Síguenos

Mundo

Congo: al menos 24 civiles muertos en un ataque atribuido a las ADF

La incursión contra Cantine-Aloya, en Kivu del Norte, deja al menos 24 civiles muertos. El ataque provocó incendios y la huida de numerosos vecinos.

Publicado

el

un ataque atribuido a las ADF

Foto: © MONUSCO / Sylvain Liechti, CC BY-SA 2.0.

Resumen

  • Al menos 24 civiles muertos en una incursión armada en el este del Congo
  • Las ADF, vinculadas a Estado Islámico, son señaladas por fuentes locales
  • Los incendios en viviendas y comercios han provocado la huida de vecinos

Al menos 24 civiles han muerto en un ataque armado perpetrado durante la noche del jueves 5 al viernes 6 de noviembre de 2026 en Cantine-Aloya, una localidad de la provincia de Kivu del Norte, en el este de la República Democrática del Congo. Las autoridades locales y representantes de la sociedad civil atribuyen la matanza a las Fuerzas Democráticas Aliadas (ADF), una organización insurgente vinculada al grupo terrorista Estado Islámico.

Los atacantes irrumpieron en varios barrios de la población, situada a unos 60 kilómetros al oeste de Beni, y prendieron fuego a viviendas y establecimientos comerciales. El balance de víctimas es provisional y podría aumentar. La violencia ha provocado la huida de numerosos habitantes hacia localidades cercanas, mientras las fuerzas armadas congoleñas y ugandesas han emprendido operaciones para localizar a los responsables.

El ataque vuelve a poner de manifiesto la grave situación de inseguridad que atraviesa el este del Congo, una región donde la presencia de distintas organizaciones armadas mantiene a la población civil bajo una amenaza permanente.

La ofensiva se produce, además, en un contexto especialmente delicado para las autoridades congoleñas, obligadas a combatir simultáneamente a varios grupos insurgentes en un territorio donde los desplazamientos forzosos y la destrucción de comunidades se han convertido en problemas crónicos.

Canal oficial
El Folio en WhatsApp
Recibe las noticias más importantes, alertas y última hora.

Una incursión nocturna deja 24 muertos y viviendas incendiadas

Según las primeras informaciones recogidas en Cantine-Aloya, los hombres armados comenzaron su ataque alrededor de las 23.00 horas del jueves 5 de noviembre. La incursión alcanzó diferentes zonas de la localidad, entre ellas los barrios de Lubumbashi, Kananga y Yambi-Yaya, además del centro comercial.

Durante la ofensiva, los asaltantes atacaron a civiles y provocaron incendios en viviendas y negocios. Después abandonaron la localidad y se replegaron hacia una zona forestal, según los testimonios recabados por organizaciones locales.

El balance conocido durante la mañana del viernes ascendía a al menos 24 personas fallecidas, aunque las informaciones iniciales ofrecían cifras diferentes. Todavía no se dispone de un recuento definitivo de víctimas ni de información suficiente para establecer el número de heridos o desaparecidos.

La población afectada se encuentra en el territorio de Beni, una de las áreas de Kivu del Norte que más episodios de violencia ha sufrido durante los últimos años. La proximidad de extensas zonas boscosas facilita los movimientos de los grupos armados y complica las operaciones de vigilancia.

Los vecinos habían advertido de movimientos sospechosos

Uno de los aspectos más preocupantes de lo ocurrido es que existían advertencias previas sobre posibles movimientos de hombres armados en los alrededores de la localidad.

Representantes de la sociedad civil aseguran que habían comunicado durante los días anteriores la presencia de actividad sospechosa en la zona. Sin embargo, esas alertas no consiguieron impedir la incursión.

Por el momento, no está aclarado qué medidas se adoptaron tras recibir las advertencias ni si existían posibilidades reales de interceptar a los atacantes antes de que alcanzaran las viviendas.

Las organizaciones comunitarias han reclamado un refuerzo de los dispositivos militares y una mayor protección para los núcleos habitados. La preocupación no se limita a Cantine-Aloya: otras poblaciones próximas temen nuevas incursiones.

El Ejército congoleño y Uganda persiguen a los atacantes

Tras la matanza, efectivos de las Fuerzas Armadas de la República Democrática del Congo (FARDC) y del Ejército de Uganda (UPDF) iniciaron operaciones conjuntas para localizar a los responsables.

En estas actuaciones participan también combatientes conocidos como Wazalendo, denominación utilizada para diferentes grupos armados congoleños que colaboran con las fuerzas gubernamentales.

Según las informaciones locales, las unidades desplegadas comenzaron a perseguir a los asaltantes después de que estos se retiraran hacia el bosque.

La situación ha obligado a numerosos vecinos a abandonar sus domicilios y buscar refugio en Mabalako, Kyatsaba y otras localidades del entorno. Mientras tanto, la actividad comercial y social de Cantine-Aloya quedó prácticamente paralizada durante la mañana del viernes.

El desplazamiento de la población constituye otra consecuencia importante del ataque. Muchas familias han tenido que abandonar sus viviendas sin conocer el alcance de los daños ni disponer de garantías para regresar.

Hasta las primeras horas del viernes, las Fuerzas Armadas congoleñas no habían difundido un comunicado oficial con un balance definitivo de lo sucedido. La responsabilidad de las ADF continúa siendo una atribución basada en las informaciones de fuentes locales.

Quiénes son las ADF, la milicia vinculada a Estado Islámico

Las Fuerzas Democráticas Aliadas (ADF) son una organización armada originaria de Uganda que comenzó su actividad como movimiento insurgente contra el Gobierno ugandés y terminó estableciendo una importante presencia en el este de la República Democrática del Congo.

Aunque sus raíces se encuentran en conflictos políticos y militares regionales, el grupo evolucionó hacia posiciones yihadistas y en 2019 formalizó su adhesión a Estado Islámico.

Desde entonces, las ADF se han consolidado como una de las principales amenazas para la población civil de las provincias congoleñas de Kivu del Norte e Ituri.

Sus combatientes operan principalmente en áreas rurales y forestales, donde han protagonizado ataques contra aldeas, secuestros, asesinatos y destrucción de propiedades.

En mayo de 2026, Amnistía Internacional denunció que las atrocidades atribuidas a esta organización incluyen homicidios, torturas, reclutamiento de menores, trabajos forzados y distintas formas de violencia sexual.

La organización de derechos humanos advirtió de que numerosos ataques contra la población civil podrían constituir crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad, dada su gravedad y carácter sistemático.

El este del Congo, atrapado entre varios conflictos armados

La violencia de las ADF forma parte de una crisis de seguridad mucho más amplia. El este de la República Democrática del Congo lleva décadas sometido a enfrentamientos entre organizaciones insurgentes, milicias locales y fuerzas gubernamentales.

A esta situación se suma la actividad del Movimiento 23 de Marzo (M23), otro grupo rebelde que ha conquistado importantes territorios en el este del país y que cuenta, según distintas investigaciones internacionales, con el respaldo de Ruanda.

Aunque las ADF y el M23 son organizaciones diferentes, sus actividades contribuyen a una misma realidad: la incapacidad de garantizar una protección estable para buena parte de la población.

Las operaciones militares emprendidas contra las ADF por los ejércitos congoleño y ugandés han permitido combatir a sus integrantes, pero no han conseguido acabar con su capacidad para atacar comunidades aisladas.

Los enfrentamientos tampoco afectan únicamente a los combatientes. Las consecuencias se extienden a los cultivos, los mercados, las escuelas y los centros sanitarios, cuya actividad puede quedar interrumpida cuando una comunidad sufre una incursión o sus habitantes deben desplazarse.

En muchas áreas rurales, la población depende de pequeñas explotaciones agrícolas y del comercio local. La destrucción de una vivienda o de un establecimiento puede suponer también la pérdida de los recursos económicos necesarios para subsistir.

Cantine-Aloya vuelve a exigir protección para sus habitantes

La matanza del 6 de noviembre ha reabierto el debate sobre la eficacia de los mecanismos de alerta y la presencia de fuerzas de seguridad en las zonas rurales de Beni.

La sociedad civil reclama que las advertencias sobre movimientos insurgentes se traduzcan en medidas de prevención y que los núcleos de población dispongan de mayor protección frente a incursiones armadas.

El principal problema sigue siendo la capacidad de los atacantes para desplazarse, golpear a comunidades habitadas y retirarse antes de que las fuerzas de seguridad consigan neutralizarlos.

En Cantine-Aloya, al menos 24 civiles han perdido la vida y numerosas familias se han visto obligadas a abandonar sus hogares. La cifra definitiva de víctimas y la identificación de los responsables siguen pendientes de confirmación oficial.

La prioridad inmediata es impedir nuevos ataques y permitir que los desplazados regresen con garantías. Una exigencia elemental que, en buena parte del este del Congo, continúa sin encontrar una respuesta suficiente.

Newsletter

Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

Lo más leído