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Guterres alerta: las guerras amenazan el futuro y paralizan a la ONU
Guterres alerta de que las guerras ponen en peligro el futuro, aunque no prevé un choque directo entre superpotencias. La ONU afronta una crisis.
Foto: Eric Bridiers / U.S. Mission, dominio público.
Resumen
- Guterres ve el futuro amenazado por las guerras y la parálisis de la ONU
- No considera probable una guerra directa entre las grandes potencias
- Advierte del riesgo de militarizar la IA en la rivalidad entre China y EEUU
El secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, ha lanzado una seria advertencia sobre el rumbo de la política internacional: la multiplicación de guerras, las rivalidades entre grandes potencias y la incapacidad de las instituciones internacionales para resolver los conflictos están poniendo en peligro el futuro mundial. Su diagnóstico es preocupante, aunque no considera probable una guerra directa entre las principales potencias.
En una entrevista concedida a EFE en Madrid, publicada este 6 de noviembre de 2026, Guterres ha señalado que el mundo todavía no ha llegado a una situación irreversible, pero se aproxima a un escenario cada vez más peligroso. La guerra de Ucrania, el enfrentamiento de Estados Unidos e Israel con Irán y la creciente militarización de la inteligencia artificial forman parte de una crisis internacional que, a su juicio, exige cambios profundos.
Las declaraciones llegan durante la recta final de su mandato al frente de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), que terminará el próximo 31 de diciembre. Después de una década como secretario general, el político portugués abandona el cargo con una advertencia que trasciende las guerras actuales: el orden internacional está perdiendo capacidad para imponer reglas comunes y evitar nuevas confrontaciones.
Guterres participó esta semana en la XXX Cumbre Iberoamericana, celebrada los días 4 y 5 de noviembre en Madrid. Su visita ha servido también para abordar el futuro de Naciones Unidas, la reforma de sus principales instituciones y el proceso de elección de su sucesor.
Ucrania e Irán, dos conflictos que amenazan la estabilidad mundial
El secretario general sitúa la invasión rusa de Ucrania y la guerra que enfrenta a Estados Unidos e Israel con Irán entre las principales amenazas para la seguridad internacional.
No se trata únicamente de conflictos regionales. Sus consecuencias afectan al comercio internacional, al suministro energético, a los precios y a las relaciones diplomáticas de países que no participan directamente en las hostilidades.
En el caso de Ucrania, Guterres considera posible alcanzar un acuerdo de paz, pero insiste en que cualquier solución debe respetar la integridad territorial ucraniana, la Carta de Naciones Unidas y el derecho internacional.
Respecto a Oriente Medio, su preocupación se concentra especialmente en el riesgo de una nueva escalada en el golfo Pérsico. Un agravamiento de las hostilidades tendría consecuencias para la seguridad regional y podría afectar gravemente a la economía internacional.
El golfo Pérsico constituye una zona estratégica para el transporte mundial de petróleo y gas. Una interrupción prolongada de sus rutas comerciales podría trasladarse a los precios de la energía, los costes de producción y el transporte internacional.
Guterres no cree probable una tercera guerra mundial
Pese al deterioro de las relaciones internacionales, Guterres distingue entre el aumento de los conflictos armados y la posibilidad de una confrontación militar directa entre grandes potencias.
El secretario general no cree que este último escenario sea probable en las circunstancias actuales, aunque advierte de que persistirá una elevada tensión internacional.
Recuerda que uno de los principales logros de Naciones Unidas desde su creación en 1945 ha sido contribuir a evitar una nueva guerra mundial entre las grandes potencias. La diplomacia, la negociación y los mecanismos multilaterales han permitido gestionar enfrentamientos especialmente peligrosos, incluso durante la Guerra Fría.
Sin embargo, esa capacidad de contención no significa que el sistema funcione correctamente. La proliferación de conflictos y las dificultades para detenerlos muestran, según Guterres, hasta qué punto se ha debilitado la cooperación internacional.
El Consejo de Seguridad de la ONU, paralizado por las grandes potencias
Una de las críticas más contundentes del dirigente portugués se dirige al funcionamiento del Consejo de Seguridad, el órgano de Naciones Unidas encargado de mantener la paz y la seguridad internacionales.
Guterres considera que su composición ya no representa adecuadamente el equilibrio político y económico del mundo contemporáneo. Las instituciones surgidas después de la Segunda Guerra Mundial mantienen unas estructuras que no reflejan suficientemente los cambios geopolíticos producidos durante las últimas décadas.
El problema no es solamente de representación. También afecta a la capacidad de adoptar decisiones cuando alguno de sus miembros permanentes está directamente implicado en un conflicto.
El derecho de veto dificulta las respuestas internacionales
El Consejo de Seguridad cuenta con 15 integrantes, pero únicamente cinco disponen de derecho de veto: Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Reino Unido.
Este privilegio permite a cualquiera de ellos bloquear resoluciones sustantivas incluso cuando cuentan con el respaldo de los demás miembros.
Cuando las potencias con capacidad de veto están implicadas en una guerra, la adopción de determinadas medidas internacionales puede resultar especialmente difícil.
Guterres señala directamente a Estados Unidos y Rusia al hablar de las divisiones que impiden actuar al Consejo. Considera que esa parálisis transmite un mensaje peligroso a otros gobiernos y actores armados: la posibilidad de incumplir las normas internacionales sin afrontar consecuencias efectivas.
El secretario general también ha defendido sus críticas a Rusia, Israel y Estados Unidos, así como su condena de los ataques iraníes contra países del Golfo.
Su argumento es que Naciones Unidas debe mantener los mismos principios ante las vulneraciones del derecho internacional, independientemente de qué país las cometa. Una exigencia que resulta especialmente incómoda cuando los Estados cuestionados son precisamente quienes concentran mayor poder dentro de la organización.
Las guerras también alimentan la inflación y el extremismo
Guterres ha relacionado los conflictos internacionales con otro fenómeno que afecta directamente a los ciudadanos: el encarecimiento del coste de la vida.
Las guerras pueden alterar el suministro de energía, encarecer materias primas, dificultar el transporte y generar incertidumbre económica. Sus efectos terminan trasladándose, con distinta intensidad, a consumidores y empresas de numerosos países.
El secretario general advierte de que estas tensiones económicas pueden provocar un creciente malestar social y debilitar la confianza en las instituciones democráticas.
En muchos casos, explica, los ciudadanos responsabilizan a sus gobiernos nacionales de problemas que tienen causas internacionales. Esa frustración puede favorecer a movimientos políticos extremistas que aprovechan el descontento.
La preocupación de Guterres va, por tanto, más allá de los escenarios militares. Las consecuencias económicas de las guerras pueden alterar también la estabilidad política de sociedades alejadas de los frentes de combate.
La inteligencia artificial abre otro riesgo entre China y Estados Unidos
La rivalidad tecnológica entre Washington y Pekín ocupa otro lugar destacado en sus advertencias.
Guterres teme que una carrera por incorporar inteligencia artificial a las capacidades militares termine generando situaciones de enorme peligro.
La IA puede utilizarse para procesar información estratégica, identificar posibles amenazas, mejorar sistemas defensivos y acelerar determinadas decisiones operativas. Su aplicación militar plantea, sin embargo, riesgos relacionados con los errores de identificación, la supervisión humana y la velocidad de respuesta ante una crisis.
El responsable de Naciones Unidas considera imprescindible que China y Estados Unidos mantengan canales de comunicación sobre sus respectivos avances tecnológicos, especialmente cuando pueden tener consecuencias para la seguridad.
Para explicar su propuesta, recuerda los mecanismos de diálogo desarrollados entre Washington y Moscú durante la Guerra Fría, particularmente después de la crisis de los misiles de Cuba de 1962.
Aquellos contactos permitieron establecer ciertas garantías y avanzar hacia acuerdos de control armamentístico. Guterres plantea una lógica semejante para las nuevas tecnologías militares: evitar que la competencia tecnológica avance sin información compartida ni mecanismos que reduzcan el riesgo de una escalada accidental.
El futuro de Naciones Unidas después de Guterres
La advertencia sobre el porvenir mundial coincide con el final del segundo mandato de António Guterres, que dejará la Secretaría General el 31 de diciembre de 2026.
Su sucesor o sucesora tendrá que afrontar una organización cuestionada por su limitada capacidad de respuesta ante algunos de los principales conflictos internacionales.
Guterres ha defendido que el próximo secretario general sea una mujer de América Latina, aunque ha evitado respaldar públicamente a una candidatura concreta.
El procedimiento de elección requiere una recomendación del Consejo de Seguridad y el posterior nombramiento por la Asamblea General. No existe una norma que obligue a elegir candidatos de una región determinada, aunque la representación geográfica constituye un elemento importante del debate.
Por encima del origen o del género, el dirigente portugués considera fundamentales dos condiciones: la independencia de quien ocupe el cargo y su compromiso con los principios de la Carta de Naciones Unidas.
La próxima dirección de la ONU heredará, en cualquier caso, una dificultad que Guterres ha expuesto con especial claridad en Madrid: defender un orden internacional basado en normas cuando algunas de las principales potencias se resisten a aceptar sus límites.
El peligro que describe no es una tercera guerra mundial inevitable, sino un deterioro progresivo de los mecanismos que permiten evitarla. Las guerras actuales, la debilidad del Consejo de Seguridad y la competencia militar por nuevas tecnologías muestran los desafíos que aguardan a Naciones Unidas en 2027.
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