de una erupción excepcional dependen de factores como su intensidad, su localización y la cantidad de gases que alcanzan las capas superiores de la atmósfera.
Uno de los componentes más importantes es el dióxido de azufre (SO₂).
Cuando una erupción suficientemente potente introduce grandes cantidades de este gas en la estratosfera, se forman diminutas partículas de aerosoles de sulfato capaces de reflejar parte de la radiación solar.
El resultado puede ser un enfriamiento temporal de la superficie terrestre que persista durante varios años.
No todas las erupciones producen este fenómeno. Una columna de ceniza muy alta tampoco implica automáticamente un enfriamiento importante: resulta decisiva la cantidad de azufre que llega a la estratosfera y cuánto tiempo permanece allí.
Las consecuencias pueden extenderse mucho más allá de las temperaturas.
Una investigación publicada en 2025 en Geophysical Research Letters examinó mediante simulaciones cómo respondería el sistema climático a cantidades crecientes de azufre volcánico.
Los resultados sugieren que, ante erupciones extremadamente grandes, la reducción de las precipitaciones podría convertirse en uno de los principales problemas, incluso más relevante que el propio enfriamiento.
La alteración de los patrones de lluvia afectaría a regiones agrícolas que dependen de los monzones y a territorios especialmente vulnerables a las sequías.
En un mundo que ya experimenta los efectos del calentamiento global, una gran erupción introduciría otra perturbación en un sistema climático complejo. Su enfriamiento temporal, además, no resolvería el cambio climático provocado por las emisiones humanas de gases de efecto invernadero.
Tambora, la erupción de 1815 que cambió el clima
El precedente más significativo continúa siendo el monte Tambora, situado en la isla indonesia de Sumbawa.
En abril de 1815 protagonizó la mayor erupción volcánica registrada en tiempos históricos. La explosión liberó enormes cantidades de ceniza y gases, con consecuencias devastadoras para las poblaciones próximas y efectos atmosféricos que llegaron a distintas regiones del planeta.
El año siguiente, 1816, pasó a la historia como el año sin verano.
Europa y América del Norte experimentaron importantes anomalías térmicas, episodios de frío durante la estación cálida y dificultades agrícolas. Las malas cosechas contribuyeron a encarecer los alimentos y agravaron las condiciones de vida de numerosas comunidades.
Los efectos no fueron idénticos en todas las regiones, ni todos los problemas de aquellos años pueden atribuirse exclusivamente al volcán. Sin embargo, Tambora demostró que una erupción localizada puede provocar consecuencias climáticas y económicas internacionales.
Un precedente más reciente es el del Pinatubo, en Filipinas, cuya erupción de 1991 introdujo grandes cantidades de dióxido de azufre en la estratosfera.
Los aerosoles resultantes provocaron un enfriamiento global temporal durante los años siguientes, con descensos de temperatura que alcanzaron aproximadamente medio grado centígrado en algunas estimaciones.
Fue un episodio notable, pero de menor magnitud que el del Tambora.
El riesgo real exige vigilancia, no una alarma mundial
La actividad de Ambae y Ambrym demuestra la importancia de mantener sistemas de observación volcánica capaces de detectar cambios y advertir a las poblaciones expuestas.
La alerta corregida en Vanuatu también ilustra una característica de estos sistemas: los primeros avisos pueden emitirse con información incompleta y modificarse cuando aparecen nuevas observaciones.
En el caso de una futura erupción extraordinaria, las medidas de preparación no se limitarían a evacuar las localidades cercanas. También serían necesarios planes de contingencia para el transporte aéreo, la producción alimentaria, las infraestructuras y las cadenas internacionales de suministro.
Los especialistas reclaman inversiones en vigilancia sísmica, observación satelital, investigación y coordinación entre gobiernos. La anticipación puede reducir las consecuencias de una catástrofe natural, aunque no permita evitarla.
Por el momento, no existe una alerta científica que anuncie una erupción volcánica global inminente. La probabilidad de una gran erupción a lo largo de un siglo es un dato de riesgo, no una predicción con fecha y lugar.
Lo que sí está demostrado es que los volcanes pueden alterar el clima terrestre y que algunos episodios históricos han tenido consecuencias durante años. Prepararse para esa posibilidad es una cuestión de prevención. Confundirla con una catástrofe que estaría a punto de ocurrir, no.
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