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Dos de cada tres aspirantes a maestro suspenden la prueba en Valencia

Las oposiciones a maestro en Valencia dejan un 66,8 % de suspensos en la primera prueba. Infantil encabeza las cifras y aún caben reclamaciones.

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opositores a maestro suspenden

Resumen

  • El 66,8 % suspende la primera prueba de maestro en la Comunitat Valenciana
  • Infantil registra un 76 % de suspensos, el porcentaje más elevado
  • Las notas son provisionales y el plazo de alegaciones termina el 6 de noviembre

Las oposiciones a maestro en la Comunitat Valenciana han dejado un resultado contundente: el 66,8 % de los aspirantes que se presentaron a la primera prueba no ha conseguido superarla. De los 10.878 participantes, un total de 7.269 han suspendido, según el recuento de las calificaciones provisionales publicadas por la Conselleria de Educación. En otras palabras, dos de cada tres candidatos han quedado fuera, por el momento, de la carrera por una plaza docente.

El porcentaje resulta especialmente elevado en Educación Infantil, donde los suspensos alcanzan el 76 %, y en Audición y Lenguaje, con un 74,2 %. Los resultados reabren el debate sobre la preparación de los futuros maestros, las exigencias de los exámenes y el peso de cuestiones como la ortografía, la expresión escrita y la comprensión de los enunciados. Estas competencias forman parte de la evaluación, aunque no existe un desglose público que permita atribuirles una proporción concreta de los suspensos valencianos.

La convocatoria de 2026 ofrece 1.959 plazas en siete especialidades. La elevada cifra de suspensos contrasta con el número de aspirantes que llevan meses, e incluso años, preparando unas pruebas que exigen conocimientos académicos, dominio de la legislación educativa y capacidad para trasladar esos conocimientos a situaciones reales del aula.

El resultado tampoco ha sido uniforme. Mientras algunos tribunales han aprobado a una proporción considerable de participantes, otros han registrado cifras de suspensos mucho más altas. Esa diferencia introduce otra cuestión: hasta qué punto las calificaciones reflejan exclusivamente la preparación individual y cuánto pueden influir las características de cada ejercicio o la aplicación de los criterios de evaluación.

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Educación Infantil concentra el mayor porcentaje de suspensos

Los datos provisionales muestran diferencias importantes entre especialidades. Educación Infantil encabeza los suspensos, con un 76 %, seguida de Audición y Lenguaje, donde el 74,2 % de quienes se examinaron tampoco ha alcanzado la nota necesaria para continuar.

En Educación Física, el porcentaje de suspensos es del 65,9 %; en Pedagogía Terapéutica, del 63,3 %; en Educación Primaria, del 59,3 %, y en Inglés, del 55,8 %. Música constituye la única excepción: un 48,9 % de los participantes ha suspendido, lo que significa que más de la mitad ha superado este primer filtro.

La disparidad también aparece al comparar tribunales de una misma convocatoria. En uno de Audición y Lenguaje apenas aprobaron ocho de los 148 aspirantes examinados. En otro de Educación Primaria consiguieron superar la prueba 95 de los 158 participantes. Los datos, por sí solos, no demuestran que existan diferencias injustificadas en las correcciones, pero sí muestran una variación considerable en los resultados.

Las faltas de ortografía también pueden costar el aprobado

La corrección lingüística forma parte de los criterios de evaluación de las oposiciones docentes. Un aspirante puede dominar una materia y perder puntos por faltas de ortografía, errores gramaticales, problemas de puntuación o una exposición poco clara de los contenidos.

En los criterios de la convocatoria valenciana de 2026 se contemplan penalizaciones por errores de escritura y expresión. Entre las referencias de corrección figuran descuentos de 0,25 puntos por determinadas faltas ortográficas y de 0,15 puntos por errores de acentuación, con límites de penalización establecidos para las partes correspondientes. No se trata, por tanto, de un requisito meramente formal: una redacción deficiente puede afectar a la nota final.

La comprensión lectora, otro aspecto sometido a examen

La preocupación por estas competencias no es exclusiva de Valencia. En julio de 2026, la Consejería de Educación de Asturias atribuyó parte de los malos resultados de sus oposiciones a errores ortográficos, deficiencias de sintaxis, uso incorrecto de los signos de puntuación y problemas de comprensión lectora. Los tribunales asturianos también señalaron casos de preparación insuficiente.

Aquellas explicaciones correspondían a las pruebas celebradas en Asturias, no a una evaluación específica de los exámenes valencianos. En la Comunitat Valenciana, las cifras conocidas no permiten determinar cuántos candidatos suspendieron por errores lingüísticos, por un dominio insuficiente del temario o por dificultades para resolver los ejercicios prácticos.

La diferencia es importante. Una falta de ortografía puede restar puntuación, pero no significa necesariamente que provoque un suspenso. Tampoco una tasa elevada de candidatos eliminados demuestra, por sí sola, un deterioro general de la formación universitaria. Para establecer esa relación haría falta conocer los resultados detallados de las correcciones y compararlos con convocatorias anteriores.

Una primera prueba eliminatoria para acceder a 1.959 plazas

El proceso selectivo valenciano comprende una fase de oposición y otra de concurso, en la que se valoran los méritos de quienes superan las pruebas correspondientes.

La primera prueba combina un ejercicio práctico con el desarrollo escrito de un tema. Para superarla es necesario alcanzar al menos cinco puntos de media, además de obtener un mínimo de 2,5 puntos en cada una de sus dos partes. Esto significa que una buena calificación en un ejercicio no basta para compensar completamente un resultado insuficiente en el otro.

Después llega la segunda prueba, centrada en la aptitud pedagógica, con la presentación y defensa de una programación de aula y el desarrollo de una situación de aprendizaje. El objetivo no es comprobar únicamente cuánto sabe el candidato, sino también cómo organiza y aplica esos conocimientos en un contexto educativo.

Las oposiciones de este año incorporaron cambios organizativos. Los exámenes escritos se celebraron en septiembre, en lugar de las fechas habituales de finales de curso, y los miembros de los tribunales contaron con dedicación exclusiva. Sin embargo, el comienzo estuvo marcado por retrasos en determinados tribunales y por las críticas sindicales a algunas decisiones organizativas.

Reclamaciones hasta el 6 de noviembre y nuevas pruebas

Las calificaciones conocidas tienen todavía carácter provisional. Los aspirantes disponen del jueves 5 y el viernes 6 de noviembre de 2026 para presentar alegaciones por vía telemática a los resultados de la primera prueba.

El calendario orientativo difundido por la Conselleria establece el 10 de noviembre como fecha prevista para publicar las calificaciones definitivas. La segunda prueba comenzará a partir del 12 de noviembre, con los llamamientos y condiciones establecidos para cada especialidad.

Las reclamaciones pueden modificar determinadas puntuaciones y, por tanto, el número definitivo de aprobados. Los participantes deben comprobar las actas de sus tribunales y los procedimientos habilitados por Educación, especialmente si consideran que se ha producido un error en la corrección o en la aplicación de los criterios de evaluación.

El debate sobre la preparación de los futuros maestros

El elevado porcentaje de suspensos vuelve a poner sobre la mesa una cuestión que afecta directamente al sistema educativo: qué conocimientos y capacidades deben exigirse a quienes van a enseñar en las aulas.

La ortografía, la comprensión lectora y la capacidad de explicar con claridad son competencias esenciales para ejercer la docencia. Un maestro necesita dominar los contenidos de su especialidad, pero también comprender instrucciones, construir argumentos y transmitir información con precisión. En Infantil y Primaria, donde se desarrollan buena parte de las habilidades lingüísticas básicas del alumnado, esa responsabilidad adquiere especial importancia.

Eso no elimina la necesidad de examinar cómo se diseñan y corrigen las pruebas. Los criterios de evaluación, su aplicación homogénea y las posibilidades de revisión son garantías importantes en cualquier procedimiento de acceso al empleo público.

Los datos valencianos dejan una realidad difícil de ignorar: miles de aspirantes no han alcanzado el nivel requerido en la primera prueba. Determinar las causas concretas de ese resultado exige algo más que contar suspensos. Exige distinguir entre conocimientos insuficientes, errores de expresión, dificultades prácticas y posibles diferencias en la evaluación.

La exigencia académica y las garantías para los opositores no son objetivos incompatibles. Ambas resultan necesarias para seleccionar a los futuros docentes y para que el proceso merezca la confianza de quienes participan en él.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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